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Flor de Libertad (tributo a Rosa Regàs)

Fuentes: Rebelión

Maldito sea el césar Antonio y sus molinos, Sancho, que ha mandado a los cerdos a pastar en el jardín de los frailes. Malditos ellos, maldito él, malditas las elecciones y maldita la ambición de quienes dicen representarnos. En el corazón de la meseta se yergue una vasta ciudad de un oscuro y ruidoso gris. […]

Maldito sea el césar Antonio y sus molinos, Sancho, que ha mandado a los cerdos a pastar en el jardín de los frailes. Malditos ellos, maldito él, malditas las elecciones y maldita la ambición de quienes dicen representarnos.

En el corazón de la meseta se yergue una vasta ciudad de un oscuro y ruidoso gris. Como toda urbe, ésta está llena de prisas intrascendentes, de sueños olvidados y pesadillas al desperece. Mas no es un pueblo como los demás… la Noble Villa hierve de ambición y pasilleo, de gritos sordos y vidas vanas, al resguardo de unos muros tan sombríos que ni más frugal de los paseantes se detiene a contemplar.

Pongamos que hablo de Madrid; del Madrid de los Austrias y el de los Borbones, que es también el Madrid de las Pérez, los Rodríguez, las Etxebarri, los Puig, las Baeza, los Rachid, Garrido, Chaparro, Regàs, Páez, Gálvez, Hugo y tantos otros además.

Hete aquí que mi Madrid de todos amaneció hoy con un vacío en el pecho, compungido, presa de un hueco que algunos no verán y otros no querrán dejar de ver. Congoja íntima, pesar de sentimiento… nos duele Madrid, como duele ver una maceta vacía… rosal yermo de toda razón.

La ciudad echa de menos a su querida flor de espino, echa en falta sus pétalos de rojo-sangre, el oxígeno de sus verdes hojas, su belleza de contrastes y -sobretodo- echamos de menos su leal rebeldía, su compromiso hacia los oprimidos y su coherencia intelectual… arcano ingobernable, mitad talento, mitad pasión.

A su partir, la miseria de las mentiras… desde altos muros de acero, cristal y pies embarrados, poco ha tardado en dejarse oír el retumbar de voces que se alegran de la suerte que ha corrido nuestra flor de Libertad.

Maldito sea el césar Antonio y sus molinos, Sancho, que ha mandado a los cerdos a pastar en el jardín de los frailes. Malditos ellos, maldito él, malditas las elecciones y maldita la ambición de quienes dicen representarnos.

La ciudad gris de un blanco oscurecido, albergó en sus adentros un destello de color, insólito y tenaz: por espacio de casi una legislatura, los vecinos de Madrid fuimos todos principitos de Saint-Exupéry: todos teníamos una flor muy especial, un elogio al poder de la palabra, alegoría de la Igualdad… una flor que nos pensaba en voz alta y llegó a abrirnos la puerta de un lugar donde habita el recuerdo, la casa de la razón ilustrada: nuestra Biblioteca Nacional.

Como Pedro Rico tomara para entregar, Rosa Regàs cedió a todos lo que de todos era ya. Por eso -y por toda una vida escribiéndonos regalos-, con serena alegría, te damos las gracias por tu valiente osadía.

No imaginas como envidio a los que en adelante te tendrán cerca, guerrillera de la palabra. Nos veremos en los libros, en las calles, en las urnas, en la oficina, en la fábrica y a pie de obra.

Moltíssimes gracies, Rosa, tot just hi ets, i ja et trobem a faltar.