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Palestina

La potencia ocupante da dos pasos adelante y uno atrás

Fuentes: Rebelión

El error del establishment israelí, el gobierno del derechista del Likud Netanyahu y del ‘centrista’ Gantz, general que actuó en la matanza de Gaza en el año 2014, fue anunciar a bombo y platillo que iban a comenzar a anexar partes de Cisjordania un día concreto, el 1 de julio.

Si hubieran hecho lo de siempre, no habrían levantado la liebre. Si hubieran hecho lo de siempre,  la ampliación de colonias; normalizar a otras, las denominadas por ellos mismos como ‘ilegales’; mantener la discriminación a los palestinos y sostener que los sionistas son víctimas de los habitantes de los bantustanes y por eso hacen carreteras exclusivas, les rodean con muros y les quitan la tierra y el agua y a los que se resisten les torturan, matan y aprisionan –aunque los daños colaterales son para los de siempre– no hubiera habido más que esas protestas de las diferentes cancillerías que no suponen ninguna penalización y podrían continuar impunes.

Desde 1967, para no entrar en otras fechas de la desposesión palestina, los diferentes gobiernos israelíes, laboristas de Peres y derechistas de Shamir, han ido invadiendo Cisjordania, incluyendo Jerusalén, sin ningún coste. Los espejismos de la conferencia de Madrid –donde no dejó que participase alguna misión palestina de forma explícita- y los Acuerdos de Oslo no pararon nuevas colonizaciones, mientras las protestas palestinas de los incumplimientos israelíes caían en saco roto. Por el contrario, Israel siguió avanzando en su normalización, como si no hubiera habido una conquista militar, apropiación de un territorio, desplazamiento de la población de la potencia ocupante en perjuicio de la originaria palestina. Y los refugiados palestinos sin volver, mientras que se mantenían las leyes israelíes de naturalizar como israelí a cualquiera que viniera de Madrid, Buenos Aires o Nueva York si decía que tenía ascendientes judíos.

Mientras, eso sí, se sucedían resoluciones de las Naciones Unidas o declaraciones de la Unión Europea y otros estados diciendo los tópicos de que tal nueva colonia, su legalización por parte de las autoridades de ocupación o la aplicación de normas que dibujan el apartheid israelí eran preocupantes, un obstáculo para la paz, etc. Los cónsules europeos para los territorios palestinos hacían o hacen informes anuales –que no se hacían públicos más allá de filtraciones- donde detallaban los crímenes israelíes y reclamaban acciones a sus gobiernos y a la UE en el sentido de que las actuaciones israelíes tuvieran algún tipo de penalización. Por supuesto, no se les ha hecho caso. Con lo que la impunidad y nuevos crímenes israelíes se reforzaban.

Y con esto, llegó la presidencia estadounidense de Trump y su cambio de discurso. Su apoyo a la causa sionista no necesitaba la hipocresía y cinismo habitual. Se va o reduce la contribución a organismos internacionales; corta la ayuda a la agencia de los refugiados palestinos y a la propia Autoridad Palestina y traza nuevos mapas de la colonización. El gobierno de coalición israelí aplaude la determinación estadounidense, espoleada por una corriente conservadora mesiánica evangelista, y da el paso de querer convertir en legal, los planes ya vislumbrados en Camp David, y apoderarse de un tercio de Cisjordania, sus acuíferos y tierras fértiles, antes de que pueda ocurrir un descabezamiento de Trump en este noviembre.

Pero el fijar una fecha, el 1 de julio, con sólo el apoyo de Estados Unidos, de forma explícita y no con la dosis homeopática digerible por las cancillerías y la opinión pública, ha impedido dar el paso adelante y han aplazado su estrategia de colonización.

Pero no la han abandonado.

Y, ahora, ¿con tantas declaraciones de gobiernos, parlamentos, relatores de las Naciones Unidas qué va a ocurrir?. Nos tememos que nada. Se volverá otra vez a mirar a otro lado y no se querrán ver las anexiones de facto que se han hecho y las que seguirán. Si fueran coherentes nuestros gobiernos, aún sin ésta última anexión, tendrían que poner sanciones graduales, prohibir el comercio con las colonias, eliminar el comercio preferencial con Israel, eliminar ciertas cooperaciones entre otras la militar y securitaria.

Dos pasos adelante, uno atrás y el sionismo sigue avanzando. Y, empresas como la española CAF, al tran tran se forrará con la ocupación y su tranvía entre la ocupada Jerusalén y las colonias próximas . Pero para ella, ¿conseguiremos parar su complicidad con la ocupación? ¿Con declaraciones de nuestros parlamentarios, incluyendo al PNV, y de nuestro gobierno PSOE-UP se parará su servicio a la potencia ocupante?

Santiago González Vallejo, Comité de Solidaridad con la Causa Árabe

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