Recomiendo:
0

Presentación ante la Red Nacional sobre Cuba, en Washington, D.C., el 8 de abril de 2006

La historia que reclama ser contada al pueblo estadounidense

Fuentes: CounterPunch

El 5 de abril pasado, en Miami, el cómplice de Luis Posada Carriles en el sabotaje del avión cubano de pasajeros que explotó en 1976 en pleno vuelo con 73 personas inocentes a bordo, conversó con Juan Manuel Cao del canal 41 en Miami. El flamante entrevistado, Orlando Bosch, se expresó textualmente en estos términos: […]

El 5 de abril pasado, en Miami, el cómplice de Luis Posada Carriles en el sabotaje del avión cubano de pasajeros que explotó en 1976 en pleno vuelo con 73 personas inocentes a bordo, conversó con Juan Manuel Cao del canal 41 en Miami. El flamante entrevistado, Orlando Bosch, se expresó textualmente en estos términos:

Juan Manuel Cao: ¿Usted derribó el avión de 1976?

Orlando Bosch: Si te respondo que estuve involucrado, me estoy acusando, y si te responde que no participé en la acción, tú dirás que te estoy mintiendo. Por tanto, no te voy a responder ni una cosa, ni la otra. Simplemente te voy a remitir a los tribunales, que me absolvieron en cinco oportunidades.

Juan Manuel Cao: En esa acción murieron 76 personas*[1][1], ¿siente usted cargos de conciencia?

Orlando Bosch: No, en una guerra, chico, como la que tenemos los cubanos amantes de la libertad contra el tirano, usted tiene que derribar aviones, usted tiene que hundir barcos, usted tiene que estar preparado para atacar lo que esté a su alcance.

Juan Manuel Cao: Pero, por los que murieron ahí, por sus familiares, no sentirías un poquito de…

Orlando Bosch: Este avión venía de Angola… ¿Quién podía venir en ese avión?… Cuatro miembros del Partido Comunista, cinco norcoreanos, cinco guyaneses… concho, chico, cuatro presidentes del Partido Comunista, entonces, chico, ¿quiénes venían ahí?: enemigos nuestros. Por supuesto, yo sé que la voladura de un avión en el aire es pernicioso, pero cómo no se dice lo mismo la voladura del avión de los Hermanos al Rescate que se derribó… Eran cuatro los Hermanos al Rescate que murieron…

Juan Manuel Cao: ¿Y los esgrimistas, los muchachos jóvenes?

Orlando Bosch: Yo estaba en Caracas y yo vi a las muchachas jóvenes por la televisión. Eran seis. Después que terminó la competencia, esta que era la líder de las seis, dijo que esta victoria se la debemos al tirano, etc, etc… Y todo un discurso de loas al tirano. Nosotros habíamos acordado en Santo Domingo[2][2], que todo el que saliera de Cuba a llenar de gloria a la tiranía, tenía que correr los mismos riesgos que los hombres y mujeres que combatían junto a esa tiranía.

Juan Manuel Cao: Si usted tuviera que hablarle a los familiares de los 76, pues usted habla del regreso a Cuba, ¿no piensa que es difícil?

Orlando Bosch: No, porque al final los que iban ahí tenían que saber en algún momento que estaban cooperando con la tiranía.



Las respuestas de Bosch a estas cinco preguntas nos permiten vislumbrar la mente del tipo de terrorista que el gobierno de los Estados Unidos alberga y protege en Miami: terroristas que durante los últimos 47 años han hecho una sangrienta y despiadada guerra contra el pueblo cubano.

Lo que le sucedió al vuelo 455 de Cubana de Aviación hace casi treinta años no es un secreto. La historia, simplemente, está en los cables desclasificados de la CIA, y al alcance de cualquiera. Fuentes públicas gubernamentales reconocen que, en aquel momento, este fue el peor acto de terrorismo en la aviación de la historia, y la primera vez que los terroristas hicieran estallar un avión civil.

Más de tres meses antes de que el CU-455 estallara en el cielo de Barbados, en aquella tarde soleada del miércoles 6 de octubre de 1976, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) informó a Washington que un grupo extremista de exiliados cubanos estaba planificando la colocación una bomba en un vuelo de la aerolínea Cubana.

El Buró de Inteligencia e Investigación del Departamento de Estado informó al Secretario de Estado, Henry Kissinger, que una fuente de la CIA había oído decir a Luis Posada Carriles, a menos de un mes del sabotaje, que «nosotros vamos a tumbar el avión cubano». Ni Washington ni la CIA alertaron a las autoridades cubanas de la amenaza terrorista contra sus aviones.

El sabotaje fue organizado por Luis Posada Carriles y Orlando Bosch, y ejecutado por Hernán Ricardo y Freddy Lugo. Los preparativos finales para el acto terrorista comenzaron con la llegada de Orlando Bosch a Caracas, el 8 de septiembre de 1976. Bosch es un terrorista nacido en Cuba, líder reconocido de la organización Coordinadora de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU).

