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Túnez

Lucha contra la contaminación industrial: las mujeres de Gabès muestran el camino

Fuentes: Viento sur [Traducción del cartel: "¿Un hospital de oncología de categoría internacional? Os matamos con química y os curamos también con la química". Foto: Nawaat.]

Nunca el eslogan “¡El pueblo quiere!”, coreado en las calles tunecinas, tuvo una traducción más concreta que durante la huelga general de Gabès, el 21 de octubre de 2025.

Más de 130.000 ciudadanos iniciaron la mayor manifestación del país desde el 14 de enero de 2011, exigiendo el fin de la lenta destrucción de la región debido a la contaminación del grupo químico. Si bien la contaminación ha afectado a todo y a todos en Gabès, sus consecuencias han resultado más nefastas para la salud de las mujeres y en particular, para su salud reproductiva. Este sufrimiento adicional se suma a la lista de enfermedades que padecen los habitantes de la región, ante el silencio de las autoridades.

En los núcleos cercanos a estas instalaciones industriales, como el barrio de Chott Essalem en Gabès, casi todos los hogares se ven afectados por enfermedades respiratorias, afecciones óseas y otras dolencias, entre ellas el cáncer. Estas afecciones están provocadas por las emisiones de esta unidad industrial al aire o por los residuos químicos líquidos que contaminan la tierra y el mar. La situación que viven las mujeres allí es aún más dura, ya que la mayoría de ellas deben cuidar de un familiar enfermo, además de sufrir sus propios males.

Luchar contra la contaminación y las enfermedades que provoca

Radhia, una treintañera casada que vive en Chot Essalam, comenzó su embarazo sabiendo desde los primeros meses que no se trataba de una gestación normal. Los análisis revelaron signos de anomalías en el crecimiento del feto, explica.

Pero, como muchas madres, optó por la negación y la esperanza en lugar de ceder al miedo:

“Sentía, dice, que algo no iba bien, pero me aferraba a la idea de que las cosas podrían mejorar. Quizás el instinto maternal era más fuerte que todos mis miedos.

Consumida por una angustia cada vez mayor, Radhia continuó con su embarazo, aferrándose a la esperanza de que su bebé sobreviviera, hasta el octavo mes, que era decisivo. En ese momento, los médicos confirmaron que el crecimiento del bebé se había detenido y que las malformaciones habían empeorado, por lo que era necesaria una cesárea. Dio a luz a una niña que solo sobrevivió seis días, falleciendo finalmente por complicaciones congénitas.

Tras la muerte de su recién nacida, el médico le explicó que, según el diagnóstico médico, estas malformaciones se debían a la exposición crónica a fugas de contaminantes en el entorno de su domicilio, situado cerca de las unidades industriales de Chott Essalem. Le precisó que el efecto de los contaminantes sobre el feto comienza desde las primeras semanas de embarazo, aunque sus efectos no sean claramente visibles al principio.

Las investigaciones científicas demuestran que la exposición crónica a contaminantes atmosféricos industriales, como las partículas finas (PM2,5) y los gases tóxicos (como el dióxido de azufre), se asocia con resultados adversos del embarazo y anomalías en el desarrollo fetal, en particular bajo peso al nacer, parto prematuro, retraso del crecimiento intrauterino y complicaciones de salud materna. Además, la contaminación atmosférica puede provocar hipertensión gestacional, aborto espontáneo y problemas de crecimiento fetal, debido al impacto de estos contaminantes en la función placentaria y el suministro de oxígeno y nutrientes al feto1/

En Gabès, las unidades industriales del grupo químico emiten continuamente contaminantes atmosféricos, en particular gases tóxicos y partículas finas, lo que expone a los habitantes, especialmente a las mujeres embarazadas, a graves riesgos para la salud. Los datos locales y los estudios científicos han demostrado estos riesgos. Sin embargo, las autoridades siguen ignorando los llamamientos de los residentes para que se desmantelen las instalaciones contaminantes. Esta actitud pone de manifiesto la incapacidad del Gobierno para proteger a sus ciudadanos y expone a toda una región a un peligro mortal, lo que perpetúa la crisis.

