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En torno a “La gran humillación” de Gregorio Morán

Los trece puntos, los reyes moros, los estilos enérgicos y otras observaciones (más suaves) complementarias

Fuentes: Rebelión

Gregorio Morán publicó el pasado sábado 9 de julio la segunda parte de un artículo titulado «La gran humillación» [1]. Unos breves comentarios. Si tuviera la mala baba que esgrime con destacada y conocida frecuencia el admirado escritor y periodista asturiano (una pose más que estudiada como es evidente), una, que tiene sus años, hubiera […]

Gregorio Morán publicó el pasado sábado 9 de julio la segunda parte de un artículo titulado «La gran humillación» [1]. Unos breves comentarios.

Si tuviera la mala baba que esgrime con destacada y conocida frecuencia el admirado escritor y periodista asturiano (una pose más que estudiada como es evidente), una, que tiene sus años, hubiera empezado esta nota citando un fragmento de su artículo -«Baste decir que perdieron 13 puntos en este engendro de reclutas…»-, añadiendo algo así como lo siguiente: «dejo aparte la fuerte afabilidad masculina que encierra el comentario «sobre este engendro de reclutas», me centro en los 13 puntos y sugiero: de alguien que a estas alturas de su vida confunde puntos con un decremento porcentual (¡que tampoco es del 13%! [2]), poco podemos esperar. ¡Con 13 puntos menos Unidos Podemos no hubiera conseguido 71 diputadas/os! Así que lo mejor, es no leerle. Si comete errores elementales (Morán «el duro» hubiera escrito «de 3º de Primaria») en asuntos más que elementales, podemos conjeturar lo que puede ocurrir cuando reflexiona y escribe sobre asuntos más sofisticados».

Pero no empezaré así porque sería muy injusto y porque una no es ni aspira a ser Gregorio Morán, sobre todo cuando se pone en plan Gregorio Destroyer and Annihilator.

Me limitaré a comentar algunas de sus afirmaciones (no todas, para no agotar a las lectoras):

1. «Aquella tarde de junio, en plena campaña electoral… contemplé la surrealista escena de un mitin de Podemos donde, a la vieja usanza de la Pasionaria, subió al estrado Julio Anguita, engarzándose a Pablo Iglesias en un emocionado abrazo; uno miraba a su modo de rey moro destronado por la historia y el otro derramaba unas lágrimas que le honran como persona y le achican como líder -porque los dirigentes también lloran, pero sus lágrimas son votos-. En ese momento, lo confieso, me cupo una duda; a lo mejor es bueno para ellos, pero es la derrota más evidente de un movimiento, Podemos, que había nacido, crecido y provocado con mayores pretensiones que las de visitar a los anticuarios políticos que ya no tienen nada que vender salvo los saldos de sus derrotas. Estos chicos, la esperanza de la izquierda desvanecida, habían cometido el error que la derecha ansiaba».

Tal vez la derecha ansiaba un abrazo así… O no, vaya usted a saber las ansias de la derecha. Pero, ¿cabe lo de «rey moro destronado por la historia», lo de la visita al anticuario y la venta de los saldos de sus derrotas? ¿Sus derrotas o las nuestras, incluyendo en ellas las de don Morán el victorioso? ¿A qué viene la referencia a la Pasionaria? ¿Por qué ese gesto es la derrota más evidente para un movimiento? ¿A toro pasado o porque lo dice don Morán X el sabio? ¿No se abrazaron el 20D Pablo Iglesias y Manolo Monereo, alguien que ha representado durante años posiciones políticas más que parecidas a las de Anguita? ¿Dijo algo entonces don Morán? ¿Pensó lo mismo?

2. Prosigue GM: «Toda la operación de integración de IU en Podemos es la más exitosa manipulación, animada por la derecha y suscrita por todos los restos de los innumerables naufragios de la izquierda una vez acabada la transición y regulada la vida política a partir del barrimiento absoluto de quienes querían un proceso diferente. ¡Vaya putada! La vida política desde la muerte del Caudillo sólo tiene tres líderes, Adolfo Suárez, Felipe González y Mariano Rajoy. El resto es paisaje. Tal vez por una sentimentalidad evocadora de otra época a alguno se le ocurriera resucitar a los muertos -Rajoy es otro muerto en vida que en el partido más poderoso, corrupto e influyente no tendría enterradores capaces de coger la pala; está ganando, frente a todo pronóstico, y nadie mata a su patrón si paga prebendas suculentas-. Pero para imitar a la casta, ese apelativo hoy desaparecido, habría que salir de las líneas marcadas».

¡Vaya putada!, es marca conocida de la casa: ¡Vaya putada!, así, varias veces, para demostrar más hombría, más narices.

