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XV Cumbre Iberoamericana

La segunda colonización en los documentos de los gabinetes de estudios internacionales y geopolíticos

Fuentes: inSurGente

«La macroeconomía de la región va tan bien que este año hemos decidido dejar a los ministros de Hacienda y a los Gobernadores de Bancos Centrales trabajando en sus países y consolidando la recuperación. Por otra parte, tampoco nos acompañan otros invitados habituales: los grandes nombres de la inversión directa española en Latinoamerica. Y ello […]

«La macroeconomía de la región va tan bien que este año hemos decidido dejar a los ministros de Hacienda y a los Gobernadores de Bancos Centrales trabajando en sus países y consolidando la recuperación. Por otra parte, tampoco nos acompañan otros invitados habituales: los grandes nombres de la inversión directa española en Latinoamerica. Y ello no porque Latinoamerica les haya dejado de interesar. ¡Todo lo contrario¡ Ahora, cuando las cosas van bien -o muy bien- es cuando, quienes en los peores momentos apostamos por la región, podemos sacar pecho y decir aquello tan español de ¡ya os lo decía yo!». La frase, en negrita y cursiva en el original ofrecido por el Instituto Elcano, es de Francisco Luzón, presidente de la División América del Grupo Santander.

Luzón presentaba el curso «Latinoamérica en el siglo XXI: Democracia, mercados y prosperidad», el 5 de julío de este 2005, tres meses después de que en el otro extremo del planeta y de la vida, se produjera la revuelta de abril en Ecuador, a un mes de que la rebelión y el conflicto social en Bolivia desembocaran en la reivindicación de una Asamblea Constituyente, tres años y medío después del cataclismo argentino, en medio de un ciclo que ha transformado la correlación de fuerzas también en Venezuela, Brasil y Ecuador.

Latinoamerica: la realidad y el absurdo

Esta visión absurda que reproduce la ideología del «cuanto peor (por abajo), mejor (por arriba)» de la macroeconomía, forma parte de una mirada general a la economía latinoamericana, que no sólo separa el plano de la miseria microeconómica del plano de la riqueza macroeconómica y multinacional, sino también las políticas aplicadas en el pasado reciente de la bancarrota económica y social de hoy.

Los documentos de los grupos de estudios internacionales y geoestratégicos españoles, coinciden en separar y diferenciar cuidadosamente las medidas económicas impuestas a partir del consenso de Washington, de los últimos y convulsos cinco años.

El Grupo de Estudios Estratégicos, señala que las «carencias democráticas y económicas» de los Estados latinoamericanos, responden a problemas exclusivamente internos, y los presenta como coyunturales y no atribuibles al orden político y económico, y mucho menos a las imposiciones exteriores: «corrupción, instituciones poco apropiadas, escasa competitividad económica y tendencia al populismo» (Ángel Pérez, Latinoamérica: panorama estratégico, GEES, 9/7/04)

Según Ángel Pérez, «las reformas liberales se aplicaron con notables limitaciones, siendo incapaces de superar las redes clientelares y de corrupción preexistentes», eso sin explicar a qué países se refiere, ni qué papel por acción u omisión, habían jugado Estados Unidos y Europa.

Así, a pesar de que en la inmensa mayoria de los documentos se niega el paternalismo en la acción exterior española, la representación de Latinoamerica como una sociedad enferma y culpable de sus propias heridas, lleva impresa la «misión civilizadora», la democratización en este caso, que reproduce el viejo-nuevo sentimiento colonial.

De la depresión del 98 al desarrollismo colonial

«Hemos decidido», «hemos dejado haciendo a los ministros de Hacienda y a los gobernadores de los Bancos Centrales». No cabe duda que las élites españolas están recuperando el sentido colonial de la política exterior y de la estrategia empresarial.

«Yo, ni como empresario, ni como economista, puedo entender la transformación de la gran empresa española sin pensar en Latinoamérica; en México, en Brasil, en Chile, en Argentina…» Lo que en el fondo no quiere decir otra cosa que Latinoamerica no se concibe sin «la gran empresa española». Latinoamérica será con la empresa española o no será. ¿Una previsión, un deseo, una amenaza, o las tres?

La expansión de Repsol, Endesa, Grupo Santander, Unión Fenosa… en Latinoamérica, responde, además de a las cuestiones económicas, a un impulso histórico e ideológico, a la consideración de aquel territorio como el terreno que corresponde abarcar por alguna especíe de naturaleza, por historia, idioma y añoranza, a lo que se llaman «los intereses españoles».

