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La concentración de la riqueza y los ingresos en Cuba: ¿tertulia o análisis?

Fuentes: El Estado como tal (Blog)

El tema de las restricciones a la actividad no estatal ha ocupado un lugar destacado en el debate económico de los últimos meses en Cuba. Es una discusión que se presenta asociada a la aspiración de regular la concentración de la riqueza y los ingresos en el marco de la reforma económica. Es un tema […]

El tema de las restricciones a la actividad no estatal ha ocupado un lugar destacado en el debate económico de los últimos meses en Cuba. Es una discusión que se presenta asociada a la aspiración de regular la concentración de la riqueza y los ingresos en el marco de la reforma económica. Es un tema justificado e importante.

Sin embargo, los intercambios se han caracterizado -hasta el momento- por la imprecisión de lo que se discute, por el carácter anecdótico de la evidencia que se aporta, y por una tendencia a representar, sin claroscuros, los complejos procesos económicos, sociales y políticos del país.

Consideremos, por ejemplo, uno de los puntos salientes del debate: la reducción del número de licencias permitidas para cada trabajador por cuenta propia (TCP).

¿Cuál es la evidencia disponible, o la cuantificación estimada, para poder considerar que la restricción de una licencia única para cada trabajador por cuenta propia conduciría a mejorar la distribución de ingresos en Cuba?

La respuesta corta es, ninguna.

Está haciéndose un debate etéreo, sin hacer referencia a suficientes datos razonados sobre la realidad. No se divulgan en Cuba indicadores oficiales de desigualdad ni de pobreza.

El problema es que, en ausencia de uno, o de varios indicadores de distribución del ingreso nacional, difícilmente pudiera hacerse una ponderación racional sobre el tema de la licencia única como supuesto factor positivo para fomentar una distribución más equitativa de ingresos.

Se pudiera sostener una tertulia acerca del asunto, pero no es posible hacer un análisis reflexivo que pudiera contribuir a la formulación y aplicación de la política económica y social del país.

¿Hemos dilapidado acaso varios meses dándole vueltas a una discusión que, siendo relevante, ha sido analíticamente anodina dada la falta de datos?

En esas condiciones -ausencia de evidencia- cualquier participante en el debate que esté medianamente iniciado en el análisis económico, muy probablemente se sienta inclinado a cuestionar la supuesta validez del argumento «ecualizador» de la licencia única, al minuto de comenzarse una conversación sobre el tema.

«Maneje con cuidado»: los vericuetos de la distribución del ingreso

El asunto es complejo y no se limita a la falta de indicadores. Inclusive si se aportase al debate nacional el tipo de medición que todavía hoy no se divulga en Cuba, por ejemplo, un índice como el de Gini -el más utilizado internacionalmente para medir la desigualdad de ingresos- tras esa cifra pudieran esconderse diversos patrones posibles de distribución del ingreso. 1

En principio, un mismo valor del coeficiente de Gini pudiera reflejar combinaciones diferentes de patrones de distribución del ingreso entre los diversos grupos de la sociedad. Tómese el hipotético caso de un coeficiente de Gini de 0,4, aproximadamente el valor de la última medición publicada en Cuba, hace ya 19 años.

Si se dividiesen los hogares cubanos en cinco grupos (quintiles) diferenciados en función de la parte del ingreso nacional que reciben, pudiera pensarse en un ejemplo con tres patrones de distribución.

Patrón de distribución

Quintil 1

(más pobre)

Quintil 2 Quintil 3 Quintil 4

Quintil 5

(más rico)

Coeficiente de Gini

A 5 10 15 20 50 0,4
B 9 10 11 12 58 0,4
C 10 10 10 10 60 0,4

Nota: En esta y en la siguiente tabla que muestran ejemplos ilustrativos se utilizó un generador «online» para calcular curvas de Lorenz, coeficientes de Gini y visualización de patrones de distribución.

Si quisiera preservarse, al menos temporalmente, un coeficiente de Gini de 0.4, ¿cuál de esos tres patrones de distribución sería el más apropiado para Cuba?

