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La corona y la boina

Fuentes: Rebelión

(Ante la insistente frecuencia del Account suspended que nos encontramos cuando buscamos una Web «poco cómoda» para el Gobierno y para la Corona, vaya este borrador, para difundirlo en caso preciso.) Suspenden de nuevo la Web …. -¿es la cuarta, quinta vez quizás?- Evidentemente, esto no habla nada bien de esta «democracia» -de alguna manera […]

(Ante la insistente frecuencia del Account suspended que nos encontramos cuando buscamos una Web «poco cómoda» para el Gobierno y para la Corona, vaya este borrador, para difundirlo en caso preciso.)

Suspenden de nuevo la Web …. -¿es la cuarta, quinta vez quizás?-

Evidentemente, esto no habla nada bien de esta «democracia» -de alguna manera habrá que denominar a esta especie de socialfascismo en que nos metieron los sociatas, con la complicidad del resto de formaciones políticas que se reparten el pastel del Congreso y del Senado-, nacida de una dictadura que se niega a extinguirse y donde ni siquiera la libertad de expresión es un valor a respetar.

No habla nada bien de sí misma una democracia que no acepta la crítica. Porque, para empezar: ¿cómo podemos sentirnos cómodos y ciudadanos de pleno derecho si no somos críticos con la más alta magistratura de la Nación?: Un señor que, tras jurar los Principios Fundamentales del Movimiento, impuesto por el dictador más sanguinario que haya conocido este País y con la lista de delitos más larga de cuanto general o jefe de estado haya ostentado este cargo, nos obliga a toda la ciudadanía a una relación no deseada con despreciables dictaduras que torturan, encarcelan y hacen desaparecer a ciudadanos de países que usurpan y ocupan militarmente.

No es culpa nuestra que, en tanto hay padres de familia en paro -a los que, para mayor castigo se les niegan las ayudas sociales-, el rey y su familia acumulen año tras año inmensa fortuna, a costa de los que vemos quebrar nuestro pequeño negocio y de ese largo etcétera de trabajadores que engrosan cada día las filas del paro. Esta maloliente «cosa», por mucho que ustedes y todos sus acólitos de la prensa de esta ceremonia de la confusión se empeñen en vestirla con los armiños y el «atrezzo» de una autentica democracia, no es sino una prostituta, que lo mismo procura los servicios del tahúr que los del «viejo profesor».

Una auténtica democracia debe estar conformada y respaldada por ciudadanos, no por siervos que cuidan de los cerdos, de las reses, del castillo de su señor; que sufren a éste pero que no tienen opinión. Este pueblo ha hecho un largo recorrido hasta llegar aquí, en el que se ha dejado demasiados muertos en el camino: en los paredones de fusilamiento, en batallas para conquistar y defender una auténtica democracia, en cárceles, en esas mismas calles y campos donde hoy la gente, los más desfavorecidos por esta especie de circo en que ustedes han convertido el País, ocupan campos, queman neumáticos y se manifiestan contra los privilegios de los auténticos beneficiaros de este «mercadillo» que incluye en su nómina a senadores, diputados, alcaldes y demás mayordomía que resultaría harto largo enumerar; esta pesadilla en que devino el sueño democrático tras la muerte del dictador y que venimos padeciendo desde hace décadas.

Ya hace mucho tiempo que dejamos de ser los míseros gañanes de antaño, con la mirada baja y la boina entre las manos cuando pasaba el señor de estas tierras. Ya no somos aquellos sumisos vasallos que humillaban el gesto para orar en la hora del Ángelus, cuando éste nos sorprendía trabajando en las tierras del amo. Ya no somos la triste tropa que se agolpaba en los templos para confesar sus «múltiples pecados» al confesor, mientras el incienso de la reconciliación de las clases descendía desde el púlpito sobre el manso rebaño. Hemos dejado de ser los esclavos de la gleba, los parias de la tierra, los de «sí mi amo…no mi amo», los que éramos embarcados en barcos tras las brutales levas para morir de disentería en cualquier colonia, americana o marroquí, que solo servían para engordar la bolsa del monarca de turno…, para hablar de tú a tú al patrón, al parlamentario que dice representarnos, al mismo sacerdote que hasta ayer nos pedía sumisión en los templos. Ya no somos los analfabetos a los que cualquier capataz sin escrúpulos engañaba en el peso de la aceituna. Tampoco los que acudíamos a la parroquia para que el señor cura nos escribiera la carta en que se solicitaba un puesto de trabajo al señorito de Madrid. Ni somos los mendigos que alargaban sus manos implorantes, a las puertas de las iglesias, de las novelas de Galdós.

