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Mayo de incertidumbres y combates necesarios

Fuentes: Asaltar los Cielos

No hace mucho abordé la cuestión de los retos para el sindicalismo y las izquierdas tras la exitosa Huelga General del 29M, los salvajes Presupuestos Generales del Estado (PGE) que entonces apenas eran una amenaza inconcreta y del futuro rescate de España (1). Aquellas reflexiones sobre la huelga estaban marcadas por la urgencia y a […]

No hace mucho abordé la cuestión de los retos para el sindicalismo y las izquierdas tras la exitosa Huelga General del 29M, los salvajes Presupuestos Generales del Estado (PGE) que entonces apenas eran una amenaza inconcreta y del futuro rescate de España (1).

Aquellas reflexiones sobre la huelga estaban marcadas por la urgencia y a la inmediatez del momento y acusaban la inmadurez de un análisis que hubiera necesitado una segunda revisión más profunda y meditada respecto a desafíos y propuestas.

En cuanto a los Presupuestos Generales del Estado y a la brutalidad de la agresión social que representaban seguramente me quedé corto. Atacaban directamente a la sanidad, la educación, la protección social, la investigación, desarrollo e innovación, la cultura y todo aquello que hace de la vida algo deseable y merecedor de la existencia. Un camino seguro hacia mayores dosis de injusticia, desigualdad y miseria de los trabajadores y los sectores más desprotegidos (rentas bajas, parados, precarios de diversa condición,…).

Respecto al futuro rescate del Estado español parece que el desenfrenado ascenso de la prima de riesgo por encima de los 400 puntos por los ataques especulativos del lunes 9 y el martes 10 de Abril (el lunes 16 la prima de riesgo se encaramó hasta los 443 puntos básicos), la desconfianza de los burócratas de Bruselas y el BCE y los malos modos de un Sarkozy en peligro de reelección y buscando un chivo expiatorio frente al mal francés, señalan que la hora del rescate está próxima.

La expropiación de la petrolera YPF que la Presidenta Argentina Cristina Fernández de Kirchner acaba de anunciar de realizar es la puntilla definitiva que le quedaba por llegar a la economía española antes de su ya inminente rescate o intervención, como prefieran llamarlo. Las advertencias previas y la reacción posterior del gobierno español a esta decisión de soberanía argentina son la expresión más evidente de hasta qué punto el Estado capitalista lo es de clase y de defensa de los intereses de una clase concreta: la burguesía. 

Algunos retazos sobre el momento:

Una moviola acelerada de las jugadas más interesantes nos ha mostrado en apenas una semana (entre el 3 y el 11 de Abril) el escenario de un recorte de 27.000 millones de euros (PGE) destinado a calmar al capitalismo, otro hachazo de 10.000 millones más anunciados en sanidad y enseñanza, la desconfianza más profunda de las instituciones al servicio de Alemania respecto a la economía española, los análisis más catastrofistas de los i-nexpertos económicos, la provisión de fondos para la deuda del Estado español a un tipo de interés del 6%, el desplome de la bolsa de valores, la espantada de un Presidente del Gobierno huyendo de la prensa hacia el garaje del Congreso de los Diputados, las amenazas de jibarización del Sistema Nacional de Salud (SNS), la subida del abono transporte en un 30% en Madrid (el que usamos a diario la clase trabajadora), el globo sonda de Luis De Guindos para empobrecer el SNS, alejando de él a las clases medias y altas, y la llamada-avanzadilla de las decisiones próximas de su partido por parte de Esperanza Aguirre a la recentralización del Estado en un país cuya pluralidad es su razón de seguir existiendo.

Tomen aire, respirando profundamente del largo párrafo, del momentazo PP-coyuntura-instantánea del devenir de la más aguda crisis económica que hemos conocido desde tiempos inmemoriales y amárrense los machos porque esto son sólo los entrantes del sinnúmero de raquíticos platos que la «nouvelle cousine» capitalista nos depara a los trabajadores.

El escenario descrito se produce sin que se haya dado respuesta al problema agudo del sistema financiero español , que no es sólo de las Cajas sino que afecta a la solvencia del conjunto de las entidades bancarias, del descenso de la productividad y la confianza de los españoles en la recuperación económica y en las medidas del Gobierno, del consumo y del incremento del paro y el endeudamiento de las familias de bajos recursos.

En lo internacional rebrota el lepenismo francés y una pseudoradicalidad de protesta en la izquierda-protesta que se queda muy por dentro del círculo de la legalidad burguesa-, se incrementan los ataques xenófobos y racistas contra inmigrantes, crece el euroescepticismo, las primas de riesgo se disparan también en Italia, Estados Unidos acusa una ralentización en la creación de empleo y América Latina acusa una desaceleración del crecimiento.

