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El cine como discurso liberador en medio de una realidad vertiginosamente represiva

Presentación de la película «¿De qué?»

Fuentes: Cine Sin Autor

Ayer tuvo lugar el visionado público del film ¿De qué? en el Medialab Prado de Madrid. Entre los invitados estaban Ana Useros, crítica de cine y programadora de festivales también vinculada a la Filmoteca de Madrid, Roberto Cueto, programador del Festival de San Sebastián y profesor universitario vinculado a los Cahiers du Cinema, Amador Fernández, […]

Ayer tuvo lugar el visionado público del film ¿De qué? en el Medialab Prado de Madrid. Entre los invitados estaban Ana Useros, crítica de cine y programadora de festivales también vinculada a la Filmoteca de Madrid, Roberto Cueto, programador del Festival de San Sebastián y profesor universitario vinculado a los Cahiers du Cinema, Amador Fernández, escritor y activista, Belén Gopegui, escritora, José Cuevas, profesor universitario.

Más allá del entusiasmo con que la mayoría de los participantes resaltaron las virtudes de la película y como ejercicio de austeridad, preferimos centrarnos sobre todo en alguno de los límites que se mencionaron ya que esto nos supone nuevos desafíos. ¿De qué? es un film que nace como todos los documentos fílmicos de CsA de la pregunta que se le ofrece a un grupo de personas concreto, ¿qué película harían ustedes? y para los cuales nos ponemos a su servicio (cinematográfico). En el caso de este film, la pregunta de arranque se la hicimos a un grupo de jóvenes de la localidad de Humanes de Madrid hace ya más de dos años a partir de la cual se siguió el proceso que nos trajo hasta aquí.

La película fue rodada justo en el momento de transición en que este grupo de jóvenes abandonaba el bachillerato.

Las sesiones de Cine sin Autor durante aquel período, fue para estos y estas ( y así aparece en la película) la evasión de los martes a todas sus cargas de la semana.

Una de las asistentes anotaba justamente esta apreciación: lo interesante y necesario que resulta poder decir en lugar de «voy a ver una película con unos colegas» , «voy a hacer la peli con unos colegas» . Es esa naturalización del cine de la que solemos hablar. Del cine como potencia productora de la gente común.

Pero de aquella temporada al momento actual, tanto sus vidas, como sus relaciones han cambiado muchísimo. Ya no son aquellos chavales de instituto que aún no habían entrado en dinámica de la vida laboral y universitaria. El cine de ese momento, el Cine sin Autor, se convirtió en lo que deseamos que sea: un entorno de experiencia creativo y crítico presente en el transcurrir de la vida. Un entorno de producción cinematográfico cercano, habitual.

También se mencionó la importancia del hecho de que la experiencia productora posibilitara a un grupo de jóvenes que nunca habían tenido contacto con la producción audiovisual apropiarse de unas técnicas y unos saberes de manera vivencial hasta el punto de producir un film.

Pero no hay virtud que tenga límites y esta experiencia los tiene.

Los límites que quedaron más patentes fueron escencialmente dos. Por un lado, las dificultades de mantener ese «entorno de cine» como compañía de la vida. Más allá de que nuestras vidas son en general un devenir constante que cambia y más aún en la etapa de juventud que suponen los alrededores de los 20 años como es el caso de éstas y éstos jóvenes, existe los cambios obligados que provoca esta perversa maquinaria de las circunstancias laborales, sociales y económicas en las que vivimos y que parece estar programada para la destrucción de todo vínculo socialmente creativo, productivo y liberador. Un proceso como éste y como el resto de los procesos que tenemos abiertos, necesitan una plataforma de sostenimiento, una dedicación, unas continuidades y fidelidades que parecen siempre imposibles en una sociedad estructurada sobre la base del recorte del gasto social, la nula estimulación de los procesos organizativos que no hacen más que promover «la muerte de los entornos de vida» que se desarrollen ajenos a la lógica de la productividad mercantil.

