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Las movilizaciones que el Gobierno necesitaba

Fuentes:

El gobierno español había ido preparando minuciosamente un proceso de liquidación de ETA: conversaciones secretas, acuerdos bilaterales, incumplimiento de los acuerdos, represión continua contra los interlocutores para irlos sometiendo, proyectar la imagen de que el proceso avanzaba para hacer inviable la respuesta de ETA o para que tuviera un costo político muy elevado. El Gobierno […]

El gobierno español había ido preparando minuciosamente un proceso de liquidación de ETA: conversaciones secretas, acuerdos bilaterales, incumplimiento de los acuerdos, represión continua contra los interlocutores para irlos sometiendo, proyectar la imagen de que el proceso avanzaba para hacer inviable la respuesta de ETA o para que tuviera un costo político muy elevado. El Gobierno también tenía diseñada la agitación social que activaría si la organización comunicaba la reanudación de la actividad armada.

Los cálculos le fallaron: ETA no emitió ningún comunicado previo y, en contra de las previsiones, atentó en Barajas. El Gobierno de Madrid -que 24 horas antes anunciaba la buena marcha del proceso- quedaba en situación de gran debilidad. Debilidad que la derecha aprovechó desde el primer momento para golpear a un Gobierno desbordado por los acontecimientos. El PSOE necesitaba un reducto en el que refugiarse, pasar la factura del atentado a la izquierda vasca y conseguir un respaldo social a la línea que había mantenido durante los nueve meses de alto el fuego. La existencia de dos muertos -y emigrantes- le ofrecía una oportunidad de oro para caldear el ambiente; y para incorporar a la población emigrante en el frente social contra la organización armada vasca.

La manifestación de Madrid


Lo ocurrido colocaba en una situación embarazosa también a la derecha española. Durante nueve meses, en los que no había habido muertos, el PP había exigido al Gobierno que rompiese todo contacto con ETA. Se produce el atentado, se contabilizan dos muertos y el PSOE -sin perder tiempo- pone en marcha la campaña que había diseñado. ¿Cómo se colocaba la derecha?

Su primera reacción fue la de atacar al PSOE llevando la confrontación política a la confrontación física. Varios dirigentes del PSOE que participaban en una concentración delante del ayuntamiento de Madrid tuvieron que buscar refugio ya que grupos de extrema derecha intentaron agredirlos. La segunda reacción fue la de evitar por todos los medios que el PSOE capitalizase la movilización que habían convocado los sindicatos afines al Gobierno y la Federación de emigrantes ecuatorianos; su estrategia consistía en exigir en el lema de la manifestación términos y conceptos que caracterizan las reivindicaciones de la ultraderecha. La UGT- terminal del PSOE en todo el organigrama- se opuso tenazmente pues no quería concederle a la derecha el protagonismo que reclamaba. Al fin, y urgida por incontables presiones, la UGT aceptó incorporar los lemas que exigía la derecha. Esta, manteniendo su línea de boicot, no sólo no se adhirió a la manifestación sino que exigió que se desconvocara. Su postura ha merecido fuertes críticas incluso desde sectores cercanos. Por eso, inmediatamente, ha querido recuperar la calle convocando a otra nueva exhibición de fuerza ultra para el 3 de marzo.

Las movilizaciones de Euskal Herria


La de Pamplona-Iruñea: Fisuras y vínculos


La actitud del PP, rechazando la participación, dejaba en una situación muy incomoda a Unión del Pueblo Navarro, apéndice del PP en casi todos los temas ¿Qué hacer? UPN no quería respaldar al PSOE pero tampoco querían quedarse al margen en una concentración que se presumía concurrida; hay que tomar en cuenta que el porcentaje de ecuatorianos en Navarra es alto. Dejaron traslucir su malestar con el PP por el dilema en que lo colocó, acudieron unos pocos representantes de la derecha Navarra, los mínimos necesarios para dejar constancia de su presencia. El vasquismo reformista tampoco tuvo problema para acudir y junto a ellos, seguidores incondicionales del Partido Socialista. Con todos los apoyos, el PSOE salió reforzado en su política represiva y no negociadora.

Hubo fisuras, sin embargo, con la población ecuatoriana. Los portavoces de estos habían pedido que no se hiciera hincapié en el «terrorismo de ETA». Pese a ello, y durante la concentración, sectores de ultraderecha sacaron carteles con éste lema.

La manifestación de Bilbao: ruido de navajas


Cuando el proceso estaba bloqueado, el Presidente vascongado había hecho algún comentario en el sentido de que habría que movilizar a la sociedad para activar el proceso. Semejante idea no se ajustaba a la estrategia que había diseñado el PSOE y que seguía a pie juntillas el PNV: ?no mover nada y dejar que la situación se estanque ya que la tenemos controlada?. Al ocurrir la acción armada de Barajas, las cosas cambiaron: siguiendo la estrategia de Madrid, había que movilizar a la sociedad pero ¿con qué lema?. El PNV no tenía la menor duda: culpabilizar a ETA. El Presidente, algo más independiente con el PSOE, creía que había que reafirmar la validez de la paz y el diálogo.

El Presidente del PNV y el del Gobierno Vascangado discutieron el día 5 de enero sobre la iniciativa y el lema. El Presidente, ganando tiempo, anunció esa misma tarde una manifestación para el día 13 con el lema «Paz y Diálogo». Mal cayó la iniciativa en su propio partido y peor en la sede del PSE. Así y todo, el día 7 de enero, el Secretario de los Socialistas vascos confirmó su asistencia a la convocatoria, dejando claros sus desacuerdos con la misma. Pero, pronto surgió un fantasma. La izquierda independentista vasca llevaba meses reclamando paz y diálogo; se sentía parte de la sociedad convocada y llevaba meses advirtiendo de que renunciaría a cualquier protagonismo si eso ayudaba al proceso. ¿Qué ocurriría si se sumaba a la marcha? Se encendieron las alarmas. El PSE ya advirtió ?con un talante nada democrático- que si acudía la izquierda, ellos se quedarían en casa. El PNV, afectado por una especie de histeria colectiva, incrementaba sus exigencias para ahuyentar a los «malos». Los círculos cercanos a Ibarretxe recomendaban mantener el lema pero todo este discurso se resquebrajó cuando la izquierda anunció su asistencia.

El Presidente vascongado, sometido a una presión brutal por los partidos, especialmente por el suyo, cambió el lema «para cerrar la puerta a los violentos». El PP rechazo en todo momento la asistencia a la convocatoria, la izquierda decidió no acudir porque habían adulterado el proyecto inicial. El PSOE consiguió imponer su esquema. En el PNV se impuso el aparato del partido, muy proclive a lo acuerdos con Madrid. El sector más nacionalista del partido, que se veía reflejado en el lema inicial, quedó desbordado. La burguesía vasca, una vez más, ha optado por el colaboracionismo apoyando la estrategia agresiva del Gobierno de Madrid.