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La investidura de Pedro Sánchez en clave catalana

Fuentes: La Marea

La investidura de Sánchez y el futuro de un nuevo ejecutivo se enfrentan a muchas dificultades. Si la legislatura se alarga, será difícil avanzar en políticas sociales; pero si se acaba de forma abrupta, el peligro de que la extrema derecha se haga con las instituciones políticas del Estado será una realidad.

Los resultados electorales delineaban un único camino para la investidura. Era un camino repleto de trampas, cantos de sirena y bifurcaciones que no conducían a ningún lugar. Pedro Sánchez, quien desde el principio afirmó que habría un nuevo gobierno de coalición, ha mantenido una tenacidad digna del héroe de Virgilio, sin dejarse perturbar por las amenazas de jueces, militares y expresidentes con complejo de semidiós.

La España invertebrada, epíteto al que aludía Ortega para referirse a esas dos Españas contrapuestas, brilla ahora con intensidad. Es irónico que el salvador de Sánchez haya terminado siendo Carles Puigdemont, pero, ciertamente, nada une más que la mutua necesidad. Pedro Sánchez necesitaba los votos para seguir gobernando, y Carles Puigdemont necesitaba reconocimiento público y un salvoconducto para volver a la palestra. Ambos actores han logrado, por el momento, sus objetivos.

¿Qué significan la amnistía y la legislatura para Catalunya?

Este gobierno comenzará a andar el viernes con el respaldo de 179 diputados de los 375 posibles, si nadie se equivoca al darle al botoncito o si no surge ningún otro imprevisto. Siete diputadas separan una España de la otra; seis si quitamos la diputada de Coalición Canaria, a la que poco le importa a quién votar si al final del día puede acabar cobrando la factura. Mientras una España agita el águila imperial por la noche ante la sede de Ferraz al grito de “Puigdemont, a prisión” y “Sánchez maricón”, la otra, que se reivindica demócrata y plurilingüe, empuja hacia la regeneración, otro término maldito en la historia de España, más aún cuando es precisamente Catalunya quien lidera esa “otra” España.

Catalunya (48) es la segunda comunidad autónoma con más representación en el Congreso de los Diputados después de Andalucía (61). Del total, 40 de los 48 diputados y diputadas catalanes votarán a favor de la investidura de Pedro Sánchez, siendo, de lejos, la comunidad autónoma que más apoyos recaba. Esto, claro, exceptuando al País Vasco, que es, junto con Navarra, las únicas CCAA en las que VOX no obtuvo ningún escaño. Tanto para unos como para otros, la amnistía, piedra roseta de la legislatura, es el principio de una etapa y el comienzo de otra.

La amnistía puede servir para abrir ventanas y ventilar un poco las instituciones, especialmente la gran casa judicial, que no dejará de revolverse en sus lamentos. Porque sí, la amnistía es una enmienda al poder judicial, salga o no salga escrita la palabra lawfare. En el horizonte, pero todavía muy a lo lejos, se sitúa el Tribunal Constitucional. Catalunya no se fía del tribunal de mayor rango del Estado, y el recuerdo de la sentencia del Estatuto despierta sudores fríos entre la población, especialmente entre la población no independentista. Saben que si no funciona este enésimo intento de encaje de Catalunya en España, no serán los independentistas los más decepcionados, sino aquellos que desde la izquierda creen en el sueño de Pi i Margall y de Federica Montseny. Aquí todos persiguen su utopía.

Una legislatura altamente turbulenta

Sueños aparte, el estado actual de la política no da para tanto. La legislatura podría acabar en una semana, si, por ejemplo, Junts per Catalunya decidiera que la verdadera línea roja es la reducción de la jornada laboral explícita en el acuerdo entre el PSOE y SUMAR. No es baladí recordar que esta coalición de investidura, multicolor e ideológicamente distante, deberá acompañar al PSOE en la aprobación de los presupuestos y garantizar un mínimo de seguridad legislativa al gobierno.

Si la legislatura se alarga, significa que reinará cierta estabilidad y se impondrán unos consensos mínimos entre los distintos partidos que auparon a Sánchez al segundo mandato, por lo que difícilmente habrá grandes avances en materia social. Sin ir más lejos, el PNV y Junts per Catalunya no aprobarán alegremente la Ley de la Vivienda, si esta es realmente ambiciosa.

Además de la dificultad de encajar distintas sensibilidades en una misma agenda, el ejecutivo también tendrá que lidiar con la ya complicada relación fratricida entre ERC y Junts per Catalunya, que se irá calentando más y más teniendo en cuenta el calendario electoral (en junio de 2024 se celebran las elecciones al Parlamento Europeo, y en febrero de 2025 las elecciones al Parlamento de Catalunya). En Catalunya se da un interesante fenómeno en los últimos tiempos: a nadie le interesa la política catalana. La política catalana se juega desde ya hace años en clave española, que bien se concibe en términos de antagonista o de salvador. Para los independentistas más convencidos de su propia verdad ahora ha salido cruz, e intentarán entorpecer este nuevo puente entre naciones.

Pero la política institucional no acostumbra a avanzar en base a sueños, sino a acuerdos pragmáticos. Y nada más pragmático que una ley que no sólo restituye parte del valor moral de la población catalana al culpar la reacción político-judicial del Estado, sino que viene acompañada de un billete de vuelta a la política a los dos principales líderes del independentismo, Carles Puigdemont y Oriol Junqueras.

El calendario de la investidura

Miércoles 15 de noviembre: durante el inicio de la sesión de investidura, Sánchez expondrá sin restricciones temporales su programa ante la Cámara. Los partidos tendrán intervenciones de 30 minutos para replicar la propuesta; el candidato podrá responder y habrá una contrarréplica por parte de los partidos.

Jueves 16 de noviembre: conclusión de las intervenciones y realización de la primera votación, la cual se anticipa exitosa, ya que Sánchez cuenta con el respaldo de 179 diputados, tres más de la mayoría absoluta.

Sábado 18 de noviembre: en caso de fracasar la investidura, se llevará a cabo la segunda votación, programada para este día, es decir, 48 horas después. En este escenario, se requerirá una mayoría simple, con más votos a favor que en contra.

Domingo 26 de noviembre: en caso de que la segunda votación resulte infructuosa, los partidos tendrán un calendario sumamente ajustado para un tercer intento de investidura. La legislación establece el 26 de noviembre como la fecha límite para investir a un presidente, marcando así dos meses desde la primera votación de la primera sesión de investidura.

Este artículo ha sido publicado originalmente en ‘Catalunya Plural’.

Fuente: https://www.lamarea.com/2023/11/14/la-investidura-de-pedro-sanchez-en-clave-catalana/