De vuelta al panorama local nos encontramos con uno de los momentos de menor credibilidad del Gobierno central -véanse las abiertas críticas de sus epígonos mediáticos en las dos últimas semanas-, en el período de menor esperanza respecto a la recuperación económica, con un descenso acusado del consumo y la productividad, el incremento de las cifras de paro y de endeudamiento de las familias y la permanencia de la sequía de flujo del crédito hacia particulares y empresas.

 

Hechos inquietantes en el horizonte inmediato:

Tres elementos inquietantes amenazan a las perspectivas de rebeldía y combatividad abiertas en torno a la fecha de la huelga del 29M:

En primer lugar, el previsible acuerdo PSOE-IU en torno a la formación del próximo gobierno andaluz bascula entre un pacto de legislatura y un acuerdo de gobierno, polarizándose especialmente hacia el segundo.

Lejos de ser cualquiera de las fórmulas el origen de un espacio de resistencia frente a las políticas liberales del PP y de la clase social a la que éste representa, ambas pueden representar el canto del cisne de la coalición que dirige Cayo Lara.

En el marco de un PSOE que lanza mensajes confusos de colaboración y entendimiento y, a la vez, de confrontación -líneas rojas de sanidad y educación, que podría fácilmente a romper con su insistencia en demandar pactos en dichas materias-, de unos sindicatos mayoritarios que lanzan el aviso a IU de que la mera votación de investidura a Griñán limitaría a la coalición al «derecho a la pataleta» y, principalmente, de un PP que amenaza con intervenir a las Comunidades Autónomas si no se pliegan a sus políticas brutales de austeridad y recortes sociales, la esperanza de una política autónoma y alternativa frente a este estado de cosas es un espejismo interesado al que, tal vez, algunos deseen sucumbir por sus ansias de tocar poder. Nadie con dos dedos de frente se imagina un gobierno presidido por un dirigente del PSOE abanderando una rebelión institucional y social. Son de sobra conocidos los límites de la disidencia de este partido. El miedo a ser desbordado ante una posición de protesta guarda su acomodada viña.

 

En segundo lugar, silencio de CCOO y UGT tras la huelga general del 29M, que ya supera las dos semanas de atonía movilizadora, a pesar del natural parón de la Semana Santa, y sus llamamientos al entendimiento, el diálogo y la negociación con el Gobierno no son un buen presagio.

El deseo de lograr la unidad de acción en la lucha puede permitir cierto umbral de tolerancia hacia la falta de claridad en las posiciones de los sindicatos mayoritarios. Desde ese anhelo podemos entender que CCOO y UGT pretendan cargarse de razones en relación con la total carencia de sensibilidad del Gobierno respecto al coste social de sus políticas antes de volver a las movilizaciones. No serían necesarias cuando la realidad y la comprensión de la misma por los trabajadores ponen de manifiesto que no hay nada que esperar de este gobierno.

Extraña en demasía el olvido por parte de ambos sindicatos de su anuncio de movilizaciones sostenidas en el tiempo, del 1º de Mayo como fecha límite de espera a la respuesta de diálogo del Gobierno y de exigencia de derogación de la Reforma Laboral que muy pronto se convirtió en una demanda de negociación sobre la misma.

En tercer lugar, y quizá sea este elemento inquietante el que presenta un semblante más amenazador, empieza a escucharse, desde distintos ámbitos, pero de un modo especialmente señalado desde el entorno PP y PSOE, un discurso todavía difuso pero que levantará con fuerza creciente su voz en las próximas semanas de un Pacto de la Moncloa bis.

El Presidente de Extremadura, señor Monago, es por ahora la figura visible más destacada que actúa de avanzadilla a esta propuesta (2) pero también llega desde las cocinas mediáticas y desde grupos de presión ligados a la patronal. Tiene su correspondencia en las actitudes de sentido de la responsabilidad y los llamamientos a acuerdos de los gestores políticos del PSOE y de los principales dirigentes sindicales.

