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Los problemas ideológicos del plebiscito

Fuentes: Rebelión

El hecho de convocar una consulta popular, al nivel que se quiera, debería ser considerado por todos como una muestra de madurez política del electorado (de las gentes con derecho al voto) y, por lo tanto, de democracia participativa. Sin embargo, y dejando al margen tecnicismos aducidos siempre a deshoras, no todos los gobiernos, y […]

El hecho de convocar una consulta popular, al nivel que se quiera, debería ser considerado por todos como una muestra de madurez política del electorado (de las gentes con derecho al voto) y, por lo tanto, de democracia participativa. Sin embargo, y dejando al margen tecnicismos aducidos siempre a deshoras, no todos los gobiernos, y en particular el español, se muestran dispuestos a recurrir al referéndum a la hora de acercarse al ansia popular. Un motivo puede encontrarse en que los gobernantes no consideran al Pueblo lo suficientemente maduro para tomar las decisiones que, en el fondo, más le incumben. Dirigentes del PP como José María Aznar lo dejaron claro, lo mismo que los del PSOE y el PSN con motivo del Pacto de Lizarra. El populacho ya es consultado sobre sus preferencias cada cuatro años, y ahí es donde se eligen sus representantes, que, a partir de ese momento se erigen en baluartes de los deseos populares.

Lo cierto es que la consulta popular conlleva una carga ideológica que los gobernantes, los políticos de sillón, no pueden asumir, y de ahí su negativa a las elecciones con listas abiertas (en las que se elige no un partido, sino al candidato), lo mismo que a la convocatoria plebiscitaria. Preguntar a los ciudadanos es sinónimo de reconocer que la soberanía reside en ellos, y no, por delegación, en sus representantes. Y eso da mucho miedo, al menos a algunos.

Es lógico pensar que quien más miedo le tiene a la consulta popular sean las formaciones de derechas (en el caso español, al PP; y, en el vasco, al PNV), y que, por lo tanto sean quienes más reticencias muestren a la hora de materializar tal posibilidad (el PNV lo ha hecho últimamente con el TAV y la «Y» vasca).

En el caso vasco se solapa la cuestión nacional al tema tratado, y son las fuerzas del ámbito español quienes más se oponen a la consulta. Esto complica sobremanera la situación política. El PP, en tanto representante de las derechas, y del nacionalismo estatal no encuentra ningún obstáculo ideológico para oponerse a la consulta popular (sea del carácter que sea) en todos sus frentes. El PSOE, y su sucursal en Euskadi (PSE) y en Nafarroa (PSN) deberá lidiar entre sus bases de izquierdas (más proclives históricamente a su realización), y las autonomistas (con las que pueden coincidir las primeras), frente a las estatales (contrarias al referéndum) y las más cercanas a las derechas (de idéntico signo). Lo mismo le ocurre a IU y sus sucursales IUN e IU-EB.

Las diversas izquierdas vascas (EA, Aralar y Batasuna – junto con sus acólitos -) tampoco encuentran mayores pesares a la hora de reivindicar el derecho a la autodeterminación, al plebiscito, o a la consulta popular: en tanto formaciones de izquierda deben centrar sus esfuerzos en la misma, y como nacionalistas, ídem de ídem.

El problema se presenta en el mundo del PNV. El PNV es una organización más cercana al populismo y a los planteamientos ideológicos de la derecha, lo que le lleva a rechazar cualquier posibilidad de referéndum (tal y como ha demostrado en casos como Lemoiz, y otros), pero, a su vez, tiene una amplia base nacionalista (que le presiona a favor de la consulta en el único caso de la cuestión nacional). Sin embargo, ésta misma base nacionalista se encuentra dividida entre quienes prefieren optar por el autonomismo dentro del estado (y, por tanto, contrarios a consultar a los ciudadanos), y quienes son proclives a la secesión (y ven la imperiosa necesidad de realizar la pregunta).

Así pues, nos encontramos ante el siguiente panorama: el PP se opondrá siempre a la consulta, el PSOE estatal le seguirá en éste punto, pero el PSE puede – si lograra dejar de ser una simple sucursal de Madrid – llegar a desgajarse de su alma mater – al estilo del PSC en Catalunya, que no depende orgánicamente del PSOE -. IU-EB parece haber logrado cierta autonomía respecto a la organización federal, aunque sigue con sus complejos de inferioridad respecto a aquélla. Las diversas izquierdas vascas (Batasuna y su mundo, EA y Aralar, lo mismo que Batzarre en Nafarroa Garaia) parecen tener clara su postura a favor del referéndum. Y sólo nos queda el PNV, y el PNV vuelve a ser el problema: parte de sus bases (las derechas y las autonomistas) se van a oponer con todas sus fuerzas a la consulta, mientras que otra parte (más a la izquierda, y más soberanistas) optarán por su contraria. Aquí es donde se encuentra el nudo gordiano actual: le toca al PNV dejar su ambigüedad y decantarse entre sus cuatro posibilidades, reducidas a dos. O asume su papel de dirigente dentro del nacionalismo, y se acerca por consiguiente a posiciones más de izquierda, y favorece la consulta, o tiende al autonomismo, y refuerza sus posiciones de derecha, y se opone a ella.

No queremos decir aquí que se sea más o menos de izquierdas en función de la defensa a ultranza de la secesión, no, eso está más allá de la discusión planteada, y deberá ser estudiada con otros parámetros, con otras miras y objetivos. Pero sí que se muestra un talante más izquierdista (o más basado en las necesidades de las capas populares, de los ciudadanos) el ponerse del lado de quienes defienden el derecho a consultar a la propia ciudadanía (y no a sus representantes) acerca de sus intereses.

Otra parte del problema estriba en que la consulta popular abre la posibilidad de repetir dicha consulta por tiempo indefinido, hasta lograr los objetivos de una minoría que pueda erigirse en mayoría, pero eso también excede a nuestro artículo, y deberá encauzarse legalmente mediante pactos que aseguren mayorías suficientes para articular cualquier sociedad (y los correspondientes problemas que conlleva). Nuevamente, dicha cuestión excede a nuestros objetivos, pero deberá ser analizada con posterioridad.

Para concluir, el PNV, a fin de salir de su propio atolladero o laberinto, parece – porque no queda nada claro, una vez más – proponer que la consulta que quiere realizar se va a centrar más en el rechazo a ETA que a la cuestión que, en principio, debería ser decisiva a la hora de dilucidar el llamado «conflicto vasco». De acuerdo, se consulta sobre el rechazo a ETA y, pongamos por caso, se logra un 80 u 85 % de los votos. ¿A qué nos lleva? Vayamos más allá, y consultemos al resto del Estado español, y nos volvemos a encontrar con un, digamos, 95 % de rechazo a ETA. ¿Y qué? Por cierto, ¿cuántos votos logró HB-EH en las elecciones europeas sucesivas en las que se les permitió presentarse?

Complicado. De verdad.

Pablo A. Martin Bosch «Aritz»es Doctor en Filosofía en la UPV-EHU, Licenciado en Antropología en la UD, Especialista universitario en Ciencia, tecnología y sociedad en la UNED.