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La campaña mediática contra Cuba: Lo que se dice, lo que se oculta

Fuentes: Rebelión

Durante las pasadas semanas los medios de comunicación en Puerto Rico se han hecho eco de los pronunciamientos de Estados Unidos y la Unión Europea respecto al fallecimiento en Cuba el 23 de febrero de 2010 tras una huelga de hambre de Orlando Zapata Tamayo. Se trata de la primera muerte de esta naturaleza desde […]

Durante las pasadas semanas los medios de comunicación en Puerto Rico se han hecho eco de los pronunciamientos de Estados Unidos y la Unión Europea respecto al fallecimiento en Cuba el 23 de febrero de 2010 tras una huelga de hambre de Orlando Zapata Tamayo. Se trata de la primera muerte de esta naturaleza desde 1972 cuando falleció por razones análogas Luis Boitel. En su propósito los medios de prensa internacionales han colocado a Zapata Tamayo dentro del espectro de la oposición política cubana ocultando importantes datos sobre su historial delictivo como ciudadano.

Cualquier muerte, más aun si es de conciencia, es importante. Si bien reconocemos el derecho de toda persona a determinar la forma en que prefiere morir, de otro lado, reconocemos que existen situaciones en que consideración de razones de Estado o consideraciones políticas pueden en un momento dado chocar con el ejercicio individual de tal derecho. La muerte de Zapata Tamayo, sin embargo, amerita ser examinada a la luz de otro tipo de aproximación.

En cualquier caso, los elementos de solidaridad humana que podamos tener hacia la madre de Zapata Tamayo, hacia sus familiares y amigos como resultado de su fallecimiento, no debe obstruir nuestro análisis objetivo del hecho cuando su muerte se utiliza como pértiga para el lanzamiento de una campaña injusta y falsa contra una Revolución como ha sido la Revolución Cubana. Por eso se impone la necesidad de asumir el debate en el plano de la búsqueda de los verdaderos elementos que están presentes en el desenlace de los eventos que nos conducen a la muerte de Zapata.

En el historial delictivo de Zapata Tamayo dado a conocer por las autoridades cubanas se encuentra que ya desde 1990 había sido procesado y condenado en varias ocasiones por delitos de alteración del orden, daños y resistencia, estafa, exhibicionismo público, lesiones y tenencia de armas blancas. En el 2000 agredió con un manchete al ciudadano Leonardo Simón fracturándole el cráneo. Su última condena en el 2004 se debió a actividades relacionadas con la alteración del orden público, resistencia y desacato, de lo que se deduce, contrario a la campaña mediática, que Zapata no forma parte de los alegados prisioneros políticos cubanos juzgados en marzo de 2003.

Ninguno de estos datos ha sido desmentido por aquellos que levantan su voz contra Cuba en estos momentos. Por el contrario, en su propósito de atacar a Cuba, la prensa internacional también ha ocultado las declaraciones de las autoridades cubanas donde se ha informado que habiendo iniciado Zapata Tamayo su huelga de hambre el 18 de diciembre de 2009 y negándose a recibir asistencia médica, aún así, fue trasladado inicialmente al Puesto Médico de la prisión en la cual se encontraba; posteriormente al Hospital Provincial de la ciudad de Camagüey y más tarde, al Hospital Nacional de Reclusos en La Habana. En estos lugares a Tamayo Zapata se le practicó el debido cuidado médico, tratamientos y medicamentos. Estos hechos fueron reconocidos por su propia madre en entrevistas documentadas con los médicos que le atendieron y que Cuba ha hecho públicas. El historial médico establece que el día 3 de febrero de 2010 Zapata Tamayo confrontó una pulmonía que le afectó ambos pulmones la cual fue tratada con antibióticos no logrando superar su condición pulmonar por lo cual falleció.

De acuerdo con la organización «Amnistía Internacional», en su declaración de 24 de febrero de 2010 bajo el título Death of Cuban Prisioner of Concience on Hunger Strike Must Herald Change, contrario al carácter político que pretende darse a su protesta, Zapata inició su huelga demandando se le facilitara en prisión un televisor, una cocina personal y un teléfono celular para llamar a su familia, algo que incluso dentro de la realidad estadounidense como país primermundista, no se le reconoce a los prisioneros, mucho menos a sus propios prisioneros políticos.

