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Programas electorales, mentiras al portador y diatribas reactivas

Fuentes: Rebelión

«¿Está la gente interiorizando la opresión de tal forma que se hace cada vez más difícil plantear alternativas? ¿Se acepta como real la legitimidora idea de meritocracia en el seno del sistema de la mercancía? ¿Estamos siendo ahormados por algoritmos matemáticos que incorporan la miope racionalidad egoísta del Homo economicus y nos la presenta bajo […]

«¿Está la gente interiorizando la opresión de tal forma que se hace cada vez más difícil plantear alternativas?

¿Se acepta como real la legitimidora idea de meritocracia en el seno del sistema de la mercancía?

¿Estamos siendo ahormados por algoritmos matemáticos que incorporan la miope racionalidad egoísta del Homo economicus y

nos la presenta bajo la apariencia de millares de apps para los smartphones de la gente cool?»

Jorge Reichmann – Autoconstrucción

El desmantelamiento de la educación y de la cultura, en particular, y la precarización de todo aquello que afecta al pensamiento crítico y libre, en general (sanidad, trabajo, cuidados…), ha sido un éxito rotundo para el neoliberalismo que asiste, maravillado, a la preservación por el rebaño de su propia condición.

Reducida la memoria del colectivo a la de un cardumen y su curiosidad a la del hamster en su rueda, más allá del espectáculo que lo impregna todo, sólo queda una esperanza en reconducir el hastío y la apatía allí donde se encuentren, pues en su negatividad reside el vínculo con una transformación cultural y estructural.

Decía Debord que «todo lo que una vez fue vivido directamente se ha convertido en una mera representación» y argumentaba que la historia de la vida social se podía entender como «la declinación de ser en tener, y de tener en simplemente parecer». Podemos trasladar a la cuestión política que «el espectáculo es lo que escapa a la actividad de los hombres, a la reconsideración y corrección de sus obras. Es lo contrario del diálogo«. Mal asunto.

No ha dejado de ser quien ha combatido y superado esta grotesca positividad que todo lo invade, indisolublemente unida con la exposición, con la hiperinformación, con el consumo y, de nuevo, con el espectáculo. Una batalla que tiene más de interior y de personal que de colectivo, al menos en primera instancia. Muy recomendable es el enfoque de Jorge Riechmann sobre la transformación del yo en su libro «Autoconstrucción».

En el camino hacia este reboot electoral del 26J, la vergüenza ajena de las palabras pronunciadas, la exposicíón de la elasticidad de los programas electorales y, en el fondo, de su propia vacuidad, y especialmente, ese tremendo cansancio de fondo, ese cansancio a solas, que aisla, que divide, ese cansancio que separa parecen habernos brindado un cierto silencio, un cierto espacio para el alivio.

Si la vulgaridad del sistema de democracia representativa da, conceptualmente, poco de sí, los «representantes» se han obstinado, por su parte, en no superar la altura de tan paupérrima herramienta. Los discursos, los disparates, las cesiones, las renuncias, los pactos…, retirado el velo espectacular, son síntoma no ya sólo de una crisis o un agotamiento de un sistema sino del más absoluto absurdo.

Las compulsivas huidas hacia delante del capitalismo han encontrado su límite en la organización política y nos estamos aproximando a un punto en el que se terminará, muy probablemente, en un ecofascismo. La ruptura y la transformación no son palabras con las que la izquierda, por su parte, deba llenarse la boca si persiste en adecuarse a los esquemas económicos que nos abocan a la desigualdad más salvaje y a un colapso multidimensional.

Aburrido de programas electorales líquidos y de largas listas de minúsculos puntos en común, me quedo con los horizontes abiertos de tareas que propone Emilio Santiago Muiño en su libro Rutas sin Mapa – Horizontes de transición ecosocial. Absolutamente viables en lo material, prácticamente imposibles desde el punto de vista político, al menos de momento, disponen estas tareas de una lógica constructiva frente a las mentiras al portador de las derechas y las diatribas reactivas de las izquierdas.

Frente al reto, y la necesidad, de una transición poscapitalista, Emilio Santiago propone tres grandes ejes para agrupar dichas tareas, desde la acción local hasta una ineludible escala nacional, precisando, por su complejidad del apoyo de un refuerzo legislativo (¿dónde están los Ayuntamientos del cambio?), si bien todas ellas pueden ser experimentadas por movimientos sociales organizados al margen de las instituciones. Estos ejes, interrelacionados e inseparables, son una reconversión del metabolismo energético-material, una transformación del sistema socieconómico y político-jurídico y un cambio del paradigma cultural .

Se enumeran sus puntos más destacados. Espero que les suscite suficiente curiosidad como para atiborrarse de preguntas y buscar las respuestas.

Eje 1: Reconversión del metabolismo energético-material

  • Descarbonización de la matriz energética: aprender a vivir otra vez del Sol, expansión de las energías renovables, reducir el consumo energético.

