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Free Gaza lo intenta de nuevo

La flotilla Rachel Corrie

Fuentes: Rebelión

Como en las grandes ocasiones, pero con una botella de aceite de oliva palestino rompiéndose contra su casco en sustitución del champagne habitual se bautizó en un puerto irlandés, el pasado 10 de mayo, el carguero «Rachel Corrie», nombrado en memoria de la activista norteamericana del International Solidarity Movement asesinada por un bulldozer israelí en […]

Como en las grandes ocasiones, pero con una botella de aceite de oliva palestino rompiéndose contra su casco en sustitución del champagne habitual se bautizó en un puerto irlandés, el pasado 10 de mayo, el carguero «Rachel Corrie», nombrado en memoria de la activista norteamericana del International Solidarity Movement asesinada por un bulldozer israelí en la Franja de Gaza en 2003.

¿El motivo? Un persistente grupo de activistas de diversos países agrupados en torno a la organización «Free Gaza», fundada en 2006, continúa negándose a aceptar el bloqueo que Israel y Egipto mantienen desde hace cuatro años sobre esa estrecha franja de territorio. Este mes de mayo navegan, por novena vez, en dirección a Palestina a bordo de la flotilla «Rachel Corrie» cargados de pasajeros y ayuda humanitaria. Si en las anteriores ocasiones lo hicieron desde Chipre, ahora planean desde hacerlo simultáneamente desde Irlanda, Suecia y al menos otros dos países mediterráneos, Turquía y Grecia.Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.

Los miembros de Free Gaza tratan de pasar, con esta iniciativa, de las palabras a los hechos. El pasado 30 de marzo el irlandés Derek Graham, Presidente de la organización, compró en subasta el MV Linda, un cargero letón con 2.800 toneladas de capacidad que había sido abandonado en julio de 2009 en el puerto de Dundalk, Irlanda. Su objetivo, según una de las portavoces de la organización, Qaoimhe Butterly es «cargarlo de cemento, equipamiento médico y material escolar».

La iniciativa se suma a las protestas contra el bloqueo de Gaza que han lanzado organizaciones como Amnistía Internacional que insiste en denunciar el «castigo colectivo contra la población civil» u OXFAM, que exige el inmediato levantamiento del asedio. También John Ging, Director de operaciones de la UNRWA (Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados) ha declarado en mayo que «la comunidad internacional debería concentrarse en la ayuda a la Franja de Gaza tal y como lo hace la flotilla, haciendo llegar la ayuda por mar, en vez de limitarse a publicar declaraciones escritas sobre lo que sería necesario hacer».

La campaña lanzada por Free Gaza se denomina «apadrina un saco de cemento». Cinco euros por un saco de cemento. 100 euros por 20 sacos de cemento. A través de su página web piden donaciones para que su flotilla viaje a Gaza cargada de suministros donados por la sociedad civil. Y no sólo cemento. Proponen también que los ciudadanos colaboren con la compra de bolsas de material escolar para las escuelas de Gaza.Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.

Junto al MV Linda, la organización de ayuda humanitaria turca IHH fletará también su propio barco, el Mavi Marmara, para sumarse a un convoy marino en el que se espera al menos la participación de estos dos cargueros y cuatro barcos de pasajeros más que la organización Free Gaza prepara estos días en diversos puertos europeos. El Presidente de IHH, Bülent Yildirim declaró en la rueda de prensa de presentación de la iniciativa, sentado junto a una máquina de diálisis «esta máquina, necesaria para personas que sufren de insuficiencia renal no está disponible en Gaza. No se permite entrar en Gaza instrumental médico básico debido al embargo, que está condenado por el derecho internacional y por la conciencia humana. Por desgracia, ha estado en vigor durante cuatro años y navegaremos en mayo para romperlo.»

El barco fletado por Turquía tiene capacidad para 1.080 pasajeros y, frente a iniciativas previas de carácter más activista -y por tanto más fácilmente desarticulables por la marina de guerra israelí- la delegación multinacional que zarpará en mayo aumenta -tanto en volumen de carga y pasajeros como en voluntad de desafío al bloqueo de Gaza- dificultando enormemente las posibilidades de las autoridades de Tel Aviv para utilizar la fuerza y detenerla.Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.

No sólo Irlanda o Turquía envían sus barcos «nacionales».

Grecia o Suecia se suman también a la iniciativa aportando una larga campaña de movilización iniciada tras la operación «Plomo sólido». En el país escandinavo hace más de un año que se venden «millas naúticas» con las que sufragar una expedición que, partiendo de Goteborg, realizará escalas en diversos países Europeos. Bilbao, Barcelona o Marín verán atracar en puerto los barcos de Free Gaza. Una delegación gallega y una delegación catalana coordinada por la organización Cultura y Paz, constituyen la aportación española a este movimiento internacional.