Se expresa a través de lugares comunes como «el sentido de Estado»el interés general del país»,«la excepcionalidad y gravedad de la situación», «la necesidad de estar unidos ante las amenazas» o «de ser una única voluntad ante las autoridades europeas y los mercados». Vieja cantinela caducada que nos vendieron en su día hace 35 años y que, si funcionó entonces retrasando el momento de las sucesivas crisis que luego llegaron y creó el espejismo de recuperación y bienestar, hoy no funcionará porque la crisis del capitalismo actual es mucho más global y profunda y no ofrece ninguna salida de la que los trabajadores puedan sacar algún provecho en cuanto a su situación económica, social, laboral o de seguridad y protección legal. Antes bien la reedición de aquellos pactos, en los que se trata de involucrar a partidos (no sólo el PSOE), sindicatos y Comunidades Autónomas, busca convertir en cómplices del inevitable desastre a quienes debieran estar llamados a presentar batalla frente a las medidas antisociales y a abrir caminos a la protesta social.

 

De nuevo, frente a todo esto ¿qué hacer?:

Ésta será siempre la eterna pregunta de quienes, ante una coyuntura que socava la legitimidad del sistema económico y político y de sus bases sociales e ideológicas, se plantean una ruptura con el régimen que vaya más allá de los hechos objetivos para generar la hegemonía de una nueva subjetividad colectiva capaz de impulsar el proyecto revolucionario.

Como aliado más poderoso contamos con la agudización de la crisis sistémica en el contexto internacional y específicamente en el Estado español. Lo que en sí mismo es un hecho gravísimo tiene la virtud de abrir oportunidades a la protesta, la agitación y la revuelta -siempre con el generoso permiso del Ministro del Interior Jorge Fernández Díaz (3)-, nacidas de la desesperación, la rabia y la creciente convicción de amplios sectores de la clase trabajadora de que es preferible batirse en rebeldía que esperar a ser llevados como borregos al matadero.

La situación internacional y las medidas que cada día toma este gobierno no cesan de darnos motivos para esa rebelión.

Con todo, ello no es suficiente, ni mucho menos.

Es necesario, en primer lugar, sortear y enfrentar las trampas que nos van a venir desde las «izquierdas sistémicas» y desde los sindicatos mayoritarios que aún no han cambiado el chip del sindicalismo de concertación a otro mucho menos certero pero indudablemente más necesario para un momento de agudización de la lucha de clases por parte del capital.

Ante el silencio sindical, que ya es atronador, tras los sucesos de Abril y el paréntesis obligado, más que pasado, de la Semana Santa, toca agitar las aguas del sindicalismo burocrático y también del alternativo, demasiado tiempo ya autosatisfechos de la gloriosa del 29M.

Han transcurrido tres largas semanas y no escuchamos el ruido de la calle. El fragor de la protesta de las organizaciones de los trabajadores está dejando, ante tanta agresión y desastre demasiada paz de cementerios. La clase obrera no puede permitir que se consagre, de nuevo, la jugada posterior al 29 de Septiembre de 2010.

Es necesario que desde las bases del más amplio movimiento sindical del Estado surja ya un nuevo calendario de movilizaciones, en el que la fecha de la próxima Huelga General aparezca en el horizonte, proclamando un nuevo hito en las luchas de la clase trabajadora. El calendario y la fecha deben ser impuestos a las direcciones burocratizadas y del movimiento sindical y ha de activar la tensión muscular y nerviosa que debe recorrer al cuerpo entero de nuestra clase.

Seguramente, la mayoría sindical vasca, el sindicalismo nacional gallego, la lucha de los trabajadores andaluces, puedan marcar el ritmo y el dinamismo inicial, como ha sucedido anteriormente, a unos sindicatos mayoritarios en el Estado español que hace mucho dejaron de ser vanguardia de las luchas obreras pero que son claves para el éxito de las siguientes convocatorias. El sindicalismo alternativo podría ser el flanco estatal necesario de esa presión sobre CCOO y UGT, si son capaces de superar el sectarismo que les lleva a confundir oponentes con enemigos de clase y objetivos centrales de la lucha con ajustes de cuentas que están fuera de las necesidades que el momento nos exige a los trabajadores.

La rabia y la ira se acumulan en nuestros corazones proletarios y necesitan salida, dirección, proceso de acumulación de fuerzas, proyecto de lucha sostenida en el tiempo y estrategia política.

En torno a las manifestaciones del 1º de Mayo es necesario articular el punto de arranque de unas manifestaciones en todo el Estado superiores a las que se dibujaron alrededor del 29M y en el día de la huelga. Esas movilizaciones, por su contenido reivindicativo, de luchas, consignas y expresiones, podrían ser la clave que, desde los trabajadores, y no desde otros «extraños» movimientos paralelos y con frecuencia antisindicales, muestren la radicalidad de nuestra decisión combativa como clase. Es la hora de expresar que los trabajadores estamos a la altura de lo que la historia nos exige en este preciso momento.

