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Los recortes del gobierno PSOE-IU en Andalucía

¿Injustos pero necesarios?

Fuentes: Rebelión

Cada día que pasa el comportamiento de la dirección de IU en Andalucía es más difícil de calificar: ¿esperpéntico?, ¿patético?, ¿felón?, ¿o todos ellos simultáneamente? Resulta difícilmente explicable que sea el propio Coordinador General y Vicepresidente de la Junta de Andalucía, Diego Valderas, quien salga a justificar los recortes diciendo que son «injustos pero necesarios». […]


Cada día que pasa el comportamiento de la dirección de IU en Andalucía es más difícil de calificar: ¿esperpéntico?, ¿patético?, ¿felón?, ¿o todos ellos simultáneamente?

Resulta difícilmente explicable que sea el propio Coordinador General y Vicepresidente de la Junta de Andalucía, Diego Valderas, quien salga a justificar los recortes diciendo que son «injustos pero necesarios». ¿Se da cuenta este hombre de la magnitud de su afirmación? ¿Se da cuenta de la responsabilidad que tiene en el descrédito de su partido entre los votantes de izquierda, ya sean o no militantes del mismo? ¿Es al menos consciente de que está diciendo y haciendo en estos momentos exactamente lo contrario que prometió durante la campaña electoral? ¿Cómo puede ser que no haya habido el más mínimo cálculo político del coste que esto puede suponer de cara al futuro en términos de legitimación del discurso de la derecha? ¿Qué le diferencia de los discursos de Rajoy, de Sáenz de Santamaría, de Zapatero o de Merkel? ¿Cómo es posible que no se haya exigido ningún tipo de responsabilidad política por este atropello a la confianza que depositaron en él los electores que le votaron porque podía prometer y prometía que otra política era posible? ¿Deberemos esperar cuatro años para decirle en las urnas que la izquierda no puede sacrificar en ningún caso la justicia alegando estado de necesidad o, lo que es peor, imperativo legal? ¿Tan complicado es entender hasta lo más básico?

Y es que IU se acaba de empezar a labrar su tumba en Andalucía y, probablemente, en España. ¡Qué fácil será ahora cortar cualquier discurso de Cayo Lara diciendo que cuando gobierna no le queda más remedio que hacer lo mismo que hace el PSOE y, por lo tanto, que para qué votar a la copia cuando tienen a su disposición un original experimentado!

No se puede entrar a un gobierno en el que la primera medida que ha de adoptarse es un recorte de 3.500 millones de euros en tres años sin pensar que eso no va a pasar factura después de haber pontificado y firmado ante notario lo contrario. Y no se puede pretender hacer creer a la población que, gracias a IU, los términos de ese recorte son lo mejor que le podía haber pasado afirmando que no se ha permitido que no se atraviesen ciertas líneas rojas en Educación o Sanidad cuando basta con ver que la línea del recorte sigue la misma dirección que la del PSE en el País Vasco: los recortes no afectarán, allí y de momento, a esas materias. Es decir, el PSOE ya llevaba planeada esa estrategia como elemento diferenciador frente a las Comunidades gobernadas por el Partido Popular e IU lo único que ha hecho ha sido secundarla y legitimarla, asumiendo el coste político ante su electorado mientras que el PSOE será quien la rentabilice políticamente. ¡Hasta para eso se ha sido torpe! Pensar que la maquinaria del PSOE, tras 30 años de régimen en Andalucía, va a permitir espacios para que su socio de gobierno despunte es pecar de ingenuo hasta decir basta.

Unos recortes que vuelven a hacer caer sobre los empleados públicos el peso del ajuste. Precisamente sobre aquellos que durante los años de la orgía inmobiliaria veían cómo sus salarios apenas crecían y ahora ven cómo los mismos se recortan a tijeretazo limpio y, encima, deben dar gracias por seguir manteniendo el empleo. Lo que era y es una aspiración de la mayor parte de la población, un empleo estable que permita vivir dignamente, se convierte ahora en un lujo por el que se debe pagar doblemente: con un aumento de la jornada y con una reducción del salario. O, lo que es lo mismo, trabajar más por menos salario. Si un partido que se define de izquierdas puede tragar con eso, aunque sea invocando el «estado de necesidad», es que está llegando el momento de que se aclaren muchas cuestiones para así ayudar a decidir a los ciudadanos si entre los actos de desobediencia civil no debería incorporarse la ocupación de sedes de IU a efectos de que sus dirigentes entendieran nuestro malestar.

Dos de ellas son básicas, casi de parvulario de Ciencias Políticas.

La primera es que un partido que forma parte de un gobierno no puede estar firmando recortes con una mano y, con la otra, pidiendo a los ciudadanos que se manifiesten contra esos recortes. En algún momento a alguien se le ocurrirá preguntarse acerca de quiénes son responsables de esos recortes. No los responsables últimos y distantes y a los que resulta gratis echarles la culpa de todo (Merkel, Barroso, Almunia o Rajoy); no, esos no, sino los responsables más cercanos, los que rubrican con su puño y letra los recortes que los otros imponen invocando, a su vez, la dictadura de los mercados y la inevitabilidad de su ejecución. En nada se distancian ni el discurso ni la responsabilidad de aquéllos y de éstos. Todos son cómplices necesarios en el deterioro de las condiciones laborales y de vida de la población y todos son, por lo tanto, culpables de ello sin que quepan matizaciones menores.

Y la segunda tiene que ver con el concepto de necesidad y el sentido de la responsabilidad. La justificación de los recortes dada por Diego Valderas («son injustos pero necesarios») es absolutamente intolerable para cualquier persona de izquierdas. Su reconocimiento de que está cometiendo una injusticia palmaria por razones de necesidad es pretender extrapolar el «estado de necesidad», que en determinados contextos se considera una razón para eximir de responsabilidad a quien comete una acción, a la política y a la acción de gobierno, en donde dicho eximente no puede ser invocado en ningún caso.

Y no puede ser invocado porque nadie obliga a Diego Valderas y a IU a formar parte de ese gobierno que impone los recortes en el marco de los que a su vez les impone el gobierno central.

Valderas nos está diciendo que no es justo pero que está obligado a ello. Y eso es radicalmente falso porque ni Valderas ni IU están obligados a gobernar en Andalucía. No están obligados a dejar de ser de izquierdas porque lo impongan los mercados y si tratan de imponerlo, siempre tienen la posibilidad de salirse del gobierno, de dimitir.

Si no se puede ser justo -es decir, si no se puede ser de izquierdas- a uno siempre le queda la opción de retirarse y denunciarlo; de dimitir y hasta de suicidarse antes de convertirse en cómplice de la angustia y la desesperanza, de la pobreza y de la miseria, de la barbarie y el terror de los ciudadanos a los que sirves.

Pero no, Valderas e IU en Andalucía no sólo pretenden que entendamos la crudeza de las medidas y compartamos el sentido de su necesidad sino que también aspiran a que admiremos y aplaudamos su sentido de la responsabilidad. No sólo aspiran a la comprensión y la disculpa por las incoherencias entre el dicho y el hecho sino también a la grandeza por su capacidad para sacrificar la justicia por intereses superiores, aquellos que prometía enfrentar cuando aún no eran gobierno.

Olvidan así también algo que se enseña en parvulario de Ciencias Políticas: sólo si se es justo se puede ser de izquierdas. Así que mientras que la dirigencia de IU en Andalucía acaba de definirse, ha llegado el momento de que sus militantes, el repositorio moral de tantas luchas históricas, decidan si era o no necesario que estos recortes «injustos, pero necesarios» llevaran la firma de IU. Yo creo que no.

 

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