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Raimon, su último recital y las esteladas en el Palau

Fuentes: Rebelión

Para Raimon, por supuesto. T’he conegut sempre igual com ara (Te he conocido siempre igual, como ahora) Mi esposa-compañera y yo somos unas ramonianas de toda la vida. Desde hace más de 45 años. Nada menos. Aún recordamos cuando le escuchamos por vez primera a principios de los setenta (del siglo pasado, no del XIX, […]

Para Raimon, por supuesto. T’he conegut sempre igual com ara (Te he conocido siempre igual, como ahora)

Mi esposa-compañera y yo somos unas ramonianas de toda la vida. Desde hace más de 45 años. Nada menos. Aún recordamos cuando le escuchamos por vez primera a principios de los setenta (del siglo pasado, no del XIX, no se asusten.. somos viejecitas pero no tanto). Repetimos tres veces y queríamos más, más y más. Los grises nos vigilaban en el exterior e incluso entraron una vez a acompañarnos, para dar más ambiente. El «Diguem no» les tocaba las narices. No se nos ha olvidado tampoco cuando Raimon cantó por vez primera en el Romea en 1974 «Com un puny», «Como un puño», una de las canciones de amor más hermosas que hemos oído nunca (¿No me dirán que no han reparado en ella? Aunque no creo, lo que no puede no puede ser, aquí la tienen: https://www.youtube.com/watch?v=G1F_7BJpigo&spfreload=10).

Tenemos muy presente, somos también allendistas-jaristas, cuando cantó en catalán -¡que versión, qué maravillosa versión!- el recuerdo Amanda del inolvidable Víctor Jara: «Et recorde Amanda». La pueden escuchar aquí, pero, por favor, tengan cerca suyo algún pañuelo: ttps://www.youtube.com/watch?v=xQXgleTYEHo&spfreload=10).

Total que, como pueden imaginarse, cogimos entradas para el penúltimo de sus recitales, el del sábado 27 (a pesar de que cantó en el Palau de la Música y a una le viene a la memoria, no puede evitarlo, el desfalco convergente de Millet y asociados). Han sido doce recitales en total. Su despedida. Impecable, soberbio sin soberbia, con la elegancia y exquisitez de siempre, cuidando los detalles, introduciendo novedades (una hermosísima canción napolitana no grabada hasta hora si no ando errada), sin hablar-comentar mucho, sin dar alas para transformar el encuentro en un mitin político, cantando, sobre todo, a clásicos catalanes como Anselm de Turmeda, Ausiàs Marc o, claro está, Espriu, Salvador Espriu.

En fin, uno de los mejores cantantes populares de nuestro país (hablo ahora de España) en estos últimos cincuenta años. Un recital a la altura de él y de su obra. La única pega (es broma, es broma) no hizo referencia a uno de sus estudiosos, a uno de los primeros filósofos y escritores, acaso el primero, que habló de su obra con conocimiento de causa: Manuel Sacristán [1]. La hizo un comentarista, Jordi García Soler, una de las poquísimas veces en que se habla del director clandestino de Nous Horitzons en TV3. Es que era de Madrit…

Ni una sola bandera en el público. Hablo del 27, recuerden. Algún momento político, muy pocos y, en mi opinión, uno de ellos muy pero que muy equivocado. Fue cuando interpretó «Jo vinc d’un silenci». Cuando Raimon canta «qui perd els orígens perd identitat», quien pierde los orígenes pierde identidad, es evidente que no hace referencia alguna a identidades nacionales, territoriales o geográficas, sino de clase, de origen social. Bueno, qué le vamos a hacer. Uno lee y escucha lo que quiere leer y escuchar.

