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Entrevista al escritor Armando López Salinas, autor de La mina (finalista del Premio Nadal 59)

«Hay que seguir sacando gente a la calle»

Fuentes: Crónica Popular

Armando López Salinas se confiesa optimista histórico, y sigue sintiéndose comunista. Cree que la izquierda va a subir, y el PCE por descontado, y cree firmemente que la salida está en la movilización. Y que saldremos de ésta. Acaban de reeditar su libro La mina (finalista del Premio Nadal 59), considerado ahora más que social, […]

Armando López Salinas se confiesa optimista histórico, y sigue sintiéndose comunista. Cree que la izquierda va a subir, y el PCE por descontado, y cree firmemente que la salida está en la movilización. Y que saldremos de ésta.

Acaban de reeditar su libro La mina (finalista del Premio Nadal 59), considerado ahora más que social, socialista, y este comunista procedente del mundo libertario nos abre las puertas de su casa. Barrio obrero, hogar cálido, generosidad, sencillez, izquierda que se respira hasta con el humo del café con leche que me ofrece su hijo, y que se masca en los bizcochos, porque la izquierda es un modo de ser y estar y de darse, y, en fin, que fue un gusto el compartir… Un retrato estupendo de Rafael Seco preside su salón, repleto de recuerdos, de historias…

Su libro me ha llegado al corazón, «describe lo que vivo, lo que vivimos muchos, muchos». Ahora, al trabajo de comer, algunos le llamamos «la mina»; él lo desconoce. Nos sentimos explotados, mercancía barata, muertos vivientes, quemando la cabeza y la sangre minuto a minuto, día a día. Me siento identificada con esas letras, con él, me recuerda mi casa, mi barrio, del que no debí salir para entrar en otras trampas, como Joaquín y estos protagonistas…

Para Armando la secuencia es clara: llegada de miles de personas a la ciudad, potencia sindical en un momento dado y posibilidad de lucha. «Habría que haber peleado más», confiesa. Pero enseguida cambios, meter en la cabeza de la gente que se podía vivir por encima de las posibilidades, y la gente que lo hizo; y abandonarse esa España al cambio del PSOE. Es La mina, pero hay mineros que despiertan, que despertamos…

Hubo un tiempo, su tiempo, en el que todo parecía posible y todos debimos pelear más. Los tiempos no vuelven, pero las posibilidades están ahí. Debemos pelear…

Armando, yo he estado leyendo con gusto, intensamente, tu obra reeditada, La mina, y te aseguro que voy a utilizar, citándote, por supuesto, tus frases a cada rato, porque son la descripción exacta de lo que nos pasa, nos hacen entender, por ejemplo, que la culpa, tal como dices, es de la forma en que funciona todo, no es que a los propietarios de la mina no se les entere de que pase dentro tal o cual cosa, es que lo que pasa, pasa precisamente porque es la forma de funcionar la que nos mata. Acaban de morir mineros en España, otra vez. Te inspiraste para esta obra en algo real. Tú, ¿qué mundo encontraste en Puertollano (Ciudad Real) donde se había producido un hundimiento y murieron varios trabajadores en el 58? ¿Y qué reflejas?

Bueno, pues verás, yo creo que la cuestión está en que en aquel tiempo, en ese momento, cuando fui hacia esa zona de España, me encontré con un mundo bastante complicado, un mundo, donde había una situación de despegue como había ocurrido en otras épocas. Era la huída del campo a la ciudad. Era también el llegar allí y encontrarse con un cierto desencanto que suponía algo complicado.

Sí, que cuando llegaban no se encontraban todo lo que creían que se iban a encontrar.

No se encontraban todo lo que creían, lo que querían, y estaban encerrados otra vez en una trampa. Querían escapar, por una parte de aquella situación y, por otra parte, quedarse allí afincados en ese terreno que para ellos era absolutamente desconocido. Creo que era sencillamente el huir, el estar un tiempo allí y luego, al mismo tiempo, una situación insegura para la gente, allí había de todo; pero lo que había era una situación muy difícil…

Como la que tenemos ahora, Armando, porque mira: hoy como ayer se pide trabajo, que falta; falta el trabajo.

Se pide, sí, trabajo.

