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La niña, el maestro y el 8 de marzo

Fuentes: Rebelión

Durante el recreo, en uno de los tantos colegios públicos de España, Marta una niña de diez años junto con otros compañeros y niñas de su edad, hablan de la huelga de mujeres que el 8 de marzo, día «Internacional de la Mujer», se convoca en muchos países entre ellos, en el nuestro. En un […]

Durante el recreo, en uno de los tantos colegios públicos de España, Marta una niña de diez años junto con otros compañeros y niñas de su edad, hablan de la huelga de mujeres que el 8 de marzo, día «Internacional de la Mujer», se convoca en muchos países entre ellos, en el nuestro. En un momento de la charla , una compañera comenta que en su casa le han dicho que el feminismo, que es quien organiza la huelga, es una manera de no respetar a los hombres ya que solo quiere que las mujeres manden. Marta, responde a su compañera que eso no es feminismo, que en su casa la han engañado y que precisamente lo de mandar es lo que hacen muchos hombres hacia las mujeres. Se monta un revuelo de voces que demanda la presencia de la maestra, que ese día vigila el recreo. Ante la pregunta de por qué tantas voces, le cuentan la conversación que tienen. En ese momento, el timbre del centro anuncia el final del recreo, con lo cual el patio queda vacío y las niñas y niños se van hacia sus respectivas aulas.

Marta, entra en el aula y le dice a su maestro lo ocurrido, con el ánimo de que les explique, a su vez, la huelga. Llega a su casa cariacontecida y preocupada porque el maestro no les hizo mucho caso, diciéndoles que no iban a entender nada y que se dedicaran a estudiar. Le pareció que esa respuesta no era la más correcta, ya que podría haber explicado un poco el porqué de la huelga. Sus padres la escuchan y le quitan importancia diciéndole que, tal vez, en la escuela no haya mucho tiempo para comentar eso a los niños y a las niñas. Pero, ellos se lo van a explicar.

Hija, dice su madre, el feminismo, que busca la igualdad entre mujeres y hombres, dicho, así, en general y para que no te rompas la cabeza, no tiene buena prensa, tiene muchos enemigos y también entre algunas mujeres es cuestionado. Dicen de él eso que tu compañera oyó en su casa: que es odio a los hombres y además que es intolerante y extremista. ¿ Lo es?, pregunta la niña; no, no lo es, responde su madre. Lo que no quiere decir que haya casos de intolerancia, como la hay en otros lugares y otras actuaciones. No es el poder de la mujer sobre el hombre, es precisamente, no consentir lo opuesto. Pero, es más, mucho más.

¿Comprenderás, lo que voy a decirte? Sí, mamá y si no te lo pregunto. Bien, seré breve. Las mujeres tenemos que saber la importancia que tuvo y tiene el feminismo en las conquistas de nuestros derechos y nuestras libertades. Nosotras, ahora, no estamos tan sometidas al hombre como estuvieron, en otros tiempos nuestras abuelas, tanto en el trabajo como en el hogar. Sin embargo, no cantemos victoria, ya ves lo que te dijo ese niño de tu colegio que le dijeron en su casa.

Escucha, las mujeres, hace años, no votábamos; no podíamos divorciarnos. No se hablaba de derechos de la mujer, teníamos que callar a todo lo que el hombre nos decía e imponía. Antes, el Estado y la Iglesia, sobre todo esta última, decidían lo que teníamos que hacer las mujeres. ¿ Me sigues? Sí, pero una pregunta ¿Ahora ya no deciden el Estado y la Iglesia? Bueno, aún hay que seguir luchando y tú, que ahora tienes diez años, tendrás que continuar nuestra lucha, porque me parece que el «hombre» no va a dejar sus privilegios; aunque sí hay muchos de ellos, que están de nuestro lado.

¿Tú las apoyas, papá?, preguntó a bocajarro Marta, su padre que escuchaba atento a su compañera, miró a su hija y dijo: claro, sin duda. Pues, a veces, mamá te llama machista, ¿por qué? Bueno…, hija, a veces tengo algún ramalazo, pero procuro que no ocurra. Eso, es bueno, le responde su hija con una mueca de complicidad hacia su madre.

¿Y la huelga por qué es, mamá? Es para luchar a favor de lo que te digo: que los hombres no nos vean como «seres-objeto»; no somos ciudadanas de segunda. Tenemos derechos y somos personas libres para decidir por nosotras; tenemos que cobrar en el trabajo el mismo salario que nuestros compañeros. Tiene que acabarse la violencia de género y los asesinatos de mujeres. En el hogar, nuestros compañeros no tienen que «ayudar», sino tienen que asumir que es tarea también de ellos el trabajo de la casa, así como el cuidado de los hijos e hijas. Por eso y mucho más, es la huelga este 8 de marzo.

Marta, pensó en la conversación con sus padres y decidió que al día siguiente iba a proponer a su maestro que hablase en clase del tema del 8 de marzo. Así, ocurrió. El maestro aceptó el «reto» y aprovechando que era la clase de lengua, introdujo el lenguaje inclusivo como derecho de la mujer a no sentirse discriminada y les dijo que tenían que reivindicar su visibilidad en el aula y en el patio de recreo, que ellas eran «alumnas», no «alumnos». Marta, ese día, llegó a casa muy contenta. Además, su maestro iría a la huelga.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.