Pero, en cambio, ayer noche, 28 de mayo, las cosas cambiaron un poco. Fue su último recital (pueden verlo en la red, corre por ahí). Estuvimos tentadas pero no fuimos finalmente. Se retransmitió dos horas más tarde por TV3. ¿Por qué no haría algo igual TV1, TV3 o La Sexta? ¿Por qué somos tan idiotas-estúpidas para no hacer nuestro un cantante como Raimon? ¿Aute sí, Serrat también, pero Raimon u Oskorri no? ¿Y eso cómo se entiende, cómo se come? ¿Con tortilla española pero no con bacalao a la vizcaína, pulpo gallego o pan con tomate?

Vuelvo al 28. Básicamente el mismo recital. Las mismas naciones casi en el mismo orden. Sin apenas comentarios. Tan sólo al final de todo, cuando salió al escenario para despedirse y agradecer a todos su apoyo. «Me habéis hecho posible». Efectivamente, gentes de aquí y de allí, algunas de esas gentes muy charnegas como nosotras, lo hicimos posible. Otras, muchas otras también por supuesto.

Sólo hubo eso sí una diferencia entre el 27 y el 28. Como sabían que iba a ser retransmitido por televisión, por TV3, la suya, la secesionista, no la nuestra, unos cuantos -que fueron pocos- marcharon con sus esteladas. No importa que el ambiente no fuera ese. No importa que Raimon haya sido claro y meridiano sobre el tema en repetidas ocasiones. No importa su posible incomodidad. Sólo les importa agitar una bandera que saben perfectamente que divide a las catalanas y también a los catalanes.

Pelillos enrabietados a la mar. No nos van a fastidiar el goce, la felicidad de ser raimonianas.

Total que mi compañera y yo ya lo hemos decidido. En los próximos recitales de don Lluís Llach (dijo que nunca más pero no para de darlos), el de la estaca amenazadora, o de cualquier cantante o grupo secesionista que se haya manifestado como tal, iremos con una bandera republicana y la agitaremos todo lo que podamos y un poco más. Para crear ambiente. A ver si cala un poco, poco a poco, la cultura y los símbolos federalistas. ¿Qué pasaría con nosotras, dos viejecitas con achaques? ¿Lo entenderán? ¿Nos correrán a boinazos?

En definitiva, como ha comentado Gregorio Morán, en la sabatina de esta semana pasada: «No hay que lamentarse, las banderas son trapos para alimentar las frágiles creencias de los fanáticos»… Aunque no siempre, los matices faltan aquí. Ondear la bandera republicana, como decía, no alimenta ninguna frágil creencia de ningún fanático. Tampoco la roja. Ni la feminista. Y algunas otras, la secesionista, sirve para cubrir vergüenzas delictivas. No hace falta que les diga en quien estoy pensando.

Lo dejo aquí. Lo esencial: gràcies Raimon, moles gràcies. Ens has fet, nos has hecho. Estas raimonianas guevaristas no lo olvidarán nunca, como tú no has olvidado nunca aquel recital en Madrid de 1968: «18 de maig a la vila», 18 de mayo en la villa: https://www.youtube.com/watch?v=y-sTyTIevlg&spfreload=10.

Les dejo con la última canción de Raimon en el último de sus recitales: «Al vent», con toda la fuerza del mundo. Però nosaltres al vent… https://www.youtube.com/watch?v=k1DiFQiAyE8&spfreload=10

Y, por favor, mejor no vean esto. Un resumen de BTV, la televisión de Barcelona, del ayuntamiento barcelonés. Finaliza, casi es la última imagen, con la estelada. ¡Otro golpetazo contra el cuerpo! Mi compañera y yo estamos a punto de suicidarnos. http://beteve.cat/ultim-concert-raimon-palau-musica/ No sigan nuestro ejemplo, se lo aconsejo.

PS. Una pregunta, por si lo saben: ¿por qué puñetas no habrá elegido Unidos Podemos como himno de resistencia, de cultura, de apoyo fraternal y federalista «Al vent» o el «Diguem no»? Misterios incomprensibles de la izquierda española, incluida la catalana.

Nota

1) Manuel Sacristán, «Amb tots les bons qu em trob en companyia». Lecturas, Barcelona, Itaca, 1985, pp. 251-267.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.