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Obama y el Medio Oriente

Fuentes: Tricontinental

La inmensa influencia que sin duda ejercen los medios sobre la opinión pública en los Estados Unidos ha sido utilizada para hacer creer que en ese país es el presidente quien tiene el poder en sus manos, y aunque el sistema presidencial que allí rige le otorga a éste un margen de decisión importante, ello […]

La inmensa influencia que sin duda ejercen los medios sobre la opinión pública en los Estados Unidos ha sido utilizada para hacer creer que en ese país es el presidente quien tiene el poder en sus manos, y aunque el sistema presidencial que allí rige le otorga a éste un margen de decisión importante, ello está lejos de que pueda desempeñarse de forma omnipotente. Es evidente que el presidente solo puede llegar a ese cargo condicionado por intereses a los que debe responder y obedecer, así funciona el sistema.

La política de abierto terrorismo que aplicó la Administración del presidente George W. Bush y el grupo neofascista que lo arropaba, algunos verdaderos delincuentes ideológicos, que vinculados al sionismo -siocons- llegaron a proclamar «una cruzada» contra el Islam, trajo sin embargo resultados adversos para el Imperio. Por ello el sistema, dirigido por el Complejo Militar-Industrial y el poder financiero que controla a su vez los medios masivos de información, estimó conveniente «refrescar la cara del poder» y promovieron a Barak Hussein Obama, político carismático, de origen afroamericano y con nombre que sonaba atractivo para los islámicos y árabes, quienes se habían convertido, después de la desaparición de la URSS y el bloque socialista europeo, en el objetivo principal de la agresividad imperial.

La impopular, criminal y mentirosa guerra que lanzaron contra Iraq les había traído resultados negativos, contraproducentes y no esperados por el imperio: enormes gastos que incidieron en la crisis económica desatada al final del periodo Bush y un alto número de bajas en las tropas de ocupación que pese a la demagogia oficial, crearon profundo y creciente malestar en el pueblo estadounidense. El desenlace final sobre suelo iraquí está todavía por ver y el tiempo demostrará que no será a favor de los Estados Unidos a pesar de haber promovido con éxito profundos enfrentamientos internos con secuelas que costarán tiempo y muchos esfuerzos para superar. Irán, cuyo régimen pretendían derrotar a partir de la dominación en Iraq, de hecho es un ganador pues su influencia sobre la comunidad chiita iraquí es considerada hoy casi determinante.

Siria, con un gobierno al que se deseaba desestabilizar para que no continuara resistiendo los planes sionistas-estadounidenses, está hoy más fortalecida y con ella El Líbano. En este último país, donde se esforzaron por liquidar el poder de la resistencia, se ha estabilizado un gobierno en el que Hizbollah constituye la fuerza predominante por el respaldo popular y el prestigio que ha ganado -incluso más allá del suelo libanés-, al derrotar militarmente al que se consideraba todopoderoso aparato militar israelí.

En Palestina, la reacción a su intento de liquidar las justas aspiraciones del pueblo palestino, provocó el triunfo electoral de la organización islámica Hamas, cuyo dominio en Gaza los sionistas trataron inútilmente de suprimir mediante el genocidio, justo en los días que asumía la presidencia Obama, contando con el apoyo incondicional estadounidense, cierta complicidad de la derecha reaccionaria árabe y la indolencia de hipócritas gobiernos occidentales que se proclaman defensores de la democracia y los derechos humanos. Hay que lamentar sin embargo que hayan alcanzado cierto éxito en profundizar la división en las filas palestinas.

El Afganistán que recibiría la nueva administración, después de siete años de guerra, mostraba un panorama donde el control de los ocupantes y el gobierno afin que habían impuesto, sobre el terreno, retrocedía ante el avance de los talibanes, provocando de paso un peligroso deterioro interno de la situación en Pakistán, hacia donde parece extenderse la guerra.

Para colmo, Turquía, único país islámico miembro de la OTAN, con importante posición estratégica y peso económico y militar, que tienden a convertirlo en influyente potencia regional, comenzó a distanciarse de la política de Washington hacia el Medio Oriente y a entrar en crecientes confrontaciones políticas con Israel.

 

Toda esta situación, adversa para los intereses del imperio, fue la que obligó al sistema a proclamar: ¡UN CAMBIO ES POSIBLE!

Y esta frase fue entonces la escogida para promover la campaña del nuevo presidente, y ciertamente no fueron pocos los que se la creyeron, y en especial en el mundo musulmán se crearon positivas expectativas y esperanzas.

Sin tomar en cuenta las declaraciones contra la guerra que hizo durante la campaña para alcanzar la presidencia, a lo largo de su primer año de gobierno y como prueba de la importancia que le otorgan al tema, existen algunos discursos donde el presidente Obama hace especial referencia a las relaciones de Estados Unidos con el mundo islámico:

-El 20 de enero, en la ceremonia de toma de posesión, declara que: «su política estará encaminada a tender puentes hacia el mundo musulmán».

-El 6 de abril, ante el Parlamento turco en Ankara: «Estados Unidos no está ni estará nunca en guerra contra el Islam».

-El 4 de junio, en la Universidad de El Cairo, pronunció un discurso íntegramente dedicado a las relaciones con el mundo árabe-islámico. Afirmó: «He venido aquí buscando un nuevo comienzo entre los Estados Unidos y los musulmanes de todo el mundo, basado en el respeto mutuo y en la verdad de que América y el Islam no se excluyen…digo esto reconociendo que un cambio no puede producirse de un día para otro.»

