Recomiendo:
0

El barrendero de Teherán, o el precio de ser civil en la era de la barbarie

Fuentes: Rebelión

La mañana del lunes 23 de marzo, la plaza Asad Abadi, en el distrito 6 de Teherán, se convirtió en el escenario de un evento inusual. Esta zona, tranquila a comparación del centro de la ciudad, atestiguó ese lunes algo que no ve todos los días: el multitudinario funeral de un barrendero. El lugar se llama así en honor de Jamal ad-Din Asadabadi, activista político del siglo XIX que quiso unir a sunitas y chiitas contra la ocupación colonial británica en tierras musulmanas. En su forma de isla verde convergen 5 calles; en derredor, se arremolinan desde bloques de vivienda hasta una escuela primaria y un lugar de crossfit. En su esquina noreste están las oficinas del distrito.

Un mar humano carga el ataúd de Hassan Kheiran. Poco antes, de acuerdo con Fars News, agencia de noticias oficial del gobierno, había sido asesinado por un bombardeo conjunto israelí-estadounidense en la plaza Haft-e Tir, atravesada por bulliciosas avenidas. Según un tuit publicado el mismo día por Alireza Akbari, corresponsal del medio estatal iraní Press TV, Hassan, barrendero dedicado a cuidar áreas verdes, tenía poco más de 50 años de vida. Era originario de Bandar Anzali, pequeña ciudad bañada por las aguas del mar Caspio que está a unos 360 km al noroeste de la capital. No tenía esposa ni hijos, y sus padres habían muerto años atrás. “Pero hoy, no estuvo solo. Sus amigos vinieron”, escribió Akbari.

Sus amigos vinieron: unos vestidos con uniformes naranjas -barrenderos- y otros ataviados de verde -jardineros-. Ellos, con semblante solemne y con algunas banderas iraníes en alto, fueron la guardia de honor de Hassan de camino a su lecho final. Fars News recogió las palabras del clérigo Seyed Mosteza Rouhani con motivo de la ceremonia: “Una vez más, el brazo armado del terrorismo del régimen sionista y del criminal Estados Unidos ha vuelto a golpear, derramando la sangre de un humilde servidor de la ciudad que cumplía con su deber”.

Conocemos el nombre de Hassan, pero, como su comitiva demuestra, no es el único trabajador municipal que arriesgó su vida para seguir manteniendo la ciudad limpia aun bajo el acecho de sofisticadas y costosas bombas. Un video publicado en X por la usuaria @leylajmsh el 30 de marzo muestra a un barrendero sordo de edad avanzada del distrito 4 de Teherán. Entre lágrimas, describe, a través de un intérprete, cómo perdió a sus amigos en la guerra cuando Irak invadió Irán en los años 80. Al terminar el video, regresó a barrer. En otro tuit del 9 de marzo, el medio digital catarí AJ+ compartió un video de un solitario barrendero no identificado limpiando las calles de Teherán a las 3 de la mañana, sin saber si sería su último día. Para Hassan, lo fue.

Pero Hassan no es el único civil iraní asesinado por la guerra de agresión iniciada por EE. UU. e Israel. El 28 de febrero, primer día de la guerra, las fuerzas estadounidenses mataron a unas 120 niñas iraníes al bombardear una escuela en Minab, al sur del país y cerca del estrecho de Ormuz. Las niñas martirizadas se han convertido en todo un símbolo de resistencia. Sus fotos y mochilas fueron puestas simbólicamente en los asientos del vuelo de la delegación que viajó a la capital de Pakistán para tratar de negociar con EE. UU., tal como lo muestra un tuit del 10 de abril del portavoz del parlamento iraní, Mohammad Qalibaf.

Pete Hegseth, secretario de Guerra, esquivó el asunto de la masacre de Minab al ser cuestionado el 29 de abril por el representante demócrata Ro Khanna. A pesar de que el ejército y el gobierno norteamericanos han presumido durante la guerra, junto con Israel, tener la tecnología y la inteligencia para asesinar directa y alevosamente a los líderes iraníes, las bajas civiles ascienden a aproximadamente 1701 personas de toda edad y condición en poco más de un mes de guerra, según reportó la revista Time el 26 de abril. Por otra parte, el ataque perpetrado por Israel contra depósitos de combustible el 7 de marzo causó nubes y lluvias tóxicas cuyos efectos plenos llevará años observar, según publicó Human Rights Watch el 13 de abril.

Estos y muchos otros casos en Irán, Palestina y Líbano revelan que el mundo ha entrado en una peligrosa fase en que las clases dirigentes de dos países, EE. UU. e Israel, pueden, con la complicidad de muchos otros -con acuerdos económicos o militares, supresión de información, etcétera- matar, envenenar, y expulsar aparentemente sin consecuencia alguna. O, quizá, envalentonados con un Nóbel de por medio. Ante el acoso de quienes se pretenden impunes, el pueblo de Irán reclama su derecho a vivir en paz. Las constantes manifestaciones en Teherán y en otras ciudades muestran que la dignidad es el recurso más preciado de los pueblos y el último dique contra la barbarie. Hassan, sus compañeros, las niñas de Minab y los cientos de civiles caídos son, hoy, la punta de lanza de esa resistencia.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.