El paso, además, es un pelín confuso. Más allá de eso: ¿por qué habla don Morán el adivino de integración de IU en Podemos? ¿Animada por la derecha? ¿Por qué derecha? ¿Suscrito el acuerdo por todos los grupos y grupúsculos de izquierda? ¿Dónde vive don Morán el desinformado? ¿Cuáles son sus fuentes de (des)información?

Lo dicho sobre los líderes políticos y los sistemas trinitarios no merece mucha atención. Los nombres y el número van cambiando a medida que cambian los intereses de cada momento. Don Santiago Carrillo era antes uno del grupo; ahora parece que no. Nadie hubiera hablado de don Mariano hace tres meses; ahora es un gran líder de la vida política española. Suárez era un tahúr de tercera división; ahora es un líder. A ver cuáles son los miembros de la futura Santísima Trinidad política española. Se admiten apuestas.

3. Otro paso más: «La otra humillación de la izquierda, la que aspiraba a serlo en el sentido más rotundo de la palabra, no está en que la realidad haya chafado todas y cada una de sus ambiciones, sino en que ha asumido pasados que ni siquiera Mariano Rajoy hubiera aceptado. ¿Se imaginan mítines y lágrimas con José María Aznar? Una catástrofe, que por cierto buena parte del PP animó a Rajoy para que la aceptara. La política es una profesión para hombres (o mujeres) solos, que escuchan, aceptan, sonríen, agradecen y hacen luego lo que su estrategia ha definido. Sin piedad, ni llantos. Lo viejo quedó atrás y lo nuevo lo invento yo».

Don Morán nos da su definición de política. Valga para él, para su reflexión enmarcada en el realismo supuestamente más real, unido a notas de sabor laclauniano-teológico sobre la creatio ex nihilo.

Lo importante: ¿quiénes han asumido pasados que ni siquiera Rajoy hubiera aceptado? ¿De qué habla don Morán el impreciso? ¿Y qué horribles pasados son esos? ¿Alguna pista por favor?

Añado: chafadas todas y cada una de sus ambiciones. ¿A qué remite todas y cada una en este caso? Añado también: ¿no está lanzando don Morán el generoso demasiadas flores sobre la «estrategia definida» de don Mariano?

4. Otro paso más: «Hay como un cierto rubor en acercarse a «la mierda de resultados» de Podemos, que dijo una militante anónima y con sentido de la política. No se puede pasar de proponerse vicepresidente del Gobierno, de exigir cargos tan difícilmente aceptables como los servicios de información, entre otros, y de pronto quedarse quieto, mirando el panorama y esperando una llamada que no llegará. Para la gente que no vivió lo nuestro, felizmente, cabe recordarles que cuando Franco hacía una crisis, cambios de ministros, subsecretarios y demás faramalla, es sabido que ningún aspirante salía de su casa ni para comprar el diario; esperaban la llamada, porque si no estaba al otro lado del cable podía no llegar a nada. Hay historias al respecto que superan los chistes de La Codorniz. El poder tiene siempre varias opciones, para eso es poder, y por si faltara poco, tiene el BOE. Siento decirlo así de crudo. Volvemos a algo similar».

De «mierda de resultados», una expresión que parece encantar a don Morán el duro y conocido, nada de nada, como es obvio para quien no quiera cegarse. Los resultados, por otra parte, no son de Podemos sino de Unidos Podemos.

¿Quedarse quieto? ¿Quién se ha quedado quieto? ¿Esperando una llamada del PSOE? ¿Pensará Morán el listo que Iglesias o Garzón son ingenuamente estúpidos?

¿Y a qué viene lo de Franco? ¿Viene a cuento o es un disparate de don Morán el exraviado?

5. Más: «La otra gran humillación de la izquierda, me refiero a las pretensiones de Podemos, es que de aspirar al poder, legítimamente, se acaba convirtiendo en una semana de saldos. La integración, o asimilación, o conciliábulo, o como se quiera llamar, entre Podemos e Izquierda Unida es una de esas torpezas políticas a las que siempre te animan los enemigos. Por más que sea una obviedad eso de que dos y dos, en política, no son cuatro, da lo mismo. Porque la esencia del asunto es que ustedes se apalancan con un grupo que es la imagen de la derrota desde hace décadas y cuya imagen social, no digamos ya electoral, está por los suelos salvo en aquellas localidades en que se reparten las regalías».

