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Notas sobre “Els setze jutges de Rajoy” de Jordi Escuer y Alberto Arregui

Los setze jutges de don Mas

Fuentes: Rebelión

Jordi Escuer y Alberto Arregui han publicadorecientemente un artículo en rebelión: «Catalunya hacia la independencia» [1]. Algunas precisiones sobre algunas aristas del contenido de este escrito, en el que rige, desde mi punto de vista, un error de perspectiva: la nefasta política del PP parece, por derivada o inferencia, otorgar bondad a las propuestas independentistas. […]

Jordi Escuer y Alberto Arregui han publicadorecientemente un artículo en rebelión: «Catalunya hacia la independencia» [1]. Algunas precisiones sobre algunas aristas del contenido de este escrito, en el que rige, desde mi punto de vista, un error de perspectiva: la nefasta política del PP parece, por derivada o inferencia, otorgar bondad a las propuestas independentistas. Y no es el caso, por supuesto que no es el caso. Las diferencias de fondo entre las políticas socioeconómicas del PP y de CDC (antes CiU), la fuerza representante por excelencia de las 400 familias milletianas con mando en plaza, se pueden medir en millonésimas de centímetro.

1. La actitud de Rajoy lo lleva todo a los tribunales, señala los autores, «pues niega la mayor, el reconocimiento del legítimo derecho a la autodeterminación del pueblo de Catalunya».

Tal vez sea así lo de Rajoy (en lo que no entro), pero en Cataluña nadie o casi nadie habla ahora del derecho de autodeterminación. Se habla de independencia, de la creación de un nuevo estado. Las manifestaciones del 11 de septiembre, desde 2012, se dijera lo que se dijera para ampliar la concurrencia, tenían esa finalidad: romper el demos común. A la Cataluña productiva, consigna de CDC no desmentida ni rectificada, le molesta la España -el resto de España quieren decir, incluida Euskadi, País Valencia, Illes, Galicia, etc- subsidiada (por el esfuerzo de todos los catalanes, especialmente por el durísimo trabajo del señor Millet y de don Jordi Pujol, Soley y Ferrusola).

Por lo demás, el concepto «derecho de autodeterminación» fue orillado nominalmente desde el primer momento del procés por el «dret a decidir», seguramente porque no había forma de encajar la actual situación de Cataluña -que no es ni de lejos la existente durante la dictadura franquista, régimen fascista al que, como se sabe, contribuyeron y apoyaron amplios sectores de las clases dominantes catalanas- con la legislación internacional. Un punto más: el uso del «dret a decidir» quería hacer olvidar, así lo han reconocido, la contribución de los partidos comunistas, casi en minoría de uno, a la defensa de las libertades nacionales de la ciudadanía catalana. Otros colectivos, mientras tanto, se preparaban para el futuro y para el mundo de los negocios.

2. El Gobierno, señalan también, «que se ha negado a reconocer valor de plebiscito a estas elecciones, no cesa de repetir que las fuerzas independentistas han fracasado porque no han llegado a tener mayoría absoluta». Es cierto que no la han tenido, afirman, «pero su resultado está muy lejos de ser un fracaso y es un indicativo claro de que la reivindicación de la independencia tiene en la sociedad catalana un apoyo enorme y creciente. Casi 2 millones de votantes han respaldado a las dos candidaturas que defienden la independencia, un 47,82% de los votos y una mayoría absoluta de diputados en el Parlament. Si comparamos los votos de Junts pel Sí y de la CUP, ambos obtienen 300.000 votos más que la suma obtenida por CiU, ERC y CUP en las elecciones de 2012. Hay más votos independentistas y más a la izquierda».

Lo de más votos independentistas olvida recordar que la participación del 27S ha sido la más importante en toda la historia desde las elecciones catalanas autonómicas desde 1980. Ese supuesto incremento no alcanzaría la dimensión que parece tener si tuviéramos en cuenta ese factor. En votos, como se cuentan los plebiscitos, y son ellos los que convirtieron estas elecciones en un plebiscito, las fuerzas independentistas han perdido (a pesar de TV3, del más que sectario 11S, de Catalunya Ràdio, etc)

Lo de más a la izquierda es más que discutible. La hegemonía del proceso está, como siempre, en manos de Mas y de CDC. ERC, que formó parte de aquellos gobiernos tripartitos al lado de ICV y PSC, comparte mesa actualmente con una de las fuerzas más neoliberales de España (y posiblemente de Europa). Esa fuerza y ese voto, que se dice de centro izquierda, admite lo que tenga que admitir (así lo ha demostrado durante esta última legislatura) con tal que la hoja de ruta independentista tire adelante.

Por lo demás, basta moverse un poco en ambientes independentistas. Oírles, leerles. Sin entrar en los partidarios de las CUP (donde también habría que destacar alguna sorpresa), los valores de izquierda se sitúan a siglos-luz del programa de Junts pel sí: UE, euro, OTAN, Estado de bienestar demediado, neoliberalismo puro y duro etc etc. La izquierda no pinta nada, nada de nada en ese agrupamiento.

3. Es habitual en los medios de la derecha española, y en parte de los de la izquierda, señalan, sin concretar a qué hacen referencia, «responsabilizar a Artur Mas del crecimiento del independentismo, pero no es así. Lo que intenta Mas es utilizar los sentimientos nacionales y democráticos del pueblo de Catalunya en su beneficio, de su partido, y en el de la clase que representa, la burguesía catalana. Pero él no crea la reivindicación de independizarse».

