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Programa, programa y programa

Fuentes: Rebelión

Estos días he recibido con gran ilusión la deseada noticia de que puede haber serias posibilidades de dar algunos pasos más para avanzar en la unidad, electoral y por tanto programática, de diversas fuerzas alternativas, que en Canarias, podrían confluir de forma conjunta a las próximas elecciones «generalísimas» del 20- N . De inmediato, me […]


Estos días he recibido con gran ilusión la deseada noticia de que puede haber serias posibilidades de dar algunos pasos más para avanzar en la unidad, electoral y por tanto programática, de diversas fuerzas alternativas, que en Canarias, podrían confluir de forma conjunta a las próximas elecciones «generalísimas» del 20- N .

De inmediato, me ha venido a la memoría, la contundente repetición del amigo Julio Anguita, programa, programa y programa , como respuesta a la famosa pinza que se le achacaba a la izquierda transformadora, que entonces representaba Izquierda Unida frente al PSOE de Felipe González.

Efectivamente, programa, es decir, ideas creíbles para plantear a una sociedad desencantada con la política al uso, con muchos de los políticos que, profesionalizados, han hecho del noble servicio público su modus vivendi.

Ideas, discutidas y acordadas desde un proceso de construcción colectiva, haciendo realidad la reclamación de democracia parfticipativa, que el movimiento social asambleario, del que mucha gente formamos parte, viene reclamando desde las plazas y las manifestaciones que recorren nuestras calles.

Proceso que debe partir del convencimiento de que juntos sumamos no solo fuerzas sino también expectativas de que otra política es posible. Por tanto, proceso preñado de generosidad por todas las partes para alcanzar los consensos necesarios, desde la decisión de primar lo mucho que nos une y dejar a un lado las pequeñas diferencias. Y, como somos gentes de procesos y no de productos rígidos e inamovibles, debemos generar ideas sujetas a revisión y a modificaciones sobre la base dialéctica de la transformación social en beneficio de los intereses generales y no de espúreos intereses particulares, que son los que imperan en muchas de las decisiones tomadas en los centros de poder.

Los líderes pasan, las ideas permanecen para hacernos avanzar hacia la utopía. La corresponsabilidad es una consecuencia de la implicación de los participantes en la construcción de alternativas. Por tanto, el valor de lo colectivo es un elemento esencial en una democracia participativa, y el papel individual debe quedar sujeto al control democrático del grupo.

Desde los movimientos alternativos, reivindicativos, autónomos y asamblearios tenemos que hacer entrar en valor todo lo de positivo que tenemos y ofrecerlo a la sociedad para invitar a la implicación, la suma de más ciudadanos y ciudadanas críticos en torno a ideas transformadoras; y a la par, ser capaces de reflexionar sobre los errores y, desde la autocrítica, corregirlos y hacer propuestas de mejora.

No es un objetivo prioritario del movimiento unitario el ejercicio del poder, sino el servir de contrapunto, de control y gestión democráticos, de construcción de alternativas, de aglutinación social de ideas e intereses generales, que se debaten y se defienden de forma participactiva desde lo colectivo.

Por tanto, ante esta nueva posibilidad de seguir avanzando en la unidad de la izquierda ecosocialista y transformadora, sólo caben grandes dosis de generosidad para ilusionar, participar, construir colectivamente, coordinar de forma colegiada, decidir asambleariamente y continuar avivando los procesos de participación, autocrítica y corresponsabilidad.

Para decidir, tenemos que participar. Por tanto, manos a la obra.

Manuel Marrero Morales es miembro del Secretariado Nacional de Intersindical Canaria

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.