Recomiendo:
0

¿Final de ciclo? ¡Depende!

Fuentes: Rebelión

Las desaprovechadas condiciones que se han dado durante 10 años para abrir un proceso exitoso favorable al derecho de decisión pueden abocar a un final de ciclo, e inicio de otro bien distinto, a no ser que… A no ser que algunos partidos unifiquen sus posturas y el lehendakari concite, de nuevo, grandes adhesiones -sea […]

Las desaprovechadas condiciones que se han dado durante 10 años para abrir un proceso exitoso favorable al derecho de decisión pueden abocar a un final de ciclo, e inicio de otro bien distinto, a no ser que… A no ser que algunos partidos unifiquen sus posturas y el lehendakari concite, de nuevo, grandes adhesiones -sea por convicción, sea porque Zapatero no ha ofrecido casi nada- y se fragüe un proyecto plausible y unitario. Más difícil parece que la sociedad civil lidere los procesos y alinee a fuerzas políticas y sindicales, aunque puede hacer de magnífico puente. Aun mucho más difícil será que se dé en Batasuna un giro copernicano, tomando las riendas y poniendo a ETA en su sitio, lo que parece poco factible puesto que su dirección está en la cárcel y tampoco llegan ecos de reflexión estratégica.

En cambio, de donde no se puede esperar casi nada, es de la «idea de España» que Zapatero apuntó en el discurso de investidura. Su apuesta fue por un café para todos, desde un «país unido y diverso», en el que sólo se puede ser y sentirse español, aunque no haya una «forma única y obligatoria de ser y sentirse español». La España plural ha muerto. ¡Viva la España mononacional! Los que esperaban generosidades pueden esperar cuentagotas. Zapatero ha apostado por no hacer nada, a la espera de que ello divida a los partidos del tripartito, especialmente al PNV, y lleguen todos a las elecciones con un ¡sálvese quien pueda!

Lectura

La propuesta Ardanza de marzo 1998 simbolizó el inicio de una deriva postautonomista ante los ataques centralistas, los incumplimientos estatutarios y las necesidades de todo tipo de una economía internacionalizada y de una sociedad transindustrial. En aquel momento, la experiencia de 20 años, la ausencia de la amenaza de los poderes fácticos, el apoyo social a la autodeterminación y la creencia social de que había llegado el momento de la paz, así lo indicaban. Lo curioso es que el cuadro estructural hoy es el mismo.

Pero los dos ensayos con tregua de la década se han saldado con dos fracasos (el pacto de Lizarra de octubre de 1998 y la tregua acabada en diciembre del 2006) y con una crisis de credibilidad de cada uno de los agentes, cuando no con divisiones internas. En los dos ensayos, fue una inmadura ETA la propiciadora -con la tregua- y la dinamitera -con sus exigencias y sus bombas-. De cualquier modo, todos fuimos malos administradores, aunque unos más que otros, especialmente quienes confundieron planos (paz, democracia y construcción nacional) o ignoraron las pluralidades reales (puentear a la otra parte del país).

Como alternativas de mayoría institucional se aprobaron, primero, un Estatuto Político (30-12-2004) que chocó con la cerrazón del Congreso de los Diputados (1-2-2005); después durante 2006 se ensayó la vía de Loiola -propuesta transversal acordada de tipo metodológico y de principios entre PSE, Batasuna y PNV- y que llegó a un punto muerto; y, finalmente, en 2007 se planteó una hoja de ruta de calendarios y temas a consulta, que está por hacer camino a partir de la cita del 25 de junio de 2008 en el Parlamento vasco.

Ya no vale el modelo Lizarra (bloque soberanista), pero tampoco el de las dos mesas (técnica y política) si ETA termina sentándose en las dos, pretendiendo conseguir lo que con los tiros nunca pudo lograr. La izquierda abertzale en su conjunto no termina de entender que el proceso es de «paz HACIA la autodeterminación», y no de «paz POR autodeterminación».

La crisis de autoestima actual no es el mero producto de las elecciones generales pasadas (más un síntoma que una causa). Si fuera sólo eso sería reconducible con un golpe colectivo de timón. Tampoco se debe a los limitados aciertos de Patxi López, un líder difuso. Está más bien motivada en el estado tanto de las fuerzas que antaño ensayaron un acuerdo -y que corren el riesgo de ensayar ahora salidas particulares- como de un movimiento masivo por el derecho de decisión, hoy bastante desmotivado por mensajes confusos y por resultados.

Las fuerzas

ETA mintió con la tregua permanente y, desde su militarismo, no le ha importado licuar a la Izquierda Abertzale oficial, que no podrá estar en el próximo Parlamento vasco y ha evidenciado su falta de liderazgo sobre la corriente.

El PNV está hoy colgado en su péndulo histórico -o la vuelta a un autonomismo ampliado y tranquilo o seguir la apuesta soberanista como plataforma de futuro- sin que aún sepamos si va o viene y con quién, con la consiguiente incertidumbre social y de liderazgo.

EA ha pasado por dificultades electorales y discursivas, al igual que EB que ensaya un redireccionamiento aunque no se sabe aún hacia dónde.

Los sindicatos no se entienden entre sí, y ELA, que contribuyó decisivamente a prestigiar el derecho de decisión, hoy condiciona las alianzas a temas sindicales o sociales…

Esta situación no ofrece los mimbres para un repunte unitario e invita a que cada cual salve sus muebles. Pero aún se está a tiempo de tejer -bajo el fondo de un acuerdo necesario a lograr antes o después con el PSE-EE- una línea compartida al menos entre las fuerzas del tripartito y Aralar, y que no suscite un rechazo frontal de las bases mayoritarias de la izquierda abertzale.

Sociedad civil

En un lúcido artículo (Divide et impera, Gara 26-1-08), Mario Zubiaga hablaba de la «trinidad soberanista» y apelaba al protagonismo del sector soberanista de la sociedad civil, por diferenciarlo tanto de la Izquierda Abertzale oficial como de la parte institucional del soberanismo. Pero ese sector francamente lo tiene, lo tenemos, difícil para liderar procesos. Ya no es aquel movimiento ascendente que inspiraba Elkarri como educador colectivo, a la búsqueda de un tercer espacio creciente y central, y que animaba experiencias de renovación discursiva y de encuentro (entre el nacionalismo histórico, izquierda abertzale, izquierda vasquista y mayoría sindical) y desde ahí proponía un compromiso histórico al socialismo vasco. Ya no es así, y las limitaciones de Lokarri, Elkarbide o Ahotsak no pueden suplir aquella energía, aunque no por eso vayamos a tirar la toalla. Somos corredores de fondo hasta nuevas oportunidades para la paz y la normalización.

Ciertamente, es mucho pedir a esta parte de la sociedad civil que recomponga una alianza estratégica entre los agentes políticos y sindicales pero estamos dispuestos a ayudar a ello y a salvar algún legado que, curiosamente, no viene del soberanismo como tal, sino de su influencia en el preacuerdo plural de Loiola entre PNV, Batasuna y PSE-EE, y que ETA arruinó. De todas formas, una buena herencia de la que ya hablaremos.

¿Final de ciclo? ¡Depende! Depende de que no cunda el pánico; se defienda un programa fuerte (con un programa light vamos aviados); se agrupen fuerzas internamente e interpartidariamente en una misma dirección; se retomen las riendas y se movilice socialmente sin que nadie se llame andanas echando la culpa a otros.

Ramón Zallo, Baleren Bakaikoa, Luis Mª Bandres, Pedro Ibarra, Jon G. Olaskoaga y Patxi Zabalo son miembros de la iniciativa universitaria Elkarbide