Surge, cada vez con mayor fuerza, la demanda de huelga indefinida, como expresión de una mezcla de ira y frustración ante la incapacidad colectiva de parar los golpes del capital, que hace ruido mediático en las redes sociales y entre colectivos muy minoritarios y radicalizados de izquierdas sindicales y políticas.

Ésta es una demanda irreal y poco honesta de enfrentamiento directo con el capital. Irreal porque no se sostiene la experiencia de éxitos sólo parciales en las huelgas que se han producido desde el inicio de la crisis. Deshonesta porque actúa como brindis al sol de quienes saben que no se verán ante la circunstancia porque tal convocatoria no va a producirse por parte de fuerza sindical alguna.

Sin embargo, no debe ser rechazada sin más porque expresa la necesidad de ir más allá de huelgas y movilizaciones a fecha concreta que posteriormente no tienen continuidad o ésta se produce en el contexto de arranques y paradas de las luchas.

Frente a ello es necesario avanzar ya hacia la coordinación internacional de la movilización sindical. Es necesario superar las autolimitadas, ceremoniales y burocráticas convocatorias de concentraciones y manifestaciones testimoniales en Bruselas.

La CES es una Confederación absolutamente sumisa, reformista y vergonzante de un tipo de sindicalismo que no ha comprendido aún que la tendencia del proceso marcado por el capital ha superado ya cualquier tipo de modelo concertador, de compromiso histórico o de pacto social. El capital ni lo necesita ni lo quiere. No tiene nada que ofrecer a cambio de paz social y lo que promete, en cambio, es el modelo griego y español de voladura del Estado del Bienestar, a velocidad variable en cada país y según su conveniencia le vaya marcando en cada momento.

En consecuencia, es necesario avanzar hacia la Eurohuelga, como primera meta de una coordinación de la lucha obrera mundial a medio plazo.

Desconozco cómo lograr ambos objetivos ya que la dirección del movimiento sindical hegemónico está en manos de los reformistas pero éste será uno de los desafíos más importantes de la clase trabajadora organizada en los próximos tiempos. La izquierda revolucionaria debiera ir pensando cómo proyectar su consecución.

En este marco de definición del combate de clase y de obligada convergencia en las trincheras del conjunto del movimiento sindical necesitamos emplear toda nuestra capacidad de ir con todas nuestras fuerzas.

Cinco millones y medio de parados son una fuerza impresionante si sabemos emplearla con fraternidad entre los aún ocupados y el ejército laboral de reserva (los desempleados) que ha creado el capital.

Es una indigna mentira que los parados no sean clase obrera porque no están activos. La definición del parado, hoy más que nunca, es la de aquél que desearía tener empleo y ello habría de convertirle en explotado; salvo que recurriese al autoempleo y, aún así muchos de ellos serían autónomos dependientes y, en consecuencia, trabajadores que viven la contradicción capital- trabajo en condiciones en ocasiones peores que los que la soportan por cuenta ajena.

Es cierto que convertir a este territorio humano de la desesperación en fuerza de acción contra el capital resulta muy complejo en la medida en que gran parte de sus esfuerzos se vuelcan sobre la angustiosa búsqueda del trabajo. Ello explica el carácter instrumental de una parte de las asociaciones de parados, convertidas también, aunque no sólo, en sociedades de ayuda mutua y de empleo -en ocasiones manipulables por los poderes políticos- y de la debilidad de una parte de las asambleas de parados, a las que resulta difícil imbuir las energías reivindicativas en un entorno pesimista y poco dado a la organización.

Pero también lo es que su frustración puede ser convertida en cólera social; furia de una formidable formación de quienes nada tienen que perder, salvo sus miedos.

Es urgente impedir que cristalice el enfrentamiento, buscado por el capital y por su gobierno fascio-liberal, entre trabajadores en activo y parados y lograr incardinar los objetivos y luchas de los desempleados dentro de la marea sindical y de lucha de clases.

Nada facilitaría mejor dicho logro que una implicación intersindical en la búsqueda del mismo y que un compromiso entre las distintas centrales que supere los intereses particulares de cada sigla y ponga el conjunto de recursos al servicio de un movimiento colectivo de parados.

Dar visibilidad a ese movimiento de forma periódica y a fechas siempre fijas frente a las oficinas de empleo, delegaciones de trabajo, Ministerio correspondiente y espacios centrales de las ciudades convertiría la realidad sangrante de los parados en energía de contestación frente al capital y su gobierno natural y sería una potente voz de exigencia de soluciones que dichos poderes difícilmente podrían ignorar.

En la esfera política la más que posible alianza de IU con el PSOE andaluz, sea mediante pactos de gobierno o de legislatura, puede significar el abrazo del oso definitivo de los social-liberales a la coalición socialdemócrata.

