Recomiendo:
0

En defensa de la República Española

Fuentes: Rebelión

Discurso el pronunciado en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, el pasado día 19 de diciembre de 2007. La organización del evento corrió a cargo de la Asociación Cultural Republicana de Estudiantes (ACRES).

Desde hace algo más de siete décadas, nuestro país de países se ve abocado a convivir con los efectos de una terrible realidad: ni lo legítimo es legal, ni lo legal es legítimo. Todavía es una incorrección política afirmar este sencillo razonamiento, pero, tened la seguridad de que si una masa crítica de los súbditos, despierta a través de la razón, y toma consciencia de su ciudadanía; cuando se restablezca la normalidad democrática; dad por hecho que saldrán por doquier los intelectuales de a ocho -los «republicanos de toda la vida» -, prestos a trocar su discurso para adaptarlo a las ideas de moda. Lo mismo que pasó cuando en los 80, todos los que querían chupar del nuevo bote decían ser antifranquistas de toda la vida y haber corrido ante los grises. Tened por seguro que cuando llegue la República, veremos a EL PAÍS escribir sobre la recuperación de la razón crítica; y escucharemos a los representantes de la intelectualidad oficial, glosar acerca del carácter arbitrario del entramado seudo-legal de la monarquía. Los mismos que hoy mienten con su silencio cómplice.

ILEGITIMIDAD DE ORIGEN: CONSENSO A PUNTA DE PISTOLA

Cualquier proceso constituyente debe iniciarse con un referéndum que ofrezca al Pueblo la posibilidad reoptar por la forma de gobierno que prefiera: «¿Desea usted que su país se organice en una monarquía o mediante una República democrática?» Como todo el mundo sabe, a finales de los 70, el ruido de sables no solo logró impedir que esta consulta se llevara a cabo, sino que además, condicionó el día a día de un proceso constituyente viciado de origen, puesto que la participación ciudadana se había acotado de antemano, para limitar el alcance de los daños sobre la estabilidad de los poderes fácticos.

Todo esto, unido a la acuciante presión de la comunidad internacional, llevó a los dictadores Franco y Borbón a trazar un plan para lavar la cara al Régimen y adoptar una serie de medidas que permitieran ofrecer la ilusión de vivir en democracia, y eso, pese a que todavía hoy, la verdad incuestionable es que desde el golpe de Estado de 1936, los españoles no hemos vuelto a poder elegir a nuestro máximo representante, figura pública que todavía usurpa un militar.

Así, se unieron interés y oportunismo, como cuando se juntan el hambre y las ganas de comer, y entre todos, concibieron lo que más tarde se conocería como el «Espíritu de la Transición», un pacto logrado a punta de pistola: un monólogo dirigido desde los golpistas dictatoriales hacia los dueños de las siglas de algunos partidos políticos (que no todos, puesto que algunos -como Izquierda Republicana, que en el momento de producirse el golpe de Estado se encontraba en el ejercicio de la responsabilidad democrática de presidir el país- no conseguirían su legalización hasta bien entrados los 80). Este monólogo ejército-partidos -o pacto vertical-, básicamente lo podemos resumir en dos renglones de texto:

Yo soy legal, pero no legítimo y tú, justo, lo contrario.
Hagamos un pacto: yo te legalizo y tú me legitimas.

La respuesta de todos los partidos fue un entusiasta «De acuerdo», sabedores de que vendían los derechos políticos de todos los españoles a cambio de asumir el continuismo de un régimen que garantizaba la impunidad en la corrupción y hasta el crimen de Estado.

