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Egipto: entrevista con Abdelhalim Kendil, cofundador del movimiento Kifaya

«Estas elecciones han sido más una guerra de religión que una batalla política»

Fuentes: El Watan

[Kifaya ([keˈfæːjæ]), que en lengua árabe significa «basta», es un movimiento político egipcio compuesto por una coalición de individuos opuestos al régimen de Hosni Mubarak y que abogan por profundas reformas democratizadoras. El movimiento fue creado en julio de 2004 por activistas de diversas procedencias, principalmente veteranos de movimientos estudiantiles y obreros de los años […]

[Kifaya ([keˈfæːjæ]), que en lengua árabe significa «basta», es un movimiento político egipcio compuesto por una coalición de individuos opuestos al régimen de Hosni Mubarak y que abogan por profundas reformas democratizadoras. El movimiento fue creado en julio de 2004 por activistas de diversas procedencias, principalmente veteranos de movimientos estudiantiles y obreros de los años setenta. Sin embargo, Kifaya afirma no aspirar a la creación de un partido político y ver en su heterogeneidad más una fuerza que una debilidad. Las líneas principales de sus movilizaciones han sido contra la la reelección para un quinto mandato del presidente Mubarak y por el levantamiento del estado de emergencia vigente en Egipto desde el asesinato de Anwar Sadat en 1981, que consideran un grave impedimento para las libertades fundamentales de los egipcios. A su vez, el movimiento se manifiesta en contra de la ocupación estadounidense de Irak, la de Israel en Palestina. En las elecciones presidenciales de 2005, las primeras en las que se han permitido candidatos alternativos, Kifaya propugnó el boicot electoral, por considerarlas fraudulentas y limitadas por el estado de emergencia. Wikipedia].

Hacen Ouali. ¿Está sorprendido por las tendencias de la primera fase de las elecciones que confirman el avance de los islamistas?

Abdelhalim Kendil. Sorprendido no. El primer lugar de los Hermanos Musulmanes en estas primeras elecciones libres y democráticas era previsible. Había dicho ya que iban a obtener hasta más del 40% de los votos. Hay que recordar que la hermandad de los Hermanos Musulmanes es la mejor organizada, la mejor estructurada y disciplinada de todas las fuerzas políticas del país. Pero la gran sorpresa, es el avance de los salafistas. Su partido, Hizb Enour, rivaliza seriamente con los Hermanos Musulmanes en numerosas circunscripciones, incluso en Alejandría. Para mí, es la sorpresa de estas elecciones. Estos dos partidos pueden obtener más del 50% de los escaños en el Parlamento. Dicho esto, hay que esperar las dos fases de las elecciones que no seguirán forzosamente la misma tendencia.

Por otra parte, la otra sorpresa es el importante resultado realizado por El Kotla El Masrya, bajo la égida del partido de Naguib Sawirris, Los Egipcios Libres. Este partido sin base electoral llega a la cabeza en numerosas circunscripciones, y es el partido que constituye un contrapeso ante los islamistas.

¿Qué lectura hace justamente de estas primeras tendencias?

Hemos asistido, con ocasión de estas elecciones y durante la campaña electoral, no a una batalla política entre las fuerzas en presencia, sino más bien a una guerra religiosa. Los islamistas llamaban a votar por la «charia Alá» (la justicia de Dios). Prometían a la gente el paraíso presentándose como los representantes de Dios en la tierra. Este discurso cuela fácilmente entre la población pobre, donde la ignorancia hace estragos. Explotan la miseria de la gente. Y los islamistas surfean sobre la ola y explotan a fondo la religiosidad de los egipcios. La represión contra los Hermanos Musulmanes durante cuatro decenios y su «victimización» han hecho que una buena parte de los egipcios piense que es un deber hacerles justicia. Hay igualmente una especie de culpabilidad entre los ciudadanos que durante mucho tiempo han dejado a los Hermanos Musulmanes hacer frente en soledad a la crueldad del régimen de Mubarak. Pero no solo, todas las demás corrientes de opinión han sufrido los embates del antiguo régimen. Y de una forma u otra, hemos asistido a un voto-sanción.

El partido de los Egipcios Libres, por su parte, ha movilizado a sus tropas esencialmente entre los coptos esgrimiendo la amenaza islamista. Así pues, hemos asistido, en líneas generales, a una confrontación de carácter religioso. Cuando, si se tienen en cuenta los dos partidos, los Hermanos Musulmanes y los Egipcios Libres, constatamos que convergen en el plano doctrinal. Son ambos partidos liberales en el sentido económico, partidos de derechas, unos barbudos, los otros con traje y corbata.

En el seno de la opinión pública surgen temores en caso de victoria de los islamistas, ¿piensa que están justificados?

Efectivamente, hay sectores enteros de la sociedad que temen el poder de los islamistas, pero estimo que este miedo es un poco exagerado si se tiene en cuenta que esta corriente existe desde hace mucho en la sociedad egipcia. Los Hermanos Musulmanes nacieron en Egipto y tenían un poder social sin que eso causara miedo a la gente. Ciertamente, su orientación ideológica es contraria a la lógica de la historia, pero esta hermandad no es más que una corriente ideológica y política entre otras muchas. Los egipcios van a respetar el veredicto de las urnas. Ahora, hay principios sobre los que los egipcios son intransigentes.

Las libertades democráticas adquiridas a tan alto precio, la libertad de conciencia, las libertades individuales y el respeto a los derechos y todos los derechos humanos. No hemos hecho una revolución para hacer caer una dictadura para, luego, dar nacimiento a un poder tiránico. Una vez más, la prueba del poder va a mostrarse muy complicada para los islamistas. Concretamente, no aportan respuestas claras y justas a los problemas económicos y sociales a los que hacen frente los egipcios. Yo prefiero atacar a los islamistas sobre estos temas. Los Hermanos es un partido de derechas que en el fondo está en la onda de los liberales. Trabajarán por los intereses de las finanzas y de los compradores. No es por casualidad si los occidentales van a aplaudir su victoria.

Pero ciertas fracciones de la juventud revolucionaria están decepcionadas por el giro que toma su revolución y hablan de un atraco por las urnas. ¿Qué piensa de ello?

Hay que recordar, sobre este tema, que la revolución del 25 de enero no tenía dirección y que era interclasista. Está atravesada por muchas corrientes políticas e ideológicas unidas para derrocar al régimen, pero que divergen sobre el modelo que hay que dar al país. Hay que prever una tercera ola revolucionaria y, esta vez, estará dirigida contra los Hermanos Musulmanes por su incapacidad para responder a las aspiraciones de la revolución. La gente va a descubrir rápidamente que los Hermanos Musulmanes son un partido que defiende los intereses de las finanzas y que no tiene nada que ver con ese «angelismo» religioso del que se abanderan. Dicho esto, hay que darles la posibilidad de gobernar. Se dice a menudo que hay que ponerles a prueba. Sin embargo, hay que recordar que los islamistas han gobernado ya, como los shebab, cercanos a los Hermanos, en Somalia con los resultados que se sabe, en Iraq, en Sudán donde han dislocado el país por no hablar de los países del Golfo con esos regímenes dinosaurios.

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