La delegación de la ong Cultura y Paz tiene claros los motivos de su viaje. «Nuestra participación responde a un llamamiento de la sociedad civil europea a romper el cerco a Gaza. Pretendemos conocer en primera persona la situación que vive la población civil en Gaza, mostrarles nuestra solidaridad y afecto. Manuel Tapial, Coordinador de Proyectos de la organización se ratifica en su objetivo de denuncia política «con nuestra presencia queremos llamar a la comunidad internacional a imponer sanciones a Israel hasta que cumpla las resoluciones de las Naciones Unidas». Tratarán también de transmitir un mensaje de apoyo a los niños de Gaza que estudian en las escuelas de la UNRWA y viajan con cientos de ejemplares del libro en el que recogen los relatos y dibujos de estudiantes de ESO españoles respecto a la situación de los refugiados palestinos. «Al menos los niños de Gaza sabrán, cuando lean los libros que les llevamos, traducidos al árabe, que los niños de Leganés, Getafe o Vallecas conocen su situación y se solidarizan con ellos». También han creado un blog para informar de cada una de las etapas del viaje.

Breve historia del movimiento.

El 23 de agosto de 2008, el Liberty y el Dignity, dos pequeños botes que transportaban a 40 activistas de más de una decena nacionalidades, consiguieron atracar en Gaza tras dos años de preparativos más propios de una película de espías que de un movimiento de solidaridad (Pueden verse en este documental de Al Jazeera: Parte 1, parte 2, parte 3, parte 4). Después de que ningún barco extranjero lo lograra en casi cuatro décadas, quedó demostrado que un grupo activista podía introducir tanto personas como mercancías en Gaza articulando una fuerte campaña de presión y apoyo a través de los medios de comunicación. Después de cinco viajes exitosos, cuando en diciembre de 2008 Israel prohibió la presencia de informadores extranjeros en la Franja de Gaza, los barcos de Free Gaza habían conseguido introducir a un grupo de personas de diferentes nacionalidades que lograron relatarle al mundo, junto a los periodistas y paramédicos palestinos, lo que sucedió durante el desarrollo de la «Operación Fundido» que dejó más de 1400 muertos, casi 7000 heridos y más de 6000 hogares destruidos.

La periodista y bloguera canadiense Eva Bartlett, una de las fundadoras de Free Gaza, que vive entre el campo de refugiados de Jabalia y la localidad de Khan Younis desde casi dos años, transmite información muy precisa sobre todo lo relativo a la supervivencia diaria de la población a través de historias aparentemente mínimas pero de alto contenido humano. Eva nos muestra también con toda claridad la situación de los campesinos de la denominada «buffer zone», espacio muerto de unos 500 metros de ancho y kilómetros de largo desde la frontera israelí hacia en interior de Palestina, la tierra más fértil de la Franja de Gaza. Hace meses que los militares israelíes no permiten a acceder a los campesinos a sus cultivos con disparos continuos de francotiradores desde torres de vigilancia situadas en el interior de Israel, provocando no sólo decenas de muertos sino el abandono obligado de las tierras agrícolas y condenando a familias enteras a la dependencia alimentaria de la ayuda humanitaria.

Su trabajo y las situaciones sobre las que informa pueden conocerse gracias a los vídeos que cuelga periódicamente en internet junto a su compañero italiano Vittorio Arrigoni -cuyo libro sobre la guerra de 2009 «Seguimos siendo humanos» acaba de ser publicado en español por la editorial Bósforo-. Eva Bartlett documenta situaciones como la que puede verse y leerse en este post del día 22 de abril. En violación del alto el fuego y sin que ningún medio internacional lo considere una noticia relevante, tanques israelíes penetran ilegalmente en Gaza durante horas en abierta violación del alto el fuego anunciado en enero de 2009 y se pasean sobre campos de cultivo palestinos. Sólo si la milicia palestina responde al ejército israelí, el hecho adquiere relevancia y se convierte en noticia.

Ataques y dificultades.

El grupo de activistas extranjeros que pretende ingresar en barco a Gaza porta banderas de sus respectivos países y está preparando una marcha pacífica, portándolas, contra la existencia de dicha «buffer zone», lugar peligroso también para ellos y no sólo para los palestinos. El pasado sábado 24 de abril, Bianca Zammit, una activista maltesa del ISM recibió mientras ella misma lo filmaba con toda frialdad y sin llegar siquiera a caerse al suelo, un disparo limpio en el muslo, con orificio de entrada y salida, mientras participaba en una de las marchas semanales en las que los voluntarios internacionales acompañan a los palestinos para protestar contra las incursiones continuas y la prohibición de acceso a la tierra.

