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Los verdaderos motivos por los que Guatemala también traslada su embajada a Jerusalén

¿Por qué tanta prisa?

Fuentes: Middle East Eye

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

Israel cooperó con las brutales dictaduras latinoamericanas en los años ochenta. Guatemala ha sido el primer país en trasladar su embajada después de que lo hiciera EE.UU. Honduras y Paraguay pueden ser los siguientes.

 

El presidente de Guatemala, Jimmy Morales (en el centro) y su esposa conversan con el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu durante la ceremonia de inauguración de la Embajada de Guatemala en Jerusalén (AFP)

Mientras la población de Gaza -y de todo el mundo- lamentaba la muerte de los 62 palestinos asesinados y más de 2.700 mutilados y heridos en un solo día, en una nueva masacre israelí de palestinos desarmados, otra embajada celebraba su ceremonia de inauguración en Jerusalén el 16 de mayo.

Guatemala ha secundado la decisión estadounidense como si fuera su sombra. Israel tuvo que comprometerse a pagar los gastos y su ministro de asuntos exteriores ha contribuido con 300.000 dólares al coste total del traslado de la embajada de Guatemala de Rishon LeZion a Jerusalén.

Jimmy Morales, el derechista presidente del país, a quien el mes pasado grupos de la sociedad civil pidieron que dimitiera por acusaciones de corrupción, tuvo que solicitar a los tribunales permiso para que su hermano y su hijo, ambos juzgados por corrupción, le acompañaran a Jerusalén. No obstante, los medios guatemaltecos han descubierto gastos sospechosos en la contabilidad del gobierno para la ceremonia de apertura de la embajada.

De cualquier forma, este caso está muy lejos de la grotesca ostentación exhibida por la ceremonia inaugural de la embajada de Estados Unidos. Mientras Israel abatía a manifestantes armados exclusivamente de la determinación de regresar a sus hogares, en lugar de sucumbir en silencio al brutal asedio de Gaza, Donald Trump anunciaba mediante videoconferencia que «estamos realizando grandes progresos» en el acuerdo entre Israel y los palestinos.

Una realidad trágica e inhumana

Si el reconocimiento de Jerusalén (que según el derecho internacional no forma parte de Israel) como capital y el consiguiente traslado de la embajada estadounidense no fuera parte de una realidad trágica e inhumana impuesta al pueblo palestino, todo este asunto podría resultar surrealista.

Setenta años después del comienzo de la Nakba (la limpieza étnica acometida contra el pueblo palestino), las políticas israelíes de desplazamientos forzosos, robo de tierras y recursos, represión y segregación continúan día tras día. La Gran Marcha del Retorno, que reivindica el derecho al regreso -reconocido por la ONU- de los refugiados (más de la mitad de la población palestina) se ha convertido en una carnicería.

El cambio de la embajada estadounidense no es solo un ataque frontal contra los derechos de los palestinos en Jerusalén, sino que además ha dado cobertura diplomática a Israel para cometer una nueva masacre en Gaza. El mensaje que se ha enviado es que el régimen israelí puede continuar violando las leyes internacionales y los derechos humanos más fundamentales.

Entre ellos está no solo su derecho de regresar sino la propia existencia de los refugiados palestinos en Gaza. Todo esto puede provocar la impresión de que Israel se encuentra en la cima de su poder y que tiene garantizada la impunidad.

 

 

Mundos aparte: un manifestante herido es auxiliado en Gaza mientras Ivanka Trump y Jared Kushner asisten a la inauguración de la embajada de EE.UU. en Jerusalén. Ambos acontecimientos tuvieron lugar el 14 de mayo de 2018 a 100 Km de distancia. (AFP/Reuters)

Un análisis más detallado del juego de poder global que tiene lugar en la actualidad en torno a Palestina no modificará la conclusión de que nos encontramos en un momento extremadamente peligroso y dramático de la historia, aunque nos proporciona algún atisbo de esperanza.

El pasado diciembre, Estados Unidos e Israel se encontraron completamente aislados en la votación celebrada en la ONU sobre el reconocimiento estadounidense de Jerusalén como capital de Israel. Solo cinco países apoyaron al eje EE.UU.-Israel.

Estupidez política

Legitimar el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel – que, según el derecho internacional, no tiene soberanía sobre la ciudad- es un precedente que amenaza la propia base de las relaciones internacionales. Si Estados Unidos puede decidir arbitrariamente sobre cuestiones de soberanía territorial, los intereses de demasiados países podrían estar amenazados.

El control sobre los caprichos y la voluntad del poder estadounidense desaparecería. La aceptación de esta decisión supondría una completa dependencia de Estados Unidos o una completa estupidez. Sin embargo, en su momento, Israel predijo que hasta diez países podría trasladar sus embajadas. Hoy en día, solo está en marcha el traslado de la de Guatemala.

Israel espera que Honduras sea la siguiente nación en dar el paso. ¿Qué conexión tiene Israel con estos dos estados centroamericanos que permita explicar una decisión peligrosa rechazada por la inmensa mayoría de la comunidad internacional?

Las relaciones de Israel con Honduras y Guatemala se fortalecieron durante el periodo más oscuro de las dictaduras centroamericanas, cuando Israel ofreció un generoso apoyo a los generales guatemaltecos a comienzos de los ochenta, época en que se producía el genocidio de los mayas. Asimismo, entrenó a las fuerzas especiales de Honduras, acusadas de tortura y de utilizar el país como base de apoyo a los Contras de Nicaragua.

