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Hospital de Sant Pau: la larga, infame e ininterrumpida marcha privatizadora

Fuentes: Rebelión

Para Pilar Gefaell, in memoriam   Tomo pie en el excelente artículo del pasado viernes de David García Vázquez [DGV] en la edición de Cataluña del diario global-imperial-anti-Chávez [1]. Los malos ejemplos tienen pésimas consecuencias. Los males ejemplos están representados, en este caso, por el importante y políticamente muy influyente sector de negocios de la […]

Para Pilar Gefaell, in memoriam

 

Tomo pie en el excelente artículo del pasado viernes de David García Vázquez [DGV] en la edición de Cataluña del diario global-imperial-anti-Chávez [1].

Los malos ejemplos tienen pésimas consecuencias. Los males ejemplos están representados, en este caso, por el importante y políticamente muy influyente sector de negocios de la sanidad catalana (ámbito «privado» en el que, por ejemplo, se excluye de sus asegurados a enfermos mentales en algunas de sus mutuas); por la creciente y «muy moderna» apuesta privatizadora, en la gestión y servicios, de los diversos gobiernos de la Generalitat; por el vértice privado de centros como el Hospital Clínic de Barcelona, un hospital universitario de referencia, y de admiración ciudadana, cuyos méritos son indiscutidos y reconocidos en sus actuaciones públicas, y, por finalizar en algún punto, por el aliento despóticamente privatizador de uno de los peores y más nefastos consellers del gobierno conservador y nacionalista catalán, el molt honorable Boi Ruiz, el responsable político que afirmó que la salud no era ningún derecho ciudadano, el mismo que declaró, feliz como una perdiz, que finalmente la sanidad pública catalana había dejado de estar en manos de la ciudadanía para pasar a ser espacio destacado de intervención de los intereses corporativos.

Desde la llegada de Boi Ruiz al gobierno catalán [2] -uno de los peores fichajes, desde un punto de vista republicano-democrático, de don Artur Mas, el presidente que se rió en sede parlamentaria de la forma de hablar castellano de los niños andaluces y gallegos sin haber pedido disculpas hasta el momento-, las listas de espera se han disparado en la sanidad catalana en relación inversa a los recortes [3]. En el primer año en su puesto de conseller, señala DGV, «el número de personas que aguardaban para entrar en quirófano aumentó en un 43%, mientras en 2012 el tiempo medio de espera creció un 36%». Esta situación -mayores esperas, menores presupuestos- impulsa o cubre una mala decisión: algunos centros intentan aumentar sus ingresos privatizando la sanidad. El euro en el puesto de mando; luego se construyen los conocidos argumentos de necesidad para justificar la apuesta, el camino hacia el desastre social.

El hospital, recuerda DGV, y el recuerdo es más que oportuno, lleva trabajando al menos desde 2009 «con la idea de tener una doble vía de acceso, pública y privada, a sus quirófanos» [4]. Barnaclínic como referente. Según un informe de la Sindicatura de Cuentas, el hospital contrató a la consultora PricewaterhouseCoopers (PWC) -¿quiénes están detrás de esta consultora?- «cuatro estudios en las dos primeras semanas del mes de marzo de 2009 para explorar y definir la asistencia privada». El primero de ellos costó 21.288 euros; llevó a la consultora dos semanas de trabajo (a unos 300 euros la hora). El segundo tuvo un coste de 67.048 euros; llevó a PWC cinco semanas de trabajo (la hora más de 350 euros). El tercero costó 70.992 euros y les llevó 12 semanas (no entramos en la densidad y rigor del trabajo). El cuarto costó 59.160 euros; tardaron cuatro semanas. En total, el hospital se gastó 218.428 euros (eso sí, IVA incluido, apunta sarcásticamente DGV) en los cuatro trabajos encargados «para poner en marcha la asistencia a pacientes privados». Y, además, más madera: la consultora ingresó también en 2009 «otros 202.000 euros de Sant Pau por otros tres contratos relacionados con los ‘sistemas de información». ¡Qué cosas! ¡Qué lenguaje!

