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Los interiores del Observatorio Sirio de Derechos Humanos

Fuentes: Al-Akhbar English

Traducción para Rebelión de Loles Oliván

El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos se ha convertido en la principal fuente de cifras de muertos, la más citada y la más polémica de Siria. Tras una reciente controversia sobre su propiedad, Al-Akhbar está investigando las disputas políticas, los beneficios y perjuicios personales, y el papel de los medios de comunicación.

En el transcurso del levantamiento sirio, la situación de seguridad fue de mal en peor y el régimen estrechó el lazo en torno a los periodistas que no estaban dispuestos a acatar la línea oficial. La cobertura de la propaganda llenaba las ondas de radio. La verificación independiente de lo que estaba ocurriendo se hacía cada vez más difícil. El Observatorio Sirio de Derechos Humanos con sede en Reino Unido (OSDH) llegó a convertirse en la principal fuente de información sobre violaciones de los derechos humanos en el interior del país. Dado que proporciona diariamente cifras de muertos, tanto los teletipos de las agencias, como AFP y Reuters, y de los medios de comunicación, como la CNN, la BBC y AlYasira en inglés, entre otros muchos, citan a menudo al Observatorio.

A finales del año pasado, el fundador e imagen pública del Observatorio, que se identificaba a sí mismo como Rami Abdulrahman, fue presentado en prensa y citado como artífice de la iniciativa.

Pero a medida que el levantamiento avanzaba, las cifras del OSDH se han convertido en la manzana de la discordia entre sus detractores, entre quienes realmente están interesados ​​en su credibilidad, y entre muchos otros, que simplemente desean minimizar la brutalidad del régimen. Las docenas de muertes sobre las que se informa a diario se sitúan en el centro del debate sobre si está justificada la intervención humanitaria.

En noviembre surgieron rumores acerca de que Rami Abdulrahman era un seudónimo del fundador del OSDH. Muchos de quienes dudaban de la credibilidad del OSDH lo alegaron como «la prueba irrefutable». Cuando la semana pasada una organización rival publicó una carta diciendo hablar en nombre del OSDH y acusando a Abdulrahman de falsificar su nombre y de secuestrar la identidad del Observatorio, la sospecha se convirtió en certeza.

El debate sobre el OSDH, motivado por razones políticas, ha empañado un análisis muy necesario de todos los hechos involucrados. Una mirada más atenta a estos hechos sugiere que la cuestión del seudónimo es el elemento menos importante de la controversia. Más que nada, la disputa entre las dos organizaciones rivales que reivindican el OSDH parece reflejar un enfrentamiento político de mayor calado que se está gestando entre los dos campos principales de la oposición siria: el Consejo Nacional Sirio (CNS) y el Órgano de Coordinación Nacional para el Cambio Democrático en Siria (OCN), ambos cada vez más en desacuerdo sobre el llamamiento a la intervención extranjera

¿Quién es quién?: más que un juego de nombres

La fuerza motriz que está detrás del grupo rival (www.syriahr.org) que emitió la carta atacando al grupo de Abdulrahman (www.syriahr.com) es un médico sirio exiliado en Londres llamado Musab Azzawi.

La campaña de desprestigio lanzada por Azzawi parecía tener connotaciones clasistas. En la carta, se describía a Abudlrahman como alguien «incapaz de comunicarse profesionalmente en el idioma inglés [sic.]», que tiene un «un grado de formación muy elemental» y cuya «profesión principal es la de instalador de antenas parabólicas», pero quien llegó a colaborar con la web dirigida por Azzawi publicando artículos en árabe. A pesar de estas «humildes» credenciales, Abdulrahman estaba vinculado a Rifaat Assad, tío exiliado del presidente sirio Bashar Assad y un disidente actual muy resentido con las fuerzas pro-y anti-régimen por igual. Lo más perjudicial de la carta, tal vez, era la revelación del verdadero nombre de Abdulrahman: Osama Suleiman.