Hemos levantado nuestras cabezas y, desde hace muchos años, le estamos enseñando los dientes a todo eso que ustedes representan.

Además de para roer garbanzos y hortalizas y para sostener el DNI en el caso de ser desalojados por la «madera» de la casa o del local ocupados, estos dientes sirven también para mostrárselos a ustedes, y, si es preciso, aún somos capaces de usarlos para otros fines, que ya lo hicimos en el pasado: cuando ustedes o sus colegas nos mandaban sus mastines de verde, gris, de marrón o de azul, que tanto da el color que lleven éstos a la hora de machacar a los obreros, en dictadura o en seudodemocracia.

Aunque parezcamos recién llegados a esta «fiesta» donde los empresarios nos «torean» a diario, venimos de muy lejos y nos «sabemos todos los cuentos», incluidos los de reyes «bondadosos y enrollados», con principitos y princesas que «se desviven» por su país.

Conservamos íntegra la memoria de los días de la demolición del diario Madrid, de la bomba en El Papus, de los procesos y las multas por vender en el Rastro libros prohibidos, de los secuestros y persecuciones de Cambio 16, Cuadernos para el dialogo, Triunfo, de los procesos abiertos a Els Juglars, de galerías de arte asaltadas por los esbirros del poder, de películas mutiladas por los pandilleros a sueldo del Estado, de obreros asesinados a balazos por la Guardia Civil por una pintada en un muro o por repartir octavillas; de obreros y más obreros acribillados por la policía en los católicos templos de la católica Vitoria, acribillados a balazos por los pistoleros de la patronal por pregonar en las calles el Mundo Obrero; de universidades cercadas por los caballos de los odiados policías nacionales, de sindicalistas condenados a largas condenas, de la «ley de fugas», de los muros del Castillo de Montjuich, de Ventas, de los campos de concentración de Albatera, Castuera, el Campo de la Bota, Cuelgamuros, San Pedro de Cardeña…Nos sabemos de memoria todos los nombres de los lugares donde ustedes, hasta ayer mismo, sometían a aquellos que se rebelaban contra el cepo y el garrote de la patronal.  

Sí, venimos de allá, cuando lo mismo se quemaba un convento que se arrojaba una piedra contra los cristales de una audiencia, o se quemaba el trigal del cacique que nos tenía a pan y cebolla. Y no porque no nos gustasen el orden y la cultura, sino por considerarlos enemigos de clase, como a ustedes mismos.

Así que… ¡ojo al cristo que es de barro!, que decían los de antaño.

«Aunque te falten las armas,

pueblo de cien mil poderes,

no desfallezcan tus huesos,

castiga a quién te malhiere

mientras te queden puños,

uñas, saliva, y te queden,

corazón, entrañas, tripas,

cosas de varón y dientes.»

M. Hernández

¡Ah!, me entero de que el «compañero «Isidoro» se puede llevar, líquidos, 82.500 euros -supongo que son anuales, claro- como asesor de Gas Natural.

¡Vaya carrerón, hermano! Y pensar que todo empezó con una foto con el puño en alto entre los saharauis…Fijo que aún van y le cantan La Internacional sus coleguitas, en el entierro.

Cuando yo te digo que esto de la política da más «guita» que lo del cobre y el «chocolate» juntos…

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.