Después de la operación «Plomo Fundido», cuyas consecuencias – el día después- pueden comprenderse gráficamente a través de los impresionantes multimedia de fotoperiodistas como Olivier Laban Mattei o Stefania Mizara, el movimiento Free Gaza no ha conseguido llegar a puerto.

En la que ha sido hasta el momento la última misión marítima, en junio de 2009, la marina israelí asaltó el barco «Espíritu de la humanidad» a bordo del cual 24 activistas de diferentes países trataban de ingresar a la Franja, remolcándolo a la ciudad de Ashdod, para posteriormente detener y deportar a todos sus pasajeros. Un interesante vídeo de Ricenpeas nos transporta al interior del barco y nos muestra parte de aquel viaje. En otro vídeo de la organización pueden verse el momento del asalto y los argumentos legales que subyacen a la decisión de los organizadores de los barcos de no respetar las decisiones israelíes respecto a su supuesta soberanía sobre las aguas que bañan Gaza. Otras periodistas como Mónica G. prieto trataron de penetrar en Gaza durante la guerra a través de los barcos de Free Gaza en operaciones que resultaron, finalmente fallidas o que fueron directamente abordadas con violencia por la marina israelí.

También el puerto de Gaza fue bombardeado durante la guerra, dejándolo prácticamente inservible. Los trabajadores de la agencia humanitaria turca IHH, que fleta al menos uno de los cargueros, se encuentran ya en Gaza tratando de reparar uno de los diques del puerto para que recupere la capacidad de recibir barcos con ayuda. No obstante, y para comprender las dificultades y presiones a las que se enfrentan, el pasado 27 de abril, el ejército israelí detuvo mientras trataba de viajar entre Belén y Jerusalén, a Izzet Sahin, uno de sus organizadores, acusándole de pertenecer a un «movimiento ilegal».

Diferentes organizaciones, como la británica VivaPalestina han enviado convoyes de ayuda humanitaria a Gaza por vía terrestre, partiendo del Reino Unido y atravesando el norte de África hasta chocar con la policía egipcia en Al Arish, última población de la península del Sinaí antes de llegar a la frontera de Rafah, que permitiría, de estar abierta, la entrada en Gaza.

El gobierno israelí ya ha comenzado a presionar a las autoridades chipriotas para que impidan que el movimiento Free Gaza zarpe desde el puerto de Larnaca, como hizo en el pasado. Avisan, incluso, respecto a «la provocación» que según sus propias palabras «podría derivar en una confrontación violenta con la armada que terminaría en el arresto por la fuerza de todos los pasajeros» en el momento en que los barcos entren en la «zona especial de seguridad que la marina israelí ha declarado prohibida a cualquier tipo de navegación».

Tras lo sucedido en julio de 2009 los organizadores están preparados para cualquier eventualidad tal y como Huwaida Arraf, una de sus organizadoras, aseguró en la rueda de prensa de presentación del nuevo viaje «estamos haciendo lo que nuestros gobiernos deberían hacer». Sin arredrarse ante las posibilidades de que la flotilla Rachel Corrie sea detenida, los miembros de Free Gaza saben que «en esta ocasión es diferente. Israel nos ha mostrado que está dispuesto al uso de la fuerza. Por eso es importante demostrar que no nos detendremos y que no aceptamos la noción de que el ejército se saldrá con la suya».

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El bloqueo y la reconstrucción que nunca tuvo lugar.

El pasado mes de marzo Israel autorizó la entrada de ropa y calzado en la Franja de Gaza. Por primera vez en tres años. Se trata una situación que la comunidad internacional asume con «normalidad» -recordemos, cualidad estadística y no ética o política- mientras se acepta, al mismo tiempo, que el lanzamiento de cohetes por parte de un grupo armado podría tener una relación directa con la posibilidad de sus vecinos de conseguir unos zapatos nuevos.

El concepto de «castigar a toda la clase por la broma del travieso del turno», fácil de comprender mirando a nuestra infancia, llevado a la práctica y traducido al lenguaje del Derecho Internacional Humanitario se convierte en «castigo colectivo» cuando se aplica al millón y medio de habitantes de la Franja de Gaza.

El problema no es sólo de zapatos o ropa de domingo -al fin y al cabo bienes de lujo, como Israel asegura- . Es mucho más grave. Adquiere, incluso, tintes «perversos» cuando sabemos -gracias al trabajo de ong´s como la israelí GISHA que batalla en los tribunales para reabrir el uso comercial de los pasos fronterizos de Gaza- que se confirman las peores expectativas que la población de Gaza podría tener. Dov Weisglass, asesor del entonces Primer Ministro Ehud Olmert dijo, allá por 2006 «No hay que matar a los palestinos de hambre, sólo dejarles que adelgacen». No se trataba de una frase retórica. Ni de una metáfora. Hacía referencia a un cálculo real y concreto. Acaba de saberse, través de una filtración de GISHA a la BBC que Israel estudia incluso las calorías que los habitantes de Gaza necesitan para sobrevivir.