Según el FBI, CORU era un grupo que aglutinaba organizaciones de exiliados cubanos, creadas expresamente «planificar, financiar y llevar a cabo operaciones y ataques terroristas contra Cuba». (Cable del FBI fechado el 29 de junio de 1976).

Cuando Bosch llegó a Caracas el 8 de septiembre de ese año, Posada Carriles ya estaba allí para recibirlo y presentarle a su mano derecha: el leal confidente Hernán Ricardo, quien admitió bajo juramento ser un operativo de la CIA. En 1976, Ricardo también era empleado de Luis Posada Carriles en una empresa privada de Inteligencia que Posada fundó y dirigía entonces en Caracas: Investigaciones Comerciales e Industriales (ICI). Ricardo admitió que Posada Carriles le presentó a Orlando Bosch en las oficinas de la ICI en Caracas.

Para que lo ayudara en la operación especial que Bosch y Posada le habían asignado, Ricardo a su vez reclutó a Freddy Lugo. Ciudadano venezolano, Lugo también admitió bajo juramento que era operativo de la CIA.

Sabemos por informes norteamericanos que el grupo de cuatro personas integrado por Posada, Bosch, Ricardo y Lugo se reunió por lo menos cuatro veces para planificar el sabotaje del avión. En las reuniones, los terroristas acordaron las contraseñas que emplearían para describir el éxito de la operación. Al avión le llamarían «bus» y, a los pasajeros, «perros». «El resto depende de ustedes», dijo Posada a Lugo y Ricardo.

Ricardo y Lugo llevaron los explosivos C-4 a bordo del avión en un tubo de pasta dental y en una cámara fotográfica. Freddy Lugo y Hernán Ricardo abordaron el vuelo CU-455 en Trinidad, a las 12:15 PM, con destino a Barbados. Ricardo viajó con un pasaporte falsificado que tenía un nombre falso. Se sentaron en la zona intermedia del avión. Durante el vuelo, colocaron los explosivos C-4 en dos lugares diferentes: el baño posterior y debajo del asiento de Freddy Lugo. Ambos terroristas, descendieron del avión durante una pequeña escala en el Aeropuerto Seawell, de Barbados. Después admitieron bajo juramento que pudieron hacerlo porque ambos habían recibido entrenamiento especial de la CIA, para colocar explosivos.

A bordo del CU-455 había 73 personas; 57 de los pasajeros eran cubanos; 11 eran guyaneses, estudiantes de medicina en Cuba. Los restantes cinco pasajeros eran coreanos. Los pasajeros tenían como promedio 30 años de edad.

Viajaban en el grupo los 24 miembros del equipo de esgrima de Cuba, muchos de ellos adolescentes que habían acabado de recibir medallas de oro en el Campeonato Juvenil de Esgrima en Caracas. A bordo, ellos llevaban puestas, con orgullo, sus medallas de oro. Una de las jóvenes esgrimistas, Nancy Uranga, tenía sólo 23 años y estaba embarazada. En realidad, ella no debe haber viajado esa vez. De acuerdo a la investigación de Ann Louise Bardach reportado en su libro Cuba Confidential, su lugar en el equipo de esgrima pertenecía a una esgrimista de doce años de edad, inusualmente alta para su edad, nombrada María González. María tenía planificado participar en los Juegos del Caribe, y estaba en la pista del Aeropuerto José Martí de La Habana, cuando uno de sus entrenadores le dio la mala noticia de que las normas internacionales de las competencias amateur prohibían participar a niños de su edad. Se supo después que María regresó a su casa en el barrio de La Víbora, en La Habana, y estuvo llorando tres días, que se negó a ver los juegos por la televisión cubana porque le dolía mucho no estar allí. A Nancy Uranga la llamaron a última hora para que fuera al Aeropuerto y ocupara el lugar de María en el desventurado viaje a los Juegos del Caribe.

El equipo de esgrima tuvo un estruendoso éxito en los Juegos. Ellos se ganaron todas las medallas de oro, plata y bronce, y sabían que serían esperados en La Habana ese 6 de octubre de 1976 con enorme alegría. Por eso, cuando montaron en el avión en Caracas hablaron con orgullo a la prensa, que destacó el detalle: las medallas colgaban de sus cuellos. Cubana de Aviación hizo la primera escala en Trinidad a las 11:03 A.M, y luego volvieron a tocar tierra en Barbados, a las 12:25 PM.