En la actualidad, Honduras se encuentra inmersa en un ciclo de feroces violaciones de los derechos humanos, cometidas por el gobierno de Juan Orlando Hernández, que asumió el poder mediante un «golpe de estado parlamentario». Sus manos están tan manchadas de sangre que la presencia de Orlando el «Día de la Independencia» de Israel tuvo que ser cancelada tras protestas por parte de elementos del propio Israel.

La prueba definitiva

El presidente paraguayo, que también ha mostrado su intención de trasladar su embajada, también accedió al poder mediante un «golpe parlamentario». Pero, si tomamos en cuenta que abandonará su cargo en agosto, parece poco probable que el traslado llegue a producirse.

En cuanto a Rumanía, su primera ministra inició el proceso de reubicación pero, tras conocerse sus planes secretos, el presidente del país que ha solicitado su dimisión.

La propia ceremonia de apertura de la embajada estadounidense fue la prueba definitiva: los invitados solo podían optar por acudir o boicotearla, sin posibilidad de abstenerse en la decisión. Incluso los aliados más próximos de Estados Unidos como Australia, Canadá y los países de Europa occidental decidieron no asistir. Como tampoco lo hizo India ni ninguno de los principales países de América Latina.

Sin embargo, Israel está haciendo grandes progresos en África, y casi una docena de países asistieron a la inauguración de la nueva embajada en Jerusalén: Etiopía, Sudán del Sur, Zambia, Kenia, Ruanda, Camerún, República del Congo, Angola, Costa de Marfil, Tanzania y la República Democrática del Congo. Togo, el único país africano que apoyó a EE.UU. en la votación de diciembre de la ONU, no estuvo presente en la inauguración del día 14.

Las razones por las que algunos países decidieron acudir tienen poco que ver con Palestina. Tal y como han admitido públicamente analistas de los países latinoamericanos afectados, las posturas sobre Jerusalén eran más que nada un modo de asegurarse los favores de EE.UU., incluyendo su asistencia para mantenerse en el poder frente a la oposición de sus propias poblaciones.

Para otros países, no era sino una ampliación lógica de sus políticas xenófobas, derechistas, supremacistas y autoritarias. El gobierno austriaco tiene el rechazo de gran parte de Europa por sus políticas racistas y xenófobas, mientras que Victor Orban, el primer ministro húngaro, es una conocido xenófobo y antisemita. El presidente de la República Checa, Milos Zeman, es famoso por su retórica atemorizante y racista.

Entre los asistentes a la inauguración también estaba una delegación de Myanmar, país que cuenta con el apoyo del ejército israelí desde que, en 2015, comenzara una limpieza étnica a gran escala del pueblo rohingya, empujando a 700.000 supervivientes al exilio.

El hecho de que Robert Jeffress, pastor evangélico y consejero espiritual de Trump, acusado de prédicas antisemitas y racistas, se dirigiera en la inauguración a este grupo de personas no deja de ser algo natural.

La alianza Trump-Israel, con el telón de fondo de la masacre de Gaza, ha conseguido incrementar el respaldo al apartheid israelí, a su ocupación de tierras palestinas y su colonialismo, gracias a una nueva oleada de políticos xenófobos, racistas y antidemócratas que han alcanzado el poder en los últimos años.

Un embargo militar sobre Israel

Cuando Israel pone el nombre de Donald Trump a una céntrica plaza de Jerusalén, todos aquellos que no comparten las ideologías supremacistas, racistas y autoritarias deberían echarse a temblar ante la posibilidad de ser asociados a ellas.

En aras de Palestina y de la humanidad, es el momento de que la gran mayoría de la comunidad internacional, que no se adhiere a los valores expresados en la ceremonia de la embajada estadounidense, se sacuda la poca disposición que tiene a actuar de manera efectiva.

Es preciso levantarse para hacer frente a las violaciones israelíes de los derechos humanos y el derecho internacional y defender los valores más básicos de tolerancia, democracia y respeto. Aún estamos a tiempo.

Israel acaba de anunciar una cifra récord de exportaciones de armamento en 2017, de aquellas armas que lleva décadas probando contra la población palestina. El primer paso necesario sería declarar un embargo militar sobre Israel, algo que reclama el comité nacional palestino del BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) y que apoyan organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional.

Muchas de estas exportaciones tienen que ver con las políticas anti-inmigración y la seguridad de las fronteras de la Unión Europea, aunque es India la que ha adquirido el 50% de dichas armas.

La ayuda militar y la cooperación policial de Estados Unidos con Israel no dejan de aumentar, y con ellas se alimenta la discriminación racial y las violaciones de derechos humanos en este país.

En estos tiempos es preciso recordar el eslogan que popularizó la resistencia antifascista española en su Guerra Civil, que posteriormente ha sido utilizado por innumerables movimientos por la justicia global: ¡No pasarán!

Maren Mantovani es coordinadora de relaciones internacionales del movimiento palestino anti-apartheid y opuesto al Muro, www.stopthewall.org

Fuente: http://www.middleeasteye.net/columns/truth-behind-central-americas-rush-follow-us-embassy-move-2104743555

El presente artículo puede reproducirse libremente siempre que se respete su integridad y se nombre a su autora, su traductor y a Rebelión como fuente de la traducción