Sobre esto, para el catedrático de Relaciones Internacionales Celestino del Arenal, lo que mueve las relaciones España-Latinoamerica «no son motivos estratégicos o de seguridad, ni siquiera económicos, aunque jueguen un papel cada vez más importante, sino razones fundamentalmente de identidad lingüística, cultural e histórica y de afinidad en todos los órdenes con América Latina»

Florentino Portero, colaborador del Grupo de Estudios Estratégicos, establece una relación, una diferencia y una evolución entre la crisis del 98 y el desarrollismo español de los últimos 30 años:

«Primero, la gran oleada consecuencia de la falta de poder real por efecto de las guerras napoleónicas. Después, el choque de intereses con Estados Unidos, la potencia emergente, que se resolverá con la pérdida de los últimos enclaves en el Caribe y el Pacífico. A estos hechos hay que sumar, para una mayor comprensión de lo que fueron los fundamentos de nuestra acción exterior, el sentido de fracaso colectivo consecuencia de la dificultad de dar estabilidad a un sistema político liberal y del atraso científico y económico»

Según Portero, en el siglo recorrido, los intereses españoles en política exterior, habrían pasado de la depresión y el «recogimiento», a dar un giro de 180º que le da al Estado español ficha en el tablero internacional, y que recupera una influencia que pasa por su papel en Latinoamérica, para su propio beneficio y como intermediaria con Estados Unidos y la UE.

«La defensa del estado de derecho y de economías saneadas se ha convertido en la base doctrinal para la consecución de una Comunidad Hispanoamericana viable, y en este terreno se ha producido, al cabo de décadas de desencuentro, una comunidad de intereses con la diplomacia norteamericana en la región. Un proceso paralelo a otro de enorme importancia para Estados Unidos y para el futuro de la diplomacia española: la consolidación de la comunidad hispana como la primera minoría nacional norteamericana…

Esta coincidencia de intereses en la región con la potencia norteamericana lleva a la realización de actuaciones conjuntas y a la generación de lazos de confianza que permiten a nuestra diplomacia acciones hasta ahora poco habituales, como la intermediación ante Estados Unidos en defensa de intereses de una república amiga. España ya no es sólo el puente entre Iberoamérica y la Unión Europea, también lo es, y cada vez más, entre los estados al norte y al sur del Río Grande» (Florentino Portero, España, entre Europa y América: un ensayo interpretativo, Letra impresa nº158, 1/10/2003)».

Expansión empresarial y usurpación diplomática

Es importante señalar, llegados a este punto, algunas engañifas del lenguaje que incluso aquí estaremos utilizando por inercia o necesidad. Hablar de «relaciones» a secas, entre America Latina y la vieja metrópoli, es lo que le permite por ejemplo al catedrático Celestino de Arenal hablar de una especie de comunidad de intereses e ideosincrasia, en vez de referirse a la relación de explotación, incluso histórica y lingüística.

En este sentido, sobre dos premisas, la estrategia española en América Latina ha tejido su propia red de poder, influencia e intereses: la expansión empresarial y la explotación económica, por un lado; y por el otro, la usurpación político-diplomática mediante la política exterior que pretende impedir una voz única latinoamericana, y a la vez convertir a la voz española en mediador privilgiado de América Latina frente a las grandes potencias.

El asentamiento y crecimiento de las grandes corporaciones empresariales y financieras españolas en el ámbito latinoamericano, la apropiación económica de un territorio que sostenga los niveles de beneficio y los índices de crecimiento económico español, ha girado sobre la explotación de los recursos naturales, la invasión del mercado de consumo y el control del mercado financiero:

«Repsol YPF es el principal productor privado de petróleo y gas de la región; Endesa es el líder multinacional del sector privado eléctrico de América Latina; Dragados es el líder entre las concesionarias de infraestructuras de ransporte; Santander Central Hispano, que tiene la principal franquicia financiera en la zona en términos de beneficio neto atribuido, junto con el Banco Bilbao Vizcaya Argentaria, acumulan más del 23% de los depósitos bancarios en el conjunto de América Latina, y más del 40% de los fondos de pensiones.

Con unas ventas de 8.600 millones de dólares y unas exportaciones de 1.900, las operaciones de Repsol YPF se colocaron en el tercer puesto, tras las plantas mexicanas de General Motors y Daimler-Chrysler. Ese mismo año, las ventas de Telefónica en América Latina alcanzaron el 57% de sus ventas totales y las de Repsol YPF el 25%.» (William Chislett, La Inversión Española Directa en América Latina: Retos y Oportunidades, Real Instituto Elcano, 2002)

La otra parte, el papel de sub-eje imperial, de cabeza de puente para Europa y Estados Unidos, permitiría a los intereses españoles tener su propio espacio de influencia en el sistema de relaciones internacionales, y jugar el papel y la carta del mediador, de juez y parte, en sus relaciones con los estados latinoamericanos.

