Recomiendo:
0

Indignados: Del 15-M al 15-O

Fuentes: Rebelión

Se trata simplemente de reapropiarnos, todos unidos, del porvenir de nuestro mundo», Attac El movimiento de los indignados, que se globaliza imparablemente, ha convocado para el 15 de octubre próximo una jornada de movilización mundial, ¿ para qué? «La historía, decía Marx, no es nada más que la actividad de los seres humanos para la […]

Se trata simplemente de reapropiarnos, todos unidos, del porvenir de nuestro mundo», Attac

El movimiento de los indignados, que se globaliza imparablemente, ha convocado para el 15 de octubre próximo una jornada de movilización mundial, ¿ para qué?

«La historía, decía Marx, no es nada más que la actividad de los seres humanos para la consecución de sus objetivos». Por consiguiente, sería bueno que este movimiento juvenil y ciudadano mundial expusiera cuales son los objetivos que persigue con la convocatoria de esta jornada.

Por mi parte, aunque no estoy llamado a decir lo que les corresponde a ellos expresar, me atrevo a dar mi opinión, porque se que en el movimiento 15-M, que es profundamente democrático, todas las opiniones son estimadas.

Por eso digo que, a mi juicio, lo que se debe exigir el 15 de octubre de 2011, en todas las ciudades y pueblos del mundo donde sea posible, es el fin de la dictadura financiera mundial, del imperio de los mercados financieros y sus cómplices.

Pero, ¿ a quién debe plantearse esta reivindicación, esta exigencia?

Por supuesto a todos los gobiernos del mundo y, fundamentalmente, a los del G-20, pero también a la Unión Europea y a las instituciones economicas internacionales – FMI,BM, OCDE, OMC -, que durante décadas han puesto en práctica políticas económicas neoliberales que han enriquecido, sobre todo, a los grandes propietarios de capital y empobrecido a la mayoría de los ciudadanos, privados cada vez más del acceso a un trabajo estable y a un salario digno.

Y como prueba de la voluntad de esos poderes políticos y económicos de rectificar una trayectoria de sumisión a una oligarquía económica mundial que, como dice Hessel, «nos impide resolver nuestros problemas», reclamaría de esos gobiernos, del G-20, de la UE y de las instituciones económicas internacionales, las siguientes medidas:

Primera. El abandono inmediato de las políticas de austeridad o ajuste fiscal y recortes sociales, que cargan todo el peso de la crisis sobre las espaldas de las clases populares y de las clases medias, y la adopción de políticas de gasto público ( inversión, gasto social y Estado del bienestar ), basadas en el principio de justicia fiscal, que consiste en hacer que contribuyan más con sus impuestos a los ingresos del Estado aquellos ciudadanos que más tienen, y

Segunda. El desarme del poder de los mercados financieros, mediante el establecimiento de un Nuevo Orden Financiero y Fiscal Internacional ( NOFFI ), que contemplara, al menos, los siguientes aspectos:

a) La reglamentación del sistema financiero internacional, que refrenase la tendencia a una especulación sin límites en esta fase histórica del capitalismo, empezando, a modo de test de intenciones, por la instauración de un tributo regulador y solidario, el Impuesto a las Transacciones Financieras ( ITF o tasaTobin )

b) La supresión de los paraísos fiscales, cuya mera existencia hace imposible la aplicación del principio de justicia fiscal global y nacional.

c) La creación de una potente banca pública de la que formasen parte todas aquellas entidades financieras privadas ( bancos, cajas de ahorros, etc ), que hubieran sido rescatadas o pudieran serlo con dinero público.

d) La realización de auditorías de la deuda pública con el fin de anular la parte ilegítima y determinar la parte válida para su renegociación

e) La constitución de un Tribunal Penal Internacional para los Crimenes Económicos contra la Humanidad

Estas medidas y otras dirigidas a transitar hacia una economía mundial sostenible y hacia un nuevo mundo laboral en transformación son, a mi juicio, las exigencias y objetivos con los que el movimiento de los indignados podría empezar a revertir una situación que, para la inmensa mayoría de los 7.000 millones de seres humanos que ya poblamos el planeta, se agrava de dia en dia.

La pelota pasaría a estar en el tejado de los gobiernos y de las instituciones económicas internacionales que durante tanto tiempo han sido complacientes con los pocos, pero muy poderosos de arriba, y sordos y ahora implacables con los muchos y empobrecidos de abajo.


Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.