Jamila, de 35 años, que vive en el mismo barrio, mide su estado de ánimo diario por el olor del aire cada mañana. Si se despierta cansada y enferma, sabe que el-bakhara ha liberado toxinas densas, dejando una capa de polvo gris sobre las ventanas. Cada día la despierta la tos de su hija menor, que rompe el silencio de la casa.

Hace unos años, Jamila se ocupaba de las tareas domésticas sin mayor dificultad. Pero su asma grave le ha cambiado la vida: subir las escaleras de su casa se ha convertido en un calvario, obligándola a detenerse con frecuencia para recuperar el aliento. Cada vez que se eleva una nube de toxinas de la fábrica química cercana, su paso se vuelve más pesado. El aire, que debería ser fuente de vida, se ha convertido para ella en una carga diaria.

Estas son las escenas cotidianas en la zona residencial que rodea al grupo químico: barrios devastados por la contaminación y convertidos en hogares asfixiados, con un trasfondo de creciente revuelta y gritos de angustia. Con una sola voz, la población reclama una sola cosa: el desmantelamiento inmediato de las unidades de la mortífera industria química. Este fue el lema que se alzó en las manifestaciones del 21 de octubre de 2025, en las que destacó la fuerte presencia femenina.

Las mujeres están en primera línea de cada manifestación, blandiendo pancartas y coreando consignas al unísono. Están presentes en gran número en las sentadas organizadas por el movimiento Stop Pollution. Esta presencia femenina no es un detalle simbólico, sino un acto cotidiano de resistencia frente a un peligro medioambiental, que amenaza sus vidas y las de sus familias. Las mujeres que padecen enfermedades crónicas agravadas por la contaminación, participan activamente en la dirección del movimiento, lo que le confiere una dimensión altamente humana y de género, y recuerda que la preservación de la salud y el medio ambiente no es un lujo ni una opción, sino una necesidad existencial que se vive a diario.

Durante la marcha, Jamila destacaba entre la multitud, con su velo verde que le cubría la mitad del rostro. Llevaba dos inhaladores para el asma, como testimonio de su sufrimiento. Nos habló de sus tormentos debido al aire contaminado que devastaba su barrio y que había causado enfermedades respiratorias crónicas a ella y a su familia.

“Toda mi familia sufre cada vez que se abren las chimeneas de evacuación de productos químicos. Mi hija, mi marido, mi suegra… todos sufrimos asma y dificultad para respirar, a veces hasta el punto de asfixiarnos”, afirma. Y continúa: Mi hijo es hospitalizado tres veces al año, y somos nosotras, las mujeres, las que pagamos el precio más alto. Cada año, en octubre, nos hacemos una prueba de detección de cáncer de mama porque vivimos con un miedo constante, con un dolor de cabeza permanente que nos corroe. Mi hijo nació asmático porque yo estuve enferma durante el embarazo y, desde entonces, nuestra casa está llena de aparatos respiratorios”.

Nawaat también se reunió con Fatma, quien nos contó la dura prueba que está pasando:

“Participo en el movimiento de protesta a pesar de que mi marido trabaja en el grupo químico y él mismo está enfermo, y de que mi padre murió de cáncer. Yo misma tuve cáncer en 2010 y todavía tengo secuelas en los senos y el útero”.

Fatma, de unos cincuenta años y originaria de Chott Essalem, recuerda cómo Gabès era “un paraíso, un oasis, con el mar y las montañas”, antes de convertirse en “pesadilla medioambiental”. Ella proclama en voz alta: “¡Queremos aire puro y una vida digna, no más contaminación, y estas unidades deben ser desmanteladas inmediatamente!”.

