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Entrevista a “Alfon” Fernández, militante comunista y miembro de la Peña Bukaneros

«La solidaridad hizo que me sacaran de la prisión»

Fuentes: Rebelión

«Alfon» Fenández tiene 21 años y reside en el barrio madrileño de Vallecas. Su caso concitó grandes muestras de solidaridad -que trascendieron incluso el estado español- cuando fue detenido el pasado 14 de noviembre (día de la huelga general) por la policía y pasó 56 días en prisión (desde la primera semana en las condiciones […]

«Alfon» Fenández tiene 21 años y reside en el barrio madrileño de Vallecas. Su caso concitó grandes muestras de solidaridad -que trascendieron incluso el estado español- cuando fue detenido el pasado 14 de noviembre (día de la huelga general) por la policía y pasó 56 días en prisión (desde la primera semana en las condiciones más severas, como preso FIES). Más allá de «montajes policiales», a los que achaca su detención y paso por la cárcel, la vida de «Alfon» es la de un joven militante de izquierdas de una barriada obrera.

Trabaja con su padre, cuando hay trabajo, poniendo suelos de parqué. Combina múltiples militancias: Reconstrucción Comunista; peña Bukaneros del Rayo Vallecano; Plataforma de Solidaridad Antirrepresiva (que nació tras su puesta en libertad) y «Vallekas Nuestra», colectivo que agrupa a diferentes organizaciones del barrio. «Alfon» participó este fin de semana en una jornada organizada por la COS en homenaje a Guillem Agulló (joven antifascista asesinado por una banda neonazi en 1993), en el Casal Popular Francesc Santacatalina de Valencia.

¿Por qué piensas que se produjo tu detención y en qué situación procesal te encuentras actualmente?

Me considero un joven de un barrio obrero y combativo que ha pasado por una situación de represión extrema. Pero como mucha otra gente en este estado, ya que es algo que se está generalizando. Me acusaron de tenencia de explosivos. Tras permanecer tres días en la Comisaría de Moratalaz y los juzgados de plaza Castilla, decretaron mi prisión incondicional. Pero no fue más que un montaje orquestado por la policía. ¿Por qué? Necesitaban un «cabeza de turco» para dar un toque de atención a los movimientos sociales y las luchas populares, que actualmente se hallan en auge. Ahora estoy a la espera de juicio y cada dos semanas he de presentarme en los juzgados.

¿Cómo se resiste la privación de libertad?

En mi caso, teniendo muy claro el sentido de la lucha. El porqué había ingresado en la prisión y cómo se llegó a esa situación. Por otro lado, la solidaridad. La suma de gente digna y combativa que me manifestó su apoyo. Y esto es clave. Porque la lección de lo ocurrido no ha de ser el miedo, sino, al contrario, que tenemos una capacidad de respuesta mucho mayor de lo que pensamos. Insistiría además en que las organizaciones revolucionarias hemos de dar un paso al frente en la solidaridad con los presos políticos.

En cuanto a la solidaridad, estatal e internacional, ¿qué fuerza política le atribuyes para tu salida de la prisión?

En primer lugar, el Ministerio del Interior pensaba que mi caso quedaría zanjado con la quema de dos o tres contenedores en Vallecas y la consabida criminalización (hechos perpetrados por «violentos» y «antisistema»). Pero los compañeros acertaron al proyectar lo ocurrido fuera de Vallecas. Y, con mucho esfuerzo, la solidaridad se extendió por todo el estado y más allá. Hubo concentraciones en París, Londres y recibimos el apoyo de las Madres de la Plaza de Mayo. La solidaridad es lo que hizo posible que saliera de la prisión. Actualmente, sé que la policía aparece por los lugares en los que me alojo, cuando voy a alguna ciudad a un acto o a dar una charla.

Se ha constituido, además, la Plataforma de Solidaridad Antirrepresiva.

Es realmente la continuación de la Plataforma por la Libertad de «Alfon» que organizaron los compañeros. El objetivo es coordinar las luchas de los colectivos antirrepresivos de todo el estado. Para que cuando las estrategias de criminalización del Ministerio del Interior le toque a uno, nos toque a todos. Hemos mantenido contactos con la COS en el ámbito de Païssos Catalans, el SAT andaluz, la Corriente Sindical de Izquierdas asturiana y la juventud de izquierdas vasca. Asimismo, para el 1 y 2 de mayo estamos preparando unas jornadas antirrepresivas a nivel estatal.

En algunas entrevistas has subrayado la importancia de denunciar el caso de los presos FIES (Fichero Interno de Especial Seguimiento), que padecen las condiciones más duras.

Sí, más allá de mi experiencia concreta, hay muchos jóvenes de mi edad sufriendo el FIES 3 (el más severo) por supuesta pertenencia a banda armada. Y sin ninguna prueba. Pueden llevar seis o siete años en situación de aislamiento, sin comunicaciones y con dos horas al día de patio. Es algo realmente muy duro, y muy olvidado, que está ocurriendo hoy en las cárceles del estado. Ten en cuenta que es un régimen que se creó para los presos políticos. Se trata, para que se entienda, de una segunda prisión dentro de una cárcel. Aunque yo no padecí el FIES 3, me enviaron familiares y amigos cartas que nunca llegaron a la prisión; estuve en cabinas encerrado con llave para hablar con mi familia y se me cambiaba constantemente de celda.

Vives y desarrollas tu lucha en el barrio de Vallecas. ¿Cómo definirías esta barriada madrileña?