Pero aparte de utilizar seudónimo, Abdulrahman negó esos cargos antes de que se publicase la carta. Por lo que a su nombre se refiere, Abdulrahman apareció en noviembre pasado en un canal árabe radicado en Londres, AlHiwar, mostrando lo que dijo era su pasaporte británico y documentos de identificación sirios con su nombre real, Osama Suleiman, ante las cámaras. Lo hizo después de que su identidad hubiera sido revelada en un crítico artículo en una web de la oposición. Igualmente, negó cualquier vínculo con Rifaat.

Abdulrahman sostiene que en tanto que activista de la oposición desde hace mucho tiempo y organizador de manifestaciones ante la Embajada siria en Londres, siempre ha preferido usar un nombre de guerra, algo que, señala, es común entre los dirigentes políticos.

Durante la entrevista en Al-Hiwar, Abdulrahman afirmó que se incorporó al servicio militar en Siria en la década de 1990 y que fue miembro de la 11ª División del ejército. Dijo que más tarde co-fundó el Observatorio con la esposa de un destacado disidente sirio.

Sobre el uso de un seudónimo, declaraba a AlAkhbar que «[…] Di mi nombre verdadero ante la televisión siria, en France 24, he mostrado mis pasaportes sirio y británico, todo el mundo sabe mi nombre verdadero».

En una entrevista telefónica con AlAkhbar, Azzawi afirmó ser patólogo consultor que da clases en dos universidades, aunque prefirió no nombrarlas. El registro del Consejo Médico General (CMG) muestra que, aunque existe un Musab Azzawi, doctor en Medicina por una Universidad siria con licencia para practicar la Medicina en Reino Unido a partir de 2009, no está en el registro de especialistas. La oficina de prensa de CMG declaró a AlAkhbar que aunque el Servicio Nacional de Salud (SNS) requiere que todos sus consultores estén en el registro de especialistas aparte de que trabajen en suplencias «el término ‘consultor’ no está en sí mismo protegido, e hipotéticamente, podría utilizarse de diferentes maneras por los que prestan servicios privados». Azzawi afirmó que trabajaba como consultor patólogo privado y que realizaba algunos trabajos de suplencias para el SNS.

Mientras se disputa la identidad personal y las conexiones políticas de Abdulrahman, el propio Azzawi parece haber ofrecido información falsa sobre sus propias credenciales. Aunque en la versión inglesa de la carta se identifica como médico y activista por los derechos humanos, había firmado previamente una versión de la carta en árabe como miembro de Amnistía Internacional. El ser miembro de Amnistía está abierto a cualquiera, y que se sea miembro dista mucho de ser una persona activa dentro de la organización de derechos humanos, algo que los lectores ingleses probablemente saben.

Otros avales de la carta de Azzawi por parte de gente previsible, como los administradores del Observatorio, todavía no se han confirmado. AlAkhbar habló con uno de los firmantes de la carta, Husam al-Din Muhammad. Inicialmente se identificaba en la carta sobre la web de Azzawi como «redactor jefe» de Al-Quds Al-Arabi de Londres, pero más tarde, en llamada telefónica, se ajustó a «secretario del editor».

Muhammad confirmó que había firmado una declaración en árabe aunque se mostró reacio a hablar de la controversia y sugirió hablar con Azzawi. Cuando se le preguntó cuánto tiempo había sido administrador, respondió: «No estoy seguro». Tras insistirle, dijo que había estado involucrado con el Observatorio desde el inicio del levantamiento. No contestó a un correo electrónico en el que se le pedía aclaraciones sobre si una declaración en inglés en la que figuraba su nombre y enviada a AlAkhbar era la misma que la declaración en árabe en la que había puesto su nombre.

Guerra de webs

La disputa entre Azzawi y Abdulrahman no se limita a una cuestión de identidad personal y de reputación sino también al papel que cada uno jugaba en el Observatorio.

La declaración del grupo de Azzawi minimizaba la participación de Abdulrahman en el establecimiento de la organización, diciendo que era «un caballero que vive en Coventry, cuya principal profesión es instalador de antenas parabólicas, que se ofreció como voluntario al OSDH a finales de 2010».