Y la necesidad de lucha, que se ve ahí, y la toma de conciencia… Hoy empieza esa lucha, porque como también dice uno de tus personajes, que «una docena de fulanos son dueños de España», como ahora, eso es lo que pasa ahora, han pasado muchos años, pero igualito…

Sí, mira, hoy de nuevo empieza esa lucha. Al cabo de los años el desarrollo en este país es un poco tardío en esa dirección, es, bueno, verás…

Desarrollo pa unas cosas y no pa otras, Armando, que hemos tenido más lavadoras, un tiempo, ¿eh? más bienes, y ¡hombre!, no tanta miseria, pero seguimos un poco igual: la misma explotación y las mismas esas cosas que describes. Y en ese callejón sin salida, porque otra vez la crisis pa los más pobres…

Sí, mira yo creo que lo que hay en La mina es una gente que sale de su pueblo donde no puede vivir, donde seguramente está en condiciones muy difíciles, donde está claro que allí no hay nada que hacer, que se marcha a una zona industrial, que allí hay, bueno, un lugar de trabajo donde al principio provoca una especie de encanto en esa dirección y luego, al poco tiempo, no se sabe bien qué es lo que ocurre, pero donde lo que hay es la explotación de otra manera del hombre por el hombre, también el problema de que no es posible estar allí, hay una cierta insatisfacción y contrastes. Porque es llegar a la gran urbe y ponerse a trabajar en un lugar donde hay la satisfacción de ganar más dinero, era el huir de pobres.

Para caer en otro pozo.

Para llegar a otro mundo, para caer en otra forma de explotación y en definitiva, mayor, hay otro choque, les choca la alienación que van a sufrir y hay menos horas de trabajo, un trabajo más acentuado, y no es la aldea, pero sí hay una situación límite que también empieza a ocurrir, en las ciudades, en el campo, en éste y en el otro lado: gente que quiere huir de su condición humana, cambiar su vida y que se encuentra desarraigado, sin saber demasiado qué hacer.

Otra cuestión para reflexionar, es la de la situación terrible de irse acostumbrando y acomodando que parecen plantear ciertos personajes, y cómo el engranaje de ese modo de funcionar todo te tiene preparado trampas para darte el empujón a que sigas quemando los pulmones: enseguida te hipotecan: la casa, la bici para ir al trabajo… Y luego, para mejor soportarlo, el escape: el esparcimiento de la taberna y el gasto en la bebida los días de descanso, gastar parte de lo ganado con tanto esfuerzo. Ahora, el equivalente es irte a unos grandes almacenes y comprarte algo, el consumo, o gastártelo en móvil, y en cierta manera alienarte. Es parte de la explotación que seguimos padeciendo. Antes era la taberna…En fin, que todos estos paralelismos son sorprendentes.

Sí.

Cuéntame un poco de tu paso por la política. Y sobre un gran secreto. Y es que muchos nos preguntamos por qué en la Transición -que haríais lo que pudierais- pero, ¿porqué no fue posible de verdad, de verdad, de verdad, el romper con el fascismo que había aquí y que sigue?

Yo creo que ahí hay una situación enormemente complicada, yo, como sabes, fui miembro de la dirección del Partido…

Sí, sí (me río) ¡y te lo sabes todo…!

Y sigo siendo miembro. Y, en ese sentido, bueno, después de 30 años o los que fueren, hubo un encuentro de gente del campo con la ciudad, miles y miles, llegaron, se metieron en los suburbios de Madrid, aumentaron las zonas de los suburbios. Como te digo era una situación complicada. Y es difícil darse cuenta de los errores que posiblemente se dieron, en fin, algunos de ellos… Yo creo que había que haber peleado más, que había que haberlo hecho, con unos sindicatos fuertes, en el tiempo de Marcelino, y de otros, y de todo eso. El cambio que se produjo con las condiciones de España… Cuando se sustituyó…

Sí, a Franco por una democracia, pero por una democracia rara, Franco, por el Rey, pero a dedazo.

Pero lo cierto es que hubo otras sustituciones que se produjeron que no condujeron a ninguna buena parte, llegó ese cambio con los años del Partido Socialista y con una historia en la que en la realidad a la gente se la hizo pensar que podía vivir y que de hecho vivía más allá de sus posibilidades en muchos casos, y no hubo en esa dirección oportunidad alguna para que esa gente pudiera jugar un gran papel, y lo cierto es que habría que haber llegado a más.