No es previsible una resistencia institucional de un PSOE que abandere desde la Junta de Andalucía las resistencias a la destrucción de los restos del Estado social por el PP y la clase cuyos intereses defiende el gobierno.

Para ello el PSOE necesitaría recurrir a una movilización permanente de la sociedad andaluza; movilización a la que no está dispuesto porque podría sobrepasar sus compromisos de «partido responsable» con el sistema económico y constitucional del capital.

Ante lo que seguramente será un amago de disenso controlado por parte de este partido en las instituciones autonómicas andaluzas y una aceptación tácita de las reglas de juego que le impongan el Estado central, el PP y las fuerzas económicas del capital, el compromiso de grado 1 (pacto de gobierno) o de grado 2 (pacto de legislatura) que IU seguramente firmará con dicho partido supondrá tensiones internas que pueden romper la coalición dirigida por Cayo Lara a nivel federal o bien poner fin a su carácter de alternativa a la izquierda del PSOE o ambas cosas a la vez. La ruptura de dichos pactos, si quiere evitar el coste político que supondría mantenerlos en el escenario dibujado anteriormente, sería más difícil de explicar ante las bases sociales de las izquierdas que el anuncio de impedir el acceso del PP al gobierno andaluz, limitándose a dar su voto a la investidura de Griñán, en caso de aceptación de algunos puntos irrenunciables (defensa de la sanidad y la enseñanza públicas, cobertura del desempleo agrario, investigación sobre casos de corrupción en la Junta,…), y paso posterior a una posición parlamentaria independiente.

Por otra parte, resulta un tanto inexplicable que las bases sociales y el entorno próximo a IU contribuyesen a extender la afirmación sobre la identidad política PSOE-PP (PPSOE) y ahora su dirección andaluza, con el beneplácito de la federal se empeñen en ganar el referéndum entre las bases para un programa de acuerdos con el PSOE. Este, por mucho que el sectarismo y la estupidez coaligadas se empeñen en afirmarlo, no es lo mismo que el PP y el paso de los días no hace más que confirmarlo. Pero la distancia no es tan grande, como la experiencia del último gobierno Zapatero y la timorata «oposición» capitaneada por Rubalcaba demuestran, como para justificar un cheque de confianza a modo de pacto de IU con el PSOE. Una cosa es no caer en el absurdo extremeño y otra confiar en que el PSOE haya cambiado, cuando los hechos no permiten extraer, en absoluto, tal conclusión. El anhelo de la coalición socialdemócrata de demostrar que es opción de gobierno puede costarle muy caro, sobre todo cuando ocuparlo es algo cada vez más alejado de tener poder. Éste es algo hoy privativo de los centros de decisión económica capitalistas. Frente a ello, él único poder real político actual es el que da hacerse fuerte en la calle, como lo están demostrando el sindicalismo y la izquierda griegos.

IU no es una izquierda de la que quepa esperar la revuelta obrera y el proyecto socialista. Lo suyo no pasa de la construcción de una nueva institucionalidad «constituyente» y pacatamente reformista. Pero es una corriente política muy necesaria en la movilización social y de los trabajadores, mucho más cuando a su izquierda falta todavía mucho tiempo para construir una auténtica y poderosa izquierda revolucionaria.

Si se arroja al barranco, se despeñará. Si es capaz de situarse como instrumento de cierre del acceso del gobierno andaluz al PP y, a la vez, como grupo político independiente frente al PSOE y sin otros compromisos que apoyarle en lo que coincida con su programa, mientras moviliza la calle, será parte de la solución frente a las agresiones que sufren los trabajadores y no del problema que podría llegar a ser con el «pacto de progreso» andaluz.

De la posibilidad de que se imponga o no una estrategia sindical y política enfrentada radicalmente al capital y a su gobierno natural dependerá que sea factible arruinar los planes en marcha de unos nuevos Pactos de la Moncloa contra la clase trabajadora o de que estos se asienten como una nueva losa contra los intereses de la clase trabajadora. En nuestras manos está impedirlo. 

 

Notas:

(1) http://marat-asaltarloscielos.blogspot.com.es/2012/03/tras-el-29m-ahora-que.html

(2) http://elpais.com/elpais/2012/04/10/opinion/1334079075_368064.html

(3) http://www.publico.es/espana/429127/convocar-actos-violentos-por-internet-sera-castigado-con-dos-anos-de-pena-minima

 

Fuente: http://marat-asaltarloscielos.blogspot.com.es/2012/04/mayo-de-incertidumbres-y-combates.html