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La imputación de la hermana del Rey «brevísimo», la primera autoridad del Estado

Fuentes: Rebelión

El magistrado encargado del proceso de instrucción en el juicio por el caso Nóos reafirmó ayer su decisión de imputar a la infanta Cristina. En el auto, el juez asegura que «hay sobrados indicios de que doña Cristina de Borbón y Grecia ha intervenido, de una parte, lucrándose en su propio beneficio y, de otra, […]

El magistrado encargado del proceso de instrucción en el juicio por el caso Nóos reafirmó ayer su decisión de imputar a la infanta Cristina. En el auto, el juez asegura que «hay sobrados indicios de que doña Cristina de Borbón y Grecia ha intervenido, de una parte, lucrándose en su propio beneficio y, de otra, facilitando los medios para que lo hiciera su marido». El juez considera la participación de la infanta necesaria en los delitos fiscales que imputa a su marido, Iñaki Urdangarín.

Isaac Asimov y Martin Gardner solían recordar la paradoja del Dios omnipotente y la fuerza indestructible. ¿Podría esa omnipotencia divina dar cuenta hasta la destrucción de una fuerza que se suponía indestructible? No, no podría. Consiguientemente, un mundo con esas dos aristas -omnipotencia, indestructibilidad- resultaba inconcebible. Ni existía ni podía existir.

En el mundo de la lógica terrenal, rigen otros criterios. La fuerza, tenacidad y honestidad del juez Castro (¿tendrá algo que ver su apellido con todo ello?) ha podido con lo que parecía el poder indestructible de los dioses y el establishment borbónico: la hija del ex Rey Borbón, la hermana del actual Rey, la hermanísima de la primera autoridad del Estado, miembro destacado y publicitado hasta hace relativamente poco de la Casa Real (¿recuerdan las hermosas pompas que acompañaron su boda en la Catedral de la millor botiga del món y sus permanentes contactos con sectores guapos de la burguesía emprendedora catalana?), la hija de doña Sofía «todo-seguirá-igual», la duquesa de Palma, la esposa del también imputado don Iñaki Urdangarin, doña Cristina Federica Victoria Antonia, de la Santísima Trinidad de Borbón y Grecia por si faltara algo, a punto de cumplir sus primeros cincuenta años, ha sido imputada. ¡Imputada! Por delito fiscal y blanqueo de dinero. Nada menos.

Imputada, no condenada. Por supuesto… pero imputada. Por primera vez en la larga historia española de los Borbones, 75 años después de finalizada la primera fase de la guerra civil (luego vino más muerte y mucha destrucción), 39 años después del fallecimiento del dictador golpista, el mismo que ubicó a su padre en un máximo de la función «trayectoria de las clases dominantes», en el puesto y las coordenadas de ordeno y mando. El magistrado encargado del proceso de instrucción ha reafirmado, pues, su decisión de imputar a doña Cristina. En el auto, asegura que «hay sobrados indicios de que doña Cristina de Borbón y Grecia ha intervenido, de una parte, lucrándose en su propio beneficio y, de otra, facilitando los medios para que lo hiciera su marido». El juez considera la participación de la infanta necesaria en los delitos fiscales que imputa a su marido, Iñaki Urdangarín.

Sea como fuere, como no podía ser de otra forma, las preguntas se van agolpando poco a poco:

¿Desconocía su padre, el que fuera hasta pocos días primera autoridad del Estado, los tejemanejes de su hija y yernísimo? ¿Alguien puede seguir creyendo en un cuento de esta naturaleza inverosímil? ¿Alguien pretende que sigamos creyendo en ello?

25 posibles delitos de don Urdangarin, el yerno del ex Rey, el marido de la hermana, al frente del Instituto Nóos, ¿no son muchos delitos?

¿La Infanta Cristina estaría ahora imputada si hubiera sido aforada? ¿Alguien apuesta por ello?

¿Por qué desde altas instancias institucionales, políticas, mediáticas e incluso judiciales se ha calificado la instrucción de esta «Pieza Separada» como excesivamente larga? ¿Por qué, de dónde ese excesivamente?

¿Un fiscal Anticorrupción, que opere como tal, debe recurrir la imputación de doña Cristina? ¿Es razonable y prudente que Pedro Horroach, el fiscal anticorrupción en cuestión, manifieste ya su intención de recurrir la imputación? ¿Cree de verdad que «sigue sin existir ningún elemento» que justifique la imputación?

¿La infanta Cristina ha sido tratada de manera «injusta» por ser quien es», como se ha lamentado el fiscal? ¿No habría imputación en cualquier otro caso?

¿No es más que sintomático, incluso brilla con luz propia, aquellas declaraciones del ex presidente de les Illes sobre quién iba a negar algo al yerno e hija del Rey de España?

¿Y su hermano, desconocía su hermano todos los nudos de la creativa economía emprendedora de su hermana? ¿No sabía nada? ¿Entre hermanos de la realeza no se cuentan sus cosas?

¿No llegarían a pensar que el patio era suyo, en exclusiva, y que podían hacer lo que les viniese en gana, sin límite ni control y con el apoyo de las grandes instancias??

¿Y el señor Fainé, ignoraba el señor Fainé los singulares procedimientos económicos seguidos por una de sus empleadas más conocidas?

¿Desconocían en ESADE lo que antiguos alumnos y ex profesores se traían entre manos desde hacía algún tiempo?

¿No sabían nada, nada de nada, nadie sabía nada de nada más allá de don Torres t señora, Urdangarin y señora? ¿Top secret?

¿Estaría también en la cocina de sus intervenciones creativas el que busca con total desesperación un rápido aforamiento?

I don Miquel, què dirà ara don Miquel Roca i Junyent? ¿Cuál será la estrategia de la defensa de uno de los Padres de nuestra actual Constitución? ¿Se comete injusticia -¡no me lo puedo creer!- con la borbónica ejecutiva de la Caixa?

¿Que no hay base para la imputación? Vale, vale, será eso.

Don Miquel se las sabe todas, tiene buen ojo y mejor cerebro. No en balde fue miembro de la ponencia constitucional. ¡Danzad, malditos, danzad, viene don MR!

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.