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Guerra, «doblepensamiento» y lucha por la supervivencia: geopolítica del genocidio de Gaza

Fuentes: Rebelión [Imagen Ehimetalor A. Unuabona]

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

La coalición del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y las potencias mundiales que le respaldan continúan sacrificando vidas palestinas en busca de un rédito político, en una guerra genocida que se ha convertido en una lucha por la supervivencia política.

La siniestra trayectoria del ministro de seguridad nacional israelí Itamar Ben-Gvir personifica esta trágica realidad.

Ben-Gvir se incorporó al Gobierno de coalición de Netanyahu tras las elecciones de 2022. Permaneció en la coalición desde el 7 de octubre y durante el genocidio con la condición de que dimitiría si se produjera cualquier tregua en Gaza. Mientras continuara la matanza de palestinos y la destrucción de sus ciudades Ben-Gvir seguiría a bordo, aunque ni él ni Netanyahu tuvieran ningún plan real para el “día siguiente”, aparte de llevar a cabo algunas de las masacres más atroces contra la población civil de la historia reciente.

El 19 de enero Ben-Gvir abandonó el Gobierno inmediatamente después del acuerdo de alto el fuego, que muchos vaticinaban que no duraría. La falta de confianza en Netanyahu, junto con el desplome de su Gobierno si la guerra terminaba por completo, hacían inviable el alto el fuego. Ben-Gvir regresó al Gobierno cuando se reanudó el genocidio el 18 de marzo. “¡Hemos vuelto con toda nuestra fuerza y poder!”, escribió en un tuit el día de su regreso.

Israel carece de un plan definido porque no puede derrotar a los palestinos. Aunque su ejército haya infligido un sufrimiento al pueblo palestino como no ha hecho ninguna otra fuerza armada contra una población civil en la historia moderna, la guerra perdura porque los palestinos se niegan a rendirse.

Pero los estrategas militares israelíes saben que ya no es posible la victoria. El exministro de defensa Moshe Ya’alon incorporó su voz al creciente coro al afirmar durante una entrevista el 15 de marzo: “La venganza no es un plan de guerra”.

Estados Unidos, que respaldó la violación del alto el fuego por parte de Israel reiniciando las masacres, también es consciente de que la guerra es prácticamente una lucha política diseñada para mantener a figuras como Ben-Gvir y el extremista ministro de finanzas Bezaben Smotrich en la coalición de Netanyahu.

Aunque “la guerra sea la continuación de la política por otros medios”, como dijo el general prusiano Carl von Clausewitz, en el caso de Israel la “política” tras la guerra no es la de Israel como Estado sino la de la propia supervivencia de Netanyahu como estadista. Continúa sacrificandoniños palestinos para mantenerse en el poder, mientras sus ministros extremistas lo hacen para ampliar el respaldo de su electorado religioso, de extrema derecha y ultranacionalista.

Esta lógica -que la guerra de Israel contra Gaza refleja la política interior, la guerra ideológica y las luchas de clases internas – se hace extensiva también a otros actores políticos.

La administración Trump apoya a Israel como pago por el apoyo financiero que recibió de los partidarios de Netanyahu en Estados Unidos durante las últimas elecciones. Por otro lado, Gran Bretaña se mantiene firme en su compromiso con Tel Aviv a pesar de los cambios políticos en Westminster, con lo que sigue alineándose con los intereses estadounidense-israelíes mientras desoye los deseos de su propia población. Al tiempo, se supone que Alemania se deja llevar por la culpa de sus crímenes pasados, mientras otros gobiernos occidentales defienden los derechos humanos de boquilla y a la vez actúan de formas que contradicen su pretendida política exterior.

Esto se ajusta al mundo distópico de “1984” de George Orwell, donde se libra una guerra perpetua basada en suposiciones cínicas y falsas, donde “la guerra es la paz… la libertad es la esclavitud… y la ignorancia es la fuerza”.

De hecho estos elementos se reflejan en la realidad actual, igualmente distópica. Sin embargo, Israel sustituye la “paz” por la “seguridad”, Estados Unidos está motivado por el dominio y la “estabilidad”, y Europa sigue hablando de “democracia”.

Otra diferencia fundamental es que los palestinos no pertenecen a ninguno de estos “superestados”. Se les trata como a meros peones y sus muertes e injusticias se utilizan para crear la ilusión de un “conflicto” y justificar la prolongación de la guerra.

Los principales medios de comunicación informan ampliamente de las muertes de palestinos, que ya superan las 50.000, pero rara vez mencionan que no se trata de una guerra en el sentido tradicional, sino de un genocidio llevado a cabo, financiado y defendido por Israel y las potencias occidentales por motivos políticos internos. Los palestinos siguen resistiendo porque es su única opción ante la destrucción y el exterminio absolutos.

No obstante, la guerra de Netanyahu tampoco es sostenible en el sentido orwelliano. Porque para que fuera sostenible necesitaría unos recursos económicos infinitos que Israel, a pesar de la generosidad de EE.UU., no posee. También necesitaría un suministro interminable de soldados, pero los informes indican que más de la mitad de los reservistas israelíes no están incorporándose al ejército.

Además, Netanyahu no solo busca perpetuar la guerra, sino que su deseo es ampliarla. Ello podría alterar las dinámicas regionales e internacionales de un modo que ni los dirigentes israelíes ni sus aliados llegan a concebir por completo.

Es con este pensamiento con el que los líderes árabes se reunieron en El Cairo para proponer una alternativa al plan de Netanyahu y Trump para limpiar étnicamente a los palestinos de Gaza. Pero todavía deben tomar decisiones significativas para que Israel responda por sus crímenes si continúa desafiando las leyes humanitarias y el derecho internacional, como ha seguido haciendo desde la cumbre árabe.

El mundo árabe debe ir más allá de las meras declaraciones si no quiere que Oriente Próximo deba soportar más guerras solo con el fin de prolongar un poco más el poder de la coalición de extremistas.

En cuanto a Occidente, la crisis se basa en sus contradicciones morales. La situación en Gaza encarna el concepto de “doblepensamiento” de Orwell: la capacidad de tener dos creencias contradictorias simultáneamente y aceptar ambas. Las potencias occidentales afirman apoyar los derechos humanos y al mismo tiempo respaldan el genocidio. Hasta que no se resuelva este dilema, Oriente Próximo seguirá padeciendo sufrimientos durante años.

Ramzy Baroud es periodista y director de The Palestine Chronicle. Es autor de cinco libros. El último es «These Chains Will Be Broken: Palestinian Stories of Struggle and Defiance in Israeli Prisons» (Clarity Press, Atlanta). El Dr. Baroud es investigador titular no residente en el Centro para el Islam y los Asuntos Mundiales (CIGA) de la Universidad Zaim de Estambul (IZU). Su sitio web es www.ramzybaroud.net

Fuente: https://www.counterpunch.org/2025/03/31/war-doublethink-and-the-struggle-for-survival-geopolitics-of-the-gaza-genocide/

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