DÉFICIT DEMOCRÁTICO

Pero volvamos al presente: nos encontramos en 2007 y casi todo está por hacer: se prohíben partidos políticos; se cierran medios de comunicación; se constriñe la libertad de expresión; se interpreta el Derecho Penal con carácter secreto, retroactivo y preventivo; se legisla a golpe de actualidad; se embrutece la razón, pagando a catequistas con cargo al Erario Público; se mantiene una insultante asimetría en la cuestión de nuestra Memoria Histórica; pervive un sistema electoral que supone una situación de fraude continuo, puesto que además de no ser proporcional, establece diferencias inexplicables entre circunscripción y ámbito jurisdiccional; se abusa sistemáticamente de la prisión preventiva; se toleran préstamos al 30% de tasa de usura; se encarcela por razones de conciencia u opinión; se permite que sea el Ejecutivo quien nombre a la Fiscalía; se abusa de la capacidad para la emisión de Decretos Leyes; se han infiltrado, pervertido, verticalizado y amarilleado las llamadas centrales sindicales; se han creado dependencias ignominiosas entre el Estado y las organizaciones no gubernamentales; se consiente el terrorismo cotidiano que supone la falta de inversión en seguridad e higiene en el trabajo; se ha permitido un proceso de concentración mediática que supone una gravísima amenaza para la libertad de prensa -pilar fundamental de la democracia-; se está privatizando la mayor parte de los servicios e infraestructuras públicas, con grave menoscabo de los intereses de la comunidad; se margina la educación pública frente al auge de la privada y esotérica; se está privatizando la sanidad pública; se ha convertido el derecho a la vivienda en un tipo de producto financiero; se permite la existencia de amplias sub-clases obreras; se consiente un nivel de impunidad jurídico-policial que causa sonrojo en instancias internacionales, donde se nos agrupa con Turquía y Arabia Saudí; se cede el territorio nacional para facilitar las guerras de invasión de la potencia imperial norteamericana; se mantuvo largamente el extrañamiento institucional de los más valerosos miembros de las fuerzas armadas: los militantes de la UMD, cuya reparación -todavía insuficiente- debería convertirse en un ejemplo de honestidad y coherencia cívica; se tardó más de siete años en rechazar el escudo de la ignominia franquista, prueba palpable de la continuidad golpista; se sigue manteniendo el estatus de familia especial para la prole del militar que ostenta la jefatura del Estado sin haber concurrido a elecciones.

INSTRUMENTALIZACIÓN MEDIEVAL DE LA «JUSTICIA»

Sin ir más lejos, no hace tanto que en la Audiencia Nacional (que es como ahora se hace llamar el Tribunal de Orden Público), se celebró una vista oral contra dos dibujantes del rotativo vasco «DEIA», acusados de injurias al cómplice y sucesor de Franco, imputándoseles el terrible crimen de haber dibujado una viñeta satírica. Escasos días después, ocho personas afrontaron idénticos cargos ante el mismo tribunal especial, en pleno 2007, por el mero hecho de haber quemado una hoja de papel

Estamos en 2007, la inteligencia murió hace siete décadas y cada día que pasa, la antes temida ruptura democrática, se hace más ineludible. Mirar hacia otro lado, no cambiará la realidad. La situación descrita anteriormente se puede resumir como de total ausencia de democracia.

MANIPULACIÓN INFORMATIVA PARA NEGAR LO EVIDENTE: EL REINO DE ESPAÑA NO ES UNA DEMOCRACIA

Ausencia de democracia, con el agravante -repecto a la primera etapa del franquismo-, de que Franco no trató de parecer una cosa distinta de lo que era: un perfecto hijo de puta; un genocida, traidor, fascista y tirano. El franquismo se mostraba tal como era, todo lo más, un burdo intento de hacerse pasar por una «democracia orgánica». El neofranquismo, en cambio, consciente de que nos encontramos en la Edad de la Mentira, hace uso de todos los medios puestos a su alcance -que son todos-, para intentar parecer lo que no es: una democracia, un Estado constitucional y de derecho. Decir hoy que el Reino de España es un país libre, es tanto como afirmar que fuimos los rojos quienes quemamos Gernika; o que el PSOE y ETA tuvieron algo que ver en la terrible respuesta a la política de agresión impulsada por Bush, Blair y Aznar.

