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Entrevista a Fabian McKinnon, director de Relaciones Externas de la UNRWA

«Israel ha reducido al mínimo el paso de ayuda a Gaza»

Fuentes: El Mundo

Si Fabian McKinnon tuviera que explicarle a un desconocido en qué consiste su trabajo actual, podría decir, simplemente, su cargo: director de relaciones externas de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos en Oriente Próximo. El nombre original del organismo, conocido por sus siglas en inglés (UNRWA), tiene dos palabras que definen su […]

Si Fabian McKinnon tuviera que explicarle a un desconocido en qué consiste su trabajo actual, podría decir, simplemente, su cargo: director de relaciones externas de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos en Oriente Próximo.

El nombre original del organismo, conocido por sus siglas en inglés (UNRWA), tiene dos palabras que definen su función: alivio o socorro (‘relief’) y obras públicas (‘works’). Es decir, se dedica, desde su institución en 1949, a aliviar el sufrimiento de una parte de los palestinos que fueron expulsados de la tierra en la que vivían a consecuencia de la ocupación israelí: en concreto, los que ahora son refugiados en el Líbano, Siria, Jordania, pero también en su propia tierra: Gaza y Cisjordania.

Ese objetivo -garantizar la supervivencia de los ciudadanos que han visto a las Fuerzas Armadas israelíes arrasar la Franja de Gaza en la denominada ‘operación Plomo Sólido’– es el que le trae ahora a España, en una misión de urgencia, para recabar fondos que permitan sostener su labor y para impulsar el Capítulo Español de la UNRWA.

En la entrevista, el semblante de este escocés viajado y políglota refleja el sufrimiento del que ha sido testigo. Sin embargo, fiel a su papel institucional, evita realizar un juicio político sobre el origen de la catástrofe que ahora intenta paliar.

Pregunta. ¿Qué panorama se ha encontrado tras la operación Plomo Sólido de Israel en la Franja de Gaza?

Respuesta. El panorama es lúgubre. La situación hay que verla en su contexto: un millón y medio de personas atrapadas en un espacio muy pequeño de 350 km2. La cárcel al aire libre más grande del mundo, como se dice.

Se les ha bombardeado por aire, tierra y mar, día y noche, durante 22 días. El saldo son 431 niños muertos, 1.300 civiles heridos, más de 5.000 niños heridos, más de 10.000 hogares dañados, 1.300 viviendas completamente reducidas a escombros, hospitales dañados, la destrucción de toda la infraestructura que podría denominarse de guerra, que era ostensiblemente la justificación, pero también la civil: desde una fábrica de galletas, a una de cemento, pasando por la Escuela Americana, la cancha de fútbol, clínicas de salud… Éste es el saldo.

¿Qué se hace después de eso? Se reduce el paso de ayuda humanitaria a lo mínimo. Lo que necesitamos son 500 camiones por día de ayuda humanitaria -repito y subrayo: estrictamente de ayuda humanitaria-: arroz, harina, aceite, lentejas, medicinas, papel para los colegios… De esos 500 camiones se permite únicamente el acceso a 120, como media; de la lista de artículos que deberían entrar, que se eleva a más de 200, el Gobierno israelí permite sólo el acceso de 13 artículos, y de forma arbitraria.

P. Da la impresión de que Israel está ganando la batalla de la propaganda, como cuando se informa de que se va a permitir el paso de ayuda humanitaria… ¿qué puede hacer la UNRWA para revertir esa situación?

R. La UNRWA fue fundada en 1949, a raíz del conflicto árabe-israelí de 1948, que desplazó a los palestinos a las zonas aledañas. Su cometido es estrictamente humanitario, no tenemos un mandato político.

P. Hay gente que puede entender que toda la ayuda que se concede a la UNRWA para que pueda desarrollar infraestructuras de servicios básicos es efímera, porque esas infraestructuras pueden volver a ser destruidas mañana por el Ejército israelí. ¿Cómo romper ese círculo vicioso?

R. Ojalá se dé ese escenario de reconstrucción. En estos momentos, no existe. Hay varios supuestos que tienen que darse para que se dé el acceso. Los artículos que sirven para la reconstrucción, como el cemento, artículos electrónicos…, que ahora sería inimaginable pedir que pasen, deberían poder pasar.

Otro tema importante, que no es culpa de los israelíes, es tener un interlocutor para formular e implementar esos planes de reconstrucción. lo ideal sería un gobierno de unidad Hamas-Fatah, o, como mínimo, un mecanismo tecnocrático de gestión de proyectos coordinados.