La lista de productos que no entran en la Franja de Gaza desde el primer semestre del 2009 es imperdible por la incredulidad que genera leerla. Incluye harina, aceite de cocinar, sal, azúcar, pasta, ajo, arroz, lentejas, alubias, margarina, leche en polvo, papel de baño, pañales para bebé o pasta de dientes, entre otros productos. Desde noviembre de 2009 Israel prohibe también la entrada en Gaza de pimienta, sábanas, cerillas o velas y desde febrero de 2010, incluso de agua mineral.

El mismo mes de marzo que entraban los zapatos y la ropa, John Ging, Director de la UNRWA (Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados palestinos) declaró «No tenemos hierro ni acero. No podemos introducir ni un sólo saco de cemento, ni una sola lámina de vidrio para comenzar la reconstrucción» de las aproximadamente 11.000 casas, 105 fábricas, 20 clínicas y hospitales, 159 escuelas, parques infantiles e instituciones públicas y privadas de todo tipo que fueron destruidas o dañadas durante 21 días y 22 noches de pesadilla en enero de 2009. Alrededor de 20.000 personas viven en tiendas de campaña o bajo lonas de plástico en la Franja de Gaza desde entonces.

Gaza ya fue definida por Karen Koning Abu Zayd, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Refugiados palestinos hasta hace unos meses, en un artículo en The Guardian -no ayer, sino en enero de 2008- , como un «lugar en el umbral de convertirse en el primer territorio reducido intencionalmente a un estado de la mayor pobreza con el conocimiento, la aquiescencia e incluso los ánimos de la mayor parte de la comunidad internacional». Según Filippo Grandi, su sustituto como Alto Comisionado de la UNRWA «Para la construcción se necesita un millón de toneladas de cemento y sólo hemos recibido 25 toneladas desde 2007» demostrando que la historia del bloqueo a Gaza es anterior a la guerra de 2009 y mientras añade una explicación que lo contextualiza todo: «Hemos construido con adobe».

La UNRWA avisa constantemente respecto de las consecuencias -tanto humanitarias como de refuerzo de las posiciones extremistas- que se derivan de las lamentables condiciones de vida de la población de Gaza. Que se sumerge en un peligroso y cada vez más complejo círculo «nada virtuoso» de acción-reacción-acción. Mientras Israel presiona al gobierno de Hamas a través del cierre del fronteras para conseguir la liberación del soldado Gilad Shalit, capturado hace tres años por la milicia palestina, las organizaciones de derechos humanos denuncian que 336 menores de edad se encuentran detenidos de manera ilegal en cárceles israelíes.

Apenas 48 horas después de la entrada en vigor del alto el fuego que puso fin a la operación «Plomo fundido» se celebró una Conferencia Internacional de donantes en el balneario egipcio de Sharm El Sheikh. La comunidad internacional aprobó la donación de unos 3.500 millones de euros para la reconstrucción de Gaza en dos años. El gobierno español aportaba 180 millones de euros. La mitad de ese dinero, 90 millones, iría destinada a la Autoridad Nacional palestina con sede en Ramallah, que paga sueldos a miles de funcionarios fieles a Al Fatah en Gaza mientras les exige que no acudan a ningún puesto de trabajo, dificultando así las posibilidades de desarrollar cualquier funcionamiento normalizado de la administración de la Franja.

Por si no fuera suficientemente complicada la situación y aplicando a la perfección las palabras de la Alta Comisionada de la UNRWA el pasado mes de enero el gobierno de Canadá, uno de los 10 mayores contribuyentes a la agencia humanitaria, anunció que cesaba su colaboración con la institución «ante las sospechas de que parte de las donaciones destinadas a la Franja de Gaza podrían terminar en manos de Hamas». No sólo no se ha desembolsado lo prometido en Sharm el Sheikh sino que se han reducido las aportaciones económicas a la Franja. El motivo: Hamas figura en la lista de organizaciones terroristas de los Estados Unidos y la Unión Europea.

Recordemos que independientemente de las valoraciones -legítimas, pero políticas- que puedan realizarse, Hamas es el gobierno de facto de la Franja de Gaza y gestiona la administración pública del territorio convirtiendo en imposible para el conjunto de las agencias internacionales sobre el terreno obviar su existencia. La consecuencia: el conjunto de la población continua bloqueada. La reconstrucción es inexistente. Los indicadores de vida de la población se desploman en una situación que se parece cada vez más a la del embargo que sufrió el régimen iraquí a lo largo de los años 90. Inútil como mecanismo de presión ante Saddam Hussein. De lamentables consecuencias para el conjunto de su población.