Toda la región sufre una contaminación generalizada causada por las unidades industriales, en particular por el fosfoyeso, un residuo industrial procedente del tratamiento del fosfato utilizado para la producción de ácido fosfórico, que se vierte en enormes cantidades al mar, cargado de residuos químicos y metales tóxicos. Estos residuos no solo afectan al ecosistema marino, sino que sus efectos se extienden al aire y al agua que rodean las aglomeraciones urbanas, provocando enfermedades respiratorias y crónicas, así como importantes riesgos para la fertilidad y la salud fetal. Esto convierte a Gabès en una de las regiones más afectadas por la compleja contaminación industrial del país.

Ante la acumulación de problemas de salud, entre los que destacan las enfermedades respiratorias crónicas, los trastornos hormonales y un notable aumento de los casos de cáncer entre las mujeres, los habitantes no se han quedado de brazos cruzados. Desde hace años, el movimiento Stop Pollution organiza protestas continuas, que atraen a miles de habitantes de la ciudad, hombres y mujeres, que piden el cierre de las unidades contaminantes y el fin de la catástrofe ecológica que amenaza sus vidas. A pesar de los cambios de gobierno y las sucesivas promesas, la población local no ha bajado la guardia, alzando la voz cada vez para recordar a todos que el aire respirable no es un lujo, sino un derecho fundamental.

Malformaciones fetales: la pesadilla de las mujeres

Numerosos testimonios describen hasta qué punto las mujeres de Gabès están obsesionadas por las amenazas que pesan sobre su salud reproductiva. La contaminación industrial constituye, en efecto, una amenaza directa para el buen desarrollo del embarazo y la salud del feto. La Dra. Ouarda Mahdhaoui confirma que estos riesgos son consecuencia de la exposición crónica a los contaminantes y metales pesados presentes en el aire y el agua. Explica: “La contaminación afecta directamente a la fertilidad de las mujeres. Los productos químicos difundidos en Gabès, en particular los metales pesados, tienen un impacto en la salud de los ovarios, la regularidad de la ovulación y el desarrollo de los embarazos. La exposición a estos contaminantes puede tener como resultado malformaciones fetales, bajo peso al nacer y anomalías celulares, y puede provocar abortos espontáneos.”

Nuestra interlocutora continúa: “Las enfermedades tiroideas en las mujeres son uno de los indicadores de salud más preocupantes en Gabès, en particular el hipotiroidismo, que ha experimentado un notable aumento en los últimos años. Las mujeres también sufren problemas respiratorios, dolores reumáticos y osteoporosis, enfermedades que pueden estar causadas, entre otras cosas, por la contaminación”.

El Dr. Mahdhaoui afirma que “los problemas de salud relacionados con la contaminación se han extendido ampliamente por la región, pero la falta de estadísticas precisas y actualizadas no permite saber si su tasa es más elevada que en otras provincias. Sin embargo, el aumento de los casos y las quejas presentadas por las mujeres en relación con estas enfermedades hacen que esta lacra sea una realidad indiscutible”.

Nuestra interlocutora precisa que “el cáncer de mama y el cáncer de tiroides son los más frecuentes entre las mujeres de la región, lo que sugiere que están directamente relacionados con la contaminación ambiental”. La razón es que las emisiones y los contaminantes contienen metales pesados, en particular cadmio, cuya concentración “superaría ampliamente los límites permitidos a nivel internacional, así como uranio, elementos conocidos por provocar estos tipos de cáncer y otras enfermedades graves”, explica.

Al referirse a la falta de estudios y estadísticas fiables sobre la situación sanitaria en Gabès, la Dra. Ouarda Mahdhaoui destaca que en 2020 participó en un estudio sobre la relación entre la contaminación y las enfermedades cardiovasculares, centrándose en los riesgos a los que están expuestas las mujeres. Sin embargo, todavía no existen suficientes estudios nacionales que traten específicamente el impacto de la contaminación en la salud de las mujeres.

