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La paradoja de las extrañas definiciones de Israel

La anexión de Cisjordania se acometió hace tiempo

Fuentes: Counterpunch

Miles de palestinos se manifiestan en la Gaza sitiada en protesta por el plan de anexión de Israel (Foto: Fawzi Mahmoud, The Palestine Chronicle)

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

En la práctica, las violaciones israelíes de los términos de la ocupación han permitido una anexión de facto de toda Cisjordania.

El miércoles 1 de julio era la fecha señalada para que el gobierno israelí anexionara oficialmente el 30 por ciento del las tierras ocupadas en Cisjordania y el valle del Jordán. Sin embargo, ese día ha quedado atrás y la anexión no ha llegado a materializarse. 

“Ignoro si habrá una declaración de soberanía hoy”, afirmó el ministro de exteriores israelí Gabi Ashkenazi en relación al límite temporal autoimpuesto mencionado anteriormente por el primer ministro Benjamin Netanyahu. Tampoco se ha anunciado otra fecha alternativa.

Pero, ¿qué importancia tiene eso en realidad?

Lo cierto es que poco importa si la anexión llega acompañada de un gran despliegue mediático y una declaración de soberanía, o si tiene lugar progresivamente a lo largo de los próximos días, semanas y meses; Israel ya ha anexionado Cisjordania, y no solo el 30 por ciento del territorio, sino toda la zona.

Es fundamental que entendamos en el contexto apropiado el significado de términos como “anexión”, “ilegal”, “ocupación militar”, etcétera. Por ejemplo, el derecho internacional considera que todos los asentamientos judíos en tierras palestinas ocupadas durante la guerra de 1967 son ilegales.

Lo curioso es que también Israel utiliza el término “ilegal” en referencia a estos asentamientos, pero solo a los llamados “puestos de avanzada” en territorios ocupados, levantados sin permiso del gobierno israelí.

Dicho de otro modo, mientras que en el léxico israelí la inmensa mayoría de los asentamientos en la Palestina ocupada son “legales”, el resto solo puede legalizarse a través de los conductos oficiales. De hecho, gran parte de los 132 asentamientos “legales” de Cisjordania y Jerusalén, donde viven más de medio millón de colonos israelíes, comenzaron siendo “puestos de avanzada” ilegales.

Aunque esta lógica pueda satisfacer la necesidad del gobierno israelí de garantizar que su implacable proyecto colonial en Palestina se ejecute conforme a un modelo centralizado, nada de esto es relevante para el derecho internacional.

El artículo 49 de la Cuarta Convención de Ginebra afirma que “los traslados en masa o individuales, de índole forzosa, así como las deportaciones de personas protegidas del territorio ocupado al territorio de la Potencia Ocupante o al de cualquier otro país, ocupado o no, están prohibidos, sea cual fuere el motivo”. Para añadir que “la Potencia Ocupante no podrá efectuar la evacuación o el traslado de una parte de su propia población civil al territorio por ella ocupado”.

Israel como potencia ocupante ha violado en numerosas ocasiones el derecho internacional, empezando por la propia ocupación de Palestina, puesto que se supone que las ocupaciones militares, en cualquier caso, son algo temporal.

La ocupación militar es distinta de la anexión. La primera supone una transición temporal, al final de la cual se supone (es más, se requiere) que la “potencia ocupante” renuncie a su dominio militar sobre el territorio ocupado tras un periodo de tiempo prefijado. La anexión, sin embargo, es una violación flagrante de las convenciones de Ginebra y los Reglamentos de la Haya. Equivale a un crimen de guerra, porque el ocupante tiene estrictamente prohibida la proclamación de la soberanía unilateral del territorio ocupado.

El alboroto internacional provocado por el plan de Netanyahu para anexionar un tercio de Cisjordania es totalmente comprensible. Pero lo más grave es que, en la práctica, las violaciones israelíes de los términos de la ocupación han permitido una anexión de facto de toda Cisjordania.

Así que cuando la Unión Europea, por ejemplo, pide a Israel que renuncie a sus planes de anexión, simplemente le está demandando que retorne al statu quo de la anexión de facto. Ambos abominables escenarios deberían provocar el total rechazo.

