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La explosión de Beirut es un doble aviso para Israel

Fuentes: Haaretz

Foto: Un soldado camina sobre la devastación causada por la explosión en el puerto de Beirut, 6 de agosto de 2020. Foto: POOL/REUTERS

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

Acorde con el espíritu de esta era, la prodigiosa explosión de Beirut fue documentada en video en tiempo real desde todos los ángulos posibles. Desde el desastre acontecido el martes de la pasada  semana han ido apareciendo videos a cual más terrible: el sacerdote que huye en medio de la misa cuando el techo de la iglesia cae sobre él; la madre que intenta proteger a sus tres hijos pequeños; la novia cuya sonrisa antes de la boda se transforma en un mueca de horror, cuando la onda explosiva golpea la calle. Quizás el más aterrador de todos sea el breve videoclip en el que la lente enfoca hacia las primeras llamas, que rápidamente dan paso a una explosión tremendamente potente ante nuestros ojos. En las redes sociales se dice que el fotógrafo murió.

Para muchos la nube en forma de hongo que se elevó sobre el desastre recordaba una versión reducida de una catástrofe nuclear. La escala de daños es inmensa. Decenas de miles de pisos en la capital libanesa han sufrido grandes daños y, según los informes, cientos de miles de  personas han perdió sus hogares. Se teme que haya docenas más de cadáveres bajo los escombros, además de los 135 muertos y alrededor de 5.000 heridos. Los heridos leves salían de las salas de urgencia con sangre en el rostro, pues los equipos médicos tenían que concentrarse en los más graves.

La cifra de muertos, por cierto, no es aún un récord para el Líbano. El país cuenta con un triste historial de acontecimientos mortales, como el atentado suicida de 1983 en Beirut, en el que murieron 241 marines estadounidenses, que estaban en Líbano a causa de la guerra iniciada por Israel el año anterior.

A largo plazo, el mayor daño podría ser el económico. Líbano ya estaba maltrecho y magullado como consecuencia de una prolongada crisis económica exacerbada por las sanciones internacionales impuestas al país. La explosión, que tuvo lugar en un almacén que contenía grandes cantidades de nitrato de amonio arrasó el área del puerto y destruyó los silos de trigo. Existe el temor real de que sea difícil alimentar a la población los próximos meses.

Una mujer contempla los daños en su restaurante un día después de la explosión que asoló el puerto de Beirut (foto: Hussein Mall-AP)

El endeble gobierno libanés es ahora el punto de mira de una indignación pública generalizada, pues la ausencia de supervisión hizo posible las complicaciones que provocaron la explosión. A medio plazo, el gobierno tendrá que encontrar rutas alternativas para asegurar la importación de bienes al país. A largo plazo, alguien tendrá que acometer la reconstrucción del puerto. Puede que las grandes potencias o los estados ricos deseen implicarse en ella con la intención de ampliar su influencia regional.

Arabia Saudí y los Emiratos Árabes tienen una oportunidad de ser generosos con el Líbano para reducir así el control que ejerce Irán, vía Hezbolá, sobre el país. Puede que China lo vea como una posibilidad de ampliar su Nueva Ruta de la Seda, proyecto con el que está construyendo puertos y carreteras por todo el mundo. Y Rusia, si consigue financiación, estaría encantada de tener otra posición establecida en la costa mediterránea, en línea con el puerto de Tartus en Siria.

Las escenas de destrucción han servido a Israel como doble aviso: cuáles pueden ser los resultados de una guerra con Hezbolá, al sur de la frontera, cuando los centros de población son blanco de ataques; y las posibles consecuencias de un ataque a un lugar que contenga sustancias peligrosas, como las refinerías de petróleo de la bahía de Hayfa,  y esté rodeada de población civil. Posiblemente el suceso del Líbano apresure los procedimientos de evacuación de Haifa, que llevan un retraso de años. El peligro más inmediato, el tanque de amoniaco, se retiro de Haifa en 2017 tras una sentencia judicial consecuencia de la segunda guerra del Líbano en 2006.

Líbano, al igual que Israel, tiene mucho que perder en una futura guerra entre las Fuerzas de Defensa de Israel y Hezbolá. Paradójicamente la explosión de las sustancias peligrosas (aún no está claro si está relacionada con los depósitos de Hezbolá) podría retrasar la próxima guerra. La organización chií basa su estrategia –más intensamente desde el fin de la última guerra– en la dispersión de sus cuarteles generales y su armamento entre la población civil, con la esperanza de que los habitantes les sirvan de escudos humanos. Hace dos semanas, el líder del comando septentrional, el general Amir Baran declaró en una entrevista a Haaretz que “quien se acuesta con bombas no debería sorprenderse si se levanta con misiles”. Aunque Israel no tenga nada que ver con la explosión de la pasada semana, esa amenaza resonara ahora más claramente, siendo el puerto devastado un signo de aviso.

En la década de los 90, tras la disolución del bloque soviético, el periodista del New York Times Thomas Friedman planteó la hipótesis de que dos países que contaran con sucursales de McDonald’s no podían entrar en guerra. Sin embargo desde entonces su argumento (que los países capitalistas con al menos una pizca de democracia no entraba innecesariamente en guerra unos con otros) ha sido refutado.

En todo caso, parece que esta semana se han reducido las tensiones en la escena libanesa. Eso es cierto a muy corto plazo, pues Hezbolá tendrá dificultades para justificar su venganza contra Israel (por el asesinato de uno de sus hombres en un ataque en Damasco el 21 de julio, que la organización atribuye a Israel) en estos momentos, cuando Beirut todavía está enterrando a los muertos del desastre del puerto. Pero podría seguir siendo cierto también a largo plazo, en vista del dramático ejemplo de la destrucción que puede esperarse de una guerra a gran escala.

Fuente: https://www.haaretz.com/middle-east-news/.premium-for-israel-the-beirut-blast-serves-as-a-double-warning-1.9053113?utm_source=traffic.outbrain.com&utm_medium=referrer&utm_campaign=outbrain_organic

La presente traducción puede reproducirse libremente siempre que se cite a su autor, a su traductor y a Rebelión como fuente de la misma

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