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Inmigración y minorías nacionales

Fuentes: Gara

La cuestión de la inmigración es un problema de difícil y de más que peliaguda solución. Partimos del pleno reconocimiento del derecho de los ciudadanos del tercer mundo (Africa, Sudamérica, zonas de Asia) a disponer de su libertad de movimientos en búsqueda de mejores condiciones de vida; del igual reconocimiento a insertarse plenamente en sociedades […]

La cuestión de la inmigración es un problema de difícil y de más que peliaguda solución. Partimos del pleno reconocimiento del derecho de los ciudadanos del tercer mundo (Africa, Sudamérica, zonas de Asia) a disponer de su libertad de movimientos en búsqueda de mejores condiciones de vida; del igual reconocimiento a insertarse plenamente en sociedades económicamente avanzadas, como también partimos del derecho de estas sociedades a habilitar adecuadamente la llegada masiva de inmigrantes.

Como se debe también de reconocer, aunque sea demasiado filisteo, el beneficio que para las envejecidas socieda- des europeas supone el aporte de una mano de obra joven y con capacidad de trabajo ¿Qué sería de los sectores como la construcción, la pesca o la atención a la tercera edad sin la participación de esos trabajadores foráneos?

Nada más necesario que facilitar al máximo la fusión con su entorno a los desheredados de la tierra. Constatemos en este proceso la ausen-cia en tierras vascas de enfrentamientos sociales como los que se han producido en otras latitudes del reino, como en el Ejido, Madrid (incluso con asesina-tos), les Maresmes… Tal vez la particular sensibilidad del Gobierno vasco ante esta problemática sea propiciada por la presencia en puestos de dirección sobre la inmigración de personas provenientes precisamente de esos países de fortísima inmigración; además, hay que añadir que nuestro país tiene una constante en la materia de inmigración-emigración que le hace comprender mejor estas situaciones.

Cuestión difícil, como hemos señalado, que se agrava ante las secuelas de determinados comentaristas o tertulianos centralistas, cuando «argumentan» sobre los efectos que el fenómeno inmigratorio tendrá sobre el País Vasco. No es que en sus manifestaciones les importe demasiado la suerte de esos inmigrantes; lo que les deleita es su potencial incidencia en la desvasquización lingüística y política de Vasconia; para ellos la panacea se centra en la posibilidad de cambiar la estructura política vasca, favoreciendo las corrientes nacionalistas, españolas por supuesto.

Un asiduo en la prensa local, José María Calleja, ha reflejado esta ansia con particular perfección, en coherente correlación con esa llamada al voto a los «catalanes no nacidos en Cataluña» para desalojar a las opciones catalanistas del poder político de este territorio. Pretensión que ya reveló Maquiavelo hace ya muchos años; voluntad de la que existen demostraciones contundentes en estos días: La instrumentalización por parte de los chauvinistas estatales de una población desplazada de su país de origen por una razón tan simple como la miseria; Con esa instrumentalización se pretende conseguir réditos precisamente a favor de la pro- pia metrópoli o del eje centralista.

Se juega arteramente por estos «integracionistas» con las secuelas que la inmigración produce en su máxima expresión ante unas minorías nacionales que no disponen de estado propio; puesto que si lo dispusieran ­España, Francia o Andorra­ el im- pacto es asumido sin graves riesgos culturales o idiomáticos, dado lo asentados que están los mismos. Los territorios infraestatales tienen mucho mayor dificultad en mantener su cultura específica, ya en situación débil de por sí, además de que es comprensible que el inmigrante opte por la lengua más extendida y útil, antes que por la minoritaria de un país también minoritario.

Tenemos nuestras dudas ­aparte de lo malvado de la operación­ de que los colectivos de inmigrantes, y sobre todo sus descendientes, se configuren finalmente en aliados de políticas centralistas. Euskadi ha demostrado sobradamente su capacidad de integración del foráneo, al margen de posiciones doctrinales ya arrumbadas. Tenemos claro que concediéndoles derechos plenos y los beneficios de una política asistencial adecuada, el ciudadano de otro territorio verá con agrado su pertenencia a la colectividad territorial donde se han establecido. Fracasarán así los «píos» deseos de jugar con ellos para favorecer la «asimilación» del territorio a la estructura estatal, uniformizadora al máximo. Tal vez el tiro les salga una vez más por la culata, frustrando así a los tertulianos que en el pasado y también ahora proliferan con la finalidad de acabar con el vasquismo político.

Buena predisposición institucional vasca, que debe confirmarse en esta temática, y en la actualidad, con políticas amplias y generosas; facilitando entre otros puntos el que estos nuevos ciudadanos sean realmente bilingües, proporcionándoles para ello líneas especificas de euskaldunización; ofreciendo cursos en el mayor número de localidades cara acreditar co- nocimientos de la lengua en aquellas profesiones en las que se desenvuelvan (comercio, hostelería, servicios de la tercera edad); fomentando la escolarización de sus hijos en el modelo D, en su correspondiente proporción entre centros públicos y privados, huyendo del gueto en que se está convirtiendo para ellos el modelo A en la enseñanza; llevando a cabo de tal manera una política integradora que no excluya el respeto ­incluso el apoyo­ a las culturas e idiosincrasias de sus países de origen.

El mestizaje será así más enriquecedor y todos, salvo los «desintegradores» de ahora y de siempre, saldremos beneficiados. Las «esperanzas» de aquellos tertulianos tendrán su merecido: Su ubicación en las nefastas páginas de la peor historia. –

(*) Los firmantes son profesores de la UPV