El cuestionario de evaluación Conner 2025 confirma que la exposición continua a los contaminantes atmosféricos, en particular a las partículas finas (PM2,5), los compuestos orgánicos volátiles y los metales pesados, provoca profundas disfunciones en la salud reproductiva de las mujeres, como inflamación crónica, estrés oxidativo y desequilibrio hormonal del eje gonadal. El estudio muestra que las mujeres que viven en zonas contaminadas sufren tasas más elevadas de abortos espontáneos, partos prematuros, retrasos en el crecimiento fetal y trastornos del ciclo menstrual. Asimismo, los niveles de contaminación bajos a moderados pueden afectar a la calidad de los óvulos, la implantación de los embriones y la fertilidad futura2/.

A pesar de su corto período de observación, los datos del Registro de Cáncer del Sur de Túnez (2010-2014) revelan altas tasas de cáncer en las mujeres, especialmente de mama, tiroides y cuello uterino, sin que, no obstante, se haya podido establecer ninguna relación con la calidad del medio ambiente. Pero estos datos sirven de referencia para comparar Gabès con la media nacional del sur y para formular hipótesis sobre el impacto de la contaminación en la salud de las mujeres3/.

Estudios recientes, como el del Departamento de enfermedades pulmonares del hospital de Gabès (2024), también confirman la relación entre la contaminación atmosférica y las complicaciones respiratorias. Así, un alto nivel de dióxido de azufre se asocia con un aumento del uso de la ventilación no invasiva, mientras que las partículas finas (PM₁₀) están relacionadas con la formación de abscesos pulmonares y complicaciones como el derrame pleural, casos que se agravan con el calor y la humedad4/.

Ante estos riesgos sanitarios cada vez mayores, Nawaat ha intentado en más de tres ocasiones ponerse en contacto con el Ministerio de Sanidad para obtener aclaraciones y estadísticas sobre las repercusiones de la contaminación en la salud de la población, pero ha sido en vano. El silencio del ministerio es en sí mismo una respuesta. Ante la falta de transparencia, la salud de los ciudadanos sigue siendo rehén de una política de negación, que lo reduce todo a una conspiración. Cediendo a la solución más fácil, las autoridades proceden a la persecución y detención de los activistas en lugar de tomar medidas radicales, en particular el desmantelamiento de estas fábricas, que constituyen un verdadero peligro por el que toda la región paga cada día un alto precio.

Las mujeres en el centro de la protesta

Durante las manifestaciones en Gabès, las mujeres no se contentan con participar en las marchas y sentadas, ni con corear consignas o enarbolar pancartas. Su papel se extiende a las campañas de sensibilización en las redes sociales y a la organización de encuentros populares. Su presencia demuestra su voluntad de transformar sus dificultades cotidianas relacionadas con la contaminación, en una dinámica colectiva eficaz. De hecho, la participación de las mujeres en los movimientos sociales en Túnez no es un fenómeno nuevo, sino una práctica profundamente arraigada en la historia social y política del país. Desde la época colonial hasta la revolución del 17 de diciembre de 2010 al 14 de enero de 2011, pasando por el levantamiento de la cuenca minera de Gafsa en 2008, las mujeres han estado en el corazón de los movimientos populares, no como elementos subordinados, sino como protagonistas de pleno derecho, participando y dirigiendo las marchas y acumulando una importante experiencia en la acción pública.

En una entrevista con Nawaat, Fathia Saidi, socióloga y activista feminista, explica: “Lo que caracteriza hoy en día al movimiento de defensa del medio ambiente en Gabès es la creciente conciencia ecológica, unida a la demanda, también en aumento, de un desarrollo sostenible que respete el derecho de las generaciones futuras a un medio ambiente saludable. Una concienciación que afecta tanto a las mujeres como a los hombres. Este cambio refleja una evolución cualitativa de las reivindicaciones sociales, especialmente ante el agravamiento de la amenaza de los gases tóxicos, a diferencia de los primeros años del grupo químico en la décadade 1970. Cabe destacar también los casos de asfixia registrados, en particular entre los escolares que viven cerca del complejo, que han desempeñado un papel determinante en la toma de conciencia y el desencadenamiento de las protestas.”