La respuesta no es obvia. Requeriría una discusión en la que habría que considerar no solamente aspectos económicos y sociales, sino también los de naturaleza política.

El patrón A tendría menos concentración de riqueza en el quintil más rico, pero habría una distribución dispar en el resto de los quintiles. El patrón B tendría un quintil más rico con una proporción más elevada del ingreso, pero con una distribución relativamente más balanceada en el resto de los grupos. Comparativamente, en el patrón C coexistirían los «ricos más ricos» de toda la tabla con una distribución perfectamente homogénea en el restante 80% de los hogares del país.

¿Qué ocurriría si la admisión de varias licencias para el TCP fuese compatible con el patrón C, mientras que el establecimiento de una sola licencia fuese compatible con el patrón A?

¿Pudiera ser el patrón C el resultado del funcionamiento de un sector no estatal donde los más ricos aumentasen su parte del ingreso nacional a la vez que creasen empleos que mejorasen los ingresos del quintil más pobre?

Las respuestas tampoco son obvias, pero eso es precisamente lo que habría que medir y analizar.

Esos diferentes patrones serían la expresión de distintas estructuras económicas. A la vez, condicionarían tres tipos de sociedades relativamente disímiles. El efecto diferenciado sobre las políticas económicas también sería notable. Los instrumentos para redistribuir el ingreso nacional en el marco del patrón C pudieran ser muy desiguales a los que se necesitarían para redistribuir en el caso del patrón A.

¿Dónde colocar el acento? ¿En la desigualdad o en la polarización?

Lo anterior pone de manifiesto la importancia de diferenciar la noción de desigualdad del ingreso respecto al concepto de polarización del ingreso.

Para ilustrar el punto, pudiera pensarse en una tabla que mostrase la hipotética modificación de la distribución del ingreso en el tiempo, con datos ilustrativos sobre una distribución inicial y una final.

Patrón de distribución

Quintil 1

(más pobre)

Quintil 2 Quintil 3 Quintil 4

Quintil 5

(más rico)

Coeficiente de Gini

Inicial 5 10 15 20 50 0,4
Final 2 12 19 22 45 0,384

En este ejemplo, se habría logrado «mejorar» el índice de Gini (este se reduce), lo cual teóricamente indicaría una distribución mas equitativa del ingreso, pero, paradójicamente, el patrón de distribución final indicaría una distribución más polarizada.

En el patrón inicial, el 20% de las familias más ricas tendrían una participación en el ingreso total que sería diez veces mayor a la parte correspondiente al 20% más pobre de los hogares, pero en el patrón final, los más ricos tendrían una parte del ingreso total que seria 22,5 más veces mayor que la parte del ingreso correspondiente al 20% de las familias más pobres. Se habría duplicado la polarización del ingreso.

En ese sentido, cabe recordar que se han desarrollado otros indicadores para medir la desigualdad con el objetivo de superar las limitaciones del índice de Gini. Ese es el caso del llamado índice de Palma que permiten cuantificar mejor la polarización de los ingresos. Me he referido a ese tema en textos anteriores. 2

El índice de Palma divide la población total en diez «deciles»: el «medio» se define por los «deciles» del 5 al 9 (D5 a D9), mientras que «los extremos» están formados por dos grupos: el «decil» más rico (D10) y el 40% más pobre de la población, que abarca los «deciles» del 1 al 4 (D1 a D4). 3

De manera consistente, el índice de Palma ha mostrado, entre países y también a nivel de países individuales en diferentes momentos, que el 50% del ingreso nacional va al «medio», mientras que la otra mitad del ingreso se distribuye de manera muy diferente entre el 10% más rico y el 40% más pobre de la población. Es decir, la disparidad de ingreso se define por la polarización que pudiera existir entre ambos «extremos».

Hasta donde conozco, el índice de Palma nunca ha sido calculado para el caso de Cuba. No sería muy difícil hacerlo pues se utiliza la misma base de datos primarios que se emplea para calcular el índice de Gini.