Lo que prima en este momento, lo más urgente, es crear las condiciones para prestar la ayuda humanitaria, y la rehabilitación: tomar las medidas necesarias para recuperar las condiciones para una vida medianamente normal en Gaza.

P. De la reciente Conferencia de Donantes de Egipto puede salir la impresión de que se está jugando con la ayuda humanitaria de emergencia como elemento de presión y negociación política para aislar a Hamas.

R. Bueno, ése ha sido más o menos el enfoque, y no sólo por parte de Israel, sino de los países occidentales, de Europa también… La primera pregunta que tenemos que hacernos es, ¿funciona esa política? La segunda es, ¿qué indican las encuestas, a la luz del conflicto, sobre el apoyo a Hamas en Gaza y Cisjordania? El apoyo ha subido. Y después, ésta es mi opinión personal, hay una cuestión de principios: no se debe renunciar, en ninguna situación de la vida humana, hablar con la contraparte, puesto que el diálogo puede mitigar el sufrimiento de los pueblos.

P. ¿Qué posibilidades de éxito tiene la ayuda que deja pasar Israel de llegar a su destino? ¿Les ha planteado Hamas dificultades para cumplir sus objetivos?

R. Bueno, trabajamos juntos, pero no revueltos. En Gaza, el 70% de la población son refugiados, y éstos caen en el ámbito de acción de UNRWA, ya sea la prestación de ayuda alimentaria, la atención a los más pobres de los pobres, las 214 escuelas… Hamas no interviene en ese ámbito, y somos los más eficaces posibles. Incluso, UNRWA tuvo un papel inesperado cuando tuvo que transformar sus escuelas en refugios durante la guerra. Una vez que logramos introducir mercancía en Gaza, Hamas nos deja en paz.

P. ¿Cómo interpreta el hecho de que el secretario general de la ONU fuera recibido, durante su visita oficial a Israel, con el bombardeo de zonas en Gaza en las que hay sedes de organismos de la ONU, con personal refugiado? ¿Cabe interpretarlo como una señal de que Israel no piensa dejar que prosperen los proyectos de ayuda a la población sin la autorización de la fuerza ocupante?

R. Es cierto que Israel es la fuerza ocupante; de facto es su territorio, y basta. Eso está clarísimo. Pienso que la comunidad internacional, no sólo los gobiernos, sino también los pueblos, tienen una grandísima fuerza de presión moral sobre Israel, aunque yo creo en el diálogo, no me gusta la expresión «presionar a Israel». Éste es un país que también tiene derecho a la seguridad, y la vida de un niño israelí tiene el mismo valor que la de un niño palestino. Se trata de hacer instancia ante un país de los sentimientos de la comunidad internacional. Israel no puede ser insensible a esto.

En lo que se refiere al ataque a nuestras instalaciones son las personas heridas, el atropello a nuestra organización, y en cierta forma, la bofetada moral. Dicho esto, estoy convencido, aunque parezca ingenuo, de que fue un error.

P. ¿Qué otras dificultades operativas tiene ahora mismo la UNRWA para distribuir en Gaza?

R. Tenemos una relación fundamentalmente correcta con el Gobierno israelí. Por supuesto, no vemos las cosas de la misma manera. Pero, aparte del gran tema del acceso, lo que tenemos que hacer en Gaza conseguimos hacerlo.

P. ¿Qué mensaje quieren transmitir a la opinión pública?

R. El mensaje es que el pueblo español ha sido generoso, a través del Gobierno y de las comunidades autónomas. Este gobierno ha sido especialmente sensible -el ministro [de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel] Moratinos, el presidente [José Luis] Rodríguez Zapatero- aportando, además, una donación adicional de cinco millones de euros inmediatamente después de la guerra, en una señal inequívoca, no ambigua, del sentimiento español.

El pueblo español ha salido a calle a manifestar sus sentimientos en este sentido. El sentir de la comunidad internacional, en la medida en que piense que lo que está ocurriendo en Gaza es inaceptable, debe ser expresado ante los gobiernos que pueden tener un impacto sobre la situación, ya sea ante Israel, la Unión Europea o los diferentes países. Hay muchos ejemplos en los que la voz de la comunidad internacional, de los pueblos, ha logrado cambiar el curso de la Historia.

http://www.elmundo.es/elmundo/2009/03/12/internacional/1236872440.html