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Israel: debates sobre sionismo y terrorismo

Fuentes: Rebelión

A partir de la publicación de mi artículo «Israel: Estado terrorista», (La Jornada, 28 de julio, Rebelión, 31 de julio), recibí correos de lectores que me juzgan de antijudío. El propio embajador de Israel en nuestro país califico irresponsablemente de «terroristas» a los intelectuales mexicanos que firmaron un desplegado en el que se condenaba la […]

A partir de la publicación de mi artículo «Israel: Estado terrorista», (La Jornada, 28 de julio, Rebelión, 31 de julio), recibí correos de lectores que me juzgan de antijudío. El propio embajador de Israel en nuestro país califico irresponsablemente de «terroristas» a los intelectuales mexicanos que firmaron un desplegado en el que se condenaba la agresión militar a Líbano, los crímenes de guerra en contra del pueblo de ese país soberano y miembro de la Organización de Naciones Unidas, y al mismo tiempo, se pronunciaron en contra de los ataques de Hezbola y lamentaban la muerte de civiles en Israel. Recientemente, varios intelectuales encabezados por Noam Chomsky, Howard Zinn y Eduardo Galeano hicieron pública una declaración en la cual afirman:

«El terror de Estado que se inflige a Líbano se ve reproducido en el ghetto de Gaza, mientras la «comunidad internacional» observa en silencio. Mientras tanto, el resto de Palestina es anexada y desmantelada con la participación directa de Estados Unidos y la aprobación tácita de sus aliados.» (Rebelión, 7 de agosto de 2006)

Las censuras al gobierno de Israel de organizaciones políticas, sociales y del ámbito de la intelectualidad en el mundo, no tienen relación con una posición racista o judeo-fobia, como sostiene Pierre-André Taguieff (La nouvelle judéophobie. Paris: La Decouverte, 2002 y del mismo autor: Precheurs de haine. Traversée de la judéophobie planétaire. Paris: La Decouverte, 2004). En México no se han dado manifestaciones contra la comunidad judía. Durante la segunda guerra mundial existieron grupúsculos que simpatizaban con el eje nazi fascista, muchos de ellos alentados por un equivoco sentimiento antiyanqui y que no trascendieron en la sociedad y se disolvieron al final de la guerra. Algunos colegas han estudiado grupos que sostenían una confusa mezcla de fascismo y nativismo mexicanista, los cuales sin embargo no desarrollaron una política de anti-judaísmo. Durante la guerra de los seis días en 1967, sectores de la comunidad judía en México se movilizaron libremente a favor de Israel, al mismo tiempo que otros apoyaron la causa árabe.

Por otra parte, los ideólogos sionistas y sus seguidores no responden a las acusaciones concretas de crímenes de guerra y políticas genocidas del gobierno de Israel con el apoyo de Estados Unidos. Identificar la política de Israel como terrorismo de Estado es congruente con la condena del holocausto durante la segunda guerra mundial; reconocer el carácter colonialista e imperialista de la ideología sionista, tanto en sus orígenes durante el siglo XIX y su desarrollo durante el XX, es consistente con la condena de los actos de neonazis en contra judíos en la Europa actual y en cualquier otra parte del mundo. Comparar el holocausto judío con el holocausto de más de 20 millones de soviéticos, millones de otras nacionalidades europeas, comunistas, gitanos homosexuales, discapacitados, durante el nazismo; y otros genocidios en Asia, África y América Latina no es negar la especificidad del holocausto judío, el más estudiado y paradigmático pero no el único.

James Petras destaca al respecto:

«Varios teóricos han intentado explicar el holocausto (o los holocaustos) centrándose exclusivamente en un caso particular, el exterminio de grandes sectores de las comunidades judías por parte de la Alemania Nazi en Europa occidental, central y oriental. Desde un punto de vista metodológico, al centrarse en el caso particular de los judíos en Europa, el enfoque no funciona empíricamente, ya que no sirve para explicar los holocaustos anteriores, coetáneos o posteriores perpetrados contra otras víctimas de Europa, Asia y América Latina. Son sobre todo, pero no exclusivamente, los académicos judíos los que hablan acerca de la «singularidad» de las víctimas judías de los nazis. Al hacerlo se burlan de los datos históricos y justifican las cuantiosas compensaciones monetarias y el ejercicio de la expansión colonial en Palestina y otros lugares de Oriente Medio. Y lo hacen aplicando las mismas técnicas que utilizaban los opresores nazis: prácticas de culpa colectiva, legislación basada en la raza, tortura masiva legalizada y limpieza étnica.» («Modernidad y holocaustos del siglo XX. Construcción del imperio y asesinato masivo». Rebelión. 30 de julio de 2006.