Como han indicado en un manifiesto suscrito por cientos de personalidades a través del mundo en defensa de la Revolución Cubana, lejos de dirigir un operativo mediático contra la Revolución Cubana, de lo que se trata es que aquellos que dicen preocuparse de la situación de los presos políticos, reclamen la «liberación incondicional de todos los presos políticos en todos los países del mundo, incluidos los de la Unión Europea.» En nuestro caso particular, como puertorriqueños, demandamos también no solo la liberación de nuestros prisioneros políticos en cárceles estadounidenses Carlos Alberto Torres, Oscar López y Avelino González Claudio, el primero ya próximo a cumplir en abril de 2010 treinta años de prisión, sino también el procesamiento judicial de los responsables, planificadores y encubridores de los asesinatos políticos de Santiago Mari Pesquera, Ángel Rodríguez Cristóbal, Carlos Muñiz Varela y Filiberto Ojeda Ríos, por solo mencionar algunos. Más aún, si de señalar alegadas violaciones de derechos humanos se trata, reclamamos que con la misma fuerza que hoy la Unión Europea levanta su voz contra Cuba, la levante contra Estados Unidos con relación a las violaciones de derechos humanos, torturas y muertes acaecidas en su prisión en Guantánamo, así como las violaciones de derechos humanos cometidas en innumerables prisiones secretas en el mundo a donde han trasladado alegados combatientes enemigos sin ningún tipo de respeto a su condición humana.

Particular señalamiento tenemos que hacer sobre la campaña mediática seguida contra Cuba por el Estado español. España no tiene ninguna fuerza moral para denunciar a Cuba por alegadas violaciones de derechos humanos, en tanto en cuanto no haga al menos una rectificación histórica y pida excusas por la barbarie a la cual fue sometida el pueblo cubano durante la Reconcentración de la población campesina ordenada por Valeriano Weyler en 1896 mientras ocupaba el cargo de Gobernador y Capitán General de la Isla de Cuba. Para que no se nos olvide, recordemos que partir de ese año y durante el siguiente, Weyler propuso «reconcentrar las familias de los campos en poblaciones» donde se encontraban acantonadas las tropas españolas con el objeto de aislar a los luchadores independentistas cubano de la población que les apoyaba. Así desplazaron de sus hogares más de 400 mil campesinos, lo que representó en aquel momento aproximadamente una cuarta parte de la población. De estos, se estima, la mitad fallecieron en gran parte de hambre y enfermedades.

Estos campesinos fueron trasladados forzosamente a campamentos, almacenados como bestias en corrales y condenados a enormes privaciones alimentarias, higiénicas y salubristas, por mencionar las más críticas. Se trata del mismo concepto «aldeas estratégicas» que décadas más adelante desarrollaría Estados Unidos en Viet-nam con la famosa teoría de «quitarle el agua al pez», en referencia a cómo restarle el apoyo material a la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional de Viet-nam del Sur por parte de la población campesina.

Las manifestaciones que hoy proyectan los medios de comunicación sobre las actividades de las llamadas «Damas de Blanco» en La Habana, no guardan proporción con la cubierta dada por esos mismos medios a las protestas de las madres y abuelas argentinas de la Plaza de Mayo ante las muertes y desapariciones de más de 30 mil víctimas de la Junta Militar promovida y sostenida por Estados Unidos; o a los reclamos de las madres de los asesinados, torturados y desparecidos en Chile y Uruguay durante la Dictadura Militar; ni a las denuncias de cientos y miles de madres cuyos familiares fueron torturados, asesinados y desaparecidos por gobiernos sostenidos en la fuerza militar y económica de Estados Unidos en América Latina y aquellas que incluso hoy, desde Honduras, denuncian los crímenes cometidos contra el pueblo como resultado del Golpe de Estado a Manuel Zelaya y la complicidad de Estados Unidos en el mismo.

Más aún, a las voces de las Damas de Blanco en Cuba reclamando «libertad» para aquellos que se levantan contra la Revolución Cubana y las esperanzas de su pueblo, en nada compara con las voces que desde lo más profundo del pueblo cubano retumban, cada vez con mayor eco en las calles de La Habana y todo el territorio nacional, en el reclamo de libertad para los Cinco Héroes Cubanos encarcelados en prisiones estadounidenses como resultado de su lucha anti terrorista que contra Cuba se organiza y financia desde el territorio nacional estadounidense.

Tiene razón Salim Lamari en su artículo Cuba, los medios occidentales y el suicidio de Orlando Zapata Tamayo, cuando indica lo siguiente:

«El suicidio de Orlando Zapata Tamayo es una tragedia y el dolor de su madre debe respetarse. Pero hay gente que no tiene escrúpulos. A los medios occidentales, Washington y la Unión Europea les importa poco la muerte de éste, como poco le importan los muertos hondureños y colombianos cotidianos. Zapata sólo les es útil en la guerra mediática que llevan contra el Gobierno de La Habana. Cuando la ideología pasa por encima de la objetividad informativa, la verdad y la ética son las primeras víctimas.»

Desde Cuba, Enrique Ubieta, distinguido investigador de temas martianos nos advierte con igual razón, lo siguiente: «La absoluta carencia de mártires que padece la contrarrevolución cubana, es proporcional a su falta de escrúpulos.»