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¿Es la creación de empleo una buena noticia?

Fuentes: Rebelión

«Cuando la hipocresía comienza a ser de muy mala calidad, es hora de comenzar a decir la verdad«(Bertolt Bretch) La primera reacción de la inmensa mayoría de los agentes sociales que son preguntados ante las últimas noticias sobre el descenso del desempleo en nuestro país comienza por alegrarse de esta situación, casi como una celebración […]

«Cuando la hipocresía comienza a ser de muy mala calidad, es hora de comenzar a decir la verdad«
(Bertolt Bretch)

La primera reacción de la inmensa mayoría de los agentes sociales que son preguntados ante las últimas noticias sobre el descenso del desempleo en nuestro país comienza por alegrarse de esta situación, casi como una celebración humanitaria. Destacan dicha rebaja de las cifras del número de parados/as en nuestro país como una «buena noticia», para después realizar ya otras diferentes valoraciones. Para los agentes del neoliberalismo (Gobierno, banca y grandes empresas, fundamentalmente), estamos estableciendo una nueva tendencia, de recuperación de la economía y de «creación de empleo» (algo que se repite como un absurdo mantra), mientras que los sindicatos y las fuerzas políticas y sociales de izquierdas denuncian la precariedad de los nuevos empleos creados. Precariedad que se manifiesta de muchas y variadas formas: alto grado de temporalidad, bajos salarios, escasa protección social, elevada rotación de las plantillas, contratos a tiempo parcial, etc.

Por tanto, es cierto que estamos consolidando una nueva tendencia, pero…¿en qué consiste de verdad dicha tendencia? Pues vamos a comentar algunos ejemplos y datos ilustrativos, para que seamos capaces de ver, más allá de la simple «alegría» por la «buena noticia» del descenso del desempleo, por qué camino vamos, y hacia qué puerto nos conduce. En primer lugar, tenemos el hecho objetivo de que el empleo crece a mayor ritmo que el de la propia economía (medido en crecimiento del PIB anual), a costa de la calidad y de la estabilidad del trabajo. Algo que el Gobierno y las empresas nos presentan como una estupenda noticia, argumentando que vamos a ser (que ya somos) el país de la UE que más empleo crea con dicha tasa de crecimiento, en realidad es una perversión económica que lo único que nos demuestra es que aumenta el esclavismo laboral en nuestro país. Lo que para ellos es un gran soporte para su «teoría de la recuperación», y para quienes defienden las reformas laborales aplicadas, en realidad lo que nos muestra es una realidad social completamente desestructurada. Un simple dato lo apoya: en el pasado mes de marzo, sólo 1 de cada 10 contratos de trabajo firmados en nuestro país fue indefinido. Y de éstos, el 43% fue para trabajo a tiempo parcial.

De esta forma, crece la desigualdad, por mucho que se empeñen en difundir el sambenito de que «la recuperación va a llegar a todas las personas». Terrible falacia, que sólo esconde un modelo social insolidario y aberrante, que no permite a los trabajadores/as de este país, tanto jóvenes como no tan jóvenes, llevar a cabo o mantener un proyecto de vida digno. Se crea empleo basura, inestable, sin derechos, sin salarios dignos, estacionales, de baja calidad y productividad. Y esta es la explicación de que en España ocurra lo que en ningún otro país, esto es, que el empleo crece al mismo nivel que el PIB, incluso por encima. Y tienen el desvergonzado descaro de vendérnoslo como el «gran milagro español». Gracias a la tan cacareada reforma laboral de este Gobierno, se contabiliza una caída del 7% en el poder adquisitivo del trabajador/a español/a desde el año 2010. Como un buen ejemplo de que las grandes empresas se están aprovechando de esta situación y de esta nueva «tendencia», podemos poner el caso del gigante textil INDITEX, que mientras hace en cada ejercicio más multimillonarios a Pablo Isla y al resto de sus Directivos y Consejeros, así como a sus accionistas, destaca también por ser la empresa reina del trabajo temporal, ya que la mitad de su plantilla no llega a los 2 años de antigüedad. En efecto, los representantes de los trabajadores/as de la compañía declaran que existe en la empresa una clara división entre los trabajadores antiguos y los jóvenes o nuevos, con condiciones laborales totalmente distintas.

El caso de estos gigantes empresariales sin escrúpulos es cada vez más frecuente, pero cuando se conocen las noticias de su «crecimiento», todos los agentes entrevistados se «alegran por la buena noticia». El caso de INDITEX es paradigmático: la compañía da trabajo a 137.000 personas en los 5 continentes, pero como decimos, sólo la mitad de ellos cumplen el requisito de llevar 2 años o más en la empresa, para poder acceder a su bonus por beneficios. No obstante, la empresa niega que este hecho obedezca a una estrategia para precarizar el empleo. Y aunque es cierto que gran cantidad de su plantilla está cubierta por personas que buscan puestos de trabajo para un período de tiempo determinado, compatibles con el desarrollo de otras actividades y planes de futuro que no están vinculados con una carrera profesional en el sector, todo ello no representa ninguna justificación para que la empresa implante condiciones de explotación masiva a los nuevos empleos precarios que va creando. Pero no es el único ejemplo de megaempresa que lleva a cabo estas políticas laborales. Tenemos también el caso de Telefónica-Movistar, cuyos empleados de todas sus empresas de contratas y subcontratas han comenzado hace pocos días una huelga indefinida, en protesta por la creciente y masiva precarización de sus salarios y condiciones laborales. Unas 15.000 personas están llamadas a secundarla, entre ellos autónomos y subcontratados. La convocatoria estatal se ha sumado a la que ya comenzó días antes en Madrid, y está apoyada por todos los sindicatos mayoritarios.