Opino que Vallecas es un barrio pobre, pero alegre y combativo. Donde las luchas sociales y obreras se hallan en fase creciente. Y el poder sabe que muy bien que si la llama prende, puede extenderse por el sur de Madrid. Es esto lo que pretenden evitar. El objetivo es recuperar el tejido social y el movimiento vecinal que tenía Vallecas en los 70, que el capitalismo liquidó y que ahora resurge. Piensa, además, que para criminalizar las luchas y desmovilizar a la gente el capitalismo no tiene límites. En los 70 introdujeron las drogas, lo que destruyó a dos generaciones de jóvenes. Y ahora vuelven a intentarlo. El gran trabajo en el barrio de «Madres contra la droga» da testimonio de ello.

Afirmas que las luchas sociales en Vallecas se hallan en fase expansiva….

Aunque (ironiza) las únicas batallas que hemos ganado últimamente son mi puesta en libertad e impedir la instalación de parquímetros. Pero continuamos en la lucha. Los colectivos juveniles estamos impulsando, por ejemplo, un Banco de Alimentos, que funcione de manera horizontal y asamblearia, y huya de la caridad. Diferentes organizaciones del barrio nos hemos organizado en la plataforma «Vallekas nuestra», la lucha antirrepresiva que desencadenó mi encarcelamiento, la actividad de la peña Bukaneros en los partidos del Rayo Vallecano…

Lo que buena parte de la izquierda ha considerado históricamente una contradicción, la mezcla de fútbol y política.

Obviamente el fútbol puede entenderse como un negocio. Hay muchas razones para ello. Pero nosotros lo entendemos de otro modo. Como motivo de fiesta y reivindicación popular. La peña Bukaneros tiene, además, un carácter político y de lucha. Discutimos en asamblea una pancarta con mensaje social y contenido ideológico para cada partido que el Rayo juega en Vallecas («No son suicidios, son homicidios. Bancos culpables, políticos cómplices. Stop desahucios»; «Lucha obrera y huelga contra el capital»; «Luchar es nuestro destino. Con la rabia de un niño palestino. Stop genocidio de Israel» o «Más vale parroquias para pobres que catedrales para fascistas. San Carlos Borromeo resiste»). Además, el Rayo es una manera de llegar a la gente. Porque no hay nada que una al barrio tanto como el equipo de fútbol. Y nosotros buscamos precisamente esa vinculación con el tejido social y la clase trabajadora de Vallecas. Otro punto que destacaría es la buena relación que mantenemos con otras hinchadas antifascistas, como la del Deportivo de la Coruña, el Cádiz o el Alavés. Somos entre 300 y 400 socios, pero en la grada de Bukaneros pueden llegar a reunirse los domingos en torno a 2.000 personas.

¿Por esa razón se os criminaliza?

Pienso que hay un momento clave. Cuando exhibimos una pancarta tras el 25-S que decía así: «1.400 policías en el Congreso…y tu marido sigue fugado. Cifuentes dimisión». Sabíamos que vendría a por nosotros. Son pancartas que un domingo de fútbol pueden llegar a leer 15.000 personas. Pero nosotros lo tenemos claro. Los espacios que no ocupemos, los terminará ocupando el enemigo. Ahora bien, la criminalización afecta a todos los movimientos sociales del barrio. La presencia policial es desmesurada y el acoso constante. Estos días ha empezado el juicio contra seis vecinos que se presentaron, en junio de 2009, con otra gente en la junta municipal de Vallecas, para pedir que se permitieran celebrar las fiestas de la Karmela (alternativas a las oficiales del Carmen) en el antiguo recinto ferial del distrito. Bajo la responsabilidad de la concejal Eva Durán (PP), hubo identificaciones, registros y apaleamientos.

Las dos últimas presidencias del Rayo Vallecano (la familia Ruiz Mateos y actualmente Raúl Martín Presa) han estado en manos de empresarios y miembros del Opus Dei. ¿Cómo afecta esto a los bukaneros?

Martín Presa actúa en connivencia con la Delegación del Gobierno. En febrero de este año se produjo la detención de 12 personas, la mayoría miembros de los Bukaneros, en sus domicilios o centros de trabajo. Previamente hubo una denuncia de la directiva del Rayo por supuestas coacciones, amenazas y daños. En una campaña claramente orquestada, la Delegación del Gobierno ordenó las detenciones por pertenencia a banda criminal.

Vallecas, una barriada obrera, como tantas otras, castigada por la crisis. ¿Habéis detectado un auge de la extrema derecha?

En Madrid terminaron, hablando en general, los problemas con el fascismo tras el asesinato de Carlos Palomino en 2007.El crecimiento de la lucha antifascista logró parar su avance. Se impidió que los grupos de extrema derecha continuaran tomando la calle.

Por último, ¿Cómo calificarías vuestra relación con la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes?

Una relación complicada, que no sabemos cómo terminará (ironiza). Es la jefa de la Policía Nacional en Madrid y quien da las órdenes. Pero además hace su «carrera política» a costa de la gente. Pero te decía que Vallecas es un barrio con una presencia policial desmedida. Buscan intimidar. Siempre con la idea de impedir que las luchas sociales prendan en la zona sur de Madrid. Además, usan Vallecas -por los altos niveles de droga y delincuencia- para que los agentes que están comenzando se fogueen. Durante mi estancia en la comisaría de Moratalaz, tras la detención, escuché algunos comentarios significativos. Policías que hablaban entre ellos utilizaban expresiones como «comunistas» (en sentido peyorativo), «vagos» y «parásitos».

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.