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¿Quién es José Martí?

Fuentes: Rebelión

«¿Y yo quién soy?» «Pero la vida para mí como para todos es un provechoso libro abierto. He procurado verme, y entenderme, y saber qué era, por qué era, y para qué era…» José Martí Su grito estentóreo de recién nacido fue la confirmación de que había nacido el primogénito hijo de Mariano Martí y […]

«¿Y yo quién soy?» «Pero la vida para mí como para todos es un provechoso libro abierto. He procurado verme, y entenderme, y saber qué era, por qué era, y para qué era…»

José Martí

Su grito estentóreo de recién nacido fue la confirmación de que había nacido el primogénito hijo de Mariano Martí y Navarro, sargento primero del Real Cuerpo de Artillería, natural de Valencia, y de Leonor Pérez y Cabrera, natural de Santa Cruz de Tenerife. Era el viernes 28 de enero de 1853, en la casa No. 41 de la calle Paula en La Habana, Cuba. El niño recibió el nombre de José Julián Martí y Pérez.

En aquel año murieron Domingo del Monte, en Madrid, y Félix Varela en San Agustín, La Florida, Estados Unidos. Este último fue «el primero que nos enseñó a pensar». Y ocurrió la conspiración de Vuelta Abajo.

En México se produjo la ascensión al poder de Santa Anna. Estados Unidos compró parte del territorio mejicano por 10 mil millones de pesos. Estados Unidos hizo su primera proposición a España de compra de Puerto Rico. Se inauguró la Exposición Universal en Nueva York.

Si en aquella época Cuba contaba con una población aproximada de un millón y trescientos mil habitantes, en el 165 aniversario del natalicio de Martí, Cuba cuenta con 11.48 millones. Formamos parte de una humanidad que ya rebasa los 7.300 millones de seres humanos. Vivimos un mundo enriquecido y a la vez complicado por los miles y miles de acontecimientos y hechos que se han sucedido a lo largo de los milenios anteriores; por el complejo entramado de ideas que, producto de los conocimientos y la elaboración creativa de los hombres, han ido cimentando los pasos de la humanidad, en una sucesión de generaciones cada vez mas aptas para proyectar sus sueños y su propia imagen y razón de ser.

En este mundo actual y en este momento particular de la historia, la comunicación entre los hombres de uno a otro confín se realiza con una prontitud y fidelidad antes insospechadas a pesar de que aún no esté al alcance y se halle, hasta vedada, a una parte mayoritaria de la humanidad que es víctima de la pobreza, la marginación y la incultura.

En este mundo que vivimos, extenso y disímil, con grandes contrastes en la distribución de sus riquezas materiales y espirituales, con extraordinarios desafíos para el alcance de su pleno desarrollo y felicidad, nos corresponde actuar y contribuir con una obra nacida de lo mejor de nosotros mismos, a que, paso a paso, la humanidad se conozca mejor, se empeñe en convertir en realidad viejos y nuevos sueños, se transforme en protagonista de su propio destino y viva al fin liberada del miedo y la mise­ria en un clima de prosperidad y paz. Por un mundo mejor vale la pena luchar un día y otro y hasta toda la vida. Es parte del deber desinteresado que todos los hombres tenemos con esta huma­nidad que constituye la patria común de todos, pues como lo afirmara Martí: «Patria es humanidad».

La vida y la obra buena de todos los hombres y, en especial, la de los grandes hombres que han descollado por su consagración y aportes al desarrollo de las mejores causas de los hombres y de los pueblos, debe ser el cimiento sólido sobre el cual se erija la construcción de una humanidad más plena, unida y feliz.

Cuba puede aportar a la humanidad, para su ennoblecimiento y enriquecimiento, la vida y obra de uno de sus hijos descollan­tes: José Martí. Figura cimera del siglo XIX cubano y latinoamericano, el Héroe Nacional de Cuba rebasó los límites estrechos de su tiempo histórico concreto y se ha convertido, producto de las proyecciones y el sentido humanístico de sus ideas, en un hombre de todos los tiempos.

