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Chávez y Cuba

Los cubanos y venezolanos hermanados en la historia

Fuentes: Rebelión

Y como dijera Martí en 1881, Venezuela «tiene en mí a un hijo.» Y como expresara Céspedes con respecto a Venezuela en 1871, Cuba «cuenta, en fin, con un hermano.» En estos días la presencia de Chávez en Cuba es objeto de continuas noticias con motivo de su intervención quirúrgica por la dolencia que lo […]

Y como dijera Martí en 1881, Venezuela «tiene en mí a un hijo.» Y como expresara Céspedes con respecto a Venezuela en 1871, Cuba «cuenta, en fin, con un hermano.»

En estos días la presencia de Chávez en Cuba es objeto de continuas noticias con motivo de su intervención quirúrgica por la dolencia que lo aqueja. Y para el pueblo cubano Chávez es un hijo entrañable más que se le acoge en su seno para protegerlo de los azares de la vida, para sentir el regocijo por su pronta recuperación y admirar el sentido optimista con que afronta sus responsabilidades en la etapa de convalecencia.

Vistas las cosas en su esencial significado, aquí Chávez está doblemente acompañado, puesto que además de los familiares, su hija y hermano Adán, y otros fieles compañeros que le han acompañado desde Venezuela, aquí está rodeado de sus hermanos Fidel y Raúl y un grupo grande de cubanos que integran su equipo médico y otros compañeros para la atención general. Y fuera de ese círculo estrecho, en acompañamientos concéntricos preñados de un amor inmenso, están los hombres y mujeres del pueblo venezolano y cubano, que comparten con Chávez ideales, sueños, realidades y esperanzas. Por lo tanto he ahí el misterio de lo real maravilloso que explica la estancia singular, natural y necesaria entre nosotros.

Tal vez o seguramente, el odio de sus enemigos y de Venezuela, incluyendo al actual candidato a la presidencia por la oposición, traten de ver las cosas de diferente manera. Propalan cuantas mentiras y manipulaciones desean inventar para dañar los hechos y las imágenes auténticas en torno al presidente venezolano. E incluido en ese paquete mediático y político no pueden faltar Cuba y sus dirigentes, y el más humilde de los médicos y de los hombres y mujeres revolucionarios cubanos. Quienes azuzan tales campañas son los representantes de la discordia y la desunión entre nuestros dos pueblos y entre los demás pueblos de nuestra América. Son los pitiyanquis, los yanquimaníacos, los besalospiés, los vendepatrias, aliados sempiternos del imperio del Norte.

Y siempre deberá tenerse presente por los pueblos venezolano y cubano, verdades y razones que son parte de nuestra historia común, para desentrañar, aún en medio de las tinieblas, los hilos visibles o invisibles con que nuestros enemigos de todos los tiempos, y en especial de ahora mismo, pretenden manejar o mover desde las trastiendas las máscaras y las marionetas.

Hay que preguntarse, ¿desde dónde arranca nuestra hermandad y amistad? No pretendo en este artículo abordar toda la historia desde época primigenia. Así que empezaré por lo más reciente y conocido.

Es una realidad que entre Fidel y Chávez surgió una temprana hermandad, de admiración mutua, incluso mucho antes de que Chávez fuera el líder nacional que llegó a ser, y que en la actualidad lo es tanto nacional como internacionalmente.

Es una verdad histórica que la Revolución Cubana recibió ayuda de solidaridad y en armas por parte del gobierno revolucionario y pueblo de Venezuela en la etapa final de la lucha guerrillera en la Sierra Maestra. Y que inmediatamente después del triunfo del primero de enero de 1959, en gesto de agradecimiento, Fidel realizó la primera visita al exterior para patentizarlo personalmente al pueblo venezolano ante una concentración gigantesca en Caracas, en aquel mismo mes.

Es un hecho reconocido de la historia, que Bolívar tuvo proyectos concretos de contribuir a la independencia de Cuba mediante el envío de una fuerte fuerza expedicionaria que pusiera fin al dominio de España en la Isla. Y es reconocida la alta admiración que José Martí tenía sobre el Padre de la patria venezolana y sobre ese país. Y que en forma resumida quedó inscripta en este simple frase: «Dime Venezuela en que servirla; ella tiene en mí a un hijo.» Y dijo más: «…pero a Venezuela, como a toda nuestra América, a nuestra América desinteresada, la hemos de querer y de admirar sin límites, porque la sangre que dio por conquistar la libertad ha continuado dándola por conservarla!». Recalco a los lectores que esto lo expresó el 27 de julio de 1881.

Martí era consecuente, tal vez sin conocerlo en sus precisos detalles, con el pensamiento inspirado de Carlos Manuel de Céspedes, el líder que desencadenó la guerra de independencia de Cuba el 10 de Octubre de 1968 y primer presidente de la República de Cuba en Armas, y luego devenido Padre de la Patria, quien diez años antes, en carta fechada el 10 de agosto de 1871, dirigida al Señor General José R. Monagas, en Caracas, le expresaba:

«Lleno de gozo y agradecimiento acepto la distinguida felicitación de usted, señor, pláceme de hermano que es a la par aplauso por lo ya alcanzado y estímulo para el porvenir.

Venezuela, que abrió a la América Española el camino de la Independencia y la recorrió gloriosamente hasta cerrar su marcha en Ayacucho, es nuestra ilustre maestra de libertad, el dechado de dignidad, heroísmo y perseverancia que tenemos incesantemente a la vista los cubanos.

Bolívar es aún el astro esplendoroso que refleja sus sobrenaturales resplandores en el horizonte de la libertad americana como iluminándonos la áspera vía de la regeneración. Guiados por su benéfico influjo, estamos seguros de que alcanzaremos felizmente el término.

No es, por lo tanto, sino muy natural que Venezuela considere como continuación de su épica lucha de independencia, la que ensangrienta los campos de Cuba, y que se despierten en las mentes de sus esforzados hijos recuerdos grandiosos de heroísmo, y en sus corazones sentimientos de exaltación generosa evocados por el propio despotismo que sus preclaros padres derrocaron. Movidos por tan preclaro resorte, ¿cómo extrañar que su ardor bélico y genial caballeresco les impulsen a ofrecer sus vidas a la causa de Independencia de esta infortunada colonia? Por lo demás, la República de Cuba considera como hijos propios a los naturales de Venezuela y demás Repúblicas sudamericanas; y animada de la más profunda gratitud, no omitirá medios para elevar las manifestaciones de ésta a la altura de los esclarecidos merecimientos de los que han acreditado una vez más en los campos de la Isla, con su abnegación y desinterés, valor y demás virtudes militares que los adornan, que los venezolanos de hoy son dignos hijos de los héroes de Carabobo, Junín y Ayacucho y como tales saben abatir la soberbia y arrogancia castellana.

Aunque Cuba no ha sido reconocida beligerante por dicha República (Venezuela), disfruta de más consideración que si tal reconocimiento se hubiera verificado. Cuenta con todos los puntos de una costa de 700 leguas de extensión, con el apoyo de las autoridades, con la adhesión del pueblo. Cuenta, en fin, con un hermano.»

En conclusión, entre Cuba y Venezuela existe una hermosa historia de solidaridad y admiración recíprocas, una manifestación verdadera de hermandad. Y como dijera Martí en 1881, Venezuela «tiene en mí a un hijo.» Y como expresara Céspedes con respecto a Venezuela en 1871, Cuba «cuenta, en fin, con un hermano.»

¿Alguien aspira a mayores muestras de hermandad entre dos pueblos?

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.