Nueve minutos después de despegar de Barbados, las bombas explotaron y el avión se incendió. Los pasajeros a bordo vivieron los diez minutos más aterradores de sus vidas, mientras el avión se convertía en un abrasador féretro. La grabación de la voz de la cabina de mando captó los últimos momentos aterradores del vuelo a la 1:24 PM: «¡Seawell! ¡Seawell! ¡CU-455, Seawell…! Tenemos una explosión a bordo. …Tenemos un incendio a bordo.» El piloto, Wilfredo Pérez (conocido cariñosamente por «Felo»), pidió permiso al Aeropuerto Seawell para regresar y aterrizar, pero el avión y sus pasajeros ya estaban condenados a muerte. Mientras el avión se aproximaba a la costa, fue perdiendo rápidamente en altitud y el control. «Pégate al agua, Felo, pégate al agua», dijo el copiloto. En vez de estrellarse en las blancas arenas de la playa Paradise y matar a los bañistas, Felo logró dar giro brusco, ladeó con valentía el avión y este se perdió en el mar envuelto en una bola de fuego, a una milla de distancia de la costa, al norte de Deep Water Bay (Bahía de las Aguas Profundas).

Los pedazos de los cuerpos se recuperaron lentamente de las aguas. La mayoría de ellos demasiado desfigurados para que los familiares pudieran identificarlos. No hubo sobreviviente. Lugo y Ricardo vieron la explosión de la nave y su hundimiento en el mar, desde el hotel donde acababan de alojarse con nombres falsos.

LLAMADAS DESESPERADAS A LOS JEFES

Hernán Ricardo llamó desesperadamente a sus jefes que estaban en Venezuela. Existen los registros telefónicos del hotel, con las llamadas a Caracas, a los teléfonos de Orlando Bosch y a Luis Posada Carriles. No se pudo comunicar con Posada en su oficina, pero le dejó un mensaje con la secretaria. Luego llamó a una amiga, Marinés Vega, para que le hiciera llegar el siguiente mensaje a Posada: «Estamos en una situación desesperada, el bus estaba repleto de perros… ellos deben enviar a alguien quien yo pueda reconocer… Estaré esperando en una heladería cerca de la Embajada por si algo sucede y necesito pedir asilo allí.»

Ricardo, finalmente, se pudo comunicar con Bosch. Este le respondió: «Mi amigo, tenemos un problema aquí en Caracas. Un avión nunca se explota en el aire…», lo que prueba un giro de los acontecimientos que no estaba previsto en un plan, diseñado cuidadosamente para que la bomba explotara mientras el avión estuviera en tierra, antes de despegar.

Al descubrir que las circunstancias se les estaban poniendo muy graves en Barbados, Lugo y Ricardo se montaron esa misma noche en un vuelo de la British West Indies Airlines de regreso a Trinidad. Ya en el vuelo, Ricardo confesó a su compinche -parlamento que luego repitió ante policía trinitaria-: «Caramba, Lugo, me siento desesperado y tengo ganas de llorar. Nunca había matado a nadie antes.»

En Puerto España, los terroristas se hospedaron en el Holiday Inn con identificación falsa y realizaron nuevas llamadas desesperadas a Posada Carriles. El nerviosismo en el aeropuerto y en el hotel, así como sus conversaciones en los taxis que montaron en Barbados y luego en Trinidad, llevó a la policía a circularlos como principales sospechosos del sabotaje. Fueron arrestados e interrogados por detectives del Departamento de la Policía de Trinidad.

Ambos confesaron el crimen ante el Comisario Dannis Elliot Ramdwar, quien tomó sus declaraciones por escrito. Lugo y Ricardo admitieron ser operativos de la CIA. Ricardo describió en detalles cómo pudo detonar los explosivos C-4 y señaló un lápiz que estaba sobre el buró de Ramdwar, que era similar al temporizador que había utilizado para detonar el explosivo. Ricardo también dijo a la policía en Trinidad que él trabajaba para Luis Posada Carriles. Le dijo a Ramdwar que el jefe de la CORU era Orlando Bosch y dibujó un esquema de la organización de la CORU para la policía y añadió que la organización terrorista también se conocía como el «Cóndor».

Después de escuchar las confesiones de Lugo y Ricardo, la policía en Caracas actuó y arrestó a Posada y a Bosch. La policía también obtuvo una orden judicial y registró las oficinas de Posada Carriles, donde confiscaron armas y modernos equipos de vigilancia electrónica. También hallaron en la oficina de Posada Carriles en Caracas un folleto, con el itinerario de los vuelos de Cubana de Aviación. En uno de los primeros informes del 6 de octubre de 1976, sobre el derribo del vuelo 455 de Cubana de Aviación, el Buró Venezolano del FBI envió un cable, donde afirmaba que una fuente confidencial había identificado a Luis Posada Carriles y a Orlando Bosch como los responsables del sabotaje. «La fuente prácticamente admitió que Posada y Bosch habían organizado el sabotaje del avión», según el informe.