  • Revisión y freno de los programas económicos en marcha: romper radicalmente con las inercias económicas de capitalismo neoliberal (fracking, mega infraestructuras…).

  • Fuerte impulso a la ecoeficiencia: rediseño de técnicasy consumo. Limitación y autocontención.

  • Estrategia ecológica de rediseño industrial: terminar con la obsolescencia programada, entre otras.

  • Relocalización y desglobalización: reducir la escala física de la economía.

  • Nuevo modelo de transporte: a combinar con una nueva estructura social del tiempo; reducción de jornadas laborales y de imperativos productivistas.

  • Desarrollo de soberanía alimentaria mediante la agricultura ecológica: debe cambiar también el actual régimen de propiedad de la tierra o las reglas del comercio internacional.

  • Replanteamiento de los usos del suelo, respeto de la biodiversidad y cambio de las relaciones ser humano-naturaleza: la reforestación y el valor de los ecosistemas por sí mismos.

  • Reparación de heridas ecológicas: recuperación de antiguos cursos de agua, limpieza de una ría…

  • Debate social sobre la técnica: transformación de hábitos de vida impuestos por la aceptación irreflexiva de nuevas tecnologías (redes sociales, comunicaciones); moratorias o aboliciones de determinados programas de investigación (energía nuclear, geoingeniería, militar)

Eje 2: Una transformación del sistema socieconómico y político-jurídico

  • Abrir la cuestión del sistema: por un proceso constituyente, ecososocialista y libertario: más allá de un acto jurídico-institucional, una dinámica abierta de transformación social económica, cultura e ideológica…

  • Socialización de sectores económicos estratégicos: banca, energía, transporte, vivienda, propiedad agrícoloa, educación, sanidad.

  • Auditoría pública de la deuda económica, social y ecológica: más allá de pagar o no pagar, restablecer desequilibrios y dar cobertura a la transferencia de riqueza.

  • Reforma fiscal y contable de signo ecológico: contemplar indicadores de tipo ecológico en los cálculos económicos

  • Blindaje y rediseño de servicios públicos, gratuitos y universales: garantizar la seguridad fundamental a las grandes mayorías sociales.

  • Fomento, conservación y gestión de bienes comunes: detener y revertir las privatizaciones; lo común como método de cobertura de necesidades.

  • Impulso del cooperativismo económico: el cooperativismo como escuela de autogestión y democracia económica; una herramienta para el aseguramiento local y regional de ciertas producciones socialmente necesarias.

  • Democratización radical de las instituciones públicas: «democratizar la democracia» (Boaventura de Sosa Santos); gobierno ciudadano, asamblea de abajo arriba, estructura federal.

  • Experimentación de realidades sociales poscapitalistas: cooperativas integrales, monedas sociales, bancos de tiempo, socialización comunal (centros sociales, ecoaldeas, pueblos ocupados).

Eje 3: Un cambio del paradigma cultural

  • Movimiento de autolimitación: asumir personal y colectivamente una experiencia de lo suificiente que sea justa y deje espacio a los demás.

  • Expansión de los consumos colectivos y responsables: se va más allá de las lógicas de la oferta y de la demanda, se reducen impactos ecológicos y se abaratan costos; se cimenta la subjetividad que rompe con el narcisismo neoliberal.

  • Redefinición de los objetivos del progreso social: se precisa de nuevos indicadores, abandonando los impuestos por la lógica de acumulación capitalista.

  • Rescate cultural y recuperación de saberes tradicionales: en el ámbito de una contención material y energética, se deben recuperar unos conocimientos que nunca se debieron perder (agricultura, ganadería, textil, alimentación…).

  • Organización del éxodo urbano y revalorización del mundo rural: en combinación con la conversión agroecológica, el rediseño de la infraestructura de transportes, la reforma agraria…

  • Despliegue de procesos de mediación cultural: evitar la instrumentalización por los bloques de poder capitalistas de conflictos interculturales, cuestiones migratorias, refugio…

  • Fomento de la sociedad libre y la articulación comunitaria: fomentar la cooperación, la participación política, los consumos comunes, la autocontención, la riqueza relacional desde el barrio y lo local.

  • El reencantamiento del mundo: redescubrir nuevas formas de riqueza que implican algo así como un reencantamiento con el mundo (el autor dedica un capítulo íntegro a esta cuestión… y yo le pregunto al lector, ¿cómo se reconciliaría, como se reencantaría con el mundo?).

¿Han visto algo así en un programa electoral? Seguro que no. Aquí no falta creatividad ni imaginación, ni una lógica aplastante (recomiendo la lectura del libro y otros trabajos del autor como «No es una estafa, es una crisis (de civilización)»). No se ha pronunciado la palabra «decrecimiento» hasta ahora, ¿la habían encontrado entre las líneas?

Terminamos como empezamos, con otra oportuna cita de Jorge Reichmann procedente de su libro «Ahí es nada»: «Cómo nos falta la buena pobreza, ¡qué pobres somos de pobreza rica!».

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.