Bueno, ésa es otra, porque el Partido Socialista que llegó en fin de Socialista y Obrero no tenía más que a los exiliados que seguían militando y regresaron, y poco más, Armando… Pero sigue contando, perdona…

Bueno, yo entonces era un muchacho que venía del campo libertario, y fui a parar al Partido Comunista. Desde mi posición libertaria y también desde mi posición de querer cambiar las cosas. Era justo el querer hacerlo, creo que era justo el cambiar las cosas. Llegué al Partido en los años en los años sesenta (exactamente fue en 1958), en ese tiempo en que todo parecía posible, en que todo parecía que estaba al alcance de la mano y, poco a poco, las cosas se fueron diluyendo. Creo que la posición de Carrillo…, bueno, yo creo que Santiago dejó de ser comunista. Aunque lo dijera… Creo que fue abandonando sus posiciones

¿Qué pasó en la Transición con la posición de Carrillo y el PCE respecto a la Monarquía?

Cuando Santiago Carrillo vino a Madrid en 1976, tuvimos una reunión, después de las que Carrillo había tenido con Adolfo Suárez y con Felipe González. En ella, tuve con él una confrontación, apoyado por dos más de los que estábamos reunidos, en la que defendí el documento de la Platajunta, denominado «Manifiesto a los pueblos de España.» Yo dije que si teníamos que aceptar la Monarquía, dada la situación política en que nos encontrábamos, deberíamos hacerlo por imperativo legal, pero que tenía que quedar claro que para nosotros la forma de Estado seguiría siendo la República. Y añadí que había que seguir con las movilizaciones en la calle para exigir elecciones generales, y estar presente, no como una agrupación de electores, según la voluntad de Suárez, sino como Partido Comunista de España. Y si nos dejaban fuera de la legalidad, en ese momento no aceptaríamos la Monarquía y el PSOE pagaría un precio alto por nuestro aislamiento.

¿Qué te contestó Carrillo?

Carrillo dijo que yo aplicaba la lógica formal y no la dialéctica…

¿Qué pensabas entonces del eurocomunismo?

En cuanto al eurocomunismo que, por aquel día, se presentaba solemnemente en Madrid, tenía una idea muy aproximada a Manuel Sacristán que decía que era inane culturalmente e ineficaz políticamente; es decir, que no hay una vía rosa hacia el socialismo.

A más de treinta y tantos años de distancia, ¿Qué piensas hoy sobre la Transición?

Creo que la Transición saltó por los aires hace muchos años. Hoy es papel mojado. No dió ni da soluciones hoy a los problemas fundamentales del país.

Suma y movilización

¿Qué otras cosas se tienen que saber?

En «La mina» y en otros míos se cuenta, hay siempre un cierto hálito de esperanza. Creo que la vida es más larga de lo que parece, y entiendo que las gentes estén hoy peleando en Fagor o donde sea, que están peleando en tantos y tantos sitios…hay seis millones de parados.

Porque tú también sigues peleando

Desde que murió Teresa me he encerrado en el problema. Sigo siendo comunista, sigo siendo una persona que cree en la necesidad de los cambios que se están produciendo. Creo que estamos en una situación de cambio. Hasta dónde van a llegar no lo sé, pero lo cierto es que Izquierda Unida va a subir, y dentro de Izquierda Unida, va a subir el PCE. Y ahí, yo creo que hay que estar en la situación existente, haciendo avanzar el máximo posible todo. Hay que hacer avanzar la unidad de las fuerzas de izquierda y todo eso y las ideas comunistas, revolucionarias, las ideas. Poco a poco, graduándolo, sumando por lo que une y dejando fuera lo que aparta. Y hay que remontar mucho más de donde estamos ahora. Yo no lo veré, tengo 88 años, pero creo que alcanzaremos un nivel, que iremos para arriba. En estos momentos, el Partido Socialista tiene un buen lío y creo que va a dar un giro a la derecha.

Ya lo ha dado hace mucho tiempo, Armando. Del centro no ha salido…

No, no, que puede romperse. Que puede ir por otros caminos y en esa dirección, a mi me parece…

Que hay que trabajar.

Que hay que trabajar.

En Francia, Armando, en un panteón, en el de los hombres ilustres, donde están los buenos de la literatura y de la política, dice una frase: «Vive libre o muere». Luego, Pasionaria habló de que no se puede vivir de rodillas. Hoy hay muy poca tendencia a mantener la dignidad por parte de personas que se han dejado llevar por los medios de comunicación, por ejemplo, y por toda la propaganda y adoctrinamiento del Sistema. Pero yo creo que el hombre siempre nos llama a la esperanza, como tus libros: siempre nos llaman a la esperanza. Siempre sabemos salir adelante, tendrá que ser con lucha, siempre es así. Y tú, ¿qué dices? Una última reflexión.