La página web del grupo Azzawi sólo cuenta con entradas que se remontan a hace unos meses, aunque asegura que ello se debe a que Abdulrahman estaba a cargo de la página web original.

Azzawi afirmó por teléfono que el dominio syriahr.com había estado inactivo hasta agosto, cuando Abdulrahman secuestró la web al hacerse con el control exclusivo. «El dominio punto.com estaba libre» hasta agosto, dice. Antes de su uso, el dominio se redirigía a otra dirección simplemente, syriahr.net, sostiene Azzawi. Pero un examen del Internet Archive WayBack -que conserva las versiones antiguas de sitios web- pone en duda esta afirmación.

El Archivo de Internet tiene guardadas muchas más copias de syriahr.com que de syriahr.net, lo que sugiere que el antiguo sitio ha sido mucho más activo desde tiempo atrás. Además, la versión de 2007 de la web ahora controlada por Azzawi estaba principalmente en árabe, con el mismo diseño que el sitio actual de Abdulrahman. Después de eso, parece haberse abandonado hasta hace muy poco, sin que se haya archivado nada en 2010 o 2011.

Ello sugiere que Azzawi puede haber registrado un antiguo nombre de dominio previamente utilizado por el Observatorio en un intento fructífero de dirigir a periodistas en lengua inglesa a su sitio web y alejarlos de la de Abdulrahman. En el momento en que redactamos esto, la web de Azzawi aparece como el primer resultado de una búsqueda en Google para «Observatorio Sirio de los Derechos Humanos». El sitio de Abdulrahman es el segundo resultado, lo que da la falsa impresión de que la nueva web de Azzawi no es sino la página en inglés de la misma organización.

En este entramado podría ocultarse el epicentro del desacuerdo entre ambos grupos: el mensaje político que se extrae de las estadísticas según la forma en que se producen y se categorizan las cifras.

La intervención extranjera: lo político tras lo personal

Aunque Abdulrahman y Azzawi aseguran que su trabajo no está influenciado por filiaciones políticas, sus posiciones políticas respectivas se correlacionan con una disputa de mayor calado entre grupos de la oposición siria sobre la cuestión de la intervención extranjera y la opción militar.

La campaña liderada por Azzawi para desacreditar a Abdulrahman parece que está relacionada con una más importante disputa entre el Consejo Nacional Sirio (CNS) y el Órgano de Coordinación Nacional para el Cambio Democrático en Siria (OCN). Un controvertido acuerdo suscrito en El Cairo en diciembre entre Hayzam al-Maná, del OCN, y Burhan Ghaliun, presidente del CNS, se vino abajo por la mismísima cuestión de la intervención extranjera y la militarización del levantamiento. La carta en que se atacaba a Abdulrahman se hizo pública pocas semanas después.

El CNS ha adoptado abiertamente como política oficial la intervención extranjera bajo mandato de la ONU y ha intensificado la cooperación con el Ejército Sirio Libre. El OCN, sin embargo, ha condenado los movimientos hacia la militarización de la revolución y rechaza la intervención extranjera insistiendo en una revolución pacífica.

Abdulrahman informó a Al-Akhbar de que algunos miembros de la oposición siria están librando una guerra contra él debido a su propia oposición a la intervención de la OTAN y a su continua publicación de las [cifras de] muertos entre las tropas regulares sirias.

«Ayer, alguien me llamó por teléfono diciendo ‘queremos poner fin a esta guerra contra usted. Tenemos dos exigencias: tiene que hacer un llamamiento para que la OTAN intervenga en Siria, y tiene que dejar de hablar de los muertos en el seno del Ejército regular sirio'», afirmó en entrevista telefónica la semana pasada.

«Alguien ha creado una nueva página web, ha dado un nombre falso, y dice hablar en nombre del Observatorio Sirio, lo cual es incorrecto, sólo tenemos una organización», afirmó Abdulrahman. «Estas personas que están haciendo una guerra contra mí no quieren que diga la verdad».