La deriva de estas terceras empresas subcontratadas (Abentel, Cotronic, Cobra, Comfica o Elecnor) es denigrante, ya que desde hace más de 15 años, en cada nueva licitación que se realiza para los servicios, se bajan los precios y se degradan las condiciones laborales de sus trabajadores/as, De esta forma, la apuesta es hacia una estrategia de sustitución de la plantilla fija de la compañía matriz por sucesivas cadenas de subcontratación en las que cada nuevo eslabón de las mismas sufre condiciones laborales más precarias que el anterior. Al final de dicha cadena, se encuentra un número cada vez mayor de autónomos a los que las propias empresas contratadas y subcontratadas alquilan herramientas y vehículos, y quienes, contratados por 2 ó 4 horas diarias, se ven obligados a trabajar hasta 12 horas al día para poder llegar a cobrar unos 800 euros netos al mes. Toda una estrategia de destrucción de empleo estable y con derechos, para transformarlo en empleo precario, inestable y esclavo. El desencadenante del conflicto ha sido la nueva reducción, por parte de Telefónica, del precio de los servicios que le prestan las contratas a la multinacional. Y mientras todo esto ocurre a los currantes de a pie, ¿qué les está pasando a los más ricos y poderosos? Pues que aumentan los beneficios de sus empresas, que reparten entre sus accionistas, que evaden más impuestos, y que aumentan su actividad transnacional.

Como muestra de ello, podemos poner también un ejemplo ilustrativo: las SICAV (Sociedades de Inversión de Capital Variable, instrumento fiscal de mínima cotización para las grandes fortunas) aumentaron su patrimonio un 14% durante el pasado año, aumentando también el número de sociedades de este tipo registradas. Y en el otro extremo, ¿qué ocurre con los más vulnerables, los más desfavorecidos, los parados del sistema? Pues que también aquí se marca nueva «tendencia», en este caso hacia su desprotección social. El dato también aquí es claro e ilustrativo: más del 44% de los desempleados/as en nuestro país no reciba ya ningún tipo de ayuda social. En efecto, cada vez hay menos personas con derecho a prestación, tanto contributiva (prestación por desempleo) como no contributiva (subsidios, ayudas sociales, rentas de inserción, planes de apoyo a la formación, etc.). Durante el último año, el descenso en el número de personas con derecho a prestación se ha situado en cinco puntos, batiendo también récords históricos en este sentido.

Y bajo las engañosas medidas de nuevas ayudas para los desempleados, tanto jóvenes como de larga duración, se esconden equilibradas estrategias que diseñan un rosario de requisitos incumplibles por la inmensa mayoría de los inscritos en los Servicios Públicos de Empleo, que convierten los anuncios y la propaganda institucional en una enorme tomadura de pelo. Por otra parte, hay que hacer notar el efecto perverso de la ausencia de protección económica en situaciones de desempleo, que condena a grandes masas de población a la indigencia, a la pobreza, a la exclusión social, o a tener que vivir de la escasa renta de sus mayores. Cabe destacar también que no sólo la proporción de los desempleados que recibe una prestación económica es cada vez más reducida, sino que el monto de la misma es también insuficiente para una vida digna, y éste es el motivo de que proliferen los diferentes tipos de pobreza (alimentaria, energética, etc.). Y si a ello se añaden los deshaucios, que tampoco cesan, tenemos ya la radiografía al completo de la profunda marginación social a que se somete a las personas más vulnerables.

Se trata, por tanto, de la consolidación paulatina de un nuevo modelo de sociedad basado en la sucesiva y constante precarización de la vida laboral, de la propia fuerza de trabajo, devaluando permanentemente tanto los salarios como el resto de las condiciones laborales, lo que se traduce en la acentuación de las diferencias y desigualdades sociales, y en la instauración y permanencia de modelos de vida precarios a todos los niveles: no sólo la vida laboral es precaria, sino que esta precariedad se traslada al resto de los derechos sociales, y a la propia vida cotidiana de la clase trabajadora, que contempla con estupor, indignación e impotencia cómo se dificulta su acceso y cobertura de sus necesidades básicas, todo lo cual contribuye a la instalación de un miedo sociológico en torno a la preservación de los puestos de trabajo, que incide además, lógicamente, en un incremento del poderío y de la hegemonía empresarial a la hora de continuar devaluando y precarizando las condiciones laborales. Precarización insistente y globalizadora sobre el conjunto de nuestra realidad social, mientras la clase dominante se aprovecha cada vez más y mejor de dicha situación. Precariedad asfixiante y desmotivadora, para que entendamos que no existen alternativas, que éste es el único camino que podemos recorrer. Precariedad vengativa, utilizada por los grandes agentes que sostienen el modelo, para arrebatar a la clase trabajadora prácticamente la totalidad de los derechos sociales y conquistas laborales adquiridas en el pasado.

En una palabra: un círculo vicioso que anula la fuerza de la clase trabajadora en pro de un incremento del despotismo de la burguesía, que aumenta inusitadamente su control, su poder y sus beneficios. Cada puesto de trabajo que se crea hoy en España, de forma inmensamente mayoritaria, acrecienta esta tendencia. No caigamos por tanto en el fácil y consabido consuelo de que nos «alegramos» por esas personas que están «trabajando», porque no es verdad, sólo están contribuyendo, cada vez más, a la consagración de un sistema explotador, despótico, aberrante, depredador y suicida, que se ceba con la clase trabajadora, para que los ricos y poderosos lo sean cada vez más. Si nos alegramos, estaremos ayudando a consolidar dicho modelo. Así que después de todas estas consideraciones, está claro que podemos afirmar, sin ningún género de dudas, que actualmente, la creación de empleo en nuestro país no  es una buena noticia.

Blog del autor: http://rafaelsilva.over-blog.es

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