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La organización Euskadi Ta Askatasuna se ha derrotado a sí misma

Fuentes: Rebelión

Para que una lucha de liberación nacional pueda tener éxito es imprescindible contar con la legitimidad popular. Y ésta sólo es válida si se basa en una causa justa y un proceder conforme a la Justicia y el Derecho (aquí, por cierto, en absoluto se pretende identificar Derecho con estado español, pero con atentados como […]

Para que una lucha de liberación nacional pueda tener éxito es imprescindible contar con la legitimidad popular. Y ésta sólo es válida si se basa en una causa justa y un proceder conforme a la Justicia y el Derecho (aquí, por cierto, en absoluto se pretende identificar Derecho con estado español, pero con atentados como el del pasado día 30 de diciembre en Barajas, ETA ayuda mucho a esa identidad, a menudo tan falsa). La autodeterminación del País Vasco y el socialismo son una causa justísima y son una poderosa fuente de legitimidad. La resistencia de años y años de lucha y sufrimiento, también. Pero el crimen destruye la legitimidad de la causa cuando no es imprescindible y más bien resulta del todo gratuito. A ETA le va a costar mucho tiempo recuperarse del daño que se ha hecho sembrando el dolor entre familias de trabajadores inmigrantes que, sin lugar a dudas, estaban en su derecho de ocupar plazas de aparcamiento en el aeropuerto que los conecta con su patria lejana. Desde el momento en que estamos ante una acción absurda, errónea, y que no sólo no conduce al pretendido fin legítimo, sino que da armas al enemigo, tratar a las víctimas como daños colaterales para explicar el asesinato es un insulto a los muertos, a sus familias y, en general, a la capacidad de pensar de la ciudadanía.

El bombazo no conduce a ninguna parte, y eso, más que nada, hace que sea totalmente imposible justificarlo en nombre de una causa justa. ¿Conduce a la autodeterminación? No. ¿Es el único medio posible, es el medio necesario para llegar al socialismo? Desde luego que no.

Los efectos de semejante barbaridad son bien distintos. Cuando parecía que la organización armada podía estar curándose de la legitimidad perdida y empezando a apostar por la importancia crucial de los medios pacíficos para sus fines políticos, en detrimento de los medios de guerra, sus estrategas mandan a la mierda de un bombazo la recuperación moral de años sin matar a nadie y meses de alto el fuego. Y echan por la borda la posibilidad de una interlocución mínimamente razonable con el gobierno español rompiendo las premisas mínimas de fiabilidad que se deben dar en cualquier proceso de este estilo.

Por si fuera poco, los doscientos kilos de explosivo de la T4 destrozan un discurso que se empezaba a recuperar levemente: los independentistas vascos tienen razones y hablan desde posiciones de Derecho y Democracia y, por tanto, puede que no sean un fenómeno antropológico, una mafia más. Pero ETA ha dilapidado su crédito como organización con la que se puede hablar porque siempre cumple lo que dice. Ha abandonado definitivamente la lucha por los derechos de su pueblo, es decir, por un verdadero estado de derecho, y se ha entregado al caos. Y el caos es precisamente el auténtico programa político de las fuerzas del capitalismo globalizador, que no dejan de aplicar tácticas a la estrategia de eliminar la ciudadanía, e instrumentalizar para siempre la democracia y lo que pueda haber de estado de derecho. ¿No se daban cuenta los dirigentes de ETA de que el enemigo no ha dejado de porfiar por el regreso de la lucha armada? El gobierno de España, con su patética inactividad política, dejando que el alto el fuego se pudriera a base de no hacer nada. El PP, representante del amplio facherío español y fuerza política de un neoliberalismo entusiasta, bombardeando todo el tiempo el presunto proceso de paz. Una buena parte de la judicatura, palanca cada vez más descarada de poderosos intereses, duplicando su agresividad para hacer todo el daño posible a los movimientos vascos de todo tipo que persigue.

¿No eran de esperar actitudes de ese estilo en los poderes españoles? Ya desde agosto, ETA da muestras de impaciencia. La organización se siente estafada por el PSOE, que no cumple con los compromisos adquiridos antes de la declaración de alto el fuego. Y se tensa la cuerda con calles ardiendo, tiros al aire en septiembre, robo de pistolas… ETA quería gestos del gobierno ya. Se apunta al pulso a cuenta de la negociación para dejar las armas. Pero.. ¿de verdad creen las cabezas pensantes de ETA que estaban, están o estarán en condiciones de negociar políticamente el alto el fuego? ¿Se lo han tomado como una táctica más para luchar por la autodeterminación y el socialismo? ETA ha demostrado seguir en una línea completamente errónea porque han pensado que podían realmente obtener resultados políticos para su país con la actividad armada que son capaces de practicar. Sin embargo, el único sentido que podía tener un alto el fuego es el de la búsqueda de un abandono de las armas lo antes posible para tomarse un respiro histórico y dejar la dirección de la lucha y las esperanzas democráticas en manos de la sociedad civil organizada.