El sionismo (del hebreo Sión, uno de los nombres de Jerusalén), como corriente ideológica hegemónica en la fundación y establecimiento del Estado de Israel tiene como uno de sus rasgos distintivos su carácter expansionista y no es muy diferente, tanto en sus métodos como en sus expresiones ideológicas, con el nacionalismo que inspiró el movimiento expansionista de Estados Unidos en contra de México en el siglo XIX. Las clases dirigentes de ese país crearon, al igual que los ideólogos sionistas, el mito del «pueblo escogido», «el pueblo singular», con un destino manifiesto señalado por la providencia misma, por la narración bíblica o por algún mito fundacional. Este recurso ideológico de la «singularidad histórica» pretendía justificar la conquista de los territorios mexicanos, supuestamente «vacíos» y a la empresa como un proceso de colonización. Existe una similitud entre el proceso expropiatorio sionista de los territorios palestinos y el despojo por los «colonizadores» estadounidenses de las tierras pertenecientes a la población mexicana conquistada después de la guerra de 1846-1848. David Ben Gurión, primer jefe del estado de Israel, dijo el 12 de diciembre de 1948: «El sionismo ha alcanzado su meta el 14 de mayo con la creación del Estado judío. Este sin embargo, no es el fin de nuestra lucha, sino que empezamos hoy y tenemos que seguir hasta crear un Estado desde el Eufrates al Nilo. Tenemos intención de conquistar más y más.»Ariel Sharon, ex-primer ministro de Israel declaraba en noviembre de 1998: «Es el deber de los lideres israelíes explicar a la opinión publica, claramente y con valor, un cierto número de hechos que con el tiempo se van olvidando. El primero de ellos es que no hay sionismo, colonización ni Estado judío sin el desahucio de los árabes y la expropiación de sus tierras»

El sionismo, a partir de su alianza estratégica con Estados Unidos y como potencia militar e incluso nuclear en el Medio Oriente destaca por la violencia en sus métodos de colonización y conquista de los territorios palestinos y de exterminio de sus pobladores. El sionismo participa en las políticas genocidas a nivel mundial. La presencia de agentes israelíes como asesores de contrainsurgencia, represión policíaca y de tareas de inteligencia en la Sudáfrica del apartheid, en el Chile de Pinochet, en El Salvador durante la guerra revolucionaria, en Guatemala, y ahora en Irak. Israel es el discípulo ejemplar y avanzado del terrorismo de Estado global que aplica Estados Unidos con la actual justificación de la lucha contra el terrorismo. Las técnicas de la guerra contra la resistencia en este país de las fuerzas de ocupación se basan en las tácticas sionistas en contra de los combatientes palestinos y ahora libaneses.

 
 El análisis debe distinguir la naturaleza colonial e imperialista de Israel, ya que el sionismo no es un nacionalismo progresista que se inspira en el socialismo de Ber Borojov, ideólogo y principal dirigente del Partido Social Demócrata Obrero Judío Polaei Sion en la época de la lucha revolucionaria contra la Rusia zarista, quien hace notar la importancia que tiene el territorio en la cuestión nacional en su obra Nacionalismo y lucha de clases (México: Cuadernos de Pasado y Presente, 1979). Lo paradójico es que este autor introduce una noción completamente contradictoria con su argumento y que se refiere a pueblos o naciones «extraterritoriales», identificando a los judíos como una «nación» por encima de las peculiaridades históricas de cada uno de los grupos judíos en sus respectivas comunidades nacionales. De esta forma, Borojov se pronuncia en su plataforma política por la colonización de un territorio para la solución del problema judío, elaborando el llamado «sionismo proletario», esto es, la propuesta de liberación del proletariado judío, transformando «el peregrinaje judío, de un movimiento exclusivamente inmigratorio a un movimiento colonizador». En esos años surgió una idea clave del sionismo «a un pueblo sin territorio, un territorio sin pueblo». El problema fue que en la búsqueda de la solución para esa supuesta extraterritorialidad de los judíos, el movimiento sionista conquistó un pueblo y su territorio, el palestino. Reitero, en la mentalidad colonial, los territorios están «vacíos»; son espacios a ser llenados por quienes se consideran superiores. Por ello, aún la variante «avanzada» de sionismo que representaba Borojov planteaba colonizar territorios de economía «semiagricola», a partir de los cual los recién llegados se convertirían en grupo dominante.

La tipificación de Israel como Estado terrorista debe ser analizada con base en sus políticas contra el pueblo palestino y en los documentados crímenes de guerra en Líbano. Este juicio, por ningún motivo, puede asociarse con el nuevo tipo de judeo fobia, como pretende hacerlo Taguieff, quien además considera la crítica a estas políticas como un apoyo indirecto al terrorismo de organizaciones del mundo árabe y una simplificación de fenómenos complejos como el fundamentalismo musulmán. Este razonamiento es pertinente por los prejuicios y las fobias que se expresan entre ciertos sectores de la izquierda anti-imperialista. Pero el problema subsiste: ¿Debemos acaso guardar silencio cuando un Estado soberano es invadido y su pueblo masacrado? ¿Cuál es la posición no judeo-fóbica frente al problema palestino y la resolución de la ONU en cuanto al derecho del pueblo palestino a un Estado propio?

No es, como afirma este autor, la «orfandad» de los marxistas de la causa revolucionaria la que lleva a la indignación y a la denuncia; primero, por que esta causa sigue viva en tanto subsistan la explotación y deshumanización capitalistas; y segundo por que esta indignación no se fundamenta en la simpatía y mucho menos nexos con ningún tipo de fundamentalismo, o con la desaparición de Israel, sino en el derecho de los pueblos, en este caso particular del palestino y el libanés, a la autodeterminación, con posiciones básicas de convivencia entre los seres humanos y con la solución pacifica de los conflictos entre estados.