Abdulrahman afirmó que la campaña contra él comenzó cuando se reunió con Al-Manna, el representante del OCN, en noviembre. Al-Manna ha sido un destacado crítico del CNS que se opone firmemente al tácito y a veces explícito apoyo a la intervención extranjera.

Azzawi ha acusado a Abdulrahman de ser miembro efectivo del OCN, al tiempo que niega que su grupo tenga vínculos con el CNS. Por su parte, Abdulrahman ha negado que el CNS o los Hermanos Musulmanes estén detrás de los intentos de desacreditarlo. Abdulrahman había dicho a Al-Hiwar que el Observatorio no pertenece a ningún grupo político en particular, incluyendo los Comités de Coordinación Local.

Sin embargo, al-Manna ha declarado que Abdulrahman mantiene buenas relaciones con el OCN. Al-Manna avaló el trabajo de Abdulrahman y dijo que este último está siendo atacado por insistir en ser preciso.

«El Observatorio Sirio fue creado por Rami Abdulrahman. Igualmente, ha estado coordinado en todo momento por Rami… Pocos activistas de derechos humanos dan tanta importancia a la precisión como Rami Abdulrahman… Por ello, en este sentido, Rami se ha convertido en una molestia. Insiste en ser preciso y en comprobar los hechos «, declaró al-Manna a Serene Assir, de Al-Akhbar, en entrevista telefónica.

En declaraciones a Al-Akhbar, Abdulrahman ha insistido en su oposición a una intervención de la OTAN en Siria como la de Libia. «Incluso aunque mataran a toda mi familia en Siria no pediría la intervención de OTAN», dijo. «Quiero democracia, no destruir mi país».

Azzawi, por otra parte, reclamó una «zona tapón» en la frontera con Turquía que fuera «una zona protegida por Naciones Unidas» y aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU. También apoya «cualquier cosa que pueda proteger a los civiles», incluyendo una zona de exclusión aérea.

Azzawi ha insistido cada vez más en la necesidad de una intervención militar, describiendo la situación recientemente en la ABC News Breakfast de Australia como «genocidio» y afirmando que «al menos» se debe imponer una zona de exclusión aérea y la «zona tapón».

«No debería haber una solución militar pero si esa es la única opción, creo que tienen que volver a clonar lo que ocurrió en Libia», dijo. Asimismo, declaró a Al-Akhbar que una invasión de tropas de la OTAN sería «el último recurso».

En noviembre, Azzawi apareció en la CNN pidiendo la intervención internacional «en la forma en que se hizo en el escenario libio». Marcando una clara divergencia entre ambos grupos, la colega de Abdulrahman y portavoz del OSDH, Hivin Kako, insiste en que «no queremos una guerra… no queremos un escenario como el de Libia».

Dinero y estadísticas para machacar

La disputa política no niega el hecho de que el proceso por el cual se documentan las violaciones sigue siendo difícil de evaluar. La manera en que el OSDH ha podido producir información actualizada sobre la violencia en un país completamente cerrado a los medios extranjeros ha despertado, indudablemente, el interés en su metodología.

Abdulrahman describe a la suya como una organización no tradicional que no se adhiere a los métodos clásicos de comunicación y publicación adoptados por los grupos de derechos humanos. Ello se debe principalmente a las peligrosas condiciones bajo las que trabajan sus activistas. Abdulrahman afirma que desde que comenzó el levantamiento su red de activistas sobre el terreno ha aumentado a más de 200 personas: «En Damasco, cuento con seis miembros pero no se conocen entre ellos. Si detienen a uno, no puede desvelar los nombres del resto».

Según Kako, se lleva a cabo algún tipo de verificación. «Por lo general cruzamos las referencias de la información así que ésta debe proceder de más de una fuente», explica. «Nunca publicamos ninguna noticia que no esté confirmada, por eso la credibilidad del OSDH ha aumentado con el tiempo». Kako explica que el grupo intenta verificar su información mediante múltiples fuentes independientes para lo que se contacta, al menos, con tres personas diferentes que hayan visto el mismo incidente. «Cuando informamos sobre la misma noticia, sabemos por el cruce de referencias quién está exagerando y quién está diciendo la verdad. Con el tiempo elevas tu nivel de confianza».