El gobierno español de facto (o sea, quienes verdaderamente mandan en España) maneja mucho mejor los conflictos vascos con los crímenes de ETA deslegitimando una y otra vez las razones que sustentan las persistentes luchas sociales por la independencia y el socialismo. La perspectiva verdaderamente peligrosa, a estas alturas, para el statu quo español es la de un movimiento nacional de liberación vasco plenamente pacífico y democrático, con una fuerte implantación real en la sociedad civil. Es ahí donde inciden cuando, con leyes ad hoc y procesos judiciales del todo impresentables, ponen en práctica un descarado experimento neofascista y reducen el ámbito de libertades y la capacidad de acción no violenta de la sociedad vasca (y, de paso, del resto del territorio español, que no se olvide)… A esta estrategia ayuda mucho la oportuna presencia contaminante de ETA y el seguidismo vergonzoso de Batasuna a una vanguardia armada que ha perdido por completo la razón.

Así que el crimen de la T4 es la derrota definitiva que se ha autoinfligido ETA. ¿Cuál es su capacidad militar como para hacerle daño al statu quo español? ¿Realmente no saben los generales de ETA que la muerte de dos inmigrantes ecuatorianos no sólo no les importa un carajo a los poderosos, sino que ha de ser absolutamente instrumentalizada por el enemigo? ¿Y que la destrucción del aparcamiento de la T4 es, ante todo, un elemento más de activación económica? ¿No se dan cuenta de que el sistema económico y social español se basa en la destrucción de gentes y recursos a una escala que jamás podrán emular con su dinamita robada y su amonal casero? En España, sólo en accidentes de trabajo, mueren tres veces más personas al año que todas los que ETA ha sido capaz de matar en su ya larga historia… Y no pasa absolutamente nada, porque el caos, la destrucción, la guerra… son la gasolina del sistema social y económico español.

La victoria militar de ETA es totalmente imposible. La estrategia del cuanto peor, mejor es un cagarro histórico en este instante de horrores y atrocidades sistemáticos. ¿No les dio que pensar a las mentes preclaras de la dirección etarra el atentado del once de mayo de 2004? Todo ese horror digerido simplemente con unas elecciones generales ganadas… ¡por el PSOE! ¿Autodeterminación? ¿Socialismo? Los efectos políticos de semejante atentado terrorista fueron apenas la retirada de las fuerzas españolas de Irak (para incrementar las de Haití, Afganistán, Líbano, etc.) y un gobierno que ya en nada se diferencia de los anteriores.

Pero aún se puede ir mas lejos si pensamos un poquito todo esto (lo que, desde luego, de ninguna manera han hecho las víctimas que decidieron bombardear la T4). La estrategia terrorista de provocar dolor en dosis perfectamente asimilables por un sistema que administra el dolor como una de sus principales fuerzas motrices, tiene su único sentido en conseguir que el estado español se siente a negociar. ¿Cómo se va a sentar a negociar si se acaban de destruir las reglas mínimas que hacen posible la negociación, dinamitando el alto el fuego sin previo aviso, sólo con vagas advertencias? ¿Cómo pretenden los dirigentes de ETA que los representantes del estado se sienten a negociar si acaban de tatuarse ellos solitos el sambenito de criminales que ni siquiera respetan la palabra dada? Lo peor es que estaban en condiciones que borrar ese estigma social que el enemigo les había logrado imponer con toda naturalidad tras años de errores brutales -por no decir algo peor-. Que existían condiciones para abandonar el camino imposible de la lucha armada de un modo no vergonzante y reforzador de los movimientos sociales no violentos. Y que podían haber aliviado bastante el infinito sufrimiento de los militantes, siempre dispuestos a entregarlo todo por la causa, sea la vida o la libertad; de los presos, que llevan años y años de lucha sorda en las cárceles; y de las familias y el entorno de las víctimas de la represión. A cambio del final definitivo de la actividad armada, no se podían descartar -y mucho menos tan pronto acuerdos para terminar con la dispersión y acelerar los terceros grados penitenciarios y las excarcelaciones, así como para garantizar la plena normalización política de las organizaciones de la izquierda abertzale.

¿Cuánto sacrificio (absurdo) van a exigir de ahora en adelante los héroes que dirigen ETA a todo su entorno? ¿Cuánto van a aguantar la izquierda abertzale, los familiares de presos, los sindicatos, el oprobio, la irracionalidad y el sordo sufrimiento en el que una táctica absurda los tiene sumidos? Ya va siendo hora de que los vascos recuperen fuerzas morales y políticas en su lucha nacional y dejen de seguir a los aprendices de gudari que no saben enterrar el hacha cuando es del todo inútil. ¿Cómo pueden seguir dejándoles la iniciativa a quienes demuestran actuar cegados por los sentimientos, sin ni pizca de razonamiento? ¿Es que eso es el carácter vasco, ser burros hasta el final y no pensar? Patético militarismo el que borra incluso hasta la posibilidad de un final épico y manda la lucha a un cadalso de vergüenza y horror.