Israel empezó a utilizar los territorios ocupados como si fueran contiguos al llamado “propio Israel” y una parte permanente del mismo inmediatamente después de la guerra de junio de 1967. En unos pocos años, erigió asentamientos ilegales, que ahora son prósperas ciudades, llegando a trasladar a cientos de miles de sus propios ciudadanos para poblar las áreas recién adquiridas.

Esta explotación se fue sofisticando con el tiempo, a medida que los palestinos eran sometidos a una lenta pero irreversible limpieza étnica. Según se destruían los hogares israelíes, se confiscaban sus granjas y se despoblaban regiones enteras, los colonos judíos se trasladaban para ocupar su lugar. El escenario posterior a 1967 fue una repetición de lo que ocurrió en 1948, que dio lugar al establecimiento del Estado de Israel sobre las ruinas de la Palestina histórica.

Moshe Dayan, que ostentó el cargo de ministro de defensa israelí durante la guerra de 1967, fue quien mejor explicó la lógica israelí en una conferencia histórica pronunciada en marzo de 1969 en la Universidad de Technion en Israel. “Llegamos a este país, que ya estaba poblado por árabes, y establecimos un Estado hebreo, es decir, judío”, declaró.

“Las aldeas judías se construyeron donde estaban las aldeas árabes. Ustedes no conocen el nombre de esas aldeas árabes, y no les culpo, porque esos libros de geografía ya no existen; no solo no existen los libros, las aldeas árabes ya tampoco están allí […] No existe ningún lugar edificado en este país que no tuviera previamente población árabe”, añadió.

El mismo principio se aplicó en Jerusalén Este y Cisjordania después de la guerra. Aunque Jerusalén Este fue anexionado formalmente en 1980. Cisjordania también lo fue en la práctica, pero no con los adecuados fundamentos legales. ¿Por qué motivo? Es bien simple: por la demografía.

Cuando Israel ocupó por primera vez Jerusalén Este su vio atrapado en un frenesí de transferencias de población: traslados de su propia población a la ciudad palestina, expansión estratégica de los límites municipales de Jerusalén para incluir tantos judíos y tan pocos palestinos como fuera posible, reducción paulatina de la población de Al Quds mediante numerosas tácticas, incluyendo la retirada de la residencia y la limpieza étnica descarada.

Y de ese modo, la población palestina de Jerusalén, que en su momento constituyó una inmensa mayoría, ahora se ha visto reducida a una minoría cada vez más pequeña.

En algunas partes de Cisjordania tuvo lugar el mismo proceso, pero debido al tamaño relativamente grande de dicha área y de su población, no se pudo implementar la misma estratagema de anexión sin poner en riesgo el objetivo israelí de mantener una mayoría judía.

La división de Cisjordania en las Áreas A, B, y C como consecuencia de los desastrosos Acuerdos de Oslo proporcionó un balón de oxígeno a Israel, porque le permitía incrementar la construcción de colonias en el Área C (casi el 60 por ciento de Cisjordania) sin acentuar demasiado los desequilibrios demográficos. El Área C, donde está previsto ejecutar el plan de anexión actual, es ideal para el colonialismo israelí, ya que incluye las tierras de cultivo más productivas, más ricas en recursos y menos densamente pobladas de Palestina.

Poco importa si la anexión se consumará en una fecha fija o tendrá lugar progresivamente, a medida que Israel vaya proclamando su soberanía sobre pequeños trozos de Cisjordania. La realidad es que la anexión no es un nuevo objetivo de Israel dictado por las circunstancias políticas en Tel Aviv y en Washington. La realidad es que la anexión ha sido el objetivo final de la colonización israelí desde el principio de esta.

No nos dejemos engañar por extrañas definiciones. La verdad es que Israel raras veces se ha comportado como una “potencia ocupante”, sino que ha actuado como soberana en un país donde la discriminación racial y el apartheid no solo se toleran o se aceptan, sino que, de hecho, también son “legales”.

Ramzy Baroud es periodista y editor de The Palestine Chronicle. Es autorde cinco libros, el más reciente: “This Chains Will Be Broken: Palestinians Stories of Struggle and Defiance in Israeli Prisons” (Clarity Press, Atlanta). Su portal web es www.ramzybaroud.net

Fuente: https://www.counterpunch.org/2020/07/10/on-israels-bizarre-definitions-the-west-bank-is-already-annexed/

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelión.org como fuente de la traducción.

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