Asimismo, Kako afirma que aceptan lo que dice una sola persona si lo demuestra con una grabación en video: «no lo publicamos [desde una sola fuente] a menos que lo haya presentado en video, por ejemplo, porque no se puede negar un video si se demuestra que se trata de un vídeo original».

Cuando se le preguntó sobre el proceso para verificar la autenticidad de esos videos, y las circunstancias en que las víctimas fueron asesinadas, Kako dijo: «Cuando tenemos el video de nuestros activistas no tomamos nada de ninguna otra fuente».

Ambos grupos, el de Abdulrahman y el de Azzawi, niegan los rumores de estar financiados por el Golfo alegando que se trata de aportaciones puramente voluntarias. Kako dice que su red de voluntarios en Siria no cobra, y Abdulrahman (que es dueño de una tienda de ropa) corre con los gastos como el mantenimiento del sitio web. Ella misma es voluntaria, pues dispone aún de un empleo de oficina a tiempo parcial y sigue con su propia formación. En Al-Hiwar, Abdulrahman afirmó que había rechazado dinero ofrecido por fuentes árabes y estadounidenses, incluyendo la oferta de un personaje libanés-estadounidense.

El grupo de Azzawi ha publicado en árabe la lista de los muertos en su página web. Por el contrario, el grupo de Abdulrahman comparte su lista de muertos privadamente con la ONU, Amnistía Internacional y Human Rights Watch pero dice que no la dará a la prensa. En última instancia, Abdulrahman sostiene que tiene la esperanza de ofrecer la lista completa de los muertos para que se utilice en futuros procesos contra quienes hayan cometido crímenes contra la humanidad.

La metodología que Azzawi indicó por teléfono no resulta muy diferente de la establecida por Kako. Azzawi dijo que su grupo es una organización anónima y que todos sus miembros son voluntarios. Afirma tener 240 afiliados y miembros, 232 de los cuales se encuentran en Siria. Dijo que tienen «buenas relaciones con todo el mundo, con todo el mundo», incluyendo los Comités de Coordinación Local.

«Los afiliados trabajan con todos los grupos de activistas del país» y comprueban sus afirmaciones. Los miembros toman la información sin saber quién es el responsable de la misma. A continuación los miembros tienen que encontrar a dos personas sobre el terreno que confirmen esa información. «En más del 90% de los casos se dirigen a los miembros de la familia», afirma Azzawi.

El 24 de enero el grupo de Abdulrahman situaba el número de muertos en 4.382 civiles y 1.617 militares (del ejército regular, de miembros de la seguridad y de desertores) excluyendo a los que murieron en los bombardeos de Damasco y de Kfar Sousa, o en Hama entre el 3 y el 10 de agosto del año pasado. De entre los diversos grupos que recuentan este tipo de información, esta es una de las cifras más bajas pero han registrado un mayor número de bajas entre el ejército. El grupo de Azzawi (en 14 de enero) establecía que habían sido asesinados 5.746 civiles y más 529 militares («sin tener en cuenta su lealtad»).

El grupo que hace campaña dentro de Avaaz publicó un informe el 9 de enero que afirmaba una cifra de «al menos 6.874 víctimas» (estas estadísticas no son claras respecto a los muertos del ejército). Como se difundió ampliamente el 12 de diciembre, la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Navi Pillay, afirmó que el número de muertos «probablemente sea ahora superior a 5.000», sin incluir a los soldados del régimen. Dijo que su información procedía de una «variedad de fuentes recibidas en mi oficina».

El miércoles, la ONU informó que había dejado de compilar las cifras de muertos en Siria porque resulta muy difícil obtener información. «Algunas áreas están totalmente cerradas, como ciertos sectores de Homs, por lo que no podemos actualizar las cifras. Pero en mi opinión, 5.000 y más es una cifra enorme que debe conmocionar a la comunidad internacional para que tome medidas», según dijo Pillay ante la prensa e informa AFP.

