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Líbano

La reconciliación distante

Fuentes: IPS

Con otra bomba en Beirut esta semana, la crisis política en Líbano parece cada vez más lejos de solucionarse. El papel de Egipto, mientras, se ha limitado a los llamados a la reconciliación nacional en línea con las resoluciones de la Liga Árabe. «El papel egipcio en Líbano es de un mero espectador», dijo a […]

Con otra bomba en Beirut esta semana, la crisis política en Líbano parece cada vez más lejos de solucionarse. El papel de Egipto, mientras, se ha limitado a los llamados a la reconciliación nacional en línea con las resoluciones de la Liga Árabe.

«El papel egipcio en Líbano es de un mero espectador», dijo a IPS el analista político Abdel-Halim Kandil, ex editor en jefe del semanario opositor Al Karama.

Por lo menos tres civiles murieron el martes en un atentado con bomba contra un automóvil de la embajada de Estados Unidos en Beirut. El ataque coincidió con la gira del presidente estadounidense George W. Bush por Medio Oriente.

Desde 2005, Líbano permanece estancado en una lucha de poder entre el gobierno apoyado por Occidente y al oposición encabezada por el movimiento de chiita pro-iraní Hezbolá (Partido de Dios).

La oposición, que incluye tanto elementos chiitas como cristianos, demanda una mayor participación en la toma de decisiones que la otorgada por el Acuerdo Taif de 1989, que puso fin a los combates entre las fuerzas cristianas y las musulmanas, y propuso un esquema de un gobierno con representación de los diferentes grupos.

El oficialismo, liderado por el movimiento 14 de Marzo, del parlamentario Saad Hariri, está unido en su rechazo a la influencia de la vecina Siria, que realizó un repliegue militar del territorio libanés en 2005.

A pesar de la falta de evidencia sustancial, el movimiento 14 de Marzo y sus aliados responsabilizan a Damasco de una serie de asesinatos de figuras de alto perfil libanesas en los últimos tres años.

Mientras, Hezbolá es apoyado tanto por Siria como por Irán. Aunque el movimiento ha sido calificado de «organización terrorista» por Estados Unidos e Israel, es ampliamente reconocido en el mundo árabe por su firme resistencia contra la ocupación israelí de territorios libaneses.

A fines de noviembre, el estancamiento alcanzó proporciones críticas luego de que expiró el mandato del presidente pro-sirio Emile Lahoud y ambas partes no lograron consenso sobre un sucesor. Bajo los términos del Acuerdo Taif, el jefe de Estado libanés debe ser cristiano maronita.

Desde entonces, la elección de un presidente ha sido postergada ya 12 veces debido a un estancamiento en el parlamento. El próximo intento está previsto para el 21 de este mes.

Al oficialismo le gustaría que el próximo presidente de Líbano implemente la Resolución 1559 del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas, que llama al desarme de todas las milicias, incluyendo al Hezbolá. Pero ese movimiento no está dispuesto a aceptar a un presidente pro-occidental que promueva un desarme.

Varias iniciativas diplomáticas han fracasado hasta ahora para resolver el estancamiento, incluyendo los esfuerzos de mediación de Francia a fines del año pasado. Muchos observadores temen que un vacío presidencial derive en la creación de dos gobiernos rivales o, en el peor escenario, en una guerra civil.

Ambas partes acordaron tentativamente el nombre del comandante del ejército Michel Suleiman como potencial candidato a presidente. Aunque la mayoría en principio se opuso a esa posibilidad debido a la amistosa relación de Suleiman mantiene con el Hezbolá, en diciembre moderó su postura.

Sin embargo, persisten grandes diferencias, incluyendo la demanda de la oposición de derecho a veto en el parlamento.

En una reunión de emergencia el 6 de este mes en El Cairo, los cancilleres de la Liga Árabe acordaron un plan de tres puntos destinado a romper el punto muerto. La iniciativa, propuesta por Egipto y Arabia Saudita, establece la elección inmediata de Suleiman como presidente, la formación de un gobierno de unidad nacional, en el que ninguna parte posea poderes de veto, y la adopción de una nueva ley electoral.

Significativamente, la propuesta fue apoyada por Siria, miembro de la Liga Árabe, y bien recibida por irán.

Tres días después, el secretario general de la Liga Árabe, Amr Moussa, viajó a Beirut, donde se reunió con líderes libaneses de las dos partes en un intento de persuadirlas de suscribir el plan.

«El tiempo se acaba y necesitamos salvar la situación», dijo Moussa, y añadió que Líbano se encontraba en una «etapa decisiva».

Moussa abandonó Beirut sin dar su apoyo a ninguna de las partes. Sin embargo, líderes de ambas facciones prometieron estudiar la propuesta y anunciar sus respectivas posturas en los próximos días.

El presidente egipcio Hosni Mubarak, además de dar su pleno respaldo al plan árabe, también alertó sobre las consecuencias de un fracaso.

«Egipto insta a todas las facciones en Líbano a implementar la propuesta para impedir la destrucción de su país», dijo el 13 de este mes, según la prensa estatal.

Pero muchos analistas sostienen que el papel diplomático de Egipto en Líbano, fuera del contexto de la Liga Árabe, es relativamente débil.

«El perfil de Egipto ha menguado en Líbano y en el resto de la región, mientras que la influencia diplomática de Arabia Saudita y de Irán se ha vuelto más prominente», señaló Kandil.

Bajo el liderazgo del presidente Gamal Abdel Nasser (1956-1970), «el papel de Egipto en Líbano era una fuerza considerable», añadió.

Por su parte, el analista Mohamed Abu al-Hadid, jefe de la imprenta estatal Dar Al Tahrir, que publica el periódico gubernamental egipcio al-Gomhouriya, también señaló que El Cairo ya «no tiene mucha influencia» en Líbano.

«Siria, Francia e Irán ahora tienen papeles más directos, pues todos cuentan con partidarios dentro del país», dijo a IPS.

http://www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=87187