Resultaría interesante poder comprobar si el patrón de distribución identificado por Palma es válido para Cuba. Es decir, si el 50% del ingreso nacional se distribuye en «el medio» y el otro 50% es disputado por «los extremos». Obviamente, cualquier análisis requiere que se publique primero la medición de la desigualdad del país y ello no está ocurriendo.

Resumiendo,

  • Ponerse a divagar sobre la desigualdad en Cuba -sin acudir a datos concretos- es una pérdida de tiempo.
  • Proclamar que la restricción de una licencia única para cada trabajador por cuenta propia conduciría a mejorar la distribución de ingresos en Cuba pudiera estar reflejando un acto de fe y no mucho más que eso.
  • La necesidad de apoyar cualquier discusión sobre el efecto que tendrían las políticas económicas de la «actualización» sobre la distribución del ingreso es indispensable para poder reflexionar racionalmente más allá del trabajo por cuenta propia, especialmente en relación con otro componente muy importante del sector privado que hoy existe (la producción privada agropecuaria) y respecto a un componente que se ha aceptado, pero que todavía no se ha aplicado: la operación legal de la empresa privada nacional.
  • Desde una perspectiva de largo plazo, la empresa privada nacional es estratégicamente más importante que el trabajo por cuenta propia que existe hoy, sobre todo en cuanto a productividad, aprendizaje tecnológico y organizativo, exportaciones, y la formación de clusters y de eslabonamientos productivos internos. El diseño coherente de las políticas en esa área necesita apoyarse en un conocimiento lo más preciso posible sobre los patrones de distribución de ingresos del país. Pensar sobre el tema, en ausencia de datos, equivale a «dar palos de ciego».
  • El análisis de la distribución del ingreso no debe separarse, en el contexto de la «actualización», del análisis de la pobreza. Las relaciones entre ambas cuestiones -desigualdad y pobreza- son más complejas de lo que parece observarse en el debate actual en Cuba. Lo que indica la experiencia de China y de Vietnam, por ejemplo, es que la reducción sustancial de los niveles de pobreza en ambos países se produjo simultáneamente con un incremento en la distribución desigual de ingresos, desigualdad que ha comenzado a reducirse también en los últimos años.
  • Ese es un tema que abordaré en otro momento. Solamente anoto ahora una cuestión práctica, de naturaleza eminentemente política, pero que necesita una cuantificación: ¿Cuáles serían los niveles de desigualdad y de polarización «admisibles» en Cuba, en el marco de una posible trayectoria de reducción o de eliminación de la pobreza en el país?

Notas

1 Fernando Medina. «Consideraciones sobre el índice de Gini para medir la concentración del ingreso.» Serie Estudios Estadísticos y Prospectivos No. 9. marzo de 2001. División de Estadística y Proyecciones Económicas. CEPAL. http://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/4788/S01020119_es.pdf;jsessionid=1C6C5D56B2496E5542D5EE9FDC01E516?sequence=1

2 El coeficiente de Palma se calcula a partir de la división de la parte del ingreso nacional bruto que va hacia el 10% de la población más rica del país entre la parte del ingreso nacional correspondiente al 40% de la población más pobre. Ver, Pedro Monreal, «La desigualdad medida con otra «vara»: el índice de Palma». Blog El Estado como tal, 26 de abril de 2017 https://elestadocomotal.com/2017/04/26/la-desigualdad-medida-con-otra-vara-el-indice-de-palma/

3 José Gabriel Palma. «Do nations just get the inequality they deserve? the ‘Palma ratio’ re-examined», Cambridge Working Paper Economics: 1627. 3 May 2016. http://www.econ.cam.ac.uk/research-files/repec/cam/pdf/cwpe1627.pdf

Fuente: http://elestadocomotal.com/2018/03/06/la-concentracion-de-la-riqueza-y-los-ingresos-en-cuba-tertulia-o-analisis/