La haya creado o no, no hay ninguna que el crecimiento del independentismo en Cataluña está directamente relacionado con la posición de CDC a partir de 2011 (y de sus prohombres: Jordi Pujol, por ejemplo) y a su interés en ocultar las otras caras socioecnómicas de la situación. Sus mismos consellers lo han manifestado por activa y por pasiva: ¿cómo se iban a soportar tantos recortes, tanta corrupción y tantos negocios oscuros sin este escenario nacionalista-soberanista que nos hace olvidar tantas y tantas cosas? ¿De qué temas se han hablado en estas pasadas elecciones?

La afirmación de que «la gran mayoría del pueblo de Catalunya se siente una nación, con una lengua y una cultura propias, con una larga historia de represión de sus derechos en el Estado español, y que desea poder administrase a sí misma» exige algunos matices. La represión de sus derechos a los que se aluden estuvo acompaña, insisto, de la colaboración de una parte sustantivas de sus clases dirigentes (Samaranch es ejemplo conocido). En Cataluña no hay una sola lengua; el concepto de lengua propia implica que las otras son impropias y no es el caso. Tampoco hay una cultura propia, sino culturas, la mayoría de ellas mezcladas, impuras e interrelacionadas. Es tan catalán, por hablar en términos que tiran para atrás, la sardana como Miguel Poveda o el compañero de Lola Flores. Mejor dicho, el flamenco es, de hecho, más catalán.

4. Una de las características del nacionalismo español, apuntan también los autores, «es su capacidad para ver la paja en ojo ajeno, pero no la viga en el propio. Tan legítimo es sentirse español como catalán».

De acuerdo, tan legítimo. Pues bien, en Cataluña tampoco es el caso. Para muchos sectores del nacionalismo catalán no es de recibo sentirse catalán y español a un tiempo (advierto innecesariamente que no es mi caso, no tengo pulsiones identitarias). Quien así piensa o así dice es tratado de españolista y ser españolista en Cataluña, a diferencia de ser catalanista, es como partidario del fascismo, del neofranquismo o de la España de la sacristía de la que nos habló Machado. Ser una facha, es una forma apretada de decir.

5. La afirmación de «muchos trabajadores y trabajadoras catalanas han respaldado a Junts pel sí y a la CUP» porque rechazan la actitud del Gobierno del PP, su autoritarismo en todos los terrenos, no se respalda en ningún análisis sociológico electoral. Basta ver el mapa de Barcelona (y de otras ciudades) y ver quienes han sido los partidos más votados en los barrios obreros de la Rosa de Fuego.

Por lo demás, unir como se está uniendo, Junts pel sí y las CUP resulta más que sorprendente. ¿Qué tendrá que ver una fuerza neoliberal con un partido de izquierda comunista? ¿La independencia? ¿Qué independencia? ¿La de los Países Catalanes, la de Cataluña? Pues vale, será eso.

6. Los autores citan en varias ocasiones un programa de humor de TV3, Polònia. Lo miran con muy buenos ojos. Son más que generosos en sus aprciaciones. Polonia és un programa que respira y publicita la cosmovisión nacionalista más clasista y posmoderna que uno pueda imaginarse. Toni Soler es su director, una de las estrellas principales del tricentenario (con probada rentabilidad económica por su tarea). Su labor ideológico-cultural ha sido nefasta a lo largo de estos años. En síntesis y con risas y risas: España es una m.; y Cataluña es la mar de divertida.

7. Sobre CSQEP señalan que ellos «empezaron por cometer el error de colocar en la misma balanza a las fuerzas independentistas que al Gobierno de Rajoy cuando, mientras los primeros defienden un derecho democrático esencial y profundamente sentido en Catalunya como es el derecho a decidir, los segundos persiguen en los tribunales a quienes lo defienden». Desde luego que eso, colocar en la misma balanza, no fue así en ningún momento. Pro, además, la defensa del independentismo catalán resulta absolutamente extraña. Muchas de esas fuerzas, alejadas milenios-luz de cualquier noción de solidaridad y muy próximas a planteamientos liga-nordistas, a lo que aspiran básicamente es a un momento de poder. Contra más mejor. Los derechos de los y las trabajadoras les importa un pimiento, nada de nada. les hablan en mandarín mezclado con ruso y noruego. Nada que ver con sus vidas, sus finalidades, sus gentes, sus preocupaciones, su status. Nada. Es otro mundo, otra Cataluña que apenas conocen y a la que seguramente nunca han visitado. No son barrios altos de gente rica.

8. Sin gastar más espacio, para no cansar al lector, apuntaré simplemente que los resultados que ha obtenido CSQEP tienen que ver básicamente con la falta de claridad en el asunto central de estas elecciones, no con otras historias. Basta preguntar a ex votantes. Defensores, decían, del derecho de decidir (una terminología nunca empleada por nosotros) pero sin decir claramente qué defenderían cuando se ejerciera ese derecho. ¿Federalismo, confederalismo, independencia? No lo decían, desde luego, porque no podían decirlo. CSQEP tiene varios diputados independentistas. Empezando por el señor Nuet, el secretario general del partido de los Comunistas de Catalunya (nada que ver, nada., con el PCC de los años de la transición).

Por lo demás, el nombrecito de la coalición se las trae. «Catalunya sí que es pot». ¿Y qué es lo que puede, qué es lo que se podía?

Nota:

[1] http://www.rebelion.org/noticia.php?id=204026

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.