Fathia Saidi compara la presencia de las mujeres en primera línea de las marchas de Gabès con la que marcó el levantamiento de la cuenca minera de Gafsa en 2008. Lo explica por varios factores: en primer lugar, la reacción emocional muy viva de las mujeres cuando se trata de su salud o la de sus seres queridos y, en segundo lugar, su capacidad de organización, su intrepidez y su resiliencia. Las mujeres son más capaces de moldear el panorama social y más audaces en la confrontación, cualidades heredadas de su educación básica y de las pesadas cargas que asumen para mantener la cohesión familiar y social.

Nuestra interlocutora concluye que el movimiento de protesta en favor del medio ambiente constituye un caso particular en la historia de los movimientos sociales en Túnez, ya que va más allá de las reivindicaciones tradicionales inherentes al empleo y la lucha contra la precariedad. Representa una reivindicación de desarrollo basada en un enfoque global de los derechos, que sitúa el derecho a la salud y a un medio ambiente sano en primer plano de las prioridades.

La lucha encarnizada que libran las mujeres en Gabès demuestra que el movimiento feminista no es solo una presencia simbólica, sino una resistencia real frente a los peligros que amenazan su salud y la de sus familias. Como todas las tunecinas, sufren discriminación y violencia sexista, a lo que se suman los riesgos de la contaminación química propia de la región de Gabès y las graves enfermedades que esta provoca, en particular el cáncer. Al igual que Gabès ha dado al mundo entero una lección de resistencia contra el capital codicioso y contaminante, las mujeres de la región, con su papel impulsor y su activismo, dan una lección magistral sobre la estrecha relación entre justicia medioambiental, justicia social y justicia de género.

Notas:

1/ Contaminación atmosférica y embarazo –PMC(Estudio)

2/ Conner, H. (2025). “Pollution environnementale et santé reproductive”. PubMed

3/ Registro de cáncer del sur de Túnez (2010-2014). Ministerio de Salud, Túnez

4/ Sahli. S. y otros. “Pneumonie communautaire et exposition à la pollutionatmosphérique: étude effectuée à l’hôpital de Gabès”. Túnez (2024). PubMed.

Algunos vídeos, que forman parte del artículo, para seguir el proceso:

Los habitantes de Gabès logran su histórica huelga general: ¿ha entendido el Gobierno el mensaje? 22/10/2025

En una escena sin precedentes, la región de Gabès vivió el martes 21 de octubre de 2025 una movilización histórica en la que sus habitantes respondieron al llamamiento de la Unión general que paralizó todos los servicios, alcanzando una tasa de éxito del 100%. Tras la huelga, una inmensa marcha popular reunió a más de 130 000 participantes en las calles de la ciudad, exigiendo el fin del continuo crimen químico contra las personas y la naturaleza en Gabès.

Gabès: Movilización de las jóvenes activistas de “Stop Pollution” 2/2/2026

En este reportaje, Maryem nos lleva a conocer a tres jóvenes comprometidas con la lucha contra la contaminación en la región de Gabès: el aire y las aguas contaminados por los vertidos de las fábricas de productos químicos, pero también los residuos de estas fábricas que ensucian la región. Según ellas, esta plaga puede incluso convertirse en una fuente de ingresos y de creación de empleo.

Ultras Gabès”: ira por la dignidad 22/12/2025

El fosfoyeso que envenena Gabès 6/8/2025

Gabès se levanta contra el cáncer del Grupo Químico 16/10/2025

Traducción: Ángeles Ramírez para viento sur, desde la traducción al francés de Moussa Acherchour.  Nawaat

Fuente: https://vientosur.info/lucha-contra-la-contaminacion-industrial-las-mujeres-de-gabes-muestran-el-camino/