Pero a pesar de los grandes esfuerzos para seguir siendo diligentes en la obtención de información precisa, todavía quedan lagunas.

En agosto de 2011, el editor de The Electronic Intifada, Ali Abunimah, investigó las denuncias que circulaban por Internet acerca de recién nacidos en un hospital de Hama que habían sido asesinados deliberadamente tras desconectar las fuerzas del régimen las incubadoras durante la represión militar de la ciudad. The Electronic Intifada concluía que tales «denuncias» eran un «engaño» distribuido por la cadena CNN. La imagen que acompañaba la denuncia en Twitter resultó ser de bebés egipcios, que se tomó de una noticia producida el pasado abril sobre el hacinamiento en un hospital de Egipto. Mientras que la CNN citaba al Observatorio como la fuente del informe, en su página web, el Observatorio, a su vez, citaba como fuente a la CNN.

En posteriores correos electrónicos, Kako se reafirmó en la información aunque sostuvo que ellos no habían facilitado la foto: «[…] el Observatorio informó de que durante la operación militar en Hama, y debido al corte de electricidad en el momento de la operación militar y a que no había diesel para el funcionamiento de los motores, esos bebés murieron. No dijimos que hubieran sido asesinados deliberadamente».

Medios de comunicación y organizaciones de derechos humanos: ¿compartir la responsabilidad?

Aunque se ha prestado mucha atención al modus operandi de ambos grupos, no se ha cuestionado que las organizaciones internacionales y los medios de comunicación citen sus cifras. La mayoría parece favorecer a Abulrahman como fuente.

Amnistía Internacional ha mantenido una larga relación con Rami Abdulrahman. AlAkhbar entiende que ha mantenido reuniones con él en persona durante años. «Amnistía Internacional viene recibiendo información de la ONG OSDH, con sede en Londres, desde su creación en 2006», según ha declarado un responsable de Amnistía que hablaba bajo condición de anonimato. «Con el tiempo, la información proporcionada por el Observatorio ha sido, en general creíble y bien documentada y fundada».

El portavoz añadió que era «muy importante aclarar» que se refería exclusivamente al OSDH cuya página web es www.syriahr.com (en árabe, con traducciones al inglés en una página de Facebook enlazada). Amnistía dijo que no podía dar fe de «un grupo independiente» bajo la URL de www.syriahr.org (la página web de Azzawi, aunque el portavoz de Amnistía no lo nombró).

Amnistía también afirmó que, además de su relación con Abdulrahman, utiliza sus propias fuentes sobre el terreno en Siria. En un correo electrónico de 18 de enero señalaba que «[…] Amnistía Internacional ha recibido los nombres de más de 4.600 personas, que al parecer han muerto en los disturbios en Siria desde mediados de marzo. La gran mayoría se cree que han sido asesinados por el ejército y las fuerzas de seguridad, muchos de ellos durante las protestas y las operaciones de seguridad en zonas residenciales. Activistas sirios de derechos humanos, sin embargo, creen que las cifras son mucho más elevadas».

Las agencias de noticias que se basan de manera importante en la fuente del OSDH se han negado oficialmente a hacer comentarios cuando Al-Akhbar les ha contactado aunque una fuente interior de una importante agencia ha confirmado haber investigado las denuncias.

La fuente, que desea permanecer en el anonimato, ha declarado mantener relación con Rami Abdulrahman desde hace años y que lo conocen desde antes de la crisis actual.

La falta de transparencia respecto a las fuentes de los informes sobre bajas puede tener sus raíces en las difíciles condiciones en operan los activistas en el interior de Siria. Pero aparte de proteger seriamente a esas fuentes e insistir en la responsabilidad de todas las partes, la propaganda seguirá imponiéndose sobre la realidad.

Antoun Issa y Bassam Alkantar han colaborado en este artículo.

Fuente: http://english.al-akhbar.com/content/syrian-observatory-inside-story