«El peso de España en la UE, y no sólo en la UE, depende en buena medida del componente iberoamericano de su política exterior. Cuanto más intensos sean los lazos iberoamericanos, más se nos escuchará en Bruselas, en Washington, en los organismos multilaterales comenzando por Naciones Unidas y en cualquier parte del mundo» (La política española en América Latina: primar lo bilateral para ganar en lo global, Instituto Elcano, 2005)

Este aspecto es evidentemente mas frágil que el empresarial y financiero, que funciona mejor con la UE que con Estados Unidos, y que como tónica general es mas simbólico que real, salvo excepciones como la complicidad de las autoridades españolas durante el golpe de Estado en Venezuela, donde la diplomacia de Madrid se disciplinaría como peón avanzado de Washington.

Para Carlos Malamud, la diplomacía formal es insuficiente y son «los partidos políticos, las fundaciones, ONGs y otras asociaciones que pueden ir allí adonde los gobiernos no llegan. Por eso es importante que los principales partidos políticos españoles jueguen un papel esencial en la promoción de la democracia. La constitución del Observatorio Empresarial de América Latina, a instancias de Presidencia del Gobierno, es un paso en la buena dirección que implica una mayor coordinación de los diversos departamentos de la Administración que trabajan en la región».

Añade que, para reforzar la cooperación entre administraciones y empresas y «a fin de garantizar la seguridad de las inversiones, se podría sumar una representación del CNI (Centro Nacional de Inteligencia)»

Estados Unidos como problema

Los mecanismos para desarrollar realmente un papel que no está maduro -y que además se enfrenta con una imparable politización anticolonial y antiimperialista en todo el continente-, varía según las tendencias políticas de los analistas y estrategas de la política exterior. Y en este aspecto, Estados Unidos se presenta como problema.

Para los estrategas del neocon español, la alianza con Estados Unidos es el camino de todos los caminos, y su pérdida o deterioro es la vía directa al fracaso.

Para Florentino Portero, «el incremento de su peso político en Europa y el vínculo establecido con Washington nos proporcionaban una «autoridad» que se expresaba en una más eficaz defensa de nuestros intereses. Ese extra de «autoridad» ya se ha perdido, como Repsol ha podido comprobar. Nuestro gobierno y empresas sufrirán «tanteos» para medir su capacidad de reacción y tras ellos llegarán las presiones. También podemos dar por perdida la capacidad de actuar ante Washington en defensa de gobiernos latinoamericanos amigos. Ésta ha sido una de las vías más importantes para ejercer nuestra influencia en la región, que se pensaba reforzar estando más presentes tanto en las comunidades hispanas en Estados Unidos como en el Capitolio» (Florentino Portero, Trazos de una política exterior, en Letra Impresa

Para otros como Celestino de Arenal, si bien no se cuestiona de manera explícita el liderazgo estadounidense, las intervenciones de Washington en América Latina han supuesto un obstáculo para las «ambiciones» españolas, «cuando España ha tratado de desarrollar una política activa, como sucedió en el plano estratégico-político en los años ochenta respecto de Centroamérica».

Para de Arenal, la independencia de la política española en América Latina se resiente a partir de 1996, «con la llegada al Gobierno del Partido Popular», que a partir de 2001 varía en tres puntos la política en América Latina: cambio del organigrama institucional, mayor dependencia respecto a Estados Unidos, y en esta línea, giro pronorteamericano respecto a Cuba.

Para el analista, la dependencia de Estados Unidos no se considera positiva para España como «potencia media»: «ni para los intereses políticos, económicos y culturales españoles, no siempre coincidentes con los de EEUU, ni para la afirmación de las dos dimensiones más importantes de la política latinoamericana. La iberoamericana, que prescindía de EEUU y otorgaba a España un papel de liderazgo en el seno de la Comunidad Iberoamericana, y la europea»

Latinoamerica en fragmentos y segmentos

En lo que coinciden todos, y esto supone la espina dorsal de la acción exterior española respecto a América Latina, es en la construcción de un orden político-diplomático latinoamericano basado en las relaciones bilaterales entre estados. Uno de los últimos informes editados por el Instituto Elcano, no por casualidad se titula La política española en América Latina: Primar lo bilateral para ganar en lo global. Nada más comenzar este informe, un trabajo colectivo de los analistas del instituto, afirma lo siguiente:

«América Latina no es ni una unidad conceptual, ni histórica, ni social, ni política, ni económica y que su realidad está signada por la diversidad. De este modo, no son lo mismo Brasil que Nicaragua, México que Paraguay o Argentina que Panamá, por poner sólo unos cuantos ejemplos. Ahora bien, si esto era verdad tres o cinco décadas atrás, una afirmación semejante tiene hoy mayor importancia que entonces, ya que los caminos transitados por los distintos países, e incluso las perspectivas de futuro de cada uno de ellos, tienden a ser cada vez más divergentes, más allá de la evaluación que se haga de los distintos procesos de integración regional o subregional»

Probablemente, sí esto mismo se dijera de Europa, voces de todos los tonos y de todas las tendencias, tildarían de retrógrado, nacionalista trasnochado y reaccionarío al que lo firmara. Dicho respecto a Latinoamerica, y respondiendo meridianamente a los intereses españoles, queda casi como un hecho de ley natural.

Significativo además, que esto valga para los proyectos y las ideas unitaristas que se lanzan desde Venezuela, Brasil o Cuba, y no para el ALCA o el Plan Puebla Panamá.

Tras lo obvío, las diferencias de desarrollo y las contradicciones entre los diferentes Estados latinoamericanos, se esconde la trampa del discurso que trata de considerar las diferencias históricas, políticas y económicas, como el obstáculo insuperable para que los países iberoamericanos tuvieran una política y una voz propia y común.

En el único campo en el que varía la apuesta por la bilateralidad es en el terreno militar, donde incluso bajo el gobierno de Zapatero existe una clara aspiración española a ejercer la coordinación militar iberoamericana en la estructura de la guerra global. La invitación de Bono a los ejércitos latinoamericanos -sólo declinada por Cuba- para participar en el desfile del 12 de Octubre, y la participación de estos, parece naturalizar esto que cuenta con la experiencia frustrada de Iraq y la toma de Haití a iniciativa de Lula y Ricardo Lagos (Chile).

En este aspecto, a Estados Unidos le interesa mucho más un papel militar español, enfocado a América Latina, que una actividad dirigida a una estrategía europea de defensa o un eurocuerpo.

Dejando a un lado la cuestión militar, la tónica general de los analistas españoles es desdeñar las propuestas de integración continental, negando su madurez, las condiciones políticas e históricas propicias o la propia legitimidad del proyecto.

Para Carlos Malamud, el más moderado en este aspecto, es destacable el «profundo voluntarismo» en torno a esta cuestión, pero «ese voluntarismo explica que se planteen los más disímiles proyectos de integración regional o subregional sin discutir previamente sus pros y sus contras o qué obstáculos frenan su avance. Una vez más en la región se impone la lógica de «si la teoría y la realidad no coinciden, peor para la realidad» (Carlos Malamud, El aumento de la conflictividad bilateral en América Latina: sus consecuencias dentro y fuera de la región, Real Instituto Elcano, 12/5/05)

En el citado trabajo colectivo del Instituto Elcano, se nombran como handicap para una integración y una política global latinoamericana, la «conflictividad bilateral» (Cuba-Mexico, Venezuela-Colombia, Argentina-Brasil…), la negativa a ceder soberania de los gobiernos de la zona, o la ausencia de una institución global.

«Pese a un deseo bastante extendido entre la opinión pública y los políticos, la asociación estratégica no debería darse con la región en su conjunto, América Latina, sino con países específicos»

En este sentido, se plantea una línea de alianzas estratégicas que privilegie la relación con países como Brasil, México, Colombia o Chile, que además puedan apoyar los intereses españoles en las instituciones internacionales, rebajando a los países de menor tamaño y desarrollo en un segundo plano económico, político y diplomático.

Eso, en un supuesto mecanismo de «solidaridad» como es la política de cooperación, es un contrasentido que además indica que la tendencia colonial-clientelar está por encima de cualquier otra consideración.

El mismo informe cita que «el Índice Elcano de oportunidades y riesgos estratégicos para la economía española establece que México y Chile son «parejas ideales» para nuestras empresas, mientras que las inversiones en Argentina implican un mayor nivel de riesgo»

Si bien esto no se afirma con claridad, es evidente que en la coyuntura actual, como táctica y estrategia, dividir en distintos eslabones, en fragmentos estatales y segmentos de negocio el mapa latinoamericano, evitando una dinámica unitaria, permitiría explotar mejor las debilidades políticas y las posibilidades de negocio de cada país.