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¡Höre, Israel!

Fuentes: Rebelión

El 1 de octubre de 1946, en audiencia pública, Geoffry Lawrence, presidente del tribunal militar internacional de Nuremberg contra los principales criminales de guerra de la nación vencida, Alemania -que no de las vencedoras-, leyó la sentencia del tribunal: 12 penas de muerte por horca, Tod durch den Strang, 3 cadenas perpetuas, 2 condenas a […]

El 1 de octubre de 1946, en audiencia pública, Geoffry Lawrence, presidente del tribunal militar internacional de Nuremberg contra los principales criminales de guerra de la nación vencida, Alemania -que no de las vencedoras-, leyó la sentencia del tribunal: 12 penas de muerte por horca, Tod durch den Strang, 3 cadenas perpetuas, 2 condenas a 20, 1 a 15, 2 a 10 años de cárcel y 2 absoluciones. Un año antes, el 14 de octubre de 1945, tuvo lugar la sesión preparatoria del tribunal militar, si bien la sesión propiamente de apertura se celebró el 18 de octubre, a las 10´30 y en Berlín, presidida por el general ruso Nikitschenko. El proceso duró 218 días. El cumplimiento de sentencia por ahorcamiento, que comenzó el 16 de octubre de 1946 a las 12 en punto de la noche, finalizó a las 2´45. El tribunal lo conformaron el lord Lawrence en representación del Reino Unido, Francis Biddle por los Estados Unidos de América, el profesor Donnedieu de Vabres en representación de la República francesa y el general de división I. T. Nikitschenko en nombre de la URSS. 23 tomos a la venta recogen el acontecer procesal.

Rosa Toran, presidenta actual de la asociación Amical de Mauthausen, escribía en el 2005: «Después de la derrota militar del nazismo, cuando el exterminio nazi era público en todo el mundo, el Gobierno español no pronunció una sola palabra por los miles de españoles asesinados y víctimas de la barbarie, con el agravante de alegar ignorancia sobre lo ocurrido en su país aliado. Mientras ceremonias de homenaje y palabras de aliento acogían a los ex deportados en sus lugares de origen, en la patria de los republicanos éstas se reservaban a los vencedores de la Guerra Civil… Los que sobrevivieron a los campos de concentración tuvieron que acomodarse a un largo exilio, interior o exterior». Los historiadores Benito Bermejo y Sandra Checa, entre otros, con su «Libro Memorial. Españoles deportados a los campos nazis (1940-1945)» han rescatado del olvido, con nombre y apellidos, a la mayor parte de aquellos cerca de 10.000 republicanos españoles, que padecieron y sufrieron los campos de concentración nazis. De los alrededor de 200.000 ciudadanos del mundo, que penaron en Mauthausen, 7200 fueron republicanos y vagaron semimuertos por el campo del horror desde agosto de 1940, cuando el 5 de mayo de 1945 atravesaron las tropas americanas el portón del campo de concentración tan sólo sobrevivían 2184 -marcados con el triángulo azul de apátridas-. En estos cinco años de penar murieron los otros 5.000. Y ha habido que esperar a mayo de 2005 para que por primera vez un Presidente de Gobierno del estado español, el Sr. Zapatero, asistiera a la conmemoración de la liberación de Mauthausen, a la gran fosa de republicanos. Para entonces apenas si quedaban ya supervivientes. Y algo parecido está ocurriendo de nuevo con la Ley de la Memoria Histórica y los defensores del gobierno legítimo de la República, arrojados por el franquismo y la democracia hasta el día de hoy en las orillas de nuestros pueblos y ciudades y desplazados a actos marginales en su recuerdo y su economía.

El 28 y 29 de enero de 1946 declaró en Nuremberg Francisco Boix, un fotógrafo catalán, nacido en Barcelona el 14 de agosto de 1920 e internado en Mauthausen el 27 de enero de 1941, quien previamente había entregado a la Comisión de Investigación un buen número de fotos de Mauthausen. Se proyectan en la sala del tribunal: «Ésa, explica a los jueces, recoge un espectáculo montado alrededor de un austriaco huido. Se llamaba Tischler y trabajaba en el garaje. Fabricó una caja y escondido en ella pudo salir del campo. Tras un tiempo le pillaron y le subieron al carro, que se utilizaba a diario para trasladar los cadáveres al crematorio. Había carteles que decían: «Alle Vögel sind schon da», ya están todos los pájaros. Acto seguido fue condenado a muerte y conducido en desfile ante 10.000 presos. Una orquesta cíngara tocó durante todo el rato la melodía «J´attendrais». Al poco el cuerpo del ahorcado se balanceó en el aire y la orquesta entonó una canción muy conocida, la «Bill Black-Polka». El profesor Benito Bermejo en su libro «Francisco Boix, el fotógrafo de Mauthausen» cuenta su vida, y su espeluznante declaración ante el tribunal se recoge íntegra en el tomo 6. Boix fue el único testigo español que declaró ante el tribunal de Nuremberg. Y fue también el catedrático Benito Bermejo quien desenmascaró al famoso impostor Enric Marco, quien sin estar en campo de concentración alguno narraba en charlas y conferencias haber padecido la agonía del campo de Flossenburg. ¡Cuántos en nuestros días que fardan de resistencia y oposición, de izquierda y antifranquismo, son más bien y en verdad sanguijuelas y muérdagos de vida ajena!

Si fue bestial la matanza de seis millones de judíos, si inhumano en grado extremo fueron los campos de concentración y el gueto de Varsovia no menos atroz y macabro resuena en nuestros días el lamento del poeta judío alemán, Erich Fried, nacido en Viena en 1921, a quien se le concedió en 1973 el premio nacional austriaco de poesía y que, como judío que se sentía corresponsable de la agresión de su pueblo contra los árabes, destinó la mitad de la dotación para dos líderes de la Liga israelita de Derechos Humanos, y de la otra mitad una parte para pagar las costas de un abogado de Hamburgo en pro de unos palestinos juzgados en la República Federal de Alemania. Grito de este judío alemán, que hoy se hace más denuncia si cabe contra la inhumana masacre de Israel, doblemente dolorosa por su pasado y presente, contra el pueblo palestino, contra ese Gaza convertido en sangrante e inhumana copia de Varsovia, sólo que ahora los torturadores no son los nazis sino los judíos.

¡Escucha, Israel!:

 

Cuando fuimos perseguidos                        Anhelo vuestro fue                     Habéis sobrevivido

fui uno de vosotros,                                     ser como los pueblos                  a quienes os torturaban.

¿cómo seguir siendo                                    que os asesinaban.                     ¿No pervive hoy

cuando sois perseguidores?                        ¡Bien, ya sois como ellos!           su tortura en vosotros?