No hay democracia, y no es un hecho casual, es consecuencia de la continuidad institucional ininterrumpida de la situación creada tras el éxito militar del macro-atentado terrorista cometido en 1936 por el Capital y sus brujos, contra la ciudadanía.

A quienes nos acusen de odiar España, cabe decirles que un país no es una palabra, un país no son dos colores -ni siquiera tres-, un país no es una estructura de poder, ni un equilibrio de intereses inconfesables. El alma de un país está en su ciudadanía, para conocer la dignidad de un país hay que saber cual es el nivel de vida del más humilde de sus ciudadanos. Tened por seguro que España no es el escudo de una familia en lo alto del Palacio Nacional.

¿Queréis saber lo que es una injuria a España? Injurioso es que el Jefe de Estado decida cambiar de yate, mientras mi madre debe esperar durante cuatro meses para acceder a una cita con un especialista en o­ncología. Cuatro meses. No lo llamen demagogia, llámenlo metástasis de Franco.

EL VALOR DE LOS SÍMBOLOS

El país no es un trapo, cierto, pero una bandera es más que eso: una bandera es un símbolo. Una combinación de colores representa un significado concreto. Y a distintas combinaciones, distintos significados. Por eso, decir que todas las banderas son una mierda, es tanto como decir que ninguna palabra importa. Digo eso, para señalar que al menos desde 1820, en estas tierras se ha venido asociando el uso del color morado, a la representación de la Libertad, el pensamiento ilustrado y el carácter diferencial de la realidad castellana; sobretodo, por oposición a los colores rojo y gualda, símbolos de la imposición forzosa, la tiranía militar y la ausencia de democracia.

BASTA DE CONMEMORACIONES, PASEMOS A LA ACCIÓN: DESDE LA NO-VIOLENCIA, HA LLEGADO EL MOMENTO DE CAMBIAR DE BASE, PARA DAR TODO EL PODER AL PUEBLO

Ante la actual situación de franquismo sin Franco, bien podría decirse, desde el punto de vista de la legalidad republicana, que la guerra no ha terminado, la guerra no habrá terminado mientras quede un solo ciudadano consciente de serlo. Concluyó la etapa bélica, es cierto, Franco y los suyos fueron más eficaces en el arte de la muerte; pero el adiós a las armas no supone una renuncia a la razón: es hora de la batalla de las ideas, de las palabras y los votos.

LAICISMO: CUESTIÓN DE DERECHOS, CUESTIÓN DE PRINCIPIOS

En Estado moderno, civilizado, democrático, constitucional y de derecho, no puede estar sometido ni conservar vínculos irracionales con ningún credo. El laicismo es nuestra garantía de seriedad y un aval contra el imperio de lo arbitrario. Digo esto, esta vez, para traer a colación aquello de que «el rey ostenta la corona por designio divino». De ser cierto, viviríamos en una teocracia, como Irán, Arabia Saudí, Israel o Estados Unidos. Digo esto, para realizar la siguiente afirmación: la monarquía es un credo, y el Estado debe ser laico, entre otras cosas, para preservar los derechos de aquellos que como yo, nos declaramos ateos, es decir, fieles al Método Científico.

CONVIRTÁMONOS EN PROTAGONISTAS DE NUESTRO FUTURO

Por esta y otras mil razones, por todo lo que somos, por la imposibilidad de permanecer indiferentes ante semejante nivel de injusticia, en defensa de todos, pero especialmente de quienes sufren cualquier forma de opresión… aquí y ahora, enarbolar una bandera tricolor republicana es sinónimo de afirmar: henos aquí, somos El Pueblo y estamos resueltos a gestionar nuestros asuntos, para trabajar por nuestras soluciones y convertirnos en protagonistas activos de nuestro propio futuro, de nuevo, y para siempre.

¡Viva la República!

Documento disponible en vídeo
: http://uk.youtube.com/watch?v=rDv8JpAjeFM