¿Cuándo fueron encargados esos «trabajos»? Cuando «el gerente del hospital era Jordi Varela». ¿Jordi Varela? Un directivo «hoy imputado en el proceso que investiga un cúmulo de pagos, adjudicaciones y sobrecostes irregulares en el centro sanitario ocurridos en la última décadas». La corrupción generalizada en la Catalunya socio-convergente que todos conocían, el 3% de don Pasqual Maragall, y que todo el mundo fingía desconocer (el Paraíso terrenal tenía un nombre. «Catalunya über alles!»)

La búsqueda de nuevas vías de financiación, señala también DGV, es posible porque Sant Pau, pese a ser financiado casi totalmente por la Generalitat, cuenta con una total autonomía de gestión. Como si fuera una escuela concertada. «La seis veces centenaria institución está dividida en tres fundaciones -una que gestiona su patrimonio, otra la asistencia sanitaria en el hospital y la tercera las áreas de investigación-participadas por la Iglesia, la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona» (la Iglesia refiere a la católica, apostólica y romana por supuesto). De esta forma, a la hora de construir el nuevo edificio del hospital, fue la Generalitat la que pagó los casi 300 millones de coste del inmueble (presupuestado inicialmente en muchos menos) pero su propiedad ha quedado en manos de una de estas fundaciones. ¿Cuál de ellas? Efectivamente, lo han adivinado, la «controlada de facto por la Iglesia».

Algunas voces del centro defienden la nueva senda de atención privada. Sus viejísimos argumentos: «Una vez cumplida nuestra obligación con la sanidad pública, el hospital tiene la capacidad de desarrollar e impulsar más actividad no pública con la participación y conocimiento de sus trabajadores». ¿Cumplida su obligación con la sanidad pública? ¿Y cómo se explican entonces el aumento de las listas y el incremento del tiempo de espera? ¿Dónde está el cumplimiento?

El hospital ha abierto una nueva vía que va a permitir a los pacientes «ser operados, previo pago, sin tener en cuenta las largas listas de espera de la sanidad pública catalana». El centro ya ha operado a dos pacientes de cirugía vascular «que no han tenido que esperar los 8,4 meses que el pasado 31 de diciembre acumulaba esta especialidad» (eran 4,1 meses el año anterior, menos de la mitad en 2011. ¡La gestión es don Ruiz es impecable!).

Con 3 o 4 mil euros (ignoro las cantidades solicitadas) no hay listas ni esperas. Todo lo sólido se disuelve en el aire, como en el Manifiesto de Marx y Engels. En un día y cinco nanosegundos todo solucionado y todos felices.

¿Y los pacientes que no pueden o no desean usar esta vía privatizadora? ¡Camarero: una de perdiz, la pide Boi Ruiz!

El nombre de la barbarie, aunque nos cueste reconocerlo, es ahora el de la aniquilación de nuestro muy demediado Estado de bienestar, la destrucción de derechos sociales y democráticos que han costado décadas conseguir.

¿Vamos a permitirlo? No, no vamos a permitirlo.

Notas:

[1] David García Sánchez, «Sant Pau crea una vía de paso que permite saltarse la lista de espera». El País, 22 de marzo de 2013, pp. 1-2 (Edición Catalunya).

[2] Ratificado con honores, y representando fielmente los mismos intereses corporativos, en el gobierno de esta segunda -y también brevísima- legislatura.

[3] Se calcula que en torno el 10% de la factura sanitaria.

[4] Hasta el momento, la asistencia a los pacientes de la sanidad pública supone más del 97% de los ingresos del hospital.

Salvador López Arnal es miembro del Frente Cívico Somos Mayoría y del CEMS (Centre d’Estudis sobre els Movimients Socials de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona; director Jordi Mir Garcia)

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.