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Pilar Rahola: Fiel a su condición

Fuentes: Insurgente

Pilar Rahola tiene debilidad por los medios de información. Ha participado en algún programa «rosa» de televisión y en tertulias radiofónicas, útiles para alienar, aún más si cabe, la mente de los ciudadanos. Rahola, que dice ser nacionalista, es admiradora del sionismo y enemiga acérrima del pueblo palestino. Esta barcelonesa odia a los árabes; a […]

Pilar Rahola tiene debilidad por los medios de información. Ha participado en algún programa «rosa» de televisión y en tertulias radiofónicas, útiles para alienar, aún más si cabe, la mente de los ciudadanos. Rahola, que dice ser nacionalista, es admiradora del sionismo y enemiga acérrima del pueblo palestino.

Esta barcelonesa odia a los árabes; a los comunistas; a Fidel Castro y a Hugo Chávez. Si Evo Morales continúa reuniéndose con el «carcamal» Fidel (como ella lo denomina) acordando medidas conjuntas que beneficien a los obreros y campesinos bolivianos- quienes podrán ser tratados médicamente en Cuba o estudiar becados en la isla- será considerado un indio perverso, e ingresará en la lista negra de Pilar.

También colabora -entre otras- en una publicación con sede en Miami, capital de la mafia anticubana, compartiendo espacio con Vargas Llosa o Carlos Alberto Montaner. Ahí se explaya a gusto con Hugo Chávez llamándolo «chulo inculto», o pone el grito en el cielo cuando Venezuela compra armas para defenderse. Desde luego que no lo hace por una supuesta posición pacifista, ya que no le preocupa, en absoluto, el inmenso arsenal que posee Estados Unidos, el Imperio de la tortura y los centros secretos de exterminio. Repite que, el objetivo del terrorismo no es matar por matar, sino matar mucho para socializar el terror e imponer su dominio. Ahí acierta de pleno, porque precisamente eso es lo que hacen las «democracias» occidentales.

Cuando salta a la palestra el Estado de Israel, Pilar entra en una especie de trance místico, que desemboca en una catarata de descalificaciones dirigidas contra los que critican el muro de la vergüenza de Cisjordania, los crímenes selectivos o el asesinato de mujeres y niños palestinos. Enarbola la bandera de la lucha contra el antisemitismo, mezclando, intencionadamente, la gimnasia con la magnesia porque semitismo y sionismo son dos cosas diferentes. El sionismo es una ideología de conquista y expansión que se realiza aplastando los derechos de otros pueblos; por tanto es similar a la que parió el Tercer Reich.

Se indigna cuando el cantaor José Mercé manifiesta que nunca actuaría para George Bush y le pregunta si haría lo propio con las antiguas dictaduras del telón de acero, olvidando que, ahora, las dictaduras están enquistadas en sociedades como la española, que tortura, clausura periódicos, dicta leyes para ilegalizar partidos políticos, niega el derecho al voto a miles de ciudadanos, efectúa juicios al más puro estilo franquista, y se alborota, cínicamente, cuando un general cita un artículo de la Constitución- gestada por la oligarquía y acatada por la casta política- que concede manga ancha al Ejército para imponer el «orden» en Cataluña o el País Vasco. Todo ello demuestra, una vez más, que el Estado español es un siniestro régimen, heredado de Franco, y no una democracia de la que Rahola pueda presumir delante de nadie.

Esta clase de gente, defensora de regímenes oligárquicos, tienen la desvergüenza e indignidad de atreverse imprecar a los que se niegan a aceptar la imposición de un nuevo orden mundial de corte fascista. Utilizando sus mismas palabras habría que recordarle a Pilar Rahola que la plutocracia es, sin duda, un malvado reto a la democracia y a los principios de la libertad, pero en el terreno práctico representa, además, un peligro para toda la humanidad. Así lo demuestra las cien mil personas asesinadas en Iraq por Estado Unidos y sus aliados, o los millones de seres humanos que mueren de hambre y enfermedad por el simple hecho de haber nacido en el mundo pobre.

Calificada como independentista; republicana; izquierdista; feminista, y un sin fin de adjetivos más, Rahola- fiel a su condición de burguesa que desprecia a las clases populares- sólo es una servidora de la plutocracia y una asidua visitante de las cloacas del submundo de la farándula. Aunque parezca lo contrario, la bandera de esta chica «progre» no es precisamente la senyera catalana, por suerte para lo que ésta representa.