En la entrevista por la televisión presentada hace tres días en Miami, Bosch habló sobre un acuerdo al que habían llegado los terroristas en Santo Domingo, en junio de 1976. El propio FBI registra ese acuerdo secreto. Según su informe, Orlando Bosch, Luis Posada Carriles y otros terroristas crearon una organización terrorista aglutinadora, llamada CORU, en una reunión celebrada en la República Dominicana. El informe del FBI detalla cómo en esa reunión, la CORU planificó una serie de ataques terroristas contra entidades cubanas, así como el asesinato de comunistas en el Hemisferio Occidental. En la página 6, el documento relata con lujo de detalles de qué modo Luis Posada y otros exiliados enemigos del gobierno de Fidel Castro se reunieron con Orlando Bosch en Caracas el 8 de septiembre de 1976 y llegaron a un acuerdo sobre qué tipo de actividades él podría organizar en suelo venezolano.

Después de los arrestos de los criminales, Trinidad, Barbados, Guyana y Cuba cedieron la jurisdicción sobre el caso del sabotaje del avión de pasajeros a Venezuela, y los cuatro fueron procesados en Caracas por asesinato.


EL TORTUOSO CAMINO DE LA JUSTICIA

Enjuiciar a terroristas tiene su precio. La jueza que emitió las órdenes de arresto iniciales para los cuatro terroristas, Delia Estava Moreno, recibió varias amenazas de muerte y chantajes como represalias por su conducta. Como consecuencia, se vio obligada a recusar. El juez que presidía el Tribunal Militar, General retirado Elio García Barrios, también recibió amenazas de muerte y en 1983, su hijo y chofer fueron asesinados en un golpe al estilo de la Mafia, que tenía el propósito de marcar e intimidar a quienes osaran interponer una acción judicial contra los asesinos.

Finalmente, Lugo y Ricardo fueron condenados, pero antes de que la Corte pudiera dar su veredicto, Luis Posada Carriles se escapó de la prisión en San Juan de los Moros, en el Estado de Guárico, donde había sido confinado después del fracaso de dos intentos de fuga. Posada escapó con la ayuda de por lo menos 50 000 dólares, financiado por un grupo extremista de derecha en Miami.

Quince días después de su fuga de la cárcel, Posada salió clandestinamente de Venezuela hacia Aruba en un barco camaronero. Se pasó una semana en la Isla y luego voló en un avión privado hasta Costa Rica, y de ahí, a San Salvador. Inmediatamente comenzó a trabajar junto con Félix Rodríguez, miembro de alto rango de la CIA, en la Base Aérea de Ilopango.

El trabajo de Posada en San Salvador consistía, nada menos, que en suministrar armas a la Contra nicaragüense. Los suministros se obtenían gracias a la venta de narcóticos. Esta operación devino en el escándalo conocido como Irán-Contra. Félix Rodríguez, el hombre clave de la CIA en América Central en el escándalo Irán-Contras, había sido empleado para el trabajo por un miembro de la CIA y viejo amigo de Donald Gregg, entonces asesor de Seguridad Nacional del Vicepresidente Bush. Según Ann Louise Bardach, quien entrevistó a Posada en 1998 para el New York Times, «Posada señaló con cierto orgullo que George Bush había dirigido la CIA desde noviembre de 1975 hasta enero de 1977», período que abarcó algunos de los más violentos crímenes cometidos por los exiliados cubanos y la Operación Cóndor: incluido el asesinato de Letelier y el sabotaje del avión de pasajeros.

Posada pasó los siguientes años en América Central trabajando para los servicios de seguridad de El Salvador, Guatemala y Honduras. A inicios de los noventa, volvió a concentrar su atención en Cuba, país que intentaba poner en marcha la industria del turismo para compensar la difícil situación económica que se produjo después de la desintegración del Bloque Soviético. Desde su guarida en América Central, reclutó a mercenarios salvadoreños y guatemaltecos que introducirían explosivos de contrabando en la Isla. En 1997 comenzaron a explotar las bombas en los mejores hoteles y restaurantes de La Habana, lo que provocó la muerte de un joven turista italiano, Fabio Di Celmo, y heridas a varios otros.

Posada declaró a The New York Times que la campaña terrorista contra el turismo cubano fue financiada por las organizaciones de exiliados de Miami y que el propio Luis Posada Carriles organizaba los ataques desde América Central. Frente a la negativa del FBI de controlar a los terroristas de Miami, Cuba envió algunos hombres muy valientes para que se infiltraran en estas organizaciones terroristas y recogieran información con el propósito de pedir al Presidente Clinton que interviniera y ordenara a los agentes del FBI el arresto de los terroristas.