¿No está ya dicho lo ahora dicho? ¿Y por qué es una torpeza política esa unidad que hubiera alterado sustantivamente probablemente el panorama político si se hubiera dado, el 20D y que, de hecho, ha alterado lo suyo el panorama el 26J? ¿La esencia del asunto es la alianza con un grupo que es la imagen de la derrota? ¿Eso es la esencia de lo aportado por IU? ¿No hay más? ¿Ese es el balance justo e informado de IU en estos últimos 30 años? ¿Nada a destacar? ¿De derrota en derrota y de disparate en disparate, menos donde hay regalías según don Morán el acusador?

6.»No quiero ofender a nadie, ni menospreciar a quienes han puesto alma, corazón y vida en una de las aventuras políticas más hermosas desde la muerte de Franco. Pero, aunque me gustaría escribir lo contrario, fracasó por la bisoñez de sus estrategas».

No quiero ofender a nadie, ni menospreciar (¿estará de broma?), dice don Morán el cariñoso, pero ofende. ¿O no? ¿Y por qué fracaso? ¿Por no alcanzar el gobierno? ¿Pero era realmente pensable esa posibilidad? ¿Quién se creyó esa fantasía imposible, esa enorme ensoñación?

¿No les suena eso de la bisoñez de sus estrategas? ¿No ha comentado nada parecido la derecha mediática? ¿Reproducimos sus análisis?

7. Voy finalizando: «Habrá que volver a intentarlo, pero lo que pretendía ser está herido de muerte y además asociado a quien le facilitará la derrota. Vivimos en un mundo fascinante, al que no sabemos sacarle el auténtico valor de las palabras. El líder de las Comisiones Obreras, por buen nombre Toxo, nos ha advertido: «Temo una explosión social». Yo siempre creí, y soy muy mayor para cambiar, que un líder obrero le dijera a la sociedad: «Vamos a una explosión social». De otra manera no tendría mucho sentido que dirigiera un sindicato, mejor que trabajara como asesor en un grupo patronal. Sin embargo, eso es algo muy diferente que echarle un pulso a los cielos, porque no es la misma metáfora asaltar lo que está muy por encima de ti que un objetivo ambicioso pero posible, como echarle un pulso a los cielos».

Pues no se entiende bien el paso-reflexión. Porque lo que Morán el luchador señala de la actual dirección de CCOO, con toda la razón del mundo, casa mal, muy mal, con lo antes indicado. Ese alguien que, según don Morán el futurólogo, facilitará la derrota ha insistido en puntos parecidos a los por él comentados: la necesidad de que el combate institucional, que nadie desprecie o debería despreciar, esté acompañado de movilizaciones, de luchas sociales, de pequeñas victorias, de trabajo organizativo, de ayudas reales a los sectores más desfavorecidos, de haceres comunitarios, del vivir de otra manera… De luchas, posibles y necesarias, y de trabajo capilar gramsciano, si la expresión no queda muy cursi.

8. Finalizo: «En dos años esa izquierda renovada, audaz y hasta temeraria había alcanzado tal velocidad que convirtió a sus dirigentes mitad en superhombres, mitad en héroes. Pero el batacazo electoral último va a generar un nivel de conflictos internos agravados por la incorporación de IU, especialista en querellas domésticas. Cuando alguien se equivoca en los cálculos puede suceder que acabes alimentando, y hasta fortaleciendo, al adversario que habías declarado moribundo».

Puede suceder casi todo, como es evidente (esperemos que no un fuerte nivel de conflictos internos), pero en todo caso, para el premio «equivocarse en los cálculos» hay muchos candidatos. Don Morán el guasón, por lo que hemos visto, tiene muchos números en la rifa. Y, por supuesto, hay muchas formas de fortalecer al adversario declarado moribundo. Una de ellas es evitar o no usar apenas matices. Y matiz es concepto, como nos enseñó un añorado maestro hablando del filosofar «a lo bruto» del dirigente de la revolución de Octubre.

(Entre paréntesis y ahora que Morán el deslumbrado no nos escucha: lo que apunta el autor de El maestro en el erial sobre héroes y superhombres, ¿no es indicio de una admiración poco prudente hacia la dirección de Podemos y sus indudables avances en estos dos años?)

En síntesis: de don Morán se aprende casi siempre. Esta segunda parte de su artículo da razón de ese «casi». Muchas, que seguimos leyéndole con la pasión y devoción a él debidas, esperamos otro tipo de reflexiones. Con menos mala baba, con más acierto numérico, con más precisión, con otro estilo argumentativo, sin dar caña por dar caña y con menos prejuicios.

Notas:

[1] http://www.lavanguardia.com/opinion/20160709/403066378566/la-otra-humillacion-y-2.html

[2] Podemos + Confluencias + IU obtuvieron el 20D, sumando sus resultados, 6.112.438 votos. El 26J obtuvieron 5.049.734 votos. La diferencia, 1.063.304 votos, supone un decremento del 17,4% del resultado obtenido en 2015.