Israel controla los cuerpos de los palestinos, tanto vivos como muertos

Fuentes: Middle East Eye

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

Las políticas israelíes han transformado los cuerpos humanos en objetos de negociación y el duelo en un acto político que se criminaliza fácilmente

Mujeres palestinas rezan en un cementerio en la Franja de Gaza en junio de 2018 (AFP)

Mi tío falleció recientemente y después de que su esposa e hijos lavaron su cuerpo, lo abrazaron por última vez y lo pusieron en su lugar de descanso final, compartieron su dolor con amigos, familiares y conocidos.

Solo entonces pudieron comenzar a llorar su pérdida. Este sagrado proceso de duelo permite a las comunidades y seres queridos comenzar a avanzar, seguir adelante y proporcionar un acto final de entrega a los fallecidos. Solo entonces pueden comenzar a aceptar las condolencias.

En el funeral observé los rostros pálidos y afligidos y pensé: «Al menos él murió por causas naturales. Al menos tenemos que enterrarlo y llenarlo de amor».

Cementerios de números

Lo digo con el conocimiento de que la mayoría de las familias palestinas saben de un mártir dentro de sus círculos extendidos. Peor aún son las familias de los mártires palestinos cuyos cuerpos siguen retenidos por Israel.

Desde 1967, Israel ha retenido cientos de cuerpos palestinos, algunos en congeladores y otros que se cree que están en los famosos «cementerios de números«. Las familias de los mártires han estado tratando de traerlos de vuelta a casa.

Sin embargo, la primera demanda de los palestinos no es que Israel devuelva nuestros cuerpos, es dejar de matarnos en primer lugar. Dejar de robar tierras, desplazar familias, encarcelar a generaciones enteras y permitir que una población extranjera se haga cargo de lo poco que queda de las ciudades palestinas, solo para castigar a cualquiera que diga «basta ya».

A los palestinos no solo se les niega la capacidad de morir en paz, también son despojados del derecho a reconocer que su muerte fue un acto de una potencia ocupante

En el marco de la lucha palestina, la pérdida, es una realidad implacable en la experiencia de ese pueblo. Viene sumida en las realidades políticas y el dominio psicosocial. La pérdida se convierte por el simple acto de entierro en una lucha contra un régimen poderoso: rezar por la paz y la misericordia sobre un cuerpo que una vez estuvo tan lleno de vida, solo para regresar a los fantasmas que dejan en el hogar, y eso no es tarea simple.

Durante una conferencia de prensa en 2016, una madre me habló y pronunció con dificultad: «Por favor, escriba algo. Queremos enterrar a nuestros hijos. Queremos enterrar a nuestros hijos».

Escuché sus súplicas y pensé cuántas familias deben soportar la pérdida primero en el hecho de que Israel mata a su ser querido, en segundo lugar el hecho de que probablemente nadie asumirá la responsabilidad, luego los informes y representaciones mal interpretados por los principales medios de comunicación y finalmente tener que negociar con el poder que mató a su ser querido por la liberación del cadáver.

Glorificar el martirio

Aunque el martirio a menudo se muestra singularmente como parte de la experiencia palestina, es una narración compleja e importante de la mayoría de las naciones que intentan glorificar la muerte de su pueblo en nombre de la ideología. Incluso Israel participa en la glorificación del martirio, pero con mayor frecuencia eso está cubierto por la prevaleciente beligerancia y el recuerdo de sus soldados.

Nuestros mártires son valiosos para nosotros, no solo por la lucha que representan, sino también porque son personas con las que hemos jugado, luchado y amado. El martirio palestino adquiere otra dimensión a través de cómo se ilustra en los medios de comunicación, lo que obstaculiza nuestra capacidad de traer una pizca de dignidad a los asesinados y a los que intentan avanzar.

A los palestinos no solo se les niega la capacidad de morir en paz, también se les despoja del derecho a reconocer que su muerte fue causada por un poder de ocupación incansable.