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¿Proteger a los menores extranjeros o deshacernos de ellos?

Fuentes: Gara

Se cita el precedente de la Comunidad de Madrid, que ha sido denunciada como vulneradora de los derechos de los menores extranjeros, con una práctica habitual de expulsiones sin garantías, habiéndose pronunciado también algunos jueces con sentencias contrarias a dicha práctica Próximamente va a debatirse en las Juntas Generales de Bizkaia una propuesta del PP […]

Se cita el precedente de la Comunidad de Madrid, que ha sido denunciada como vulneradora de los derechos de los menores extranjeros, con una práctica habitual de expulsiones sin garantías, habiéndose pronunciado también algunos jueces con sentencias contrarias a dicha práctica

Próximamente va a debatirse en las Juntas Generales de Bizkaia una propuesta del PP cuyo núcleo consiste en la puesta en marcha en Marruecos de un centro de acogida para menores de 14 años a donde enviar a los que lleguen a las instituciones vizcainas.

Nos parece particularmente relevante esta propuesta porque significaría franquear una línea que hasta el presente venía, en líneas generales, respetándose. A saber, no iniciar, desde Diputación, procedimientos para la expulsión (disfrazada bajo el eufemismo de «reagrupación») de menores extranjeros no acompañados, que es lo que recoge la actual propuesta.

Lo perverso de la misma es que pretende maquillar lo que se busca, que no es sino deshacerse de esos chavales por resultar, pretendidamente, una carga insoportable, manipulando los conceptos y pretendiendo que el objetivo es «sensibilizar, proteger y acoger». Se argumenta la devolución a su entorno familiar «ya que es donde mejor están», nos pueden responder entonces ¿por qué emigran?

Se cita el precedente, en este sentido, de la Comunidad de Madrid. Pues bien, queda claro el auténtico propósito de la propuesta, ya que dicha Comunidad ha sido reiteradamente denunciada como vulneradora de sus derechos, con una práctica habitual de expulsiones sin garantías, habiéndose pronunciado en este sentido también, diversos jueces con sus sentencias contrarias a dicha práctica. Se afirma que «estos proyectos sirven para evitar en origen que estos menores emprendan este proyecto migratorio que les separa de sus familias» y evitan «poner en riesgo su propia vida». Pues bien, es justo lo contrario, ya que está comprobado que la gran mayoría de «reagrupados» son abandonados en la calle y retornan a la Península, poniendo nuevamente en peligro su vida para conseguirlo.

Se propone un plan de «sensibilización de las familias marroquíes para que conozcan nuestra realidad socioeconómica y la imposibilidad de trabajar de los menores de 16 años»: está claro que ya conocen el rasgo básico de nuestra realidad socioeconómica, que es la posibilidad de buscarse aquí un futuro que les es negado en su país. Y aunque aquí no pueden trabajar a los 16 años, sí pueden adquirir las habilidades profesionales que les preparen para el acceso al mercado de trabajo ¡o queremos que retornen a su país para que, allí sí, acaben trabajando a los 16 años en condiciones de superexplotación y por unos ingresos de miseria!

El problema es que esta propuesta puede encontrar terreno abonado en la Diputación de Bizkaia, como puso de manifiesto la exposición que hizo el 21 de junio Iñigo Pombo, director de Infancia de la Diputación Foral de Bizkaia que expuso la política de la institución foral hacia los menores extranjeros no acompañados y en la que repitió el discurso que viene lanzando hace algún tiempo: son demasiados, saturan los servicios de acogida, faltan recursos… Bien, ya conocíamos esos argumentos y él escuchó la contraargumentación de los inmensos recursos que esta Diputación dedica a tantos otros campos, ante los que palidecen los dedicados a esta cuestión.

Pero el responsable de la institución foral avanzó nuevos argumentos que completan el cuadro de lo que es su análisis actual y que acaban de completar la base política a partir de la cual se plantean su actuación futura. Con la única salvedad de plantearlo entre interrogantes, interpeló al respetable de esta guisa: al actuar como lo estamos haciendo (modélicamente, en su versión) ¿no estaremos contribuyendo a la explotación de estos menores? (se supone que por parte de sus familias que serían las que los envían aquí). ¿No estaremos reforzando la labor de las mafias? ¿No estamos tratando desigualmente a los menores de aquí, a quienes tratamos de reintegrarlos a sus familias, cosa que no hacemos con ellos? Más claro no puede hacerse el llamamiento a sumarse a la política de expulsiones de estos menores, ya que de otro modo, no sólo estamos asumiendo un problema que, al parecer no va con nosotros, sino que colaboramos con las mafias, con su explotación… Pues nada, a seguir mandándolos, aunque se resistan por todos los medios, aunque vuelvan una y otra vez en los bajos de un camión o en patera. Por pura estadística, alguna vez la palmarán en el intento y serán un problema menos.

Se avecinan tiempos (aún más) duros y es mejor prepararse. El señor Pombo lo tiene claro, y cree pisar suelo firme esperando contar con el apoyo de la sociedad. Es preciso reaccionar desde los sectores activos de la sociedad, levantar un discurso alternativo, mostrar la perversión de semejantes planteamientos y la contradicción con los principios que se dicen defender y que figuran en los tratados firmados… Mostrar que no estamos ante una especie de plaga que nos ha caído encima, sino de una oportunidad que esta sociedad ha de saber aprovechar.