Existen muchas formas de acercarnos a la esencia y concreción de este grande hombre capaz de cautivarnos con sus ideas, senti­mientos, ideales y obra al servicio del bien de su pueblo y de la humanidad. Un modo puede ser el conocimiento de facetas o aspectos particulares de su vida. Otro modo es conocerla íntegramente, valorando su papel en la historia de su país y del continente, así como su rica, extensa y trascendente obra de naturaleza revolucionaria, política, social, histórica, literaria, ética, educacional, científica, filosófica y, en general, humanista. En fin a esa vida luminosa nos podemos acercar de variada forma para ir descubriendo en Martí el sustento necesa­rio que satisfaga determinadas interrogantes e inquietudes del mundo en que vivimos y del mundo que emerge del futuro.

Una arista posible es acercarnos más directamente al hombre, al ser humano que se desarrolló en un medio hostil y en circunstancias difíciles, al ser íntimo que planea y sueña su vida y su obra, que sufre los embates del destino, que marcha hacia la muerte y a la inmortalidad como quien se mira en un espejo que refleja el futuro. Es una forma de querer hermanarnos más íntimamente con el hombre que aquí y allá nos fue dejando su valoración autobiográfica, especie de relato suyo, vivido y sentido, una auto historia escrita a retazos, fragmentada y desperdigada a lo largo de su vida ocupada y atormentada, y más rica y pródiga en confesiones personales cuanto más intensos son los estados anímicos que dominan su existencia.

También podemos ser guiados por sus ópticas y valoraciones personales e íntimas, por sus confesiones para sí mismo o para otros, como si nos relatara paso a paso su vida. Oigamos su voz como en un susurro: «Mi vida es… mi vida es…» «Yo soy: Yo.»

Tendremos como brújula sus profundas reflexiones sobre el tema existencial. «La vida humana es una ciencia, a cuyo conocimiento exacto no se llegará jamás.» «La vida es la relación constante de lo material con lo inmaterial…». «Pero la vida para mí como para todos es un provechoso libro abierto. He procurado verme, y entenderme, y saber qué era, por qué era, y para qué era…».

Todo esto sirve de fundamento a las ideas filosóficas de su ser.

«Ni una duda disfrazada de creencia. Ni un instante de transición conmigo mismo. Puesto en mí, entro en mí. Yo quiero saber lo que soy.» «Yo: esto es: una personalidad briosa e impotente, libérrima y esclava, nobilísima y miserable, divina y humanísima, delicada y grosera, noche y luz. Eso soy yo. Esto es cada alma. Esto es cada hombre. Entremos en esto. Para entrar en mí, tengo que entrar por mí mismo…»Es preciso que yo, puesto en mí, me vea por mí a mí mismo. Que me analice yo en quien soy: que yo me sepa a mí: que sobre la con­vicción de la absoluta independencia, con mi voluntad de mi naturaleza valerosa o débil, funde yo mi propio conocimiento, rompa yo toda otra idea de vanidad o egoísmo. ¿Qué soy yo? Soy lo que soy».

«¿Qué soy yo en mí mismo, sino un montón de huesos mal seguros que sustentan ya pobremente un espíritu enamorado del bien de mi país, y del decoro de sus hijos, tanto que a muchos, por ser digno parezco soberbio, y porque abomino la intriga, y miro las cosas frente a frente y no me guardo la vida para la hora de un triunfo probable, y por ningún miedo ni aspereza de prueba me dejo acompañar a los que no merecen mi honrada compañía; porque ni cortejo la popularidad por más que el amor de mis compatriotas sea lo único que me consuela en la tierra; ni por el temor de perderlo dejo de cumplir con lo que estimo mi deber…»

«Yo no necesito ganar una batalla para hoy; sino que, al ganarla, desplegar por el aire el estandarte de la victoria de mañana, una victoria sesuda y permanente, que nos haga libre de un tirano, ahora y después.

¿Qué dónde estoy? En la revolución; con la revolución. Pero no para perderla, ayudándola a ir por malos caminos! Sino para poner en ella, con mi leal entender, los elementos quienes, aunque no sean reconocidos al principio por la gente de poca vista o mala voluntad, serán los que en las batallas de la guerra, y en los días difíciles y trascendentales batallas de la paz, han de salvarla».

«El éxito me ha favorecido, y el trabajo ha venido a fortificar­me: aunque tengo cubierta la frente de un sudor muy frío, es hoy buen día para comenzar mis pálidas memorias.-¿Es que tendré que apuntar en ellas, desde ahora, algo útil y grave? – ¿Es que el fin de mi vida se aproxima, y cedo sin sentirlo a la necesidad de salvarme del olvido? ¿Es que importa algo a los muertos la memoria humana? – A los muertos no importa la memoria; pero importan a los vivos sus sufrimientos y sus experiencias: ‑y es preciso hacer bien, aun después de haber muerto.‑ Por tanto, escribo. Yo vivo para el estrecho cumplimiento de mis deberes. Cada uno de ellos me trae en sí un séquito de males, provenientes del tremendo conflicto entre el deber puro y la naturaleza humana.»

