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Palestina entre tregua, tercera Intifada y guerra civil

Fuentes: Brecha -

La calma tensa con la cual Palestina vivió el alto el fuego después de la matanza de Gaza y de la carnicería en la escuela talmúdica en Jerusalén se rompió con la represalia israelí. En la tarde del miércoles un comando del ejército israelí golpeó en Belén, bien adentro de Cisjordania. En una acción de […]

La calma tensa con la cual Palestina vivió el alto el fuego después de la matanza de Gaza y de la carnicería en la escuela talmúdica en Jerusalén se rompió con la represalia israelí.

En la tarde del miércoles un comando del ejército israelí golpeó en Belén, bien adentro de Cisjordania. En una acción de guerra espectacular, viajando en un auto disfrazado de taxi palestino, soldados llegaron hasta el campo de refugiados de Duheisha, en las cercanías de Belén. Ahí el taxi interceptó un auto y con un aluvión de balas fueron asesinadas cuatro personas, entre las cuales figuraba Mohammed Shehada, 43 años, líder de la Yihad Islámica. Según el diario israelí Yedioth Ahronot, Shehada sería el autor intelectual de la masacre del jueves 6 en el colegio rabínico de Jerusalén, donde murieron ocho estudiantes israelíes, y enlace en Cisjordania del movimiento libanés chiita de Hizbolá.

Esta versión fue parcialmente desmentida por fuentes de los servicios israelíes en la noche del miércoles. Los otros tres muertos son dos milicianos yihadistas y un jefe de los Mártires de Al Aqsa, el brazo armado de Al Fatah. En la mañana otro miliciano de la Yihad había sido «eliminado» en otro pueblo de Cisjordania, Tulkarem, mientras oleadas de incursiones han llevado al arresto de decenas de otros militantes palestinos de distintas agrupaciones. La responsabilidad de Shehada en la matanza de la escuela talmúdica es cuestionada por distintas fuentes, pero más que su responsabilidad lo importante es la influencia de su muerte sobre la tregua entre Israel y Hamas, que al cierre de esta edición de Brecha, peligra.

LA TREGUA. Los Mártires de Al Aqsa consideran la tregua terminada y anuncian «dolorosas venganzas». Sin embargo, los márgenes de maniobra de la guerrilla de Al Fatah no son grandes. Más importantes son en cambio los márgenes que la diplomacia egipcia está otorgándole al diálogo -no admitido- entre Israel y Hamas. Las dos partes piden el respeto al alto el fuego, la única posibilidad de que se puedan realizar negociaciones más amplias entre enemigos que no se reconocen entre sí. La situación, como todo en Oriente Medio, es una caja china de complicaciones. La tregua entre Hamas e Israel llevaría a negociaciones entre Israel y la Autoridad Nacional Palestina, que en este momento es representada por Al Fatah (grupo que, como se recordará, desde junio rompió toda relación con Hamas). A la vez, las negociaciones entre los dos mayores partidos palestinos son propiciadas por la diplomacia de Yemen, que se está reuniendo, por separado, con distintas delegaciones palestinas en Sanaa. La acción diplomática yemenita pide a Hamas renunciar a su poder en Gaza y a Al Fatah que fije nuevas elecciones, tanto parlamentarias como presidenciales en toda Palestina.

LA TERCERA INTIFADA (O GUERRA CIVIL PALESTINA). Al hablar de tregua y de negociaciones uno puede esperanzarse. Pero la situación, como confirman los cuatro muertos del miércoles, sigue al borde del abismo. De un lado está el brote de una nueva Intifada. Los jóvenes, las decenas de miles de jóvenes, viven en la desesperación y están listos para pasar a la ofensiva, con hondas y piedras, como sus padres. Miran a la Intifada heroica, la primera, pero si la violencia antisraelí vuelve a brotar, lo más probable es que se parezca a la segunda Intifada, la de Al Aqsa, que se peleó con armas y cinturones explosivos y representó la peor derrota, política y militar, de la historia palestina.

Al Fatah, que fue y sigue queriendo ser un partido-Estado, no se renueva. En un país de adolescentes y jóvenes, el comité central de la vieja OLP sigue siendo apenas más joven que la generación de Arafat y Abu Mazen. Corruptos, desprestigiados, cada vez más moderados y (según dicen sus críticos) controlados por los servicios estadounidenses, no aparecen como la conducción posible de un nuevo movimiento de liberación. Los jóvenes no ven solución pacífica, no ven conducción capaz de brindar esperanzas a una nueva Intifada que debería marchar, como Dios manda, hasta la victoria. Si es cierto que la primera Intifada fue conducida por líderes surgidos de la calle, entre ellos Marwan Barghouti, porque los líderes históricos de la OLP estaban aún exiliados, esta vez el repudio a la clase dirigente palestina es altísimo.

Entonces, entre las posibilidades de un pueblo sin posibilidades también está el suicidio colectivo de una guerra civil. Según un sondeo de la Universidad Bir Zeit, los jóvenes palestinos están tan cansados de los israelíes como de la lucha entre facciones, pero especialmente están cansados de Al Fatah, de la anp y de Majmud Abbas (Abu Mazen). Majid Barghouthi era un imán cercano a Hamas. Murió, casi seguramente bajo tortura, en las cárceles de la ANP. A su funeral fue todo un pueblo y a los testigos les impactó que el odio hacia la anp fuera casi tan grande como el odio a Israel. Y esta es la más terrible de las disyuntivas para el pueblo palestino. Si la anp, es decir Al Fatah, no sabe conducir la lucha, surgirá otra dirigencia. O, simplemente, el pueblo se levantará en contra de quien actualmente detenta el gobierno.