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La energía solar transforma los pueblos de la Puna argentina

Fuentes: IPS

  Algunos pobladores de San Francisco, una comunidad de apenas 54 habitantes en la Puna argentina, junto a los paneles fotovoltaicos estrenados a principios de octubre, que abastecen toda su electricidad y les permite por primera vez tener alumbrado público. Es el cuarto pueblo completamente solar de la provincia de Jujuy, fronteriza con Bolivia y […]

 

Algunos pobladores de San Francisco, una comunidad de apenas 54 habitantes en la Puna argentina, junto a los paneles fotovoltaicos estrenados a principios de octubre, que abastecen toda su electricidad y les permite por primera vez tener alumbrado público. Es el cuarto pueblo completamente solar de la provincia de Jujuy, fronteriza con Bolivia y Chile. Crédito: Daniel Gutman/IPS

SANTA CATALINA/SUSQUES, Argentina, 15 oct 2019 (IPS) – «En las noches sin luna era muy difícil caminar por este pueblo», cuenta Celia Vilte, maestra de San Francisco, una comunidad de 54 habitantes en el extremo noroeste de Argentina, a 4000 metros de altura, que en el centro no tiene una plaza sino 40 paneles solares, fuente de cien por ciento de su electricidad.

Para llegar a San Francisco desde La Quiaca, ciudad fronteriza con Bolivia, hay que viajar unas dos horas por los desolados caminos de tierra de la Puna, una ecorregión en la que no crece un árbol, los pastos son de color amarillento y los cauces de los ríos, una lengua de tierra seca durante la mayor parte del año.

Desde comienzos de octubre ya no es necesario arribar de día para ver el pueblo desde lejos, porque ahora San Francisco tiene alumbrado público con postes y lámparas de led que, gracias a la energía renovable, sacan cada noche de las sombras a las construcciones de adobe de esta comunidad, parte del departamento (municipio) de Santa Catalina , situado a unos 3800 metros de altura.

«Estábamos acostumbrados a velas y linternas. Como soy miedosa, yo casi no salía afuera de noche», reconoce Vilte, que hace 20 años es maestra en la escuela primaria donde estudian 13 chicos.

Siete de esos escolares caminan cada lunes entre dos y tres horas, desde sus casas en desperdigados parajes rurales, se quedan toda la semana en la comunidad y parten de regreso los viernes para pasar el fin de semana en sus hogares.

En la Puna, la mayor parte de los habitantes son indígenas del pueblo kolla, antiguamente vinculados con los incas, que viven de la cría de llamas y ovejas o de la pequeña agricultura de subsistencia, toda una hazaña en medio de tanta aridez.

Aquí son muy raros los días nublados. El sol es un azote casi permanente que lastima la piel y seca los labios, pero es también un recurso energético extraordinario.

La ecorregión de la Puna, que algunas instituciones ambientales consideran un conjunto de ecorregiones altiplánicas, engloba áreas del norte de Argentina, el norte de Chile, el occidente de Bolivia y el sur de Perú.