Se les preguntaba a los y las jóvenes sobre la continuidad de la experiencia y aunque su ánimo es que sí continuarían si se les ofrece una nueva posibilidad, nos merodeaba a todos la sospecha de que no se pudiera continuar dada las condiciones tan adversas para cualquier iniciativa de producción cultural autorganizada.

La lógica que debería seguir una experiencia como la que originó ¿De qué? es de crecimiento y maduración a través de la realización de películas por parte del grupo. Sobre todo porque el cine debería ser reflejo y fantasía sobre la vida, sobre todas sus etapas y no sobre un momento puntual. Pero todo hace sospechar que el vertiginoso devenir de nuestras vidas, la de los y las jóvenes y las nuestras como equipo, combinado a un «entorno de políticas socio-culturales altamente represor» como las que vivimos en este país, no van a permitir sustentar la continuidad de la experiencia. Desiertos en lugar de oasis. Ya veremos.

La otra limitante que parecía tener la película para algunos de los asistentes es la profundización del propio discurso de los chicos y chicas. ¿De qué? expresa poco sus problemáticas profundas tanto las de ese momento como las de su momento actual en términos de reflexión crítica.

Y aunque algunas personas lo leían como deficiencia del film, que lo es, en realidad, en la concepción del CsA, es también una carencia que compete al afuera de la película.

Se resaltaba como logro el hecho de que este grupo de jóvenes haya tomado las cámaras sin conocimiento previo, hayan integrado una operativa de producción como la del Cine sin Autor y hayan realizado, utilizándonos, al equipo, como servicio cinematográfico, esa primer película propia. Pero es verdad que aprender un oficio lleva tiempo y aunque este oficio sea hacer películas de Cine sin Autor, se necesitarían indudablemente más películas para superar la mera satisfacción de producir una. Esto es lo que permite con el tiempo el dominio sobre una operativa y unas herramientas.

Y otra vez nos cruzamos con las mismas adversas circunstancias. Que uno aprenda a escribir no le asegura que lo que escriba le libere. La apropiación de la herramienta es solo el primer paso para hacer de ello un medio de expresión más profunda. Tener esa herramienta no significa aún que su uso conmocione y libere a quien la porta.

Por eso resaltábamos en el debate el carácter fílmográfico que el Cine sin Autor plantea como potencia realmente liberadora para un colectivo determinado. Un cine no pensado como película sino como obra fílmica más total que realmente ofrezca un «entorno de producción » habitual y cercano a la vida y sus etapas. Un entorno duradero.

Uno de los protagonistas decía: «si hacemos otra película seguramente no tendrá que ver en nada con ésta». Y ésta es una reflexión compartida. Ninguno haríamos la misma película. Porque ya no somos los mismos pero sobre todo porque la experiencia colectiva de haber producido un film, como en cualquier proceso de creación, nos ha dotado de más dominio técnico, de más saberes, de mayor criticidad a la hora de trabajar juntos, de mayor conocimiento de los demás y de cada uno.

Es esta mirada filmográfica del cine la que nos daría la tranquilidad de que los discursos se afirmen y se profundicen a medida que un grupo vaya desarrollando sus diferentes piezas, documentos y films.

Pero una vez más nos topamos con las dificultades extrafilm. Las condiciones no suelen ser favorables para el sostenimiento de una filmografía como la que pensamos y necesitamos desarrollar.

Ahí queda entonces esta primer película ¿De qué? , sus aciertos y algunas de sus dudas. Lo principal, de todas maneras, está hecho. Nos reafirma el camino para seguir adelante con el resto de procesos. Para mejorar y afinar nuestros métodos de realización.

Y ahí queda también una curiosidad que se notó en el debate. Las personas más cinéfilas que posiblemente habían en la mesa de debate, conectaron entusiasmadamente con muchos aspectos del film. La curiosidad consiste en habernos dado cuenta de que un grupo de jóvenes amateurs apropiándose de unos procedimientos llamados Cine sin Autor, lleguen a construir un film que conecte ¡tan bien! con la más exigente cinefilia. Es un buen comienzo. Queda demasiado trabajo como para que esto no se quede en una simpática satisfacción.

Fuente: http://cinesinautor.blogspot.com/2011/04/el-cine-como-discurso-liberador-en.html