En este mismo discurso al referirse al conflicto entre palestinos e israelíes reconoció que la situación para los primeros era intolerable y que la única solución residía en que «las dos partes se encontraran a través de dos estados, donde cada cual pueda vivir en paz y seguridad», y agregó: «Los palestinos deben abandonar la violencia, La resistencia mediante la violencia no triunfará».

Esta última recomendación sin embargo entraría en contradicción con lo que argumentó a favor de la guerra en su discurso del pasado 10 de diciembre en ocasión de recibir el Premio Nobel: «decir que la fuerza es a veces necesaria no es un llamado al cinismo, es un reconocimiento a la historia». Además, en el caso palestino, omitió que el recurso original a la fuerza y lo que ha predominado, es el ejercicio del terrorismo y el despojo por parte de Israel, aun cuando la propaganda occidental quiera decir otra cosa.

A un año de gobierno, para muchos que se habían hecho esperanzas de un cambio, ya está claro que el poder imperial que yace tras la cara de Obama, sólo quiere cambiar las formas, pero no el contenido de su política de dominación. Es más, sus ambiciones geopolíticas globales aumentan. Con este propósito puede aparentar dar mayor importancia al multilateralismo, al diálogo y a lo que se está llamando «una diplomacia inteligente», aspectos que de forma prepotente habían sido desechadas por la administración anterior.

Pero en el Medio Oriente, cualquier decisión debe pasar a través de la aprobación del poderoso lobby sionista -quien verdaderamente manda en los EEUU- según afirmara recientemente Paul Craig, subsecretario del Tesoro durante el gobierno de Reagan, en artículo publicado en Counterpounch. Entonces echando a un lado la retórica del presidente ¿Qué pasos prácticos ha dado en su política hacia la región?:

-En Palestina su llamado a congelar los asentamientos en Cisjordania y Jerusalén, condición que justamente exigen los palestinos para reiniciar las negociaciones, fue rechazado por el premier Natanyahu. Su Secretaria de Estado, Hillary Clinton, cuyas simpatías y vínculos con los israelitas son conocidos, aprobó la posición del líder sionista diciendo que las negociaciones debían reanudarse sin condiciones, exactamente lo que desea el gobierno de Tel Aviv para dilatarlas sin fecha ni objetivos concretos, mientras avanzan en sus planes de ocupar más territorio y absorber completamente a Jerusalén.

Esta política, continuidad de la practicada por administraciones anteriores, no respeta las resoluciones de la ONU, no tiene en cuenta los derechos legítimos del pueblo palestino y llevará indefectiblemente a la continuación de la violencia en toda la región, pues mientras no se detengan las ambiciones y el terrorismo sionistas no se detendrá la espiral de odio hacia EEUU e Israel.

-En Iraq no se ha producido la retirada tan anunciada y si se considera el aumento de los llamados «contratistas», hoy tienen más hombres armados que antes. Lo que si se ha producido es un repliegue interno con el propósito de dejar establecidas de forma permanente las bases militares que asegurarían sus intereses estratégicos y la explotación de las inmensas reservas petroleras. Sin embargo, el pueblo iraquí aún divido, renovará su lucha para expulsarlos pues es portador de sentimientos patrióticos y nacionalistas muy fuertes, es cuestión de tiempo. La política de dominación imperialista no conducirá allí a la paz sino a más guerra.

-La escalada del conflicto en Afganistán con el envío de otros 30 mil soldados, que elevan a casi 200 mil la cifra de personal militar o paramilitar si se toman en cuenta los «contratistas», no presagia un escenario de paz, y de acuerdo a la experiencia histórica, Obama y con él los Estados Unidos serán perdedores en la confrontación, que ya se desborda y alcanza zonas de Pakistán, peligroso vecino poseedor del arma nuclear.

-Un nuevo y peligroso escenario bélico, Yemen, está en expansión bajo esta Administración a pesar de que proclamara cambiaría el camino guerrerista de su predecesor. Allí han comenzado a atacar grupos tribales alegando estar vinculados a Al Qaeda, lo que puede llevarlo a crear un conflicto de imprevisibles consecuencias si se tiene en cuenta su situación geográfica frente al Cuerno Africano y a la puerta del estrecho de Bab el Mandeb, que domina el tráfico por el Mar Rojo y el Canal de Suez, por donde fluye una importante porción del petróleo que consume Occidente.

-Lo que hará el gobierno estadounidense con Irán es todavía una incógnita, pero hay halcones vinculados a los sionistas que promueven la vía bélica para detener lo que califican como «amenaza nuclear persa». La demagogia y doble rasero de los Estados Unidos y sus aliados occidentales omiten en todo momento que es Israel, poseedor del arma nuclear quien no acepta ser inspeccionado por el OIEA. Cualquier paso deberán pensarlo muy bien, pues un ataque a Irán puede tener graves consecuencias para toda la región.

Haciendo un balance de este primer año de gobierno Obamista y su proyección hacia el Medio Oriente, se podría concluir que en los aspectos básicos, solo hay más de lo mismo, una continuidad de la política imperial de antes, aunque aplicada con un rostro negro, con una retórica que trata de parecer inteligente y el intento de una amable sonrisa que ya comienza a transformarse en una mueca.

Fuente: No. 168/2010 de la Revista Tricontinental