Yo creo que se está en buen camino; yo soy un optimista histórico. Y frente al giro que ha dado en el mundo toda una parte de la derecha europea, con el giro que ha dado en estos últimos la ultraderecha -o como queramos llamarla-, creo que hay una posición buena para la izquierda, de seguir por este camino que vamos; un camino ancho, donde va a entrar mucha gente, donde vamos a ser una especie de arquitectos de un grupo serio. Estamos en una situación en que las capas medias en estos momentos están sublevadas en parte, porque una parte considerable de estas capas medias están en la calle, creo que ingenieros, médicos, tal, cual, están en la calle, claro, son seis millones de parados que en otras circunstancias estarían apoyando y votando al Partido Popular o al PP, o al PSOE o a quien quieras… Entonces, creo que ahí se está produciendo, con todas las contradicciones y problemas del mundo, un cambio, o vamos a una catástrofe que ya Marx señalaba, que no sé cuánto tiempo puede durar, pero creo que se saldrá de ello, que saldremos de ello, que podremos salir a través de movilización, movilización, movilización. Creo que, en medio de la confusión, hay que seguir sacando gente a la calle, y con cuidado, pero por ahí. Yo creo que es por ahí por donde vamos a salir.

Desde luego, yo pienso igual que tú.

 


 

Armando López Salinas, literatura y revolución

Nacido en Madrid en 1925, Armando López Salinas es el paradigma del escritor comprometido con la lucha de los más desfavorecidos, el ejemplo del sacrificio de una brillante carrera literaria por dedicar por completo su vida a la revolución, a su militancia comunista.

Autodidacta, tuvo que abandonar sus estudios de Bachillerato al ser encarcelado su padre y tener que trabajar para sacar adelante a su familia, siempre ha reivindicado que su Universidad, «como en el caso de Máximo Gorki, fue la calle y un país de hambrunas y cárceles». Miembro de la dirección del PCE durante la dictadura, fue subdirector del periódico Mundo Obrero y corresponsal de Radio España Independiente, «Radio Pirenaica«,y su labor política estuvo centrada, fundamentalmente, en el trabajo con los intelectuales y profesionales, así como al frente de la Comisión de Unidad del Partido Comunista, desde la que se desarrollaba la unidad de acción con otras fuerzas antifranquistas.

Armando López Salinas forma parte de la escuela del realismo social, al lado de otros grandes escritores, entre ellos Antonio Ferres, Jesús López Pacheco, Rafael Sánchez Ferlosio, Alfonso Grosso y Juan García Hortelano. Fue finalista del Premio Nadal de 1959 con su novela «La mina», reeditada recientemente con un estudio introductorio de David Becerra, responsable de la sección de Estética de la Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM) y publicada por primera vez de forma completa, sin las mutilaciones a las que fue sometida en su tiempo por la censura franquista.

Asimismo, Armando López Salinas escribió «Caminando por las Hurdes» (1960), junto a Antonio Ferres, «Año tras año» (1962), con la que alcanzó el Premio Machado de Novela, «Por el río abajo» (1966), con Alfonso Grosso, «Viaje al país gallego» (1967), con Javier Alfaya, y «Crónica de un viaje y otros relatos» (2007)

Para David Becerra, La mina de Armando López Salinas «ha sido condenada al silencio y al olvido por la crítica literaria dominante española: los casi treinta años sin reeditarse y su total desaparición de los manuales de literatura contemporánea son una prueba de ello. Justificado su destierro por medio de discursos aparentemente estéticos, que consideran que la técnica y el estilo de López Salinas hacen bien merecida su expulsión de canon literario, en realidad esconden un prejuicio ideológico hacia la literatura política y social. La mina ha sido olvidada y silenciada porque molesta. Y molesta porque La mina quiebra el relato de la Transición; un relato que se ha construido sobre el mito de que grandes hombres con grandes gestos trajeron a España la democracia, cuando, en realidad, la democracia fue consecuencia de la lucha de miles de hombres y mujeres -como los que La mina describe».

Fuente: http://www.cronicapopular.es/2013/11/armando-lopez-salinas-hay-que-seguir-sacando-gente-a-la-calle/