«Hagamos la historia de nosotros mismos, mirándonos en el alma; y la de los demás, viendo en sus hechos. Siempre quedara sobre todo trastorno, la musa subjetiva, como es ahora de uso decir, y es propio,- y la histórica.- ¡Venturosos los pueblos que, como éste, tiene, aún sobre sus variados dolores personales, hazañas que cantar!»

«El viaje humano consiste en llegar al país que llevamos descrito en nuestro interior, y que una voz constante nos promete.»

Vamos, pues, a recorrer juntos el viaje humano de José Martí, que es una voz constante que promete el arribo a un país y a una humanidad ideales que son hondamente queridos y soñados y que, por eso mismo, resaltan como paraísos asombrosos y atrayentes. Vayamos tras él guiados por su luz, que es la de los libertadores esclarecidos de pueblos, de los hombres de su tiempo y de todos los tiempos. Vayamos, que es una luz de aurora imperecedera.

En síntesis, Martí nació en casa pobre. Tiene quince años cuando estalla el 10 de octubre de 1868 la primera guerra por la independencia liderada por Carlos Manuel de Céspedes. Al año siguiente, tiene 16 años e Inicia sus publicaciones de carácter revoluciona­rio y su trayectoria como revolucionario, enfrentado al poder español en la Isla y es acusado de infidencia y entra en prisión. En 1970, con 17 años, es condenado a 6 años de prisión. En 1971 publica el libro El Presidio Político en Cuba, la denuncia más contundente contra los desmanes de España. Escribió poemarios y su poesía fue de la vanguardia de su época, también dramas, ensayos, crónicas o testimonios, y una profusa obra periodística, una novela, literatura para niños en la revista «La Edad de Oro», hizo traducciones de libros. Su epistolario fue trascendente y profuso. Fundó y editó revistas. Escribió dos Diarios. Pronunció discursos y su oratoria fue descollante. Dictó conferencias. Participó en organizaciones independentistas. Ejerció la abogacía y el magisterio. En 1877 se casó con Carmen Zayas Bazán. Desempeñó cargos de representación y consulares de varias repúblicas latinoamericanas. Fundó el Partido Revolucionario Cubano y fue electo y reelegido su Delegado, o dirigente máximo. Fundó el periódico Patria, órgano de la Revolución Cubana. Fue organizador y líder principal de la guerra que desencadenó el 24 de febrero de 1895. Desembarcó en Cuba el 11 de abril de ese año y el día 15 fue nombrado en junta de jefes presidida por Máximo Gómez, como Mayor General. Escribió el 18 de mayo su carta inconclusa a Manuel Mercado, que constituye su testamento póstumo. El 19 de mayo cayó en combate en Dos Ríos, en su primer y único combate, y su cadáver fue capturado por los españoles, que lo trasladaron y enterraron en Santiago de Cuba. Tenía cuarenta y dos años, tres meses y veintiún días de edad.

En cartas había expresado: «De América soy hijo; a ella me debo. Y de la América, a cuya revelación, sacudimiento y fundación urgente me consagro.»

También había escrito: » Vea eso en mí, y no más: un peleador: de mí, todo lo que ayude a fortalecer y ganar la pelea.» «Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz».

En el mundo que vemos desfilar ante nuestros ojos hay razones más que sobradas para las visiones apocalípticas, aunque es deber transformarlas en esperanzadoras. Hoy, como ayer, al decir de Martí «el mundo entero es una inmensa pregunta». La humanidad toda debe darse a sí misma una respuesta definitiva y verdadera que satisfaga sus necesidades y aspiraciones legítimas. Y habrá de armarse con tesón y optimismo suficientes para recorrer el camino que lo conduzca a la victoria, a pesar de los escollos y los cataclismos. Pues no obstante los rigores del destino, es fundado y cierto que, como sentenciara nuestro Héroe Nacional: «El sol sigue alumbrando los ámbitos del mundo y la verdad continúa incólume su marcha por la tierra».

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.