LA VERDADERA HISTORIA DE LOS CINCO


Después de recopilar suficiente evidencia para determinar la fuente de la campaña terrorista, el 1º de mayo de 1998, Fidel Castro envió a un emisario personal a Washington con un mensaje manuscrito al Presidente Clinton: nada menos que el Premio Nóbel de Literatura, Gabriel García Márquez. El Presidente Clinton estaba fuera de la ciudad, en California, por varios días. Después de esperarlo en el Hotel Washington, García Márquez finalmente se reunió con el Jefe de Personal de la Casa Blanca, Mac McLarty, y le entregó la carta.

García Márquez narró a Fidel la reacción de McLarty ante la carta y cita lo que le dijo McLarty: «Tenemos enemigos en común: los terroristas».

Tras la visita de García Márquez, un mes después, Estados Unidos envió un equipo del FBI a Cuba para analizar la colaboración con Cuba en la «Guerra contra el terrorismo». Cuba entregó al FBI las cintas de las grabaciones de 14 conversaciones telefónicas de Luis Posada Carriles con los detalles sobre la serie de bombas que explotaron en Cuba en los años noventa. Facilitó también al FBI las direcciones de Luis Posada Carriles en El Salvador, Honduras, Costa Rica, Guatemala y Panamá. Le entregó las cintas de las conversaciones con los detenidos centroamericanos en Cuba, quienes habían admitido que Posada era su jefe.

En total, la Isla entregó 60 compilaciones de documentos con información sobre los 40 terroristas radicados en Miami, que incluía las direcciones de ellos y la evidencia de sus vínculos con el terrorismo.

Cuba entonces esperó… y esperó… y esperó. Cuba esperaba que el FBI arrestara a los terroristas. Sin embargo, sorpresivamente el FBI arrestó, el 12 de septiembre de 1998, a los hombres que actualmente se conocen como los Cinco Héroes Cubanos: los hombres que habían venido a Miami a infiltrarse en las organizaciones terroristas de los exiliados en Miami. Según El Nuevo Herald, a las primeras personas que se les avisó de los arrestos de los Cinco fueron los congresistas Lincoln Díaz Balart e Ileana Ros-Lehtinen, de Miami. Los Cinco fueron acusados de 26 cargos penales.

El arresto de estos hombres ha puesto de manifiesto el doble rasero de Washington en relación con su llamada guerra contra el terrorismo: guerra que el gobierno de Estados Unidos selecciona a la carta para combatir, diferenciando entre los terroristas que le gustan y los que no le gustan.

Los Cinco fueron puestos en confinamiento solitario durante los siguientes 17 meses, hasta el comienzo de los juicios. Los condenaron por varios cargos y recibieron las sentencias máximas posibles. A Gerardo Hernández le impusieron doble cadena perpetua y a Antonio Guerrero y a Ramón Labañino, a una cadena perpetua. Fernando González y René González fueron sentenciados a 19 y a 15 años respectivamente.

Los enviaron a prisiones de máxima seguridad en distintos puntos de este país y a dos de ellos se les han negado las visitas de sus esposas durante los últimos siete años, en violación de las leyes estadounidenses y del derecho internacional.

El 9 de agosto de 2005, un panel de 3 jueces de la Corte de Apelaciones publicó una decisión de 93 páginas que revocaba las condenas y sentencias, dictaminaba que los Cinco no tuvieron un juicio justo en Miami y reconocía la evidencia presentada por la defensa en el juicio, que revelaba las acciones terroristas perpetradas contra Cuba por los grupos de exiliados en Miami. La Corte de Apelaciones incluso citó en una nota al pie de página el papel de Luis Posada Carriles y se refirió correctamente a él como terrorista. El panel de tres jueces declaró que «una perfecta tormenta» de prejuicios impidió que los Cinco Cubanos tuviesen un juicio justo en Miami.

El Gobierno de Bush, a través de su Subsecretario de Justicia, presentó una apelación formal ante los 12 jueces del Onceno Circuito de Atlanta, y obviamente por deferencia a la inusual solicitud del Departamento de Justicia, el Tribunal de Apelaciones anuló la decisión del panel de tres jueces y acordó ver el caso en pleno.

El abogado Leonard Weinglass, quien representa a Antonio Guerrero dijo recientemente: «Los Cinco no fueron enjuiciados porque violaran la ley estadounidense, sino porque su trabajo puso de manifiesto a quienes lo hacían. Con la infiltración en la red terrorista que se permite que exista en la Florida, ellos demostraron la hipocresía de la proclamada oposición al terrorismo de los Estados Unidos.»


LA IMPUNIDAD DE LOS TERRORISTAS CONTINÚA

Mientras se estaba procesando a los Cinco en Miami, la campaña terrorista contra Cuba continuaba. En noviembre de 2000, Posada Carriles fue arrestado en Panamá junto con tres cómplices, antes de que pudieran llevarse a cabo el plan de volar un auditorio lleno de estudiantes en la Universidad de Panamá con explosivos C-4, donde el Presidente cubano Fidel Castro iba a pronunciar un discurso.

Los cuatro fueron condenados por un tribunal panameño, pero el 26 de agosto de 2004, en una de sus últimas actuaciones como Presidenta, Mireya Moscoso les dio el indulto en violación de las leyes panameñas.

Los tres cómplices, todos cubano-americanos, viajaron a Miami donde fueron recibidos calurosamente. Posada Carriles, que no es ni ciudadano de los Estados Unidos ni residente permanente legal, se dirigió clandestinamente a Honduras y comenzó a fraguar un plan para regresar al rincón del terrorismo: Miami.

En marzo de 2005, se dejó ver en Miami y solicitó asilo. Durante semanas vivió libremente en esa ciudad y hasta iba de compras al centro comercial, como él mismo proclamara en entrevistas a la prensa. Antes de que fuera detenido, Venezuela solicitó su detención preventiva con fines de extradición para enjuiciarlo en Caracas por los 73 cargos de asesinato de primer grado, relacionados con el sabotaje del avión de pasajeros en 1976.

Pero en vez de darle curso a la solicitud de extradición que pesa sobre Posada, el Departamento de Seguridad de la Patria se cruzó de brazos. Solo actuó cuando Posada convocó a una rocambolesca conferencia de prensa en Miami, el 17 de mayo de 2005, donde abiertamente alardeó de que el Departamento de Seguridad de la Patria ni siquiera lo estaba buscando. Los funcionarios del gobierno consideraron que no tenían otra alternativa que apresarlo. Fue detenido inmediatamente después de la conferencia de prensa y transportado tiernamente y sin esposas en un carrito de golf hasta un helicóptero que lo esperaba.

LA FARSA LEGAL

Posada fue acusado de entrada ilegal en los Estados Unidos y así comenzó la farsa legal diseñada para desviar la atención de la solicitud de extradición, que el Departamento de Justicia todavía no ha atendido.

Para librarse de la deportación, Posada primero alegó que todavía era residente permanente en los Estados Unidos. Como alternativa, solicitó asilo y protección para no ser trasladado, en virtud de la Convención contra la Tortura (CCT).

Aunque es cierto que había sido residente permanente en los años sesenta, hace tiempo que Posada abandonó esa condición. El se ha pasado los últimos casi cuarenta años viviendo y matando en el extranjero. Debido a su largo currículo de terrorismo, por definición jurídica, él no clasifica para obtener asilo. Por tanto, solo le quedaba como única posibilidad de ser amparado por la Convención internacional contra la Tortura.

Durante esta pirueta administrativa migratoria, presenciamos uno de los episodios más vergonzosos que hayan protagonizado los abogados de la agencia de Inmigración. Manipularon el caso de inmigración de tal manera que garantizaron que Posada fuera amparado por la Convención contra la Tortura.

Posada convocó a un solo testigo en su caso de inmigración. Un mal llamado especialista sobre Venezuela quien testificó que según su opinión de experto, Luis Posada Carriles sería torturado si regresaba a Caracas. El testigo afirmó que Venezuela tortura a los presos y que este «inmigrante indocumentado» seguramente sería torturado si tendría que regresar a Caracas. El «testigo» era nada más y nada menos que Joaquín Chaffardet: amigo, socio empresarial y abogado de Luis Posada Carriles en Venezuela. Chaffardet también había sido jefe de Posada en la tenebrosa policía política venezolana, la DISIP, a principios del decenio de 1970. Un hombre que ha estado al lado de Posada durante los últimos cuarenta años. ¡El Departamento de Seguridad de la Patria ni siquiera cuestionó a ese sujeto! El abogado del Departamento de Seguridad de la Patria ni siquiera presentó evidencia para desenmascarar a este testigo que pretendía ser un experto desinteresado. Abunda la evidencia de que Chaffardet está parcializado a favor de su amigo, socio y cliente, pero los abogados del Servicio de Inmigración jamás se la mostraron al juez. La única «prueba» de que Posada sería torturado en Venezuela la proporcionó el testimonio contaminado de un testigo que estaba tan obviamente parcializado, Joaquín Chaffardet, que hasta un niño habría podido demostrarlo. Fue esta una transparente violación de la fiscalía del Servicio de Inmigración para ayudar a Posada.

La táctica de la fiscalía funcionó. El Juez de Inmigración William Abbott acreditó el testimonio de Chaffardet como creíble y determinó que, a raíz de ese testimonio, había una «clara probabilidad» de que Posada sería torturado si era deportado a Venezuela. Emitió una orden de deportación contra Posada, pero con la advertencia que no podía ser expulsado a Cuba o a Venezuela donde pudiera ser torturado. De esa manera cínica el torturador, Luis Posada Carriles, recibió el amparo de la Convención contra la Tortura.

Posteriormente, el Servicio de Inmigración declinó apelar la decisión del Juez Abbott y anunció que abría una búsqueda para encontrar un tercer país que lo acogiera.

Unos meses antes, el Departamento de Seguridad de la Patria había apelado la decisión de un Juez de Inmigración en Miami de otorgarles el amparo de la Convención contra la Tortura a dos oficiales venezolanos, acusados en Caracas de hacer estallar explosivos ante el consulado colombiano y la embajada española. En aquella apelación, el mismo abogado del Servicio de Inmigración que litigó el caso de Posada, argumentó que no existía evidencia de que en Venezuela se torturara a los presos. Ahora, en el caso de Posada, el Departamento de Seguridad de la Patria asumió una posición totalmente distinta. ¿Por qué? Saque la cuenta usted.

LA PAPA CALIENTE SIGUE EN LA MANOS DE EEUU

Ya han pasado más de seis meses desde que se tomara la decisión de inmigración. Como se han negado hasta ahora a ejecutar la orden de extradición en el Caso Posada (que Venezuela ha solicitado en numerosas ocasiones), el gobierno de Estados Unidos tendría que ponerlo en libertad o declararlo un peligro para la comunidad.

En una carta enviada a Luis Posada Carriles, con fecha del 22 de marzo de 2006, se le comunica que la Agencia de Inmigración Departamento de Seguridad de la Patria decidió mantenerlo detenido «por ahora», y explica las razones.

La carta dice que Posada tiene un «largo historial de actividades delictivas y violencia donde murieron civiles inocentes». Su liberación de la detención, le dice Inmigración a Posada, «representaría un peligro tanto para la comunidad como para la seguridad nacional de los Estados Unidos».

Para apoyar su decisión interina de mantenerlo detenido, el Servicio de Inmigración cita la solicitud de extradición pendiente de Venezuela contra Posada y el hecho de que Posada se escapó de una prisión venezolana, cuando aún tenía pendiente un juicio por el sabotaje del avión de pasajeros en 1976. «Su pasado también incluye la fuga de una prisión venezolana, la cual se logró después de varios intentos en que se emplearon amenazas de fuerza, explosivos y subterfugios», informa Inmigración en la carta al reo.

La carta luego cita las propias declaraciones de Posada que lo vinculan a la «planificación y coordinación de una serie de atentados terroristas en hoteles y restaurantes ocurridos en Cuba… en 1997». Estos sabotajes trajeron como consecuencia el asesinato de un turista italiano y heridas a varios otros. El Servicio de Inmigración también menciona la condena que recibió Posada en Panamá por «delitos contra la Seguridad Nacional», refiriéndose explícitamente a su intento de asesinar al Presidente cubano Fidel Castro en el 2000 con explosivos C-4, mientras el mandatario se reuniera con centenares de estudiantes.

De modo que ¡al fin el gobierno de Estados Unidos reconoce que Posada es malo! Sin decir la palabra que han tratado de esquivar desde el principio, el Servicio de Inmigración lo describe como un terrorista.

Son sus propias leyes las que obligaron a los Estados Unidos a admitir que Posada es un terrorista. Aunque está claro que Washington no desea extraditarlo a Venezuela, no le es prudente liberarlo. El único modo de mantenerlo detenido sin una solicitud de extradición es que el gobierno dictamine que él es un peligro para la comunidad.

El caso de extradición no ha desaparecido. Está ahí, aún muy vigente. A menos que Posada sufra un infarto y muera en prisión, llegará el momento en que la ley obligue al gobierno de Estados Unidos a que dé curso a la solicitud del gobierno venezolano. Muchas personas piensan que el fallo del Juez Abbott, cuando decidió que Posada no fuera deportado a Venezuela, se refería a la solicitud de extradición de Venezuela. No es así. Los fallos de extradición prevalecen sobre las decisiones de inmigración.

Además, aun si la Secretaria de Estado, Rice, decidiera a su discreción no extraditar a Posada, los tratados y convenciones firmados por el gobierno de Estados Unidos en el pasado obligan a este país a enjuiciarlo por el sabotaje del avión en los Estados Unidos: irónicamente un país donde sí existe amplia evidencia que se torturan a los presos.

EEUU ESTÁ OBLIGADO A CUMPLIR LA CONVENCIÓN DE MONTREAL

Repasemos lo que establece la Convención de Montreal sobre la Aviación Civil, en su Artículo 7:

El Estado Contratante en el territorio donde se encuentre al presunto delincuente, si no lo extradita, está obligado, sin excepción de ninguna clase y aunque el delito haya sido cometido o no en su territorio, a presentar el caso a sus autoridades competentes a los fines de que sea procesado. Esas autoridades tomarán su decisión de la misma manera que en el caso de cualquier delito ordinario de índole grave, a tenor de las leyes de ese Estado.

El Artículo 7 de la Convención de Montreal no le permite discreción a los Estados Unidos para simplemente declinar la extradición de Posada. Tiene que extraditarlo o enjuiciarlo en los Estados Unidos por los 73 cargos de asesinato de primer grado en relación con el sabotaje del avión civil. Deportarlo a un tercer país no es una opción, ni tampoco lo es dejarlo en libertad en la comunidad. Si no lo extradita, los Estados Unidos lo tienen que enjuiciar dentro de su propio territorio.

La historia del CU-455 reclama a gritos que el pueblo estadounidense la escuche. Si supiera la verdadera historia de cómo esas 73 personas fueron asesinadas a sangre fría por terroristas a quienes el gobierno de Estados Unidos prefiere proteger en vez de enjuiciar, el pueblo no permitiría la impunidad.

Pocas personas en este país saben que Orlando Bosch fue liberado de la custodia de inmigración por el Presidente George Bush (padre) en 1990, y que él actualmente se sienta en el estrado cuando el Presidente Bush (hijo) pronuncia discursos en Miami. El abogado de Bosch, quien resulta ser el nieto del dictador Fulgencio Batista, fue nombrado hace cuatro años por Jeb Bush al frente del Tribunal Supremo de la Florida.

La suerte de los Cinco Cubanos está en las manos de 12 jueces, pero los jueces deberían estar bajo el escrutinio de la opinión pública. A pesar de sus mejores esfuerzos, los estadounidenses todavía no saben quiénes son los Cinco, ni por qué fueron a Miami. Es importante que ustedes cuenten la historia de los Cinco: para que se sepa la razón por la que están presos estos hombres sacrificados y valientes: que se sepa que los Estados Unidos enjuician y condenan a los antiterroristas y, sin embargo, albergan y protegen a terroristas.

Está en manos del pueblo estadounidense detener la impunidad y depende de ustedes garantizar que el pueblo estadounidense sepa la verdad sobre estos casos y este gobierno. Depende de ustedes que la verdad sobre Cuba y sobre Venezuela le llegue a los oídos y a la conciencia del pueblo estadounidense.

El gobierno estadounidense dirige una guerra hipócrita contra el terrorismo, mientras abriga y recompensa a los terroristas de su preferencia. Washington le lee la cartilla a los demás sobre la defensa de los derechos humanos. Sin embargo, bloquea a Cuba y utiliza el hambre como un instrumento de su política exterior para tratar de rendir por hambre a 11 millones de personas.

No podemos quedarnos tranquilos mientras el gobierno de Estados Unidos bloquea e invade países que jamás lo han atacado; mientras tortura a sus prisioneros y les toma fotografías como si las víctimas fueran curiosidades y no seres humanos; mientras les espía a los estadounidenses sin orden judicial y pisotean los derechos civiles de sus ciudadanos con una ley cuyos autores osaron titular «Patriótica».

En 2002, Washington ayudó a organizar un fracasado golpe de Estado contra el gobierno elegido democráticamente en Venezuela, con vistas a instalar a un típico gobierno títere en Caracas. Gracias al pueblo venezolano, el golpe de Estado fracasó y el Presidente Chávez fue restaurado en el cargo.

El bloqueo contra Cuba no funcionó, ni tampoco funcionó el golpe de Estado en Venezuela. Cuba y Venezuela son ahora más fuertes que nunca.

Las políticas internas y externas del gobierno de Bush han despertado por todo este continente a un gigante que estaba somnoliento y silencioso. Y sí: América es un continente y no dos, como algunos libros de texto estadounidenses quisieran hacernos creer.

Estamos en medio de un nuevo movimiento social que está sacudiendo al Hemisferio desde el mismo centro. En el 30 aniversario del año más sangriento de la Operación Cóndor, presenciamos que los pueblos latinoamericanos rescatan a sus países de las garras del terror. Argentina, Uruguay, Venezuela, Brasil, Chile y Bolivia tienen gobiernos que responden a las necesidades de sus propios pueblos, y no a los intereses de las corporaciones estadounidenses. Otros países en breve los seguirán. Este es un año de elecciones en América. Los pueblos de América Latina están retomando las riendas de sus gobiernos.

Ya es hora de que el pueblo de los Estados Unidos haga lo mismo.

*José Pertierra es abogado que ejerce en Washington, D.C. Él representa al gobierno venezolano en el caso de extradición de Luis Posada Carriles.



[1][1] La fecha es un error del periodista. En el sabotaje al avión cubano frente a las costas de Barbados murieron 73 personas, el 6 de octubre de 1976.

[2][2]Se refiere a la reunión secreta, que tuvo lugar en Santo Domingo el 11 de junio de 1976, y en la que se creó el Comité de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU), que se atribuyó el